LORENZO: Lo que yo digo es que, si nuestra única base son los científicos individuales, cada uno con sus preferencias, ¿cómo identificar algo así como los valores presentes en la ciencia? ¿No será todo una cuestión de tus gustos frente a los míos?
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VIOLETA: No, no, no. Tenéis una idea demasiado simplificada de lo que significa el individualismo. Efectivamente: no hay nada “por encima” de las opiniones y los criterios de los individuos. Efectivamente: estas opiniones y estos criterios pueden ser muy distintos de unos científicos a otros, e incluso para el caso de un único científico en dos momentos diferentes... o en el mismo momento, si me apuras. Efectivamente: los criterios que a veces se utilicen para justificar un cierto resultado pueden no tener que ver con su “validez epistémica”. Y efectivamente: todo es cuestión de “gustos personales”. Pero la gracia está en mostrar que, pese a todo ello, la actividad de los científicos puede conducir a un resultado progresivo según los criterios de muchos individuos, incluyéndonos a nosotros. Lo que debemos plantearnos para que esto no suene a paradójico es muy sencillo: tomemos a unas personas cualesquiera (por ejemplo, a vosotros dos), y hagámosles reflexionar y discutir sobre cómo les gustaría que estuviera organizada la investigación científica de tal modo que fuera lo más productiva posible según sus propias preferencias. No necesitamos “valores” que estén por encima de los “gustos” personales; simplemente dejemos que los ciudadanos tomen una decisión colectiva en la que cada uno aporte su propio criterio..
VIOLETA: No, no, no. Tenéis una idea demasiado simplificada de lo que significa el individualismo. Efectivamente: no hay nada “por encima” de las opiniones y los criterios de los individuos. Efectivamente: estas opiniones y estos criterios pueden ser muy distintos de unos científicos a otros, e incluso para el caso de un único científico en dos momentos diferentes... o en el mismo momento, si me apuras. Efectivamente: los criterios que a veces se utilicen para justificar un cierto resultado pueden no tener que ver con su “validez epistémica”. Y efectivamente: todo es cuestión de “gustos personales”. Pero la gracia está en mostrar que, pese a todo ello, la actividad de los científicos puede conducir a un resultado progresivo según los criterios de muchos individuos, incluyéndonos a nosotros. Lo que debemos plantearnos para que esto no suene a paradójico es muy sencillo: tomemos a unas personas cualesquiera (por ejemplo, a vosotros dos), y hagámosles reflexionar y discutir sobre cómo les gustaría que estuviera organizada la investigación científica de tal modo que fuera lo más productiva posible según sus propias preferencias. No necesitamos “valores” que estén por encima de los “gustos” personales; simplemente dejemos que los ciudadanos tomen una decisión colectiva en la que cada uno aporte su propio criterio..
FAUSTINO: ¡Pero todo esto es terriblemente naïf, querida! ¿De dónde vas a sacar a unos “ciudadanos cualesquiera” que empiecen a discutir, de la noche a la mañana, las formas óptimas de organización de la ciencia? No existe “el ciudadano cualquiera”.
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VIOLETA: En este caso, apelo a tus propios criterios. Si consigo convencerte a ti de que la ciencia está bastante bien organizada desde tu punto de vista, me sobra lo que piensen los demás.
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LORENZO: Eso es un argumento ad hominem. Por cierto, buenísimo el café..
FAUSTINO: Gracias, por todo. En fin, si queréis discutimos más tarde cómo me gustaría que estuviese organizada la ciencia. Lo que quiero que me respondas ahora es cómo puede tener la ciencia un elevado valor según los criterios epistémicos de los científicos, si éstos toman sus decisiones siempre en función de su interés personal.
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VIOLETA: Esta pregunta, como la de Lorenzo sobre los “gustos” y los “valores”, muestra de nuevo que no entendéis algunos aspectos básicos de la perspectiva individualista. Los científicos individuales tienen preferencias, cada uno las suyas, y estas preferencias no debemos tomarlas más que como una expresión de las decisiones que cada individuo tomaría si se enfrentase a la necesidad de elegir entre cada posible conjunto de opciones. ¿Por qué va a ser el deseo de “encontrar la verdad” menos “personal”, o menos “importante”, que el deseo de obtener un buen puesto de trabajo? ¿Por qué va a ser un deseo compartido con muchos otros individuos más “valioso” que un deseo idiosincrático? Las preferencias de cada uno son las que son, y lo único de lo que nos podemos servir para criticarlas no es con alguna escala de valores “social”, “menos subjetiva”, sino sencillamente con nuestras propias preferencias. Ahora bien, la hipótesis que he lanzado esta mañana era la siguiente: hay efectivamente algo que nos permite diferenciar, dentro del conjunto de las preferencias de los individuos, aquellas que nuestro lenguaje habitual identifica como “valores”, y esta diferencia se refiere al contexto institucional en el que son normalmente aplicadas.
“La idea es que, en determinadas circunstancias, los individuos deben tomar decisiones colectivas, es decir, deben llevar a cabo alguna acción de manera conjunta (por ejemplo, construir una carretera por cierto sitio, en vez de por otro, o aceptar una determinada hipótesis como solución de un problema científico, en vez de otra). Qué decisión se tomará en esas circunstancias puede determinarse por algún procedimiento puramente autoritario, o bien mediante algún tipo de deliberación colectiva. En este último caso, la deliberación consistirá en que cada individuo aportará razones con las que intentará convencer a los demás de que cuál es la mejor alternativa. La cuestión importante es: ¿por qué los individuos aceptan ciertos tipos de razones, y no otros? ¿Y por qué se considera que utilizar determinados tipos de argumentos es “hacer trampas”? Al fin y al cabo, esto también es algo que se puede discutir y decidir colectivamente: someterse a razones de cierta clase, y no a las demás. Según mi propuesta, llamamos “valores” a aquellas preferencias que un individuo puede tener en cuenta cuando lo que debe juzgar o elegir no es qué decisión tomar él o ella individualmente, sino qué criterios, razones o procedimientos deben considerarse válidos en una deliberación pública sobre una decisión colectiva. Para las preferencias que no sean “valores” en este sentido, podemos reservar el calificativo de “meros gustos”.
“La idea es que, en determinadas circunstancias, los individuos deben tomar decisiones colectivas, es decir, deben llevar a cabo alguna acción de manera conjunta (por ejemplo, construir una carretera por cierto sitio, en vez de por otro, o aceptar una determinada hipótesis como solución de un problema científico, en vez de otra). Qué decisión se tomará en esas circunstancias puede determinarse por algún procedimiento puramente autoritario, o bien mediante algún tipo de deliberación colectiva. En este último caso, la deliberación consistirá en que cada individuo aportará razones con las que intentará convencer a los demás de que cuál es la mejor alternativa. La cuestión importante es: ¿por qué los individuos aceptan ciertos tipos de razones, y no otros? ¿Y por qué se considera que utilizar determinados tipos de argumentos es “hacer trampas”? Al fin y al cabo, esto también es algo que se puede discutir y decidir colectivamente: someterse a razones de cierta clase, y no a las demás. Según mi propuesta, llamamos “valores” a aquellas preferencias que un individuo puede tener en cuenta cuando lo que debe juzgar o elegir no es qué decisión tomar él o ella individualmente, sino qué criterios, razones o procedimientos deben considerarse válidos en una deliberación pública sobre una decisión colectiva. Para las preferencias que no sean “valores” en este sentido, podemos reservar el calificativo de “meros gustos”.
Como veis, no es que los valores sean preferencias “más sublimes” que las demás; lo que sucede es que, puesto que generalmente los criterios así elegidos estarán en vigor durante un tiempo indefinido, los individuos no pueden estar seguros de qué efectos tendrán tales criterios sobre muchas de las variables que forman parte de sus preferencias generales (están sometidos, por así decir, al “velo de la ignorancia”, aunque reconozco que el velo está a menudo demasiado sobado y raído); por lo tanto, tenderán a elegir criterios que les pueden beneficiar en una amplia variedad de circunstancias posibles, y por lo tanto, serán criterios que tenderán a beneficiar también a la mayoría de los demás individuos. Es por esto que los valores son preferencias particularmente “imparciales”.
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LORENZO: ¿Y no podrías ponernos un ejemplo?
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VIOLETA: Muy bien. Imaginad a un científico que ha encontrado ciertos datos empíricos cuyo grado de discrepancia con las predicciones de su propia teoría es bastante mayor que lo que en su disciplina suele admitirse para definir lo que es una “evidencia positiva”. A él le interesaría, por tanto, que se adoptase un criterio colectivo mucho más laxo sobre esta definición. ¿Qué es lo que le impide hablar con sus colegas y decirles, “ya sé que en este tipo de experimentos normalmente tomamos como buena evidencia los datos que discrepan de nuestras predicciones menos de un 10 %, pero a vosotros qué más os da considerar que una discrepancia del 40 % ha de tomarse como evidencia positiva, en vez de como evidencia negativa”? Al fin y al cabo, cada uno de los demás puede encontrarse a veces en situaciones en las que le interesaría cambiar el criterio en ese sentido. Mi respuesta es que ningún científico estará seguro de que, en general, ese cambio vaya a ser beneficioso para él.
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(Continuará)
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Menéame. ¿Qué te cuesta?


11 comentarios:
vaya, ya veo que lo de que no va a haber porno iba en serio. Quizás debas replanteártelo. Un poco de lubricidad ayuda a deslizar esas densas peroratas, aún mejor que el café.
A más de un fijista le hubiese gustado que los contienentes hubiesen estado inmóviles en sus posiciones, pero lega la tecnología láser y mide con precisión los desplazamientos litosféricos.
Más de uno, incluyendo algún ilustre Lord, pudiera haber estado convencido en base a sus conocimenos y cálculos quizás preferencias, que la Tierra no podía tener la añeja edad de miles de millones de años aducida por evolucionistas, pero se descubre la radioactividad, llega la datación isotópica y zas. Etc., etc. O sea que la arbitrariedad y la influencia de los gustos personales, son relativos. Calienta las controversias y las acicatean, pero en ocasiones los datos son intransigentemente decisivos.
Tu trío casi mejor se dedicaba al ménage á trois.
J.N.
Anónimo: tú estás expresando tus PREFERENCIAS sobre cuáles deben ser los CRITERIOS para aceptar una hipótesis científica. Yo comparto esas preferencias (hay que aceptar las teorías que encajen mejor con los hechos, sobre todo que los predigan mejor). Así que tú y yo nos pondremos de acuerdo en que la teoría "que más nos gusta" será la que mejor encaje con los hechos.
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Como mucha gente, crees que "personal" implica "totalmente relativo". No: a mí PERSONALMENTE, me gustan las teorías que tienen más probabilidad de ser objetivamente verdaderas. El gusto personal por la OBJETIVIDAD no es menos personal que el gusto personal por la arbitrariedad y los dogmas revelados. Te ruego que SEPARES MENTALMENTE ambas cosas: "personal frente a impersonal" y "objetivo frene a subjetivo (o relativo)".
¿Velo de ignorancia? Ralws filosofando sobre ciencia...
No se trata de gustos ni de preferencias, se trata de acuerdos previos establecidos en base a controlar la funcionalidad en los sistemas de exploración del entorno. A mí me puede gustar la creatividad, incluyendo en el trabajo científico, y no por eso voy a dejar que me operé del riñón un violionista o un poeta o voy a someter a un test de creatividad al cirujano. Cada ámbito tiene sus requisitos consustanciales a su propósito. En cualquier campo intelectual humano se imbrican elementos de diferente índole, pero muchas veces, en el campo científico se pueden destilar progresivamente.
A mi personalmente, en la historia de la ciencia, no me gustan necesariamente más las teorías que han resultado concordar mejor con lo observado, de hecho tengo predilección por los científicos raros y perdedores, a contracorriente, cuyas teorías revolvieron el cotarro, pero a menudo han sido relegadas.
Pero no es así como funciona el proceso científico, y es así por algo inherente a su objetivo. Lo que yo personalmente considere que debería ser la ciencia es una discusión paralela, la cuestión es, repito, tener en perspectiva que se trabaja con un protocolo acordado, en base a controlar en lo posible su funcionalidad y operatividad. Y por supuesto que pudiera pulirse en el futuro.
En mi opinión hablar de gustos y preferencias personales, desenfoca el fondo de la cuestión y la distorsiona.
J.N.
Estaba pensando hace un momento que seguramente el título de "La cafetera italiana" no es casual.
hay un modelo de cafetera italiana muy exitoso, premio de diseño, de la sofisticada marca Alessi, proyectada por el arquitecto Richard Sapper. Está incluida incluso en la colección de diseño del MOMA. Pues bien, esa glamurosa cafetera destaca por la forma elegante en que el asa (metálica al igual que la máquina) se inserta por un ingenioso dispositivo en la base de la cafetera. Estéticamente es magnífica, parece estar formada de una sola pieza y es un éxito comercial. Pero tiene un problema, el asa al estar en contacto con la base se calienta horriblemente y no se puede agarrar hasta pasados unos minutos. Naturalmente es por eso que las cafeteras tienen el asa sujeta a la zona superior y alejadas, al máximo de lo que la ergonomía faculta, de la cafetera metálica.
Creo que la relación con lo que comentaba antes sobre acuerdos y funcionalidad en el trabajo científico, está clara.
Saludos,
J.N.
JN, simplificas INJUSTIFICADAMENTE lo de las PREFERENCIAS. No me refiero a PREFERENCIAS VAGAS, "en abstracto", "difusas", y por supuesto, no me refiero a unas preferencias SOBRE UN TEMA que "eclipsen" de manera absoluta TODAS LAS DEMÁS preferencias que yo pueda tener SOBRE LOS DEMÁS ASUNTOS DE LA VIDA. Puede que yo prefiera el azul al amarillo, pero eso no me hace ser tan FUNDAMENTALISTA-DEL-AZUL como para echarle colorante azul a la paella. La cuestión es, cuando nos encontramos ante dos opciones, A y B, ¿cuál de ellas preferimos, TENIENDO EN CUENTA TODO NUESTRO SISTEMA DE PREFERENCIAS, y sobre todo, TENIENDO EN CUENTA PARA QUÉ ESTAMOS ELIGIENDO ENTRE A Y B?
A ti te pueden resultar "más simpáticos" los científicos perdedores, pero lo que yo digo es QUÉ CRITERIOS PREFIERES UTILIZAR cuando juzgas qué hipótesis, en determinado campo, es la que debe aplicarse para diseñar una tecnología (p.ej.), o la que debe elegirse como "mejor teoría científica", o la que debe elegirse en un concurso de "la teoría más molona", o de "el científico más enrollao". Seguro que TÚ no aplicas necesariamente EL MISMO CRITERIO para elegir en cada uno de estos casos. Y lo que YO digo es que esos criterios que tienes TÚ, son (tal vez entre otras cosas), antes que nada PREFERENCIAS TUYAS (que no tienen por qué coincidir con los demás por ninguna NECESIDAD LÓGICA).
Seguramente tú prefieres una teoría con una mejor combinación de manejabilidad y poder predictivo, si de lo que se trata es de aplicarla tecnológicamente; tal vez prefieras una teoría (que no necesariamente coincidirá con la anterior) que prediga muy bien y sea conceptualmente muy intuitiva, si de lo que se trata es de elegir "la mejor teoría científica"; a lo mejor prefieres una teoría absurda creada por un chalado que ligaba un montón si lo que quieres es elegir la teoría del tío más enrollao.
De la misma manera que, aunque te guste más el chocolate que la fruta, eso (por lo general) no implica necesariamente nada en los casos en los que lo que tienes que elegir es un concierto u otro.
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No puedo estar más de acuerdo en lo que dices de que las preferencias DE UNO son poco (o nada) relevantes, "porque se trabaja con un protocolo acordado"... ¡pero es que se ha acordado ESE protocolo, en vez de otro, porque encajaba mejor con las PREFERENCIAS SOBRE CÓMO ELEGIR TEORÍAS, ETC., de la mayoría de los científicos!
Por cierto, lo de la cafetera italiana tiene poco que ver con eso. Ya veréis.
Jesús, la utilidad del sistema acordado procede en gran medida de filtrar las posibles preferencias *personales* en base a su confrontación con el entorno. Un control de calidad para seleccionar la interpretación o modelo más ajustado a lo observable. Que es lo que se pretende. Se diseña un protocolo o sistema para un fin, con un por qué. Eso no es una preferencia personal o un gusto. Es funcionalidad u operatividad. Lo que no quita que durante el proceso de elaboración y confrontación de hipótesis actuén factores más personales, claro, pero son efectos colaterales inevitables de la actividad intelectual humana.
Como si pretendes no quemarte al agarrar la cafetera y poder servir el café caliente, se diseña una asa termoaislante alejada de la base de la máquina. Si lo que buscas es un determinado diseño y primas factores estéticos, pues escoges en base a esos criterios, pero hay un por qué, y luego no te quejes si te quemas. Se prefiere lo que se ajusta mejor al fin perseguido, eso es obvio, supongo.
La palabra preferencias y mucho menos gustos, no me parecen las más afortunadas. Prefiero criterios o razones. Pero es muy posible que estemos hablando de lo mismo.
Y ya lo dejo que creo que me repito y no quiero ser pesado. Además no doy una, ni con el porno, ni con la analogía cafeteril. No tengo futuro como pitoniso.
J.N.
¡Por dios, JN! ¿Por quién me tomas? Coje un sacacorchos y sácate del cerebro el PREJUICIO de que "hacer las cosas en función de ciertas preferencias" equivale a "hacer las cosas sin que haya un porqué". ¡Claro que hay un porqué! ABSOLUTAMENTE TODOS los pasos de los procesos que citas como ejemplo están orientados a LA SATISFACCIÓN DE CIERTAS PREFERENCIAS (o "fines": es otra manera de decirlo: preferimos ciertos fines a otros, o cierta combinación de fines, o sacrificamos los que preferimos sacrificar a cambio de obtener otros que preferimos lograr).
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Sé que "gustos" y "preferencias" no "suenan bien" a mucha gente, pero POR ESO utilizo esos términos: para FORZAR A REFLEXIONAR. Un "criterio" no es EXACTAMENTE lo mismo que una preferencia: no todos los criterios son iguales, por lo que elegimos aquellos criterios que PREFERIMOS (o sea, que nos parece PREFERIBLE usar). Y esto no es incompatible con hablar de "razones": lo que ocurre es que las preferencias son MÁS FUNDAMENTALES que las razones: tenemos una RAZÓN para hacer A en vez de B cuando PREFERIMOS A a B, no al revés; las preferencias son las que nos dan "razones" (si no prefiriésemos nada a nada, no tendríamos ninguna razón para hacer nada).
Y por último, me he esforzado en esta entrada en aclarar que "preferencias" no es IGUAL a "gustos": los gustos son un SUBCONJUNTO de las preferencias (todos los gustos son preferencias, pero no todas las preferencias son gustos: yo prefiero pagar los impuestos a no pagarlos, pero no porque me GUSTE pagarlos).
Hola, a menudo la filosofía de la ciencia me parece enfarragosa, porque a menudo me da la impresión de que los que "filosofan" sobre este tema pierden la noción sobre lo que supone el trabajo científico en si mismo.
Veamos, voy a simplificar esto muuucho. Si yo voy a un congreso de mi especialidad y se me ocurre decir que "relajemos" un resultado y se me ocurre afirmar, porque me da la gana, que un 40% de error con la teoría es asumible, me curten. Vamos, tal cual. Los grupos rivales/competidores te destrozan. Incluso justificándolo. Mejor no lo digo. Mejor no se me ocurre publicarlo.
Entiendo muy bien esto de los gustos y las preferencias, pero aquí (creo) se está obviando la dimensión social y colectiva de la actividad científica, que es al final la que filtra que es "mejor". La gente trata de repetir los experimentos que hacen otros y se publican cosas mejorando los resultados. Un 40% de error puede ser justificado dependiendo del sistema experimental, del análisis de errores, etc, pero siempre va a haber alguien que pille ese resultado y quiera mejorarlo. La Ciencia no se acaba en lo que uno mismo dice, opina, cree, argumenta o lo que sea.
Eulez:
nuevo error: pensar que el hecho de que los criterios dependan de LAS PREFERENCIAS DE LOS MIEMBROS DE LA COMUNIDAD CIENTÍFICA, implica que TIENEN que responder a lo que a UN miembro de la comunidad científica le dé la gana. Obviamente, los criterios dependen de las preferencias de TODOS, y por lo tanto, las preferencias de UNO influyen muuuuuy poco. Ahora bien, si la INMENSA mayoría de los miembros de la comunidad científica considerasen CONTRARIO A SUS PREFERENCIAS un determinado criterio, es de esperar que lo cambiarían (aunque, naturalmente, puede haber algunos que no estén de acuerdo).
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No sé de dónde puedes sacar que "aquí se está obviando la dimensión social y colectiva de la actividad científica". TODO LO CONTRARIO: la adopción de un criterio es una DECISIÓN COLECTIVA, pero las decisiones colectivas CONSISTEN en la INTEGRACIÓN de las decisiones de cada individuo, que tiene en cuenta sus propias preferencias (además, no tiene en cuenta sólo sus preferencias sobre CÓMO LE GUSTARÍA A ÉL HACER CIENCIA, sino sobre CÓMO LE GUSTARÍA QUE ESTUVIERA ORGANIZADA COLECTIVAMENTE LA CIENCIA).
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