14 de junio de 2009

LA CAFETERA ITALIANA (4)

LORENZO: Espera, antes quiero aclarar un poco más la cuestión que me preocupa desde el principio. ¿Cómo diantres podemos identificar empíricamente los valores que hemos de introducir en cada mapa? ¿Hacemos una encuesta entre los científicos? En tu charla de esta mañana ni tan siquiera hiciste ver que eso podía ser un problema.
VIOLETA: ¡Ay, Lorencito! Se supone que era Faustino el que iba a acribillarme con sus preguntas. Creo que se trata del problema más serio. Por lo que acabo de explicaros, los valores son aquello que es tomado como una razón para justificar algún criterio normativo, es decir, algún criterio sobre lo que, en determinadas circunstancias, es “correcto” o “incorrecto” hacer. No son simplemente “algo que alguien desea alcanzar” (cualquier elemento de sus preferencias cumple esa condición), sino “algo que alguien desea alcanzar y que aporta como razón para adoptar algún criterio de decisión colectiva”. Así que lo primero será buscar en la práctica científica estos criterios: qué pautas se siguen en una disciplina, mediante qué normas se justifica que algunas cosas deban ser aprobadas y otras cosas reprobadas. En particular, será interesante averiguar qué criterios se considera legítimo emplear para aceptar o rechazar públicamente lo que cada miembro de la disciplina proponga a los demás (hipótesis, datos, diseños experimentales, modelos, programas de investigación, pero también propuestas más institucionales: contratos con empresas, gestión de revistas, organización de congresos, etcétera). La segunda parte consistirá en descubrir los argumentos con los que se defienden (o se critican) esos criterios, u otros alternativos. Esta parte puede ser bastante más difícil de llevar a la práctica que la primera, porque es posible que estas discusiones no sean tan públicas como las relativas a la validez de los resultados de investigación. Pero es en estas argumentaciones donde podremos hallar los valores a los que me estoy refiriendo, y, por supuesto, la información sobre sus relaciones de dependencia.

FAUSTINO: Yo tengo dos contraargumentos mortíferos para tu argumento principal, uno más dulce y otro más ácido. ¿Cuál quieres primero?
VIOLETA: El ácido. Mientras tanto, me tomaré el café con poco azúcar.
FAUSTINO: Pues bien, si intentas llevar a cabo esa búsqueda empírica de los valores la ciencia, lo más probable es que no encuentres nada relevante para tu teoría. “Pautas”, “criterios”, “normas”, o como quieras llamarlo, sí que encontrarás, ¡pero seguramente muchos más de los que querrías! De hecho, habrá muchos criterios que serán contradictorios con otros, y que, por lo tanto, no se podrán justificar simultáneamente apelando a los mismos valores.
VIOLETA (con media pasta en la boca): O tal vez sí...
FAUSTINO: Ya veremos. Pero la inmensa mayoría de estas normas y criterios no son nunca, o casi nunca, adoptados a través de “argumentos”. Más bien procederán de la tradición de cada disciplina, o se impondrán mediante autoridad (por ejemplo, las que se utilizan en laboratorios privados). Y otras se difundirán por mero esnobismo.
LORENZO: ¡Si vas a criticar el esnobismo de los científicos necesito una grabadora, y mañana haré sonar la grabación por los altavoces del congreso!
FAUSTINO: ¿Quién critica el esnobismo? Por favor, no hay nada malo en ser un esnob. Pero vosotros no estaréis dispuestos a reconocer sus virtudes, me temo.
VIOLETA: Y la crítica suave, ¿cuál era?
FAUSTINO: Esa crítica viene a decir que hay tantas normas, tantos criterios, tantos “valores”, que seleccionando unos cuantos como los más relevantes nunca harás honor a la radical variedad e inconmensurabilidad que reina en la ciencia.
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(Continuará)
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La cafetera italiana (5).
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4 comentarios:

eulez dijo...

El criterio principal, en mi opinión, es la repetición: todo resultado científico debe poder repetirse en cualquier otra parte. Para ello, debe proporcionarse en publicaciones/ponencias la información suficiente para que otros grupos de investigación puedan comprobarlo. El resto es interacción social.

Tal vez esto sea aplicable solo a los experimentos. La aceptación de una teoría depende de la concordancia con el experimento. Lo interesante de lo que cuentas aquí es preguntarse cuál es el grado de concordancia necesario para aceptar un teoría. En realidad, la mayoría de las veces esto es gris, como todo, y se suele decir: concuerda aceptablemente, concuerda notablemente, concuerda perfectamente, etc. Y el grado depende de la materia. Hay ciencias muy exactas como algunos campos de la física de partículas y hay otros en donde hay que aceptar un alto grado de error, debido a la dificultad de las mediciones, como la cosmología. Luego, está la gran duda ¿cómo se explica que todavía trabaje en Teoría de Cuerdas cuando esta no ha sido capaz de dar en 30 años una predicción experimental? ¿es eso Ciencia? ¿hay ahí algo del método científico?

Jesús Zamora Bonilla dijo...

Pues ESA es la cuestión: ¿de dónde salen las preferencias de los científicos X, Y y Z sobre 'cómo de buena' debe ser una teoría para 'ser aceptable'?, ¿por qué en unas comunidades los criterios son unos y en otras son otros, o en otros momentos históricos?, ¿qué te parecen A TI, según TUS preferencias, esos criterios de esos científicos?, etc.
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Yo también estoy de acuerdo que el criterio principal es la replicabilidad. Pero eso es porque creo que la replicabilidad garantiza en mayor grado la producción de "conocimientos"(SEGÚN MIS PREFERENCIAS SOBRE LO QUE TIENE QUE TENER ALGO PARA MERECER SER LLAMADO "CONOCIMIENTO").

Anónimo dijo...

Hombre es que extraer pautas y modelos, que es lo que se pretende, exige no sólo experimentos diseñados de modo que enfoquen la cuestión lo más nítidamente posible sino además resultados o comportamientos reiterados, por lo que, obviamente, los experimentos deben ser reproducibles. Es decir hacen falta observaciones repetidas, entre las que se puedan establecer comparaciones, para deducir regularidades, la base de cualquier modelo.

Lo importante no es tanto la concordancia como la discordancia, de enfoques, de interpretaciones y conjeturas y finalmente de datos, en relación a experimentos diseñados para discriminar entre ellas. No hay una fórmula específica para cuando, cómo o por qué surge una interpretación diferente. Si alguien se cree capaz de normalizar las situaciones que lo intente. El azar y la contingencia también intervienen en el proceso de desarrollo de la ciencia.

Pero a mi todos estos criterios y modos me siguen pareciendo más mecanismos operativos y controles de calidad inherentes al propósito perseguido o difícilmente evitables (sin quitar las veleidades, arbitrariedades e irregularidades que se asocian a cualquier actividad social humana) que preferencias o gustos.

Aunque sin duda en una conversación con el *trío infernal* de filósofos ( L, V y F), seguro que por aturdimiento acababa por darles la razón enseguida, aunque luego les criticaría a sus espaldas, claro.
J.N.

Jesús Zamora Bonilla dijo...

JN:
cuando dices todos estos criterios y modos me siguen pareciendo más mecanismos operativos y controles de calidad inherentes al propósito perseguido o difícilmente evitables, que preferencias o gustos, te digo:
esos CRITERIOS, desde luego NO SON "GUSTOS" (he explicado que, dentro de las preferencias hay "gustos" y "criterios"), pero SÍ QUE SON "PREFERENCIAS" ¡precisamente porque son "inherentes al objetivo perseguido"!, como dices tú: o sea, PUESTO QUE PREFERIMOS alcanzar ese objetivo, en vez de otros, y puesto que pensamos que esos criterios son los que mejor garantizan alcanzar ese objetivo, POR ESO PREFERIMOS usar esos criterios en vez de otros alternativos.