Lorenzo: Bueno, ¿y el tema de la unidad de la ciencia? ¿Cómo puedes reconstruirla a partir de los múltiples individuos con sus múltiples preferencias?
Violeta: Mi tesis es que los mapas de valores de todas las comunidades científicas tendrán una estructura bastante similar. Por un lado, aparecerán muchos valores en la base, que corresponderán en general a los diversos métodos que se utilicen en cada disciplina: todas aquellas cosas que un científico debe “saber hacer” para conseguir que sus proyectos salgan como espera. A los valores de este tipo los llamaré instrumentales: son cosas que hace falta conseguir, o criterios que hace falta satisfacer, para obtener resultados científicamente meritorios. Por otro lado, en la parte de arriba también puede haber muchos valores, que corresponderán a aquellas cosas que los científicos, u otras personas, intentan alcanzar por medio de los resultados obtenidos en esa disciplina: digamos que son las posibles aplicaciones, no sólo “aplicaciones prácticas”, sino también “puramente científicas”, pues pueden utilizarse los resultados de un área como inputs para el trabajo en otras áreas. A estos valores los llamo finales.
“Dicho de otra manera: los valores de la parte de arriba son los que hacen que ciertos problemas científicos sean más interesantes que otros, mientras que los valores de la parte de abajo son los que indican cómo debe llevarse a cabo la investigación. Los valores de la parte central, en cambio, intervienen para justificar los métodos de la parte de abajo, y serán, de este modo, los que determinen cuándo debe tomarse una cierta tesis como la “solución correcta” a un problema.
“Tanto en la parte de abajo como en la de arriba, los valores que aparezcan en los mapas de varias disciplinas o comunidades podrán ser muy distintos entre sí. Por el contrario, me aventuro a afirmar que en la parte central habrá muy pocos valores, y todos ellos idénticos (o muy semejantes) en todas las disciplinas científicas. A éstos los podemos considerar como los valores centrales de la ciencia. Así que la estructura de cualquier mapa de valores tiene una forma parecida a la de esta cafetera italiana: dos conos o pirámides truncadas, unidas por su parte más estrecha, con los “valores instrumentales” en la parte inferior, los “valores finales” en la superior, y en el centro...
Faustino: Apuesto a que se trata de la verdad, la racionalidad, y otras músicas celestiales del mismo tipo.
Violeta: Has estado cerca. Mi hipótesis es que hay básicamente tres valores centrales, si bien no han de entenderse (como, por otro lado, tampoco los demás) como conceptos perfectamente definidos; más bien tienen un amplio margen para ajustarse a circunstancias diversas y aún así seguir siendo los mismos valores. El primero es lo que yo denominaría la verdad empírica aproximada. Su posición justo en el centro es fácil de entender: con respecto a los valores instrumentales, nos molestamos en desarrollar métodos, a menudo tremendamente sofisticados, porque queremos alcanzar un conocimiento verdadero sobre la realidad; es decir, usamos unos métodos en vez de otros porque pensamos que ésos son los que garantizan en mayor medida que vamos a obtener resultados razonablemente correctos. Y con respecto a los valores finales, deseamos obtener respuestas aproximadamente verdaderas a las preguntas que nos hacemos, en lugar de respuestas totalmente descabelladas, porque esa es la mejor manera de garantizar que el conocimiento obtenido gracias a la ciencia será eficaz en la consecución de aquellos objetivos.
“En segundo lugar, estaría la gloria científica: los investigadores se esfuerzan en perseguir otros valores instrumentales, y también otros valores finales, así como soluciones verdaderas a los problemas planteados en su disciplina, porque quieren obtener la fama entre sus colegas, o ante la sociedad en general. Y en tercer lugar, algo que podríamos llamar economía o eficiencia: cierta sabiduría acerca de cómo contrapesar la satisfacción de distintos valores cuando el cumplimiento de unos implica disminuir el grado en el que realizamos otros.
Lorenzo: ¿Qué es eso de la “verdad empírica aproximada”? Creo que por la mañana sólo hablaste de la verdad, a secas; ¿estás empezando a retroceder?
Violeta: Tú mejor que nadie sabes que en filosofía es imposible ir siempre en línea recta. Ahora mismo, si me lo permitís, haré también un pequeño excurso antes de dar las aclaraciones que me pedís. Aún hay tiempo para el partido, ¿no?
Lorenzo: Sólo si vas directamente al grano del excurso dichoso.
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(Continuará)
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La cafetera italiana (6).

Menéame. ¿Qué te cuesta?


3 comentarios:
Pero me parece que aquí no cabe el empirismo, el cual como tal, carece de toda base científica.
Excelente entrada.
Un saludo.
Dean:
me dejas chafao. ¿Cómo que no cabe el empirismo? Yo pensaba que lo que estaba explicando era EL EMPIRISMO. ¿Y qué quieres decir con lo de que el empirismo "carece de toda base científica"?
Vaya lo que que aprende uno en los comentarios de este blog, y yo que pensaba que el empirismo (de ida y vuelta) era precisamente el núcleo de la ciencia. Quizás sea que no es el empirismo como tal sino el empirismo como cuál.
J.N.
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