9 de junio de 2009

LA CAFETERA ITALIANA (un diálogo sobre la ciencia y los valores)

Personajes: tres filósofos de la ciencia (Lorenzo, Violeta, y Faustino) se reúnen en casa del tercero durante la celebración de un congreso internacional, para ver un partido de fútbol.


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LORENZO: Te agradecemos mucho, querido amigo Faustino, tu invitación para ver el partido aquí, en tu casa. Has sido de los pocos que esta mañana, en el congreso, se han acordado de que hoy jugaba nuestra selección los cuartos de final de la Copa del Mundo, y, como los encuentros de otros países sólo son transmitidos aquí por las cadenas de “pago por visión”, en nuestro hotel no hubiéramos podido verlo.

FAUSTINO: No hay por qué dar las gracias. En realidad me apetece mucho ver el partido de vuestro país, ya que el nuestro ha sido eliminado en la primera ronda.

VIOLETA: Reconoce que era también la excusa perfecta para enseñarnos tu fabuloso equipo de televisión de próxima tecnología.

FAUSTINO: Ay, Violeta, qué bien me conoces. Y te aseguro que nunca habrás visto los goles como esta noche. Te parecerá que los marcas tú.

LORENZO: ¡O que nos los marcan a nosotros, ja, ja!

FAUSTINO: No le hagas caso a tu Lorenzo, Violeta; es siempre igual de tonto.

VIOLETA: ¡Qué me vas a decir a mí!

FAUSTINO: Pero aún queda casi una hora para el partido, voy a poneros un poco de música y algo para tomar. ¿Una copa?, ¿café? Poneos cómodos, por favor.

VIOLETA: Un café, por favor. ¿También tú, Lorenzo? Me encanta como hacéis el café en vuestro país. Puedo ayudarte en algo, Faustino.

FAUSTINO: Por supuesto que no. Relajaos; vais a necesitarlo. En cuanto os traiga los cafés, pienso liquidar sin piedad los ridículos argumentos que hoy habéis esbozado en vuestras presentaciones en el Congreso.

LORENZO: ¿No ves, Violeta querida? Van a empezar a meternos goles antes incluso de que empiece el partido.

VIOLETA: ¡Bah! No seré yo quien tema un argumento de nuestro amigo. La verdad es que me extrañó que esta mañana no se metiera mucho con nosotros. Se ve que ya tenía planeada la encerrona. ¿No crees, cielito?

FAUSTINO (desde la cocina): No uses tus artes de mujer. Voy a empezar mi argumento por lo más fácil. Has dicho que tu proyecto consiste en aplicar “hasta sus últimas consecuencias” el individualismo metodológico a la teoría de la ciencia. Otros, entre ellos tu Lorenzo, tal vez lo identifiquen con un reduccionismo positivista, con una especie de “imperialismo” de la economía matemática sobre las otras ciencias sociales, con un racionalismo excesivo que no permite ver la pluralidad del mundo cultural. Pero yo no. (Volviendo) Yo me alegro muchísimo de que alguien abrace el individualismo, porque eso lo arrastrará sin más remedio hasta mi posición.

VIOLETA: ¿Qué posición es esa?

FAUSTINO: La de que no hay nada que esté más allá de las opiniones subjetivas de cada individuo. Tú misma lo has dicho: en un momento determinado, lo que hemos de tomar como el “estado de los conocimientos” en una disciplina científica es sólo la enumeración de las opiniones expresadas por cada uno de sus miembros. No hay un “conocimiento público” que sea, como una especie de entidad social autónoma (¡y mucho menos una entidad lógica!), algo que esté por encima, que trascienda las opiniones de los individuos, que sea “más objetivo” que ellas.

VIOLETA: Lo digo y me reafirmo.

FAUSTINO: ¡Bienvenida, en tal caso, a la república anarquista post-moderna!

VIOLETA: Pero te engañas si piensas que eso os da la razón a los relativistas. Aunque niegue que exista en la ciencia una especie de “consenso virtual”, que tendría un mayor grado de “justificación” o “garantía” que cada una las opiniones individuales, de ahí no se sigue que todas las opiniones sean igual de legítimas y objetivas.

FAUSTINO: Ya me explicarás cómo no.

VIOLETA: Pues, en primer lugar, porque todo el proceso mediante el que los científicos van generando y cambiando sus opiniones está impulsado, entre otras cosas, por el hecho de que cada uno de ellos tiene ciertas preferencias básicas acerca de cuándo es un “conocimiento” mejor, más válido que otros. Si no fuera por esto, los científicos podrían decidir qué opiniones tener, simplemente echándolo a suertes. Ellos se ahorrarían así muchos quebraderos de cabeza, y nosotros mucho dinero.

LORENZO: Pero, Violeta, no seas ingenua. En primer lugar, los criterios de los que hablas son múltiples, y a menudo incompatibles entre sí. Y en segundo lugar, los criterios que efectivamente utilizan los científicos pueden basarse en motivos que nada tienen que ver con la “validez objetiva” del conocimiento.

FAUSTINO: Me alegro de que el pluralismo acuda en mi ayuda en el momento justo, porque debo ir por el café.

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(Continuará)

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7 comentarios:

elquebusca dijo...

Como aún no tienes comentarios acepta las preguntas de un novato en este asunto. Además como está incompleto no puede hacerse uno una idea general de las distintas posiciones.

1. No sé si cuando hablan de la ciencia se refieren a las ciencias empíricas o también a las matemáticas.

2. Cuando hablan de eso de que no existe un conocimiento más allá de las opiniones individuales quiero preguntar qué es lo que piensan que se enseñan de las ciencias en las escuelas y en los institutos. ¿Son las opiniones más comunes o aquellas en las que ya no hay controversia o cuáles?

3. cuando se habla de eso de las preferencias de los científicos sobre qué es mejor conocimiento me gustaría saber qué papel juega si es que juega alguno aquello que se llamaba "salvar los fenómenos" o "salvar las apariencias".

la entrada parece muy interesante pero parece que necesita uno seguir leyendo para entender algo.

Jesús Zamora Bonilla dijo...

Muchas gracias por tu comentario. Si no te importa, como he ido cortando el texto más o menos de manera arbitraria para poner una "dosis" cada día, esperaré a que haya salido un poco más (son ocho entradas en total) para ir respondiendo a los comentarios.
Un saludo

Anónimo dijo...

Vaya, no sé por qué el ambientillo me recuerda a *La philosophie dans le boudoir*. Faltaría algún rústico rezumando testosterona( como un repartidor de pizzas o de *tele sushi*) y alguien perversamente ingenuo, como la vecina adolescente de arriba, que acude a pedir una tacita de leche. Ya veremos como progresa.
J.N.

José Luis Ferreira dijo...

Jesús:

¿Va a continuar esto por donde estoy pensando? Te prometo no revelar nada si la respuesta es sí.

Jesús Zamora Bonilla dijo...

José Luis: no sé lo que estarás pensando. Desde luego, no hay porno.

José Luis Ferreira dijo...

Jesús:

Es que eso de echar a suertes a ver qué teoría aceptamos me suena...

Freman dijo...

Desde luego, no hay porno.

Qué penita...