29 de junio de 2009

DIE WISSENSCHAFT DENKT NICHT - Y EN LOS CHIRINGUITOS, MENOS

Me temo que en los meses de julio y agosto, el Otto Neurath va a navegar un poco a la deriva. Entre viajes en los que me desconecto de internet, y cinco o seis trabajos que tenía que tener terminados ya, y aprovecharé a terminar en las vacaciones, me he hecho el firme propósito de dedicarle el menor tiempo posible al barco, ya que el verano mediterráneo es tiempo de bonanza en el mar, y las vías de agua serán pequeñas y controlables..

Pero iré dejando alguna cosilla para tratar el síndrome de abstinencia.
.
Para empezar, leo en Phiblógsopho una entrada sobre la famosa frase de Heidegger, "la ciencia no piensa", y su interpretación à la Kuhn por Carl von Weizsäcker.
.
Ahora no tengo tiempo de meterme con el tema, pero lo dejo aquí aparcado, e intentaré mantener el paso de vuestros comentarios, si los hubiere.
.
Heidegger no ha sido nunca santo de mi devoción (como os podéis imaginar), y mis intentos de hincar el diente a alguna de sus obras han terminado sistemáticamente en el abandono, a causa de la sensación de llevar leyendo veinte páginas y no haberme enterado todavía de qué iba la cosa (das Ding). Una sensación que he experimentado también con Derrida, y con pocos más. Pero, no sé si por la vejez o por el virus del liberalismo, cada vez me corroe más la idea de que algo de interés puede tener el asunto, una vez traducido al lenguaje de la calle.

MÚSICA PARA LUNES

26 de junio de 2009

MOZART, CONCIERTO PARA PIANO Nº 23 (3)

25 de junio de 2009

MOZART, CONCIERTO PARA PIANO Nº 23 (2)

24 de junio de 2009

MOZART, CONCIERTO PARA PIANO Nº 23 (1)

23 de junio de 2009

PLANETA KINDER

LA CAFETERA ITALIANA (final)

Faustino: Yo casi suscribiría todo lo que habéis dicho, teniendo en cuenta, sobre todo, que la parte más post-moderna vendrá después, cuando empieces a hablar de la “gloria” y la “economía”. Seguramente, lo único que cambiaría sería la cháchara sobre la verdad... ¡O, mejor, no! Creo que más bien aprovecharía para argumentar que la palabra “verdad” sólo significa, como acabas de decir, el mayoritario beneplácito que recibe una cierta “inscripción” dentro de una comunidad, por la solidez y la resistencia que ha demostrado ante los posibles argumentos en su contra.

Violeta: Dilo así, si quieres, pero ten en cuenta que esto que acabas de describir es sólo el hecho de que los miembros de la comunidad creen que ciertas proposiciones son verdaderas, ¡pero en realidad puede que sean falsas! Lo importante no es tanto qué proposiciones aceptan, como qué criterios siguen para decidir cuáles aceptan, y lo que yo afirmo es que la principal razón para que elijan esos criterios, en vez de otros, será su creencia de que van a llevarles a aceptar proposiciones empíricamente sólidas.

Lorenzo: ¿Y qué pasa con los otros valores centrales?

Violeta: Con respecto a la “fama”, lo más relevante para situarla en el centro de nuestra “cafetera” no es (o no es sólo) el que sea un fin de los más apreciados por los científicos, sino que es, junto con la verdad, el otro objetivo fundamental que tienen en cuenta para decidir si ciertas normas o criterios son aceptables o no. No se pueden exigir soluciones demasiado precisas y seguras, pues entonces raramente se acabaría aceptando hipótesis alguna, ni darse por contento con soluciones demasiado endebles, pues entonces cualquiera podría ganar en el juego de la persuasión, y este juego dejaría de ser interesante para individuos cuyo objetivo “práctico” fundamental es la gloria. Así que la búsqueda de la fama es el valor que especifica, en último término, cómo de “buenas” van a ser las teorías que se acepten en una comunidad.

Faustino: ¡Y luego dices que no eres post-moderna!

Violeta: Pero, ¡ojo!, el valor de la “fama” no dice en qué sentido son buenas las buenas teorías. El criterio que lo dice es, más bien, el de la verdad empírica.

Faustino: Pero, ¿por qué ocupa la fama el centro de la “cafetera”? El argumento parece impecable en el caso de la verdad: los valores instrumentales o metodológicos (los de la parte de abajo) se justifican porque son eficientes en la búsqueda de la verdad, y la verdad se desea porque es la mejor manera de satisfacer los valores relacionados con las aplicaciones (los de la parte de arriba). Pero no veo nada parecido a este tipo de argumento simétrico en el caso de la fama.

Lorenzo: Déjame echarte una mano, Violeta: aunque la gloria científica es un fin último para los investigadores, desde el punto de vista de los ciudadanos se trata de un medio, un instrumento, que se utiliza para que la ciencia funcione de manera eficaz.

Faustino: Pero hay una diferencia radical (que me encanta) entre el papel que le asigna Violeta a la verdad como valor central que justifica los valores instrumentales, y el que ha asignado Lorenzo a la fama. En el fondo, ¡los científicos tenderán a elegir los métodos que a ellos, y en especial a los más poderosos, les vengan bien! P. ej.: métodos con los que estén más familiarizados, métodos que tiendan a favorecer a las teorías desarrolladas dentro de programas de investigación tradicionales, métodos que justifiquen grandes subvenciones... en definitiva, preferirán aquellos métodos que les garanticen el control de la situación. Tenéis que reconocer que, en estas circunstancias, es bastante dudoso que los métodos efectivamente elegidos vayan a ser precisamente los que garantizan la “verdad objetiva” de las conclusiones que se obtengan con su ayuda.

Lorenzo: Yo al menos pienso que, en muchas circunstancias, es verosímil que el objetivo de la búsqueda de la verdad y el de la búsqueda de la fama tiendan a favorecer métodos o valores instrumentales distintos. ¿No crees, Violeta?

Violeta: Por supuesto. Pero los métodos tienen que ser justificados a través de una discusión pública, y adoptados por la gran mayoría de los miembros de la comunidad relevante (esto es lo que hace que sea una comunidad, y no varias). En consecuencia, no es fácil que un científico individual, o un grupo muy pequeño, “imponga” a todos los demás colegas aquellos métodos que coincide que le favorecen precisamente a él. Si el grupo entero desea llegar a un acuerdo colectivo, todos tendrán que ceder al menos un poco, como en cualquier negociación. Y, por otro lado, cuanto más abstracto y general es el nivel al que se discute la aceptabilidad de una cierta metodología, más difícil será para los científicos predecir si esos métodos en particular van a favorecer las teorías propuestas por unos o por otros. Además, en la medida en que los resultados producidos por la comunidad tiendan a ser valiosos para otras comunidades, los miembros de cada una estarán interesados en favorecer métodos que garanticen esta capacidad de “exportar” resultados, pues eso les reportará, en definitiva, fama y recursos provenientes de otras áreas. Por lo tanto, en la medida en que las áreas científicas sean más abiertas hacia otras, más importante será que los métodos adoptados en cada una sean coherentes con las de los demás (aunque no necesariamente idénticos), y esto reforzará la imparcialidad en la elección de métodos.

Faustino: ¡Vamos, vamos! Eso será verdad “en abstracto”, pero si miras con detalle a la práctica real de la ciencia, existe más bien en cada disciplina un grupo de investigadores, no necesariamente muy pequeño, que utiliza ciertos criterios de justificación que favorecen cierta clase de teorías, modelos, hipótesis o resultados, y que se resisten (por lo general, limitándose a ignorarlos) a adoptar los métodos alternativos propuestos por la nube de heterodoxos que rodea al grupo dominante. Y la principal razón por la que se resisten no es porque crean que sus métodos son correctos, sino porque saben que, si se adoptaran los métodos que ellos no dominan, el poder de repartir la fama y los dineros dejaría de estar en manos de ese grupo.

Violeta: Eso deja sin explicar por qué quienes suministran en último término los recursos sociales y económicos a los científicos, favorecen precisamente al grupo dominante, si no hay ninguna razón por la que los resultados científicos alcanzados por ese grupo tengan un mínimo nivel de calidad epistémica.

Faustino: Tal vez sea porque a los gestores de la ciencia les importe un comino esa calidad epistémica con la que se os llena la boca a los racionalistas.

Violeta: Bueno, incluso a quien sólo le importan el poder y la gloria, le interesará al menos obtener un conocimiento verdadero sobre cuáles son los medios más eficaces para alcanzar esos objetivos.

Lorenzo: Amigos míos, deben ya estar a punto de conectar con el partido, y aún le queda a Violeta explicar el último “valor central” del que nos habló. ¿Os importaría dejar la discusión sobre los gestores de la ciencia para otro momento? A ver, ¿qué es eso de la “economía de los valores”, o como lo llamaras?

Violeta: Lo que quiero decir es, por una parte, que los científicos buscarán la verdad y la fama intentando compatibilizar estos dos fines de modo que la obtención de una de ellas no signifique renunciar “demasiado” a la obtención de la otra; y por otra parte, que en todas las decisiones tendrán que valorar el esfuerzo que suponga llevarlas a la práctica. Por ejemplo, al elegir entre varios métodos alternativos, una variable importante que tendrán en cuenta será la facilidad con la que cada uno de ellos pueda ser utilizado; al valorar la simplicidad como una virtud de las teorías científicas, en parte lo harán porque las teorías simples son más fáciles de entender que las complejas, y es más cómodo trabajar con ellas.

Lorenzo: Quizá el término “minimización del esfuerzo” sería más apropiado que “economía”. Aunque me gusta más el de “prudencia”, que suena tan aristotélico.

Faustino: En fin, también quería hablar de tu sugerencia en el Congreso, sobre las implicaciones de esta concepción de los valores respecto a los problemas de las relaciones entre la ciencia y la sociedad. Pero me temo que el partido ha comenzado ya, y me parece prudente dejar esa discusión para después...

.

La cafetera italiana (1).

.

22 de junio de 2009

MÚSICA PARA LUNES

Para acompañar a nuestra cafetera italiana.

.


.

.

20 de junio de 2009

LA CRISIS DE VOCACIONES CIENTÍFICAS: UN ESTUDIO ESTADÍSTICO

Tras esperar en vano cinco años a que la FECYT considerase la posibilidad de publicar este estudio que ella encargó y yo dirigí, he decidido colgarlo yo aquí (la verdad es que ya casi me había olvidado de él). Siento que los datos no estén actualizados. Para descargar los pdf's, pinchar primero en el símbolo de Scribd, y luego la pensaña "download".

.


CRISIS DE VOCACIONES CIENTÍFICAS
.
.
VOCACIONES CIENTÍFICAS - GRÁFICOS
.
.
VOCACIONES CIENTÍFICAS - TABLAS CC.AA.
.

19 de junio de 2009

LA CAFETERA ITALIANA (7)

Lorenzo: Veamos si me estoy enterando: supongo que cada científico intenta alcanzar la mayor fama posible, es decir, la valoración más alta posible de su marcador externo, aunque muchos de ellos, pobrecitos, tal vez la mayoría, tendrán muy pocos puntos en ese marcador, porque no todos consiguen producir resultados que alcancen a la vez una valoración muy alta y una aceptación muy extendida entre los otros investigadores. Así que se tendrán que conformar con intentar obtener el máximo posible de puntos en su marcador interno.

Violeta: ¡Ay, cariño, qué bien me estudias! ¿Verdad que es un cielito?

Faustino: Lo que pasa es que te quiere seguir la corriente; ya le conozco.

Lorenzo: Ahora bien (y no me interrumpáis, que ya falta muy poco para el partido), incluso aunque lo que más le interese a un investigador sea conseguir una alta puntuación en su marcador externo, resulta que él no puede hacer nada directamente para conseguirlo, pues esa puntuación viene dada por las afirmaciones que hay escritas, o “inscritas”, en los libros de los demás. Y de este modo, criterios de legitimación, o normas de inferencia, o lo que sea, vigentes en la comunidad, adquieren el protagonismo. En primer lugar, porque será ajustándose lo más que pueda a esas normas como cada científico intentará obtener una puntuación elevada en su marcador interno. Y en segundo lugar, porque el hecho de que los demás están haciendo lo mismo (o sea, intentando ajustarse a las normas para maximizar el valor de sus marcadores internos) es lo que le permite a cada científico ingeniarse alguna manera de conseguir (mediante las inscripciones de su propio libro, y mediante las normas de inferencia que las ligan con las de otros libros) que sus colegas se vean forzados (por esas mismas normas, y por las inscripciones anteriores efectuadas por ellos) a hacer una nueva inscripción en la que acepten los resultados o hipótesis propuestos por aquél.

Faustino: ¿Y esto qué tiene que ver con el problema de los valores?

Violeta: Recordad que por “valores” entendíamos aquellos fines que los científicos utilizaban para justificar la adopción de unas normas en vez de otras. Pensad que estas normas consisten sobre todo en reglas que permiten a cada investigador exigir a un colega que saque una determinada conclusión a partir de algunas proposiciones con las que éste se ha comprometido previamente, o exigirle que no saque otra conclusión, si ello va contra las normas, o exigirle que presente razones que justifiquen algunos de sus enunciados o de sus actos. Mi tesis es que las normas de inferencia que se usan en una comunidad científica son aceptadas fundamentalmente (aunque no exclusivamente) porque poseen la propiedad de garantizar, en algún grado razonable, que las conclusiones aceptadas mayoritariamente por los miembros de la comunidad sean verdaderas, o verdaderas con un grado suficiente de aproximación.

Lorenzo: ¿Y cómo se garantiza que las normas tengan esa propiedad?

Violeta: Las normas son siempre falibles: los científicos pueden creer que gracias a ellas obtendrán muchos enunciados verdaderos relevantes, y estar equivocados en esta creencia. En parte es por ello por lo que insisto en que el valor fundamental es la verdad empírica. Con esto no quiero decir que los enunciados que persiguen los científicos tengan que ser sólo “enunciados observacionales”, o algo así, sino más bien que ha de haber algún proceso que condicione la aceptación de los enunciados “menos” observacionales al éxito predictivo de los modelos y teorías en los que están insertados. Si queréis expresarlo de otro modo: las normas de una comunidad científica deben garantizar, en la medida de lo posible, que las hipótesis, leyes, modelos, etcétera, aceptados mayoritariamente por sus miembros, generen con una frecuencia lo suficientemente elevada predicciones correctas cuando son aplicadas a la solución de problemas empíricos. Por otro lado, la mayoría de las normas estarán basadas en los conocimientos previos; por ejemplo, las normas sobre cómo interpretar los resultados de ciertas observaciones dependerán de lo que se sepa (o se crea saber) sobre el funcionamiento de los aparatos de observación; o las normas sobre cómo resolver ciertos problemas presupondrán que se deben utilizar determinadas ecuaciones, que reflejan leyes de general aceptación. Así, las normas serán tan falibles y sujetas a revisión como dichos conocimientos, y serán diferentes en cada comunidad o área científica, pues en cada una se tendrán, obviamente, conocimientos diferentes, al ocuparse de objetos y problemas distintos.

.

(Continuará)

.

La cafetera italiana (1).

.

La cafetera italiana (8).

.

18 de junio de 2009

KAUFFMAN SOBRE EL REDUCCIONISMO


Interesante, aunque escueta entrevista ayer en El País al padrino de la teoría de la autoorganización, Stuart Kauffman. Lo peor es la incidencia en el error más común sobre el reduccionismo. Copio pregunta y respuesta:

.
P. ¿Qué es el reduccionismo científico?
R. La visión más simple del reduccionismo es la de Laplace, el matemático francés de los tiempos de Napoleón, quien dijo que si un sistema de cómputo tuviese la información sobre la posición, la velocidad y la masa de todas las partículas del universo, usando las leyes de Newton se podría calcular todo el futuro, así como el pasado, del universo. Eso es el reduccionismo. Eso implica, entre otras cosas, creer que todo lo que ocurre en el universo es descriptible por las leyes naturales, que lo real son las partículas en movimiento y que lo demás son ilusiones. También que hay un lenguaje que permite describir toda la realidad, las leyes de Newton y las partículas en movimiento en el espacio-tiempo. Éstos son los cimientos de la ciencia reduccionista. Yo cuestiono todas estas afirmaciones.
.
¡Efectivamente: es una visión MUY SIMPLE! Su simplicidad consiste en ignorar la sutil, pero transcendental diferencia entre "reduccionismo ontológico" y "reduccionismo epistemológico", confusión que a su vez se basa en la dificultad que algunos tienen para distinguir dos conceptos (que, por otro lado, no pueden ser más diferentes). el concepto de DERIVABILIDAD y el concepto de CONSECUENCIA -en particular, el concepto de CONSECUENCIA CAUSAL, aunque también hay que distinguir éste del concepto de CONSECUENCIA LÓGICA-.
.
La relación de consecuencia se da entre HECHOS, o entre PROPOSICIONES: el hecho de que yo permanezca a pelo bajo el agua durante una hora tiene como consecuencia el hecho que yo me ahogue (podemos decir también que de la proposición que expresa el primer hecho -y otras sobre las propiedades de los mamíferos y la capacidad de mis pulmones- se sigue la proposición que expresa el segundo hecho). Esta relación suelen designarla los lógicos con el símbolo "II-" (digamos, una "T" mayúscula con dos patas en vez de una, y caída sobre su lado izquierdo). "(A, B, C) I= D" se debe leer como diciendo "si A, B y C son verdaderas, entonces D también es verdadera".
.
La relación de derivabilidad se da entre ENUNCIADOS: del enunciado "(p -> q) & p" se puede derivar mediante la aplicación de las reglas sintácticas del cálculo de proposiciones, el enunciado "q". La clave está en lo de "sintácticas": las reglas de la lógica son meramente formales, es decir, lo que dicen es, si tienes unos enunciados QUE SE ESCRIBEN de tal y tal manera (con independencia de lo que puedan SIGNIFICAR esos símbolos), entonces, aplicando las reglas de cierto cálculo lógico, puedes alcanzar el otro enunciado mediante una serie de transformaciones formales de los primeros (las reglas de derivación dicen, por tanto: "si tienes unos enunciados que se escriben así, puedes poner otro que se escribe asá)". La derivabilidad tiene que ver con la lógica entendida como un CÁLCULO, es decir, una mera manipulación de símbolos. Los lógicos usan el símbolo "I-" (una "T" mayúscula caída sobre el lado izquierdo) para representar esta relación: "(A, B, C) I- D" significa que el enunciado -la lista de símbolos- D se puede obtener a partir de A, B y C aplicando las reglas del cálculo en cuestión (el símbolo de derivación suele llevar como subíndice una referencia a CUÁL es el cálculo del que estamos hablando, cuando puede haber alguna ambigüedad; si no se dice nada, se supone que es el cálculo de la lógica clásica de primer orden).
.
Esto último no quiere decir que "la lógica sea convencional". Los que se dedican a la lógica INVENTAN muchos cálculos, pero hay un criterio fantástico para distinguir los cálculos "valiosos" de los que valen menos. Este criterio es lo que se llama "consistencia" (que no se limita a la "ausencia de contradicción": eso es sólo un caso particular de consistencia). Un cálculo lógico es consistente si se cumple el teorema siguiente:
.
Si A I- B, entonces A I= B.
.
O sea, si B se puede calcular a partir de A, entonces, si A es verdadera, B será verdadera.
.
Nótese que la propiedad de consistencia es relativa a las relaciones "I-" y "I=" que tengamos en particular, aunque, por supuesto, la relación de consecuencia (no de derivabilidad) más interesante para los lógicos es la de consecuencia lógica: en ese caso, si A I= B, eso quiere decir B es verdadera en todos los "mundos posibles" (o sea, todos los modelos descriptibles mediante teoría de conjuntos) en que es verdadera A.
.
Si un cálculo no es consistente en este sentido, pues se suele tirar a la basura.
.
Los lógicos también intentan demostrar un teorema distinto, aunque fácil de confundir con el primero: el teorema de COMPLETUD, que afirma:
.
Si A I= B, entonces A I- B.
.
Lo que dice un teorema así es que, si se cumple que B es verdadera siempre que lo es A, entonces B se podrá calcular a partir de A. Pues bien, sabemos desde hace casi ochenta años que la mayoría de los cálculos formales NO TIENEN ESTA PROPIEDAD, al menos aquellos que son lo suficientemente complejos como para que representemos mediante ellos los axiomas de la aritmética. Es decir, el hecho de que B SE SIGA NECESARIAMENTE de A no implica que SE PUEDA CALCULAR B a partir de A (en el caso de sistemas formales menos complejos, p.ej., la lógica clásica de primer orden y la lógica proposicional, booleana, sí que se cumple el "teorema de completud": todas las relaciones de consecuencia son derivables, o, dicho de otra manera, todas las tautologías son demostrables).
.
¿Qué tiene esto que ver con la cita de Kauffman sobre el reduccionismo? Pues que hemos de distinguir dos cosas: una cosa es que LAS LEYES DE LA FÍSICA hagan que, a partir del ESTADO de las partículas y los campos en un momento dado SE SIGA INEVITABLEMENTE (o, según qué leyes, con una cierta probabilidad definida) el ESTADO en el que se encontrarán en cualquier otro momento...
.
...y otra cosa es que, a partir de la DESCRIPCIÓN (o de "nuestro conocimiento") del primer estado PODAMOS CALCULAR la descripción del segundo estado.
.
Nótese que en el primer caso hablamos de ESTADOS, y en el segundo, hablamos de DESCRIPCIONES. Nuestros cálculos no consisten en manipular ESTADOS DEL MUNDO, sino DESCRIPCIONES de los estados del mundo. Y el teorema de incompletud de Gödel nos apunta al hecho de que nuestros cálculos son INSUFICIENTES para "rastrear" todas las relaciones de CONSECUENCIA entre los estados del mundo, si el mundo se puede describir con números.
.
Por supuesto, hay OTRAS razones, además del teorema de Gödel, para rechazar la posibilidad de que PODAMOS DEDUCIR el conocimiento de un agregado a partir del conocimiento detallado de sus elementos (que es otra versión de lo de "deducir un estado a partir de otros"); son razones que se refieren a la COMPLEJIDAD, y por supuesto, a la simple dificultad técnica.
.
Así que al hablar de "reduccionismo" tenemos que distinguir DOS tesis COMPLETAMENTE DISTINTAS: una dice que, DADO EL ESTADO DE LAS PARTÍCULAS Y LOS CAMPOS EN UN MOMENTO DETERMINADO, SE SIGUE (insisto, según qué leyes de la naturaleza sean CORRECTAS, este "seguirse" puede ser en términos de probabilidades definidas) EL ESTADO QUE TENDRÁN ESAS PARTÍCULAS EN CUALQUIER OTRO MOMENTO Y EL ESTADO QUE TENDRÁN TODOS LOS AGREGADOS QUE ESTÉN FORMADOS POR ESTAS PARTÍCULAS. Esta tesis es el "reduccionismo ontológico", y es verdadera (al menos, que se sepa, ninguna partícula puede moverse o cambiar cualquiera de sus propiedades por una causa diferente de la influencia de las partículas y los campos que la rodean, dada la posición de esas partículas y los puntos de esos campos a una distancia suficiente para que un bosón haya podido alcanzarlas; si alguien sabe de pruebas en contra, me encantará conocerlas). Por cierto, de esta tesis no se sigue que lo que no son partículas y campos "son ilusiones", como critica Kauffman: las moléculas son agregados de partículas y no son ilusiones, son reales; los geranios son agregados de moléculas, y no son ilusiones, son reales. La realidad no viene dada por la "sustancialidad" de una entidad (o sea, por su ser una "sustancia primera, irreducible a otras"), sino por la verdad de las propiedades y relaciones que la constituyen: lo importante es que el oxígeno y el hidrógeno se unen, debido a las leyes físicas, de tal y cual manera, y esa "tal y cual manera" constituye el agua; por lo tanto, el agua es real, no una ilusión. Lo mismo para los geranios y para las poesías de Neruda.
.
La otra tesis dice que SI CONOCIÉRAMOS EL ESTADO DE LAS PARTÍCULAS Y LOS CAMPOS EN UN MOMENTO DETERMINADO, PODRÍAMOS CALCULAR SUS PROPIEDADES Y LAS DE LOS AGREGADOS QUE FORMAN, EN CUALQUIER OTRO MOMENTO. Esta tesis es el "reduccionismo epistemológico", y es falsa. No es verdad que nuestro conocimiento PUEDA funcionar así, y desde luego, el estado actual (y previsible en los próximos siglos) de nuestros conocimientos sobre la naturaleza, desde la cromodinámica cuántica hasta la vulcanología y la ornitología, por no hablar de la economía, no se aproxima ni remotamente a algo que pudiera dar la impresión de hacer verdadera la tesis del reduccionismo epistemológico.
.
Así que se puede admitir (y no veo cómo NO se puede admitir) el reduccionismo ONTOLÓGICO, o sea, que TODO se reduce a la interacción de las partículas y los campos según las leyes físicas, y, en general, que cada nivel "superior" se reduce a las interacciones entre los elementos de los niveles "inferiores", SIN tener que admitir el reduccionismo epistemológico. ¿Qué significa esto? Pues que es INEVITABLE para nosotros encontrar y utilizar conceptos aplicables a cada nivel particular, que no seremos capaces de DEFINIR EXPLÍCITAMENTE en términos de los conceptos con los que describimos los niveles "inferiores", y encontrar medios empíricos para contrastar las leyes que formulemos para cada nivel en particular, sin que podamos soñar con inferir esas leyes a partir de las de los niveles inferiores. (Lo que pasa es que, como las leyes de los niveles superiores SE SIGUEN -AUNQUE SIN QUE NOSOTROS LAS PODAMOS DERIVAR- de las de los niveles inferiores, el conocimiento de las leyes "micro" supone un límite que las leyes macro no pueden violar, así que las leyes "micro" nos pueden servir estupendamente como condiciones -"constraints"- que poner a los cálculos que nos llevan a descubrir las leyes "macro").
.
Otro día que tenga tiempo entraré al trapo de la "reinvención de lo sagrado".
.

17 de junio de 2009

LA CAFETERA ITALIANA (6)


Violeta: Lo que quiero hacer es describiros en líneas muy generales el “juego” al que juegan los científicos. Es un juego de persuasión, en el que cada uno intenta que los demás acepten expresamente las hipótesis o los resultados propuestos por él. La idea está basada en el análisis del lenguaje como un juego, en el que cada locución de un hablante supone un cambio en el conjunto de sus “compromisos”, “obligaciones” o “derechos” ante los demás. Es decir, cada hablante tiene en la conversación un cierto status normativo que puede ir cambiando con las oraciones que profiere, o que profieren los otros. Por ejemplo, si uno dice que hará algo, adquiere el compromiso de hacerlo; si dice que ciertas cosas son de tal modo, adquiere el compromiso de aportar alguna razón si se le pide; si dice que ciertas cosas son malas, adquiere el compromiso de no hacerlas; si alguien admite que has venido de un sitio lejano que él no conoce, te da el derecho a describirlo y se obliga a aceptar, en principio, tu descripción. Dominar el lenguaje consiste en saber “llevar el tanteo” de cada participante en la conversación, en saber obedecer y emplear eficazmente el conjunto de reglas que conectan cada posible proferencia con el status normativo de cada hablante. Dicho de otro modo, dominar el lenguaje consiste en ser capaz de jugar al juego de dar y pedir razones, y las razones son los pasos del juego que hacen cambiar el status normativo de los hablantes. El aspecto esencial de la comunicación mediante el lenguaje es, por lo tanto, la posibilidad de realizar inferencias “correctamente”, esto es, de acuerdo con ciertas normas características de cada lenguaje. Estas inferencias, a su vez, no son sólo deducciones “lógicas” (de unos enunciados como “premisas”, a otros como “conclusión”), sino que también van de elementos externos al lenguaje (por ejemplo, percepciones) a enunciados, y de enunciados a consecuencias prácticas (por ejemplo, acciones, y sobre todo, los cambios en el “tanteo” o el “marcador” de cada hablante).

“He aquí cómo se traduciría todo esto al caso de la ciencia. Imaginad que cada científico va escribiendo en un gran libro todos y cada uno de los enunciados que desea proponer públicamente a sus colegas (descripciones de aparatos, resultados de experimentos u observaciones, formulaciones de problemas, hipótesis, modelos, argumentos a favor de algunas propuestas, argumentos en contra, etcétera). Podemos considerar que ese “libro” es el conjunto de sus artículos y trabajos científicos. Naturalmente, los enunciados inscritos en el libro no están meramente yuxtapuestos unos a otros, sino que forman cadenas de inferencias, algunas de ellas puramente lingüísticas, y otras con “entradas” o “salidas” de tipo práctico.

Faustino:¿Podrías ser un poco más clara con las “entradas” y las “salidas”?

Violeta: Sí claro, pero va a empezar pronto el partido, así que seré breve. Algunos de los enunciados están inscritos en el libro como consecuencia de algún acontecimiento no meramente lingüístico, como, por ejemplo, los resultados de un experimento (esto serían “entradas”). En cambio, de otros enunciados se deriva como consecuencia la obligación de llevar a cabo alguna acción, o la autorización para realizarla (“salidas”), como la introducción de un cambio en el experimento.

Faustino: Me parece que ya lo veo. Por cierto, eso de un juego al que se juega anotando “inscripciones” es sabrosamente post-moderno. Sigue, sigue, por favor.

Violeta: En fin, las cadenas de inferencias a las que me refería deben estar hechas “correctamente”, y esto quiere decir que deben ser coherentes con las normas de inferencia aceptadas en la comunidad científica relevante. Esas normas son los criterios de legitimidad a los que me he referido hace poco. Ahora bien, que lo que está escrito en los libros deba ser coherente con las normas no implica que siempre lo vaya a ser, o que lo sea siempre en la misma medida. Habrá científicos con más talento que otros para implementar esas normas de forma apropiada, y además, también habrá ocasiones en las que varias normas nos orienten hacia conclusiones incompatibles, o en las obedecerlas suponga reconocer que hemos cometido un error en algún otro sitio. Llamaré “marcador interno” al tanteo normativo que refleja, para cada miembro de una comunidad científica, la coherencia de su libro con las normas aceptadas en ella.

Faustino: ¿Y habrá también un “marcador externo”?

Violeta: Naturalmente. En el “marcador externo” de un científico se van anotando, por así decir, aquellas proposiciones formuladas por él y que han sido explícitamente aceptadas como “correctas” en los libros de sus colegas. Digamos que el “marcador interno” de cada científico mide cómo es él o ella de “buen profesional” dentro de su disciplina, mientras que el “marcador externo” mide su “gloria científica”, la aceptación que han alcanzado sus resultados entre sus colegas.

.

(Continuará)

.

La cafetera italiana (1).

.

La cafetera italiana (7).

16 de junio de 2009

LA CAFETERA ITALIANA (5)


Lorenzo: Bueno, ¿y el tema de la unidad de la ciencia? ¿Cómo puedes reconstruirla a partir de los múltiples individuos con sus múltiples preferencias?

Violeta: Mi tesis es que los mapas de valores de todas las comunidades científicas tendrán una estructura bastante similar. Por un lado, aparecerán muchos valores en la base, que corresponderán en general a los diversos métodos que se utilicen en cada disciplina: todas aquellas cosas que un científico debe “saber hacer” para conseguir que sus proyectos salgan como espera. A los valores de este tipo los llamaré instrumentales: son cosas que hace falta conseguir, o criterios que hace falta satisfacer, para obtener resultados científicamente meritorios. Por otro lado, en la parte de arriba también puede haber muchos valores, que corresponderán a aquellas cosas que los científicos, u otras personas, intentan alcanzar por medio de los resultados obtenidos en esa disciplina: digamos que son las posibles aplicaciones, no sólo “aplicaciones prácticas”, sino también “puramente científicas”, pues pueden utilizarse los resultados de un área como inputs para el trabajo en otras áreas. A estos valores los llamo finales.

“Dicho de otra manera: los valores de la parte de arriba son los que hacen que ciertos problemas científicos sean más interesantes que otros, mientras que los valores de la parte de abajo son los que indican cómo debe llevarse a cabo la investigación. Los valores de la parte central, en cambio, intervienen para justificar los métodos de la parte de abajo, y serán, de este modo, los que determinen cuándo debe tomarse una cierta tesis como la “solución correcta” a un problema.

“Tanto en la parte de abajo como en la de arriba, los valores que aparezcan en los mapas de varias disciplinas o comunidades podrán ser muy distintos entre sí. Por el contrario, me aventuro a afirmar que en la parte central habrá muy pocos valores, y todos ellos idénticos (o muy semejantes) en todas las disciplinas científicas. A éstos los podemos considerar como los valores centrales de la ciencia. Así que la estructura de cualquier mapa de valores tiene una forma parecida a la de esta cafetera italiana: dos conos o pirámides truncadas, unidas por su parte más estrecha, con los “valores instrumentales” en la parte inferior, los “valores finales” en la superior, y en el centro...

Faustino: Apuesto a que se trata de la verdad, la racionalidad, y otras músicas celestiales del mismo tipo.

Violeta: Has estado cerca. Mi hipótesis es que hay básicamente tres valores centrales, si bien no han de entenderse (como, por otro lado, tampoco los demás) como conceptos perfectamente definidos; más bien tienen un amplio margen para ajustarse a circunstancias diversas y aún así seguir siendo los mismos valores. El primero es lo que yo denominaría la verdad empírica aproximada. Su posición justo en el centro es fácil de entender: con respecto a los valores instrumentales, nos molestamos en desarrollar métodos, a menudo tremendamente sofisticados, porque queremos alcanzar un conocimiento verdadero sobre la realidad; es decir, usamos unos métodos en vez de otros porque pensamos que ésos son los que garantizan en mayor medida que vamos a obtener resultados razonablemente correctos. Y con respecto a los valores finales, deseamos obtener respuestas aproximadamente verdaderas a las preguntas que nos hacemos, en lugar de respuestas totalmente descabelladas, porque esa es la mejor manera de garantizar que el conocimiento obtenido gracias a la ciencia será eficaz en la consecución de aquellos objetivos.

“En segundo lugar, estaría la gloria científica: los investigadores se esfuerzan en perseguir otros valores instrumentales, y también otros valores finales, así como soluciones verdaderas a los problemas planteados en su disciplina, porque quieren obtener la fama entre sus colegas, o ante la sociedad en general. Y en tercer lugar, algo que podríamos llamar economía o eficiencia: cierta sabiduría acerca de cómo contrapesar la satisfacción de distintos valores cuando el cumplimiento de unos implica disminuir el grado en el que realizamos otros.

Lorenzo: ¿Qué es eso de la “verdad empírica aproximada”? Creo que por la mañana sólo hablaste de la verdad, a secas; ¿estás empezando a retroceder?

Violeta: Tú mejor que nadie sabes que en filosofía es imposible ir siempre en línea recta. Ahora mismo, si me lo permitís, haré también un pequeño excurso antes de dar las aclaraciones que me pedís. Aún hay tiempo para el partido, ¿no?

Lorenzo: Sólo si vas directamente al grano del excurso dichoso.

.

(Continuará)

.

La cafetera italiana (1).

.

La cafetera italiana (6).

15 de junio de 2009

VAIS A SABER LO QUE ES BUENO (¡Viva el relativismo! - 13)

Tal como anda explicando José Luis Ferreira en su blog, la naturaleza es un Lego gigante, en el que hay un pepertorio no muy grande (pero más grande de lo que tal vez les gustaría a algunos) de piezas que, debido a sus propiedades eléctricas, se combinan unas con otras formando bloques más grandes. Puesto que las piezas y los agregados andan constantemente uniéndose, separándose, modificándose y recomponiéndose, resulta bastante chungo identificar ENTIDADES en este juego: las "partículas elementales" son elementales en el sentido de que, por lo que sabemos, no se componen de otras, pero eso no deja de ser una hipótesis, y los "bloques complejos" (o sea, los formados por la "unión" o "interacción" de varias otras partículas o bloques) duran lo que duran (unos, miles de millones de años -p.ej., un átomo de helio-), otros, sólo femtosegundos (p.ej., algunas partículas que aparecen fugazmente en los procesos de desintegración nuclear, y que dan lugar a otras más estables).

.
Pero, cuando consideramos CONFIGURACIONES más tochas (p.ej., un meteorito), tenemos el problema añadido de DETERMINAR dónde y cuándo empieza y acaba la entidad en cuestión. Un meteorito, ¿cuándo "nace"? Y, a medida que entra en la atmósfera y se va desintegrando, ¿es EL MISMO meteorito cuando ha perdido la mitad de su masa, o el 99 %, debido a la fricción del aire? Cosas como ésta llevaron al viejo Heráclito a dudar del pensamiento que nos llevaba a FIJAR entidades en nuestro lenguaje, cuando dijo aquello tan famoso de "uno no puede bañarse dos veces en el mismo río, sobre todo si está infestado de pirañas hambrientas" (en griego jónico queda mucho mejor la frase, por supuesto).
.
Cuando pasamos al ámbito de los seres vivos, la dificultad se acrecienta: la colonia de termitas que vive en el mismo termitero desde hace un siglo, ¿es LA MISMA colonia?, ¿o eso es SÓLO una manera de hablar? Asímismo, la COLONIA de células que me forman A MÍ, ¿es LA MISMA que la que me formaba cuando nací?, ¿o eso es sólo una forma de hablar? (un "decir"). En el caso de algunas formas animales (la que pasan por una etapa de larva), se ha propuesto incluso la hipótesis de que se trata en realidad de la fusión simbiótica del genoma de dos animales distintos, de modo que uno aprovecha el material orgánico durante un período de la vida (el de crecimiento: la larva), y el otro hace lo mismo en el período de reproducción (el adulto).
.

Es cierto que, al contrario que sustancias más "amorfas", como una corriente de agua, una duna, o una isla volcánica, las entidades biológicas nos dan mucho más la impresión de constituir una unidad que "transciende" los cambios constantes en la materia de la que está compuesta, y "permanece siendo la misma" (aunque entidades biológicas "más amorfas", como un tapete bacteriano o un hongo disperso por varias hectáreas, desafían un poco más a la intuición que quiere cortar a los individuos "por sus junturas"). Pero, EN REALIDAD, lo único que tenemos aquí son CONFIGURACIONES de materia que obedecen una dinámica que las mantiene estables durante un cierto período de tiempo. No es, en el fondo, algo diferente del río: la configuración del relieve y la del clima hacen que esa corriente se mantenga como una "entidad permanente" durante un largo período de tiempo. Lo mismo pasa con los torbellinos (que duran menos que un río), y con los agregados más estables de todos (p.ej., un protón, que al fin y al cabo es un torbellino de quarks, o una molécula de água, que es un torbellino formado por un átomo de oxígeno y dos de hidrógeno).
.
La evolución biológica ha favorecido la proliferación de aquellos torbellinos de moléculas orgánicas que han gozado de la capacidad de engendrar más copias de sí mismos que sus primos. Pero, igual que no hay ninguna razón que justifique aplicar los conceptos normativos de "bien" y "mal" al hecho de que una molécula de agua dure más o dure menos, o se encuentre, por esas casualidades de la vida, en un entorno que la mantenga estable o en uno que la descomponga en sus iones, no hay tampoco ninguna razón para adoptar la postura romántico-animista según la cual la mayor duración de una cierta configuración molecular en forma de una bacteria determinada, o de un elefante determinado, es "buena", mientras que las circunstancias en las que las moléculas que forman parte de la bacteria o del elefante se van cada una por su lado sean algo "malo". Podría decirse: "¡es que queremos decir 'bueno para la bacteria'!", pero en ese mismo sentido podríamos decir que es "bueno para la duna" el que se sigan acumulando granos de arena en ella a un ritmo que compense los que pierde, o que es "bueno para la molécula de agua" el que no llegue un ion de hierro y le arranque cruelmente su oxígeno. Lo que tenemos, tanto en el caos de los torbellinos biológicos, como en el de los demás, son circunstancias físicas que hacen que el torbellino se mantenga (o dé lugar continuamente a otros que, pragmáticamente, nos resulta útil seguir considerando el mismo torbellino, y circunstancias que hacen que se desintegre y se formen otros torbellinos). La evolución biológica favorece que los torbellinos creados por ella duren lo suficiente para generar copias, pero no hay en esto, tampoco, ninguna necesidad de hacer una lectura normativa de esta perogrullada.
.
Ahora bien, esta evolución también ha creado muchas otras cosas: por ejemplo, ha creado entidades (torbellinos) con la capacidad de hacer la fotosíntesis, otros con la capacidad de consumir azufre... y otros con un subsistema de células capaces de monitorizar el comportamiento del bicho a través de la creación de: a) representaciones del entorno y del propio bicho, y b) sensaciones de placer y dolor, asociadas a algunas situaciones y representaciones. Naturalmente, los bichos que tenían un sistema cognitivo cuyas sensaciones de placer les conducían a realizar acciones tendentes en último término a fabricar más copias de sí mismos, pues dejaron más copias que los que encontraban placer en comerse sus propios testículos a bocados. De modo que, lo habitual es encontrar bichos en los que las sensaciones de placer y dolor estén correlacionadas con las actividades que ayudan a mantener la permanencia del remolino (y, sobre todo, de sus copias). Éste es el sentido más primario en el que empieza a tener algo de utilidad hablar de "bueno" y "malo" ("bueno - uuuummmmm /// malo - pupa"), pues esas sensaciones constituyen una motivación para la conducta (y, donde no hay motivación, no hay necesidad de introducir conceptos normativos: se pueden introducir si uno quiere, pero con la misma utilidad que se pueden introducir conceptos gastronómicos para explicar las leyes de la acústica... o sea, para nada - bueno, sí, para crear confusión).
.
Pero a la evolución, no contenta con eso, le dio por fabricar un bicho de mentalidad aún más retorcida (más torbellinosa): en los cerebros de nuestros antepasados homínidos, algún cambio de cableado sucedió, que permitió la aparición de un sistema de motivación AÑADIDO al del placer y el dolor. Nuestros cerebros nos permiten catalogar las posibles acciones o situaciones, no sólo en función de lo placenteras o incómodas que resultan, sino también en función de dos sentimientos NUEVOS (evolutivamente hablando): el sentimiento de obligación y el de tabú (o, en otros términos, los de aprobación y rechazo MORAL). Obviamente, de nuevo aquellos homínidos cuyo programa genético hizo que experimentasen esas sensaciones de tal modo que pasaran más copias de ese programa a la siguiente generación, son antepasados nuestros con más probabilidad que sus primos. Este sistema es, de todas formas, muy complejo, y no asocia necesariamente los mismos sentimientos a las mismas situaciones en todos los seres humanos, sino que está "diseñado" para que sea modulado por la experiencia vital de cada individuo (de manera muy análoga a los lenguajes... pues la capacidad para el lenguaje sea posiblemente otra manifestación de este mismos sistema cognitivo).
.
Pero el SENTIMIENTO MORAL (hablo de "sentimiento" en un sentido muy laxo: me refiero a TODO EL PROCESO PSICOLÓGICO que le lleva a uno a experimentar algo como obligatorio, o como éticamente repugnante, y en ese proceso intervienen todos los aspectos de nuestro sistema cognitivo: emociones, percepciones, juicios, memoria, imaginación, razonamiento, etc.; pero insisto en llamarlos "sentimientos" para apuntar a su papel biológico como factores de motivación), este sentimiento, digo, no es algo que esté, en algún sentido metafísico u ontológico, "por encima" de la naturaleza a la que nos permite juzgar, o que "la trascienda", sino que es, todo lo contrario, una creación provinciana de la evolución, y, por lo tanto, muy dependiente de los detalles de su origen, o sea, muy contingente, aunque, como buena provinciana, absolutamente chauvinista y etnocéntrica (pero eso no es más que una ilusión psicológica).
.


.
Otras entradas:
.
Viva el relavismo (10): la rebelión de los esclavos de las pasiones.
.
Materialismo, darwinismo y finalismo.
.

MÚSICA PARA LUNES

14 de junio de 2009

LA CAFETERA ITALIANA (4)

LORENZO: Espera, antes quiero aclarar un poco más la cuestión que me preocupa desde el principio. ¿Cómo diantres podemos identificar empíricamente los valores que hemos de introducir en cada mapa? ¿Hacemos una encuesta entre los científicos? En tu charla de esta mañana ni tan siquiera hiciste ver que eso podía ser un problema.
VIOLETA: ¡Ay, Lorencito! Se supone que era Faustino el que iba a acribillarme con sus preguntas. Creo que se trata del problema más serio. Por lo que acabo de explicaros, los valores son aquello que es tomado como una razón para justificar algún criterio normativo, es decir, algún criterio sobre lo que, en determinadas circunstancias, es “correcto” o “incorrecto” hacer. No son simplemente “algo que alguien desea alcanzar” (cualquier elemento de sus preferencias cumple esa condición), sino “algo que alguien desea alcanzar y que aporta como razón para adoptar algún criterio de decisión colectiva”. Así que lo primero será buscar en la práctica científica estos criterios: qué pautas se siguen en una disciplina, mediante qué normas se justifica que algunas cosas deban ser aprobadas y otras cosas reprobadas. En particular, será interesante averiguar qué criterios se considera legítimo emplear para aceptar o rechazar públicamente lo que cada miembro de la disciplina proponga a los demás (hipótesis, datos, diseños experimentales, modelos, programas de investigación, pero también propuestas más institucionales: contratos con empresas, gestión de revistas, organización de congresos, etcétera). La segunda parte consistirá en descubrir los argumentos con los que se defienden (o se critican) esos criterios, u otros alternativos. Esta parte puede ser bastante más difícil de llevar a la práctica que la primera, porque es posible que estas discusiones no sean tan públicas como las relativas a la validez de los resultados de investigación. Pero es en estas argumentaciones donde podremos hallar los valores a los que me estoy refiriendo, y, por supuesto, la información sobre sus relaciones de dependencia.

FAUSTINO: Yo tengo dos contraargumentos mortíferos para tu argumento principal, uno más dulce y otro más ácido. ¿Cuál quieres primero?
VIOLETA: El ácido. Mientras tanto, me tomaré el café con poco azúcar.
FAUSTINO: Pues bien, si intentas llevar a cabo esa búsqueda empírica de los valores la ciencia, lo más probable es que no encuentres nada relevante para tu teoría. “Pautas”, “criterios”, “normas”, o como quieras llamarlo, sí que encontrarás, ¡pero seguramente muchos más de los que querrías! De hecho, habrá muchos criterios que serán contradictorios con otros, y que, por lo tanto, no se podrán justificar simultáneamente apelando a los mismos valores.
VIOLETA (con media pasta en la boca): O tal vez sí...
FAUSTINO: Ya veremos. Pero la inmensa mayoría de estas normas y criterios no son nunca, o casi nunca, adoptados a través de “argumentos”. Más bien procederán de la tradición de cada disciplina, o se impondrán mediante autoridad (por ejemplo, las que se utilizan en laboratorios privados). Y otras se difundirán por mero esnobismo.
LORENZO: ¡Si vas a criticar el esnobismo de los científicos necesito una grabadora, y mañana haré sonar la grabación por los altavoces del congreso!
FAUSTINO: ¿Quién critica el esnobismo? Por favor, no hay nada malo en ser un esnob. Pero vosotros no estaréis dispuestos a reconocer sus virtudes, me temo.
VIOLETA: Y la crítica suave, ¿cuál era?
FAUSTINO: Esa crítica viene a decir que hay tantas normas, tantos criterios, tantos “valores”, que seleccionando unos cuantos como los más relevantes nunca harás honor a la radical variedad e inconmensurabilidad que reina en la ciencia.
.
(Continuará)
.
.
La cafetera italiana (5).
.

12 de junio de 2009

BIBIANA Y LA "IGUALDAD"

En toda la discusión sobre el cambio de la ley del aborto, echo en falta las profundas reflexiones de Bibiana Aído (y sus huestes de asesores), o de Mariano Roucoy (y las suyas) sobre "la otra parte" del negocio, el que suele dar la espalda después.

.

¿Qué medidas propone el Ministerio de Igual-da (¿o no da igual?) para fomentar, o exigir, la responsabilidad de los preñadores en caso de embarazos no deseados?
.
O, para el caso, ¿qué proponen al respecto los críticos de la banalización del sexo?
.
Yo, desde mi relativismo moral, propondría liarme a hostias con los pichabravas, o al menos, correrlos emplumados por las calles del pueblo, pero me van a llamar políticamente insurrecto (y a lo mejor, en el fondo, es la envidia). Seguro que B.A. os agradece que hagáis propuestas un poco menos salvajes, que fomenten la corresponsabilidad coital (y postcoital), especialmente en el caso del sexo entre adolescentes.
.

LA CAFETERA ITALIANA (3)

LORENZO: De todas formas, con tu modelo parece que los científicos pueden imponer las normas metodológicas que más les beneficien a ellos (como grupo, digamos), aunque no sean las que más beneficiarían al resto de los ciudadanos.
VIOLETA: Admito que en muchas ocasiones habrá ocurrido así. Por ejemplo, los científicos pueden favorecer proyectos de investigación excesivamente costosos, cuyos beneficios para los ciudadanos no estén claros; o también pueden favorecer reflexiones puramente especulativas, sin ninguna repercusión práctica y ni siquiera con garantías de que las conclusiones a las que se lleguen sean “correctas” en algún sentido relevante.
FAUSTINO: O pueden favorecer a las multinacionales para las que trabajan.

VIOLETA: Por supuesto. Pero en todos estos casos, lo que el individualismo sugiere es que deben promoverse cambios institucionales que favorezcan la participación de cuantos más ciudadanos sea posible. Por ejemplo, incrementando la competencia entre los científicos, entre escuelas, entre las disciplinas...
FAUSTINO: ¡Qué agradable música celestial! ¿Y tú eras la que afirmaba que no hay ningún criterio por encima de las preferencias de cada individuo? Con tanta escuela, disciplina, y asociación, ¿no es siempre tu punto de vista el de una “colectividad”?
VIOLETA: Como mucho, admito que algunos, o muchos de los criterios, preferencias y modos de pensar de un individuo habrán de ser aprendidos a partir de las prácticas colectivamente adoptadas en los grupos de los que forma parte. Pero no son en modo alguno preferencias o modos de pensar del grupo, sino de cada individuo, que puede decidir cambiarlos si le interesa, o irse a otro grupo. O más bien, volviendo al ejemplo de las reglas de una disciplina científica: son criterios que cada individuo acepta obedecer (aunque no coincidan necesariamente con los que más le gustarían) porque son los que los demás obedecen, pero si a un número lo suficiente decisivo de individuos le interesara modificarlos, se modificarían. Al fin y al cabo, decir que los individuos son los únicos que toman decisiones no implica asumir que lo hagan sin tener en cuenta las decisiones que esperan que tomen los demás. Los individuos no son “átomos”, sino “moléculas”, que reflejan mediante su propia estructura una parte de la estructura que ellos mismos atribuyen a los grupos de los que forman parte.
FAUSTINO: Bueno, bueno. A mí me sigue dando la impresión de que todo esto son subterfugios para defender una teoría racionalista de la ciencia, que a su vez pueda ser empleada para justificar el statu quo tecnocientífico. Creo que los “individuos” de tu individualismo no son más que una construcción abstracta, mera retórica.... Pero estamos en mi casa y los temas de discusión serán los que proponga yo, o me llevo las pastas, no hago ya más café, y por supuesto, no pongo el partido en la televisión. Así que, si aceptáis estas mínimas pero rotundas reglas, establecidas por quien tiene el poder, tenéis que esperarme hasta que traiga una nueva cafetera llena, y mientras tanto, querida Violeta, ve buscando argumentos para responderme a la siguiente pregunta: ¿qué barbaridad era esa de que con tu individualismo podías ofrecer una justificación de la “unidad de la ciencia”? Antes saldría zumo de naranja de la cafetera.
LORENZO: Ciertamente, Violeta, eso me extrañó también a mí. Al fin y al cabo, a no ser que tus individuos sean poco más que una simple copia los unos de los otros, cada uno tendrá sus gustos, sus formas de pensar, sus opiniones, y esto conducirá más bien a un pluralismo radical, no al unificacionismo de los viejos positivistas.
VIOLETA: Es que es un pluralismo radical; más radical que el tuyo, que al fin y al cabo es más bien un pluralismo de culturas o de grupos sociales, más que de individuos. En todo momento acepto que en la ciencia conviven, no siempre en armonía, miles de prácticas diferentes, miles de criterios metodológicos, millones de hipótesis, millones de intereses; como en cualquier otro tipo de realidad social, dicho sea de paso. Lo que yo pretendo defender es que, por debajo (o por encima) de esa enorme diversidad, existe una estructura relativamente uniforme, más o menos como a la diversidad de los seres vivos subyacen el mismo código genético y la misma bioquímica.
FAUSTINO (regresando de la cocina): Cualquier cosa tiene tantos rasgos en común con cualquier otra como uno desee.
LORENZO: Bueno, tampoco es eso. Si cualquier clasificación fuese totalmente convencional, no merecería la pena hacer ninguna.
VIOLETA: En fin, es muy fácil de explicar. Lo que afirmo, en primer lugar, es que en la ciencia, considerada sobre todo como un conjunto de prácticas e instituciones, se comparte un esquema de valores que, aunque no es el mismo para todos los sujetos ni en todas las circunstancias, tiene una estructura común. Y en segundo lugar, que también se comparten los mismos métodos fundamentales.
LORENZO: Supongo que los “valores” los entenderás al modo que nos has explicado hace un momento, ¿no?
VIOLETA: Por supuesto. Los valores son aquellos fines que los individuos quieren alcanzar mediante la aplicación de los criterios públicos que se hayan adoptado. Ahora bien, algunos fines pueden ser también medios, de modo que podremos establecer algún tipo de relación jerárquica entre los valores. Representemos gráficamente esta relación de tal modo que, si un valor es instrumental para conseguir otro, o (lo que a menudo será lo mismo) si el segundo se utiliza como justificación del coste de alcanzar el primero, entonces escribimos el primero (el “medio”; p. ej., el empleo de una cierta notación matemática estandarizada) por debajo del segundo (“el fin”; p. ej., facilitar la comunicación), y los unimos con una flecha ascendente.
“El principal punto a favor del pluralismo es que, si intentamos completar este dibujo, enseguida llenaremos todo el espacio del que dispongamos: tantos son los valores que intervienen en el juego de la ciencia. Además, en comunidades científicas distintas, o en la misma disciplina pero en períodos distintos, los valores que aparecerán en el dibujo podrán ser bastante diferentes, y sus posiciones y relaciones también podrán cambiar. Un buen trabajo para jóvenes estudiantes sería el de dibujar estos “mapas de valores” para varias disciplinas o contextos históricos, y compararlos. A veces las flechas serán horizontales, o irán de arriba abajo, y también habrá bucles; los dibujos se diferenciarán en muchos detalles.
FAUSTINO: ¿Y cuándo nos vas a enseñar la unidad subyacente?
.
(Continuará)

10 de junio de 2009

LA CAFETERA ITALIANA (2)

LORENZO: Lo que yo digo es que, si nuestra única base son los científicos individuales, cada uno con sus preferencias, ¿cómo identificar algo así como los valores presentes en la ciencia? ¿No será todo una cuestión de tus gustos frente a los míos?

.
VIOLETA: No, no, no. Tenéis una idea demasiado simplificada de lo que significa el individualismo. Efectivamente: no hay nada “por encima” de las opiniones y los criterios de los individuos. Efectivamente: estas opiniones y estos criterios pueden ser muy distintos de unos científicos a otros, e incluso para el caso de un único científico en dos momentos diferentes... o en el mismo momento, si me apuras. Efectivamente: los criterios que a veces se utilicen para justificar un cierto resultado pueden no tener que ver con su “validez epistémica”. Y efectivamente: todo es cuestión de “gustos personales”. Pero la gracia está en mostrar que, pese a todo ello, la actividad de los científicos puede conducir a un resultado progresivo según los criterios de muchos individuos, incluyéndonos a nosotros. Lo que debemos plantearnos para que esto no suene a paradójico es muy sencillo: tomemos a unas personas cualesquiera (por ejemplo, a vosotros dos), y hagámosles reflexionar y discutir sobre cómo les gustaría que estuviera organizada la investigación científica de tal modo que fuera lo más productiva posible según sus propias preferencias. No necesitamos “valores” que estén por encima de los “gustos” personales; simplemente dejemos que los ciudadanos tomen una decisión colectiva en la que cada uno aporte su propio criterio..
FAUSTINO: ¡Pero todo esto es terriblemente naïf, querida! ¿De dónde vas a sacar a unos “ciudadanos cualesquiera” que empiecen a discutir, de la noche a la mañana, las formas óptimas de organización de la ciencia? No existe “el ciudadano cualquiera”.
.
VIOLETA: En este caso, apelo a tus propios criterios. Si consigo convencerte a ti de que la ciencia está bastante bien organizada desde tu punto de vista, me sobra lo que piensen los demás.
.
LORENZO: Eso es un argumento ad hominem. Por cierto, buenísimo el café..
FAUSTINO: Gracias, por todo. En fin, si queréis discutimos más tarde cómo me gustaría que estuviese organizada la ciencia. Lo que quiero que me respondas ahora es cómo puede tener la ciencia un elevado valor según los criterios epistémicos de los científicos, si éstos toman sus decisiones siempre en función de su interés personal.
.
VIOLETA: Esta pregunta, como la de Lorenzo sobre los “gustos” y los “valores”, muestra de nuevo que no entendéis algunos aspectos básicos de la perspectiva individualista. Los científicos individuales tienen preferencias, cada uno las suyas, y estas preferencias no debemos tomarlas más que como una expresión de las decisiones que cada individuo tomaría si se enfrentase a la necesidad de elegir entre cada posible conjunto de opciones. ¿Por qué va a ser el deseo de “encontrar la verdad” menos “personal”, o menos “importante”, que el deseo de obtener un buen puesto de trabajo? ¿Por qué va a ser un deseo compartido con muchos otros individuos más “valioso” que un deseo idiosincrático? Las preferencias de cada uno son las que son, y lo único de lo que nos podemos servir para criticarlas no es con alguna escala de valores “social”, “menos subjetiva”, sino sencillamente con nuestras propias preferencias. Ahora bien, la hipótesis que he lanzado esta mañana era la siguiente: hay efectivamente algo que nos permite diferenciar, dentro del conjunto de las preferencias de los individuos, aquellas que nuestro lenguaje habitual identifica como “valores”, y esta diferencia se refiere al contexto institucional en el que son normalmente aplicadas.
“La idea es que, en determinadas circunstancias, los individuos deben tomar decisiones colectivas, es decir, deben llevar a cabo alguna acción de manera conjunta (por ejemplo, construir una carretera por cierto sitio, en vez de por otro, o aceptar una determinada hipótesis como solución de un problema científico, en vez de otra). Qué decisión se tomará en esas circunstancias puede determinarse por algún procedimiento puramente autoritario, o bien mediante algún tipo de deliberación colectiva. En este último caso, la deliberación consistirá en que cada individuo aportará razones con las que intentará convencer a los demás de que cuál es la mejor alternativa. La cuestión importante es: ¿por qué los individuos aceptan ciertos tipos de razones, y no otros? ¿Y por qué se considera que utilizar determinados tipos de argumentos es “hacer trampas”? Al fin y al cabo, esto también es algo que se puede discutir y decidir colectivamente: someterse a razones de cierta clase, y no a las demás. Según mi propuesta, llamamos “valores” a aquellas preferencias que un individuo puede tener en cuenta cuando lo que debe juzgar o elegir no es qué decisión tomar él o ella individualmente, sino qué criterios, razones o procedimientos deben considerarse válidos en una deliberación pública sobre una decisión colectiva. Para las preferencias que no sean “valores” en este sentido, podemos reservar el calificativo de “meros gustos”.
Como veis, no es que los valores sean preferencias “más sublimes” que las demás; lo que sucede es que, puesto que generalmente los criterios así elegidos estarán en vigor durante un tiempo indefinido, los individuos no pueden estar seguros de qué efectos tendrán tales criterios sobre muchas de las variables que forman parte de sus preferencias generales (están sometidos, por así decir, al “velo de la ignorancia”, aunque reconozco que el velo está a menudo demasiado sobado y raído); por lo tanto, tenderán a elegir criterios que les pueden beneficiar en una amplia variedad de circunstancias posibles, y por lo tanto, serán criterios que tenderán a beneficiar también a la mayoría de los demás individuos. Es por esto que los valores son preferencias particularmente “imparciales”.
.
LORENZO: ¿Y no podrías ponernos un ejemplo?
.
VIOLETA: Muy bien. Imaginad a un científico que ha encontrado ciertos datos empíricos cuyo grado de discrepancia con las predicciones de su propia teoría es bastante mayor que lo que en su disciplina suele admitirse para definir lo que es una “evidencia positiva”. A él le interesaría, por tanto, que se adoptase un criterio colectivo mucho más laxo sobre esta definición. ¿Qué es lo que le impide hablar con sus colegas y decirles, “ya sé que en este tipo de experimentos normalmente tomamos como buena evidencia los datos que discrepan de nuestras predicciones menos de un 10 %, pero a vosotros qué más os da considerar que una discrepancia del 40 % ha de tomarse como evidencia positiva, en vez de como evidencia negativa”? Al fin y al cabo, cada uno de los demás puede encontrarse a veces en situaciones en las que le interesaría cambiar el criterio en ese sentido. Mi respuesta es que ningún científico estará seguro de que, en general, ese cambio vaya a ser beneficioso para él.
.
.
(Continuará)
.
.
.

9 de junio de 2009

LA CAFETERA ITALIANA (un diálogo sobre la ciencia y los valores)

Personajes: tres filósofos de la ciencia (Lorenzo, Violeta, y Faustino) se reúnen en casa del tercero durante la celebración de un congreso internacional, para ver un partido de fútbol.


.

LORENZO: Te agradecemos mucho, querido amigo Faustino, tu invitación para ver el partido aquí, en tu casa. Has sido de los pocos que esta mañana, en el congreso, se han acordado de que hoy jugaba nuestra selección los cuartos de final de la Copa del Mundo, y, como los encuentros de otros países sólo son transmitidos aquí por las cadenas de “pago por visión”, en nuestro hotel no hubiéramos podido verlo.

FAUSTINO: No hay por qué dar las gracias. En realidad me apetece mucho ver el partido de vuestro país, ya que el nuestro ha sido eliminado en la primera ronda.

VIOLETA: Reconoce que era también la excusa perfecta para enseñarnos tu fabuloso equipo de televisión de próxima tecnología.

FAUSTINO: Ay, Violeta, qué bien me conoces. Y te aseguro que nunca habrás visto los goles como esta noche. Te parecerá que los marcas tú.

LORENZO: ¡O que nos los marcan a nosotros, ja, ja!

FAUSTINO: No le hagas caso a tu Lorenzo, Violeta; es siempre igual de tonto.

VIOLETA: ¡Qué me vas a decir a mí!

FAUSTINO: Pero aún queda casi una hora para el partido, voy a poneros un poco de música y algo para tomar. ¿Una copa?, ¿café? Poneos cómodos, por favor.

VIOLETA: Un café, por favor. ¿También tú, Lorenzo? Me encanta como hacéis el café en vuestro país. Puedo ayudarte en algo, Faustino.

FAUSTINO: Por supuesto que no. Relajaos; vais a necesitarlo. En cuanto os traiga los cafés, pienso liquidar sin piedad los ridículos argumentos que hoy habéis esbozado en vuestras presentaciones en el Congreso.

LORENZO: ¿No ves, Violeta querida? Van a empezar a meternos goles antes incluso de que empiece el partido.

VIOLETA: ¡Bah! No seré yo quien tema un argumento de nuestro amigo. La verdad es que me extrañó que esta mañana no se metiera mucho con nosotros. Se ve que ya tenía planeada la encerrona. ¿No crees, cielito?

FAUSTINO (desde la cocina): No uses tus artes de mujer. Voy a empezar mi argumento por lo más fácil. Has dicho que tu proyecto consiste en aplicar “hasta sus últimas consecuencias” el individualismo metodológico a la teoría de la ciencia. Otros, entre ellos tu Lorenzo, tal vez lo identifiquen con un reduccionismo positivista, con una especie de “imperialismo” de la economía matemática sobre las otras ciencias sociales, con un racionalismo excesivo que no permite ver la pluralidad del mundo cultural. Pero yo no. (Volviendo) Yo me alegro muchísimo de que alguien abrace el individualismo, porque eso lo arrastrará sin más remedio hasta mi posición.

VIOLETA: ¿Qué posición es esa?

FAUSTINO: La de que no hay nada que esté más allá de las opiniones subjetivas de cada individuo. Tú misma lo has dicho: en un momento determinado, lo que hemos de tomar como el “estado de los conocimientos” en una disciplina científica es sólo la enumeración de las opiniones expresadas por cada uno de sus miembros. No hay un “conocimiento público” que sea, como una especie de entidad social autónoma (¡y mucho menos una entidad lógica!), algo que esté por encima, que trascienda las opiniones de los individuos, que sea “más objetivo” que ellas.

VIOLETA: Lo digo y me reafirmo.

FAUSTINO: ¡Bienvenida, en tal caso, a la república anarquista post-moderna!

VIOLETA: Pero te engañas si piensas que eso os da la razón a los relativistas. Aunque niegue que exista en la ciencia una especie de “consenso virtual”, que tendría un mayor grado de “justificación” o “garantía” que cada una las opiniones individuales, de ahí no se sigue que todas las opiniones sean igual de legítimas y objetivas.

FAUSTINO: Ya me explicarás cómo no.

VIOLETA: Pues, en primer lugar, porque todo el proceso mediante el que los científicos van generando y cambiando sus opiniones está impulsado, entre otras cosas, por el hecho de que cada uno de ellos tiene ciertas preferencias básicas acerca de cuándo es un “conocimiento” mejor, más válido que otros. Si no fuera por esto, los científicos podrían decidir qué opiniones tener, simplemente echándolo a suertes. Ellos se ahorrarían así muchos quebraderos de cabeza, y nosotros mucho dinero.

LORENZO: Pero, Violeta, no seas ingenua. En primer lugar, los criterios de los que hablas son múltiples, y a menudo incompatibles entre sí. Y en segundo lugar, los criterios que efectivamente utilizan los científicos pueden basarse en motivos que nada tienen que ver con la “validez objetiva” del conocimiento.

FAUSTINO: Me alegro de que el pluralismo acuda en mi ayuda en el momento justo, porque debo ir por el café.

.

(Continuará)

.

8 de junio de 2009

DARWIN: 150 AÑOS DEL "ORIGEN DE LAS ESPECIES" (documental UNED)


En este enlace de "RTVE a la Carta" podéis ver el documental que se emitió el viernes y sábado pasados en el programa de televisión de la UNED. Intervenimos Juan Luis Arsuaga y yo.
.

MÚSICA PARA LUNES

7 de junio de 2009

EL OTTO NEURATH EN BLOGUZZ

En este enlace podéis ver cómo ponen por las nubes al Otto Neurath los de bloguzz. Y eso que aún no les ha debido llegar el jamón.
.
También hemos subido en el ranking de Wikio: ya estamos en el top ten de los blogs de ciencia en español.
.

6 de junio de 2009

¿A QUE TAMPOCO HAY HUEVOS (de decirle a éste "por qué no te callas")?


.

.

.

.

.

5 de junio de 2009

¿A QUE NO HAY HUEVOS (con la Alianza de Civilizaciones)?


Una propuesta, creo que totalmente necesaria, que acabo de hacer en la página del Plan Nacional para la Alianza de Civilizaciones, aprovechando el buenrollito de Obama, el de su ínclito mentor y precursor ZP, y sus llamadas a la tolerancia.
.
Lo que propongo es que se abra, en el seno de la Alianza de Civilizaciones, una mesa de trabajo y de diálogo para investigar sobre la extensión del pensamiento laico, agnóstico, o ateo, en todos los países, y en especial, el grado de respeto con el que las leyes y costumbres de esos países garantizan el derecho fundamental a no tener ninguna creencia religiosa y a no ver gobernada tu vida por las creencias religiosas de los demás.
.
Supongo que ZP, con su caterva de pijiprogres laiquiguays, tan prestos ellos a meter el dedo en el ojo de la Iglesia Católica (lo que me parece muy bien, siempre que no se falte a la buena educación, a la imparcialidad y a los derechos fundamentales), no tendrá inconveniente en llevar esta propuesta a la próxima reunión de la (¿Santa?) Alianza de Civilizaciones. Así, con un par.
.
Si lo anuncian mañana, a lo mejor el domingo les voto y todo.
.
.
Más:
.
* Erasmus Dei.

4 de junio de 2009

DAVID ATTENBOROUGH, ESE GRAN SOCIÓLOGO


Reconozco que soy un fan de David Attenborough (el de la derecha), como creador de los mejores documentales de biología que conozco, y me alegro de que le concedan el Premio Príncipe de Asturias. Pero me ha resultado extraordinariamente chocante que el galardón que le hayan concedido sea el de ¡¡¡Ciencias Sociales!!!. Supongo que sería duro premiarle con el de "Investigación Científica y Técnica", pero, ¡caramba!, también está el de "Comunicación y humanidades", o incluso el de la "Concordia", que habrían sido mucho más apropiados.
.
Me parece que es un flaco favor el que el jurado hace a las "ciencias sociales" (economía, sociología, derecho, historia, ciencia política, antropología...), como dando el mensaje de que cualquier cosa puede pasar por "ciencias sociales". ¿O acaso es un reconocimiento de que la ciencia social no es más que una "rama" de la biología?. Aunque la lista de miembros del jurado (Lluis Xabel Alvarez; Gonzalo Anes; Raúl Bocanegra; María Emilia Casas Baamonde; Adela Cortina; Manuel Fraga Iribarne; José Luis García Delgado; Manuel Jesús González; Luis González Seara; María del Carmen Iglesias; Aurelio Menéndez; Manuel Menéndez; Adolfo Menéndez; José Oliu; José Manuel Otero Novas; Rafael Puyol y Juan Vázquez) me parece poco sospechosa de ser una quinta columna de la sociobiología.
.
En fin, ¿y a vosotros qué os parece? Se agradecerán los comentarios.
.

MAÑANA SALGO EN LA TELE

Me podréis ver decir mis tonterías en el programa de la UNED, mañana viernes 5 de junio a las 10, y el sábado a las 7:30, a propósito de los 150 años del Origen de las Especies.

.

3 de junio de 2009

¡HAZ QUE ARRANQUE, CRISTÓBAL! (segunda parte)

.

O eso deben estar pensando algunos con los datos del paro de mayo (¡también es casualidad!).
.
La primera parte, aquí.
.

2 de junio de 2009

LAUGHLIN SOBRE LA EVOLUCIÓN

Estaba releyendo el libro de Laughlin, Un universo diferente (no porque yo sea de los que relean libros a menudo, sino porque lo saqué de la biblioteca sin acordarme de que ya lo había leído,  y sólo me di cuenta cuando llevaba un montón de páginas, aunque ya puestos, como no me acordaba de muchas cosas -puta memoria-, seguí mirando aquí y allá, con el fin de aprovechar algo para el debate que estamos teniendo sobre el método científico en otra entrada), cuando me he encontrado, por estas cosas de la serendipia, con que lo citaban en el blog de ese "azote de Darwinistas" (aunque sólo hace cosquillas con el látigo) al que me he referido ya otras veces.

.
Así que, de momento, copio mi comentario a la entrada sobre Laughlin, y en los próximos días hablaré un poco más sobre la emergencia y el método científico.
.
.
Laughlin tiene bastante razón en lo que dice (y he comentado aquí yo varias veces): el darwinismo tiene la obligación epistemológica de identificar los PROCESOS PRECISOS que llevan de un genoma a otro, de una especie a otra. Afirmar que es "por selección natural" sólo quiere decir lo que NO es: no ha evolucionado INTENCIONALMENTE (como en la ingeniería genética), sino aprovechando mutaciones aleatorias (como en la selección artificial), pero esto deja sin responder una parte sustancial de la pregunta del millón: "¿CÓMO se han transformado unas especies en otras?". Laughlin acierta al criticar que la idea de "selección natural" se tome como un principio que lo explica todo.
.
.
Lo que ocurre es que, puestos a citar a Laughlin (ese capítulo, en particular), es HONESTO citar también lo que constituye un argumento EN CONTRA de la teoría que se defiende en
este blog; así (pg. 217), dice:
.
entre los dos extremos [reduccionismo y misticismo] está la noción de que la imposibilidad de conocer en profundidad el funcionamiento de los organismos vivos quizá tenga su raíz en fenónemosfísicos (...) En el mundo INANIMADO, a cada paso nos topamos con lo incognoscible, algo que no tiene nada que ver con ningún misterio. Hay sistemas primitivos que son esquivos a las soluciones computacionales y hasta el momento no se comprenden por completo, desconocimiento que no se resolverá nunca. Está por ver si lo mismo se aplica a la biología"..
Y luego (pg. 218): 
En cuanto a la supuesta inmoralidad de ver la vida con criterios mecanicistas, no estoy de acuerdo: pienso que es una idea que supone una aproximación demasiado mecánica de lo que es "mecánico". .
A esto hay que añadir el mensaje CENTRAL de todo el libro: que TODAS las leyes científicas de TODOS los niveles ontológicos pueden ser "emergentes", o sea, pueden ser CONSECUENCIA FÍSICA de la agregación "mecánica" de los comportamientos de los componentes de cada nivel inferior... PERO sin que sea posible DEDUCIR MATEMÁTICAMENTE y de forma COMPLETAMENTE EXACTA las leyes de un nivel a partir de las leyes del inferior (se podrá deducir ALGUNAS leyes, y algunas de ellas de manera sólo aproximada). Esto no se debe a ningún MISTERIO, sino a una propiedad matemática de las leyes de cada nivel (vaya, las propiedades que se estudian en la teoría del caos).
.
En el caso de la biología, la lectura de esta hipótesis de Laughlin (insisto en lo de HIPÓTESIS: no ha hecho ninguna DEMOSTRACIÓN lógica ni empírica de que de hecho sea así, y como tal hipótesis lo propone) sería que las propiedades biológicas de los seres vivos DERIVAN EXCLUSIVAMENTE de las propiedades químicas de sus componentes, pero de tal manera que NOSOTROS NO PODEMOS RECONSTRUIR MATEMÁTICAMENTE EL PROCESO por el que en la naturaleza ocurre tal derivación. Esta es una concepción 
absolutamente MECANICISTA de la naturaleza, no hay NINGÚN lugar en ella para algo así como un "diseño".

.

Bueno, rectifico: Laughlin puede ser un honesto creyente, y pensar que, al fin y al cabo, aunque es verdad que TODO se sigue de las leyes físicas (y es "mecanicista" en este sentido) [lo que, insisto, no equivale a que NOSOTROS podamos DEDUCIR todo a partir de las leyes físicas], estas leyes las ha creado Dios así porque le ha dado la gana, y porque él SÍ SABÍA que con esas leyes se iban a crear MECÁNICAMENTE los ribosomas, los hígados, y el blog "Evolución, la miseria del darwinismo".
.
Pero esto, naturalmente, es un simple acto de fe, sin NINGUNA garantía. Igual puede ocurrir que haya petallones de universos, con diferencias aleatorias en las leyes FÍSICAS de cada uno, y que en algunos de ellos haya leyes físicas que conducen a ribosomas, y en otros no (de hecho, ¿cómo podemos ARGUMENTAR contra la hipótesis de que EXISTEN TODOS LOS UNIVERSOS POSIBLES, o sea, con TODAS las leyes físicas posibles?: en unos habrá leyes que generan MECÁNICAMENTE la existencia de ribosomas, y otros habrá leyes que no lo permiten. Puesto que estamos aquí discutiendo, se sigue que nuestro universo es uno de los que tienen leyes que permiten la existencia de ribosomas, y se sigue que NO GANAMOS NADA suponiendo que la "causa" por la que en nuestro universo hay esas leyes, y no otras, es "para que" estemos aquí).
.
.
Para los que queráis ver la reacción de Laughlin sobre el creacionismo y el DI, ver 
aquí

EEUU SUSPENDE PAGOS


En aplicación de la vieja máxima de Charles Wilson, "lo que es bueno para GM es bueno para América, y viceversa".

.

1 de junio de 2009

UN NUEVO MODELO PRODUCTIVO: INVENTAR EL BOTIJO

Se me ha pasado en las dos últimas semanas comentar el cuchillazo que ha dado el gobierno al presupuesto de Ciencia e Innovación: 450 millones de euros, y un 7 % entre los recortes hechos en febrero y en mayo. Me ha recordado el tema una dolida entrada del blog de Juan Urrutia sobre el fracaso de la candidatura española para la instalación del Gran Espalador de Neutrones en Bilbao, candidatura de la que fue director hasta el año pasado.


.
Juan sostiene que la pérdida del proyecto está relacionada (¿como causa?, ¿como efecto?, ¿ambas cosas?) con el recorte presupuestario ("si éstos no van a apostar por la ciencia, ¿para qué les vamos a conceder la instalación?", o bien, "como no nos van a conceder la instalación, eso que nos ahorramos").
.[Mi hipótesis malvada es que la concesión del ESS a Suecia ha sido parte del precio que Zapatero ha pagado a Europa por dejarle ganar la Champions a su amado Barça, pero eso merecería otra entrada]
.

Pero lo lamentable, como señala Kiko Llaneras, es que esto se pretenda vender como una manifestación de la apuesta zapateril por un nuevo modelo productivo. "¡Inventemos el botijo!", parece ser el mensaje, "que eso sale barato".
.
En fin, supongo que parte de ese dinero será el que irá a mantener en las clases de secundaria a los objetores a la educación, mediante un burdo soborno económico. Al menos, molestarán poco a los profesores y a los compañeros si se ponen a jugar al Dragonball con el MacGabilond que les echarán los reyes.
.

MÚSICA PARA LUNES


.