10 de junio de 2008

SI A TU VENTANA LLEGA UN DIPLODOCUS

"Si a tu ventana llega un diplodocus, trátalo con cariño, que quedan pocus", decía aquella habanera tan famosa.
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Continúo con los argumentos contra la extendida creencia de que debemos "hablar en nombre del planeta", o de la "biodiversidad", para ser buenos conservacionistas. Insisto en que estoy convencido de que DEBEMOS conservar la biodiversidad y frenar el deterioro del medio ambiente; lo único que discuto son las RAZONES por las que algunos afirman que debemos hacerlo, aunque el examen de estas razones puede afectar (lo admito) a los LÍMITES hasta los cuales puede ser razonable llevar el conservacionismo.
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En general, me parece que las consecuencias de un colapso ecológico serían tan nefastas para la humanidad (aun aceptando que puede haber "colapsos" de diferente intensidad y extensión), que ya sólo por eso es necesario que seamos más respetuosos con el medio ambiente. Por supuesto, como a mucha gente es difícil hacerle asumir los costes inmediatos que las medidas conservacionistas tendrían (reducción del consumo, menores ingresos, precios más altos...), es bueno inventarse otros argumentos y motivos que puedan hacerles tragar mejor esa píldora. Pero no hay que confundir la eficacia propagandística de muchas llamadas a la conservación de la naturaleza, con su racionalidad filosófica.
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Todos debemos tener claro que, ante una oferta fáustica en la que el Diablo nos ofreciera viajar por teletransportación a un planeta lejano en el que las condiciones fueran tales que el nivel de bienestar de la población humana fuese muchísimo mayor que en la Tierra (digamos, sin guerras, ni enfermedades, ni violencia, y con todas las demás cosas deseables, incluída una naturaleza exhuberante), pero el coste de llevar al género humano hasta el otro planeta consistiera en la destrucción total del sistema solar, ante esta oferta, decía, la inmensa mayoría de la gente aceptaría con pocas dudas el irnos a vivir a la Nueva Tierra. A los elefantes, ballenas, chimpancés, hormigas, bacterias, araucarias, etc., etc., que quedasen atrás hasta que el globo terráqueo explotara hecho pedazos, nos limitaríamos a recordarles con añoranza, con un "encantados de haberos conocido", y compensaríamos esa tristeza con la satisfacción de disfrutar del nuevo medio ambiente.
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Reconozco que la oferta es imposible, pero es sólo un experimento mental para poner a prueba nuestros valores: valoramos muchísimo más nuestro bienestar que la conservación de la naturaleza. Lo que ocurre es que, en el mundo en que vivimos, necesitamos dicha conservación para que nuestro bienestar permanezca, así que no hay necesidad de elegir: si la Tierra se destruyera, nosotros caeríamos con ella. Pero, como se sabe, a menudo el bienestar (el general, o el de algunos) se puede conseguir destruyendo una parte de la naturaleza, y en ese caso se comprueba qué valoramos más.
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Otro argumento falaz es el que se refiere a los supuestos "derechos" de las especies a existir. Ya mencioné en la entrada anterior sobre el tema el hecho de que, hagamos lo que hagamos, necesariamente cambiamos la distribución de especies existentes a largo plazo: si conservamos las de ahora, impedimos que aparezcan otras muchas que habrían aparecido si no hubiéramos conservado aquellas (aunque esas especies nuevas aparezcan muchos millones de años después, y sea imposible predecir cómo serán; pero a Gaia le dan lo mismo tres años que trescientos millones). Así que la protección de la biodiversidad actual es un atentado a las especies futuras que estamos impidiendo desarrollarse, exactamente en la misma medida en que es un atentado contra las especies actuales el propiciar su destrucción. Esta consecuencia es inevitable si adoptamos la premisa de que la biodiversidad es valiosa en sí misma.
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En cambio, lo que es totalmente cierto es que la biodiversidad actual es mucho más valiosa para nosotros que la biodiversidad futura. Así que no hay ninguna necesidad en argumentar que la biodiversidad actual es valiosa en sí misma por ser biodiversidad, en vez de limitarse a aceptar que es valiosa porque es la actual.
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Desde el punto de vista de Gaia, además, nosotros somos una especie como otra cualquiera. Cuando Ella diseñó las cianobacterias que lo dejaron todo perdido de oxígeno y acabaron con su "primera creación" como un diluvio universal sin arca, la diosa pudo pensar algo así como "se me ha ido la mano", pero no creo que estuviera arrepentida. Nosotros no somos tan dañinos: seguramente todos los phyla sobrevivirían (aunque mermados) a una eventual catástrofe antropogénica, incluso a un apocalipsis nuclear. Y somos tan creación (y responsabilidad) de Gaia como los mejillones. Si adoptamos su punto de vista (el de Gaia, no el de los simpáticos y exquisitos moluscos), seguramente ella estará ENCANTADA con lo listos y destructivos que le hemos salido. ¿Qué argumentos tenemos para pensar que la eficacia con la que destruimos el medio ambiente no es un proceso tan NATURAL como la fotosíntesis (aquel gran envenenamiento masivo)? De nuevo la conclusión es que adoptar el "punto de vista de la naturaleza" no nos lleva a ninguna parte: nosotros somos naturaleza, y por naturaleza somos exterminadores. Si queremos justificar la tesis de que "hay que ser conservacionista", necesitamos un punto de vista diferente, y ¿cuál mejor que el de nuestros propios intereses a largo plazo?
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Y acabo ya retomando al viejo diplodocus. Si hubiera que extinguir la especie de los chimpancés (no hace falta matarlos o hacerles sufrir: basta con lograr que no tengan crías durante unas décadas, y mientras tanto, que gocen de la vida a tope) para lograr que reaparecieran los diplodocus, ¿estaríamos dispuestos a pagar ese precio? (Los paleontólogos seguro que sí).
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¿Y si el precio fuera acabar con el lagarto del Hierro? (Tal vez los primatólogos lo consideren razonable).

12 comentarios:

  1. Hola Jesús, como ves, me interesa este tema, quiero opinar una vez más, pero antes de nada decir que, salvo malentenidos, en lo fundamental estoy de acuerdo contigo: no es racional hablar en nombre de la naturaleza, como si fuera un ente personificado o mítico.

    Pero sigo sin estar de acuerdo con el tratamiento que haces del tema, creo que estás mezclando distintas cosas, como la conservación de las especies amenazadas.

    Las distintas visiones de la naturaleza en relación con posicionamientos éticos está muy bien resumida en libros como el de Alfredo Marcos, Ética Ambiental (Universidad de Valladolid, 2001), su postura es racionalista-aristotélica. Por supuesto, otros autores, como Jorge Riechmann, han escrito obras con posicionamientos más cercanos a los que tú criticas, tratando de ofrecer nuevas perspectivas. Las obras de José M.ª Gómez-Heras sobre ética del medio ambiente tratan de profundizar más en favor de la postura que tú criticas. Pero en todo caso, son argumentos filosóficos para reflexionar, muy teóricos.

    Pero a lo que voy, es que tus críticas parece que van más hacia ecologistas y políticos activistas de una defensa de la naturaleza hablando en nombre de ella con la intención de cambiar nuestro modelo económico de desarrollo, sin una idea clara de las consecuencias que ello conlleva.

    Lo que ocurre es que tus argumentos, a mi juicio chocan con otra línea de trabajo en biología de la conservación centrada en la recuperación de especies amenazadas que se ampara en el derecho ambiental positivo cuyas bases jurídicas no son ni las éticas biocéntricas, ni ecocéntricas, ni la ética de la Tierra (Leopold), ni la ecología profunda (deep ecology), etc., sino un enfoque antropocéntrico basado en la utilización racional de todos los recursos naturales en aras de nuestra supervivencia y de los ecosistemas. En este sentido, preservar no es mantener intactas las cosas porque sí, sino tratar de no empeorarlas y lo que se ha empeorado tratar de restaurarlo, porque al menso sabemos que así hemos logrado sobrevivir, y actuar en este sentido siempre desde el conocimiento científico-técnico, no desde posicionamientos románticos o utópicos. Lo que se discute ahora es si el modelo de desarrollo económico puede ser sostenible, si la economía debe ser sólo ecológica (economía ecológica) o si con nuestro modelo de consumo energético estamos abocados irremediablemente a la autodestrucción (de nuestra especie y buena parte de la vida del planeta tal y como la conocemos o han conocido nuestros antepasados históricos, al margen de que ello no implique necesariamente que no existan otras formas de vida en el futuro geológico evolutivo, que sí existirán o no, no lo sabemos a ciencia cierta, creo que tampoco preocupa, lo que preocupa es nuestra crisis ecológica-existencial actual).

    En definitiva, entiendo y comparto tu postura, pero no entiendo ni comparto algunos de tus argumentos en contra de mitificación de la naturaleza. Y además considero que generan cierta confusión, porque son contraejemplos con situaciones muy figuradas y especulativas, prácticamente imposibles de resolver.

    Creo que el asunto es más sencillo de lo que parece. Existe una tendencia humana, no racional, a mitificar la naturaleza dotándola de sabiduría y vida propia (más allá de sus elementos vivos), que va desde posiciones religiosas deterministas hasta conveniencias ecologistas ideologizadas, que defienden el conservacionismo. Algunas de sus pretensiones coinciden en cierto modo con los propósitos conservacionistas de los científicos, cuyos argumentos sí son racionales, apoyados además por el derecho ambiental positivo (Convenio sobre la Diversidad Biológica, etc.). Y ocurre además que algunos políticos oportunistas (léase Al Gore) han aprovechado ciertos elementos de ciencia, preocupación social, desarrollo económico y poder mediático para abanderar la "salvación del planeta", hablando en nombre del planeta (Gaia, tesis de Lovelock). Y esto ha derivado en un torrente político-mediático en el que se dan por hecho muchas cosas que no están provadas científicamente. Y todo esto se hace con cierta intencionalidad, con cierto sentido, aunque sus fundamentos y argumentos no sean en rigor racionales.

    Pero en fin, son cosas que más o menos sabemos todos lo que entramos en este blog, pienso.

    Ramón

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  2. Y una matización más:
    En cuantro a los supuestos "derechos" de las especies a existir, creo que el asunto está bastante claro.

    Por un lado hay una defensa de los derechos de los animales (que algunos autores extienden a los vegetales) entendidos como seres dotados de moralidad intrísecamente, igualados por tanto a los humanos (Proyecto Gran Simio, antitaurinos, ciertas conductas alimentarias, algunas ideas religiosas, etc.). Por otro lado hay una defensa de los derechos de los animales y vegetales considerados antropocéntricamente, es decir, se habla de derechos de los animales o de las plantas, o de ciertos animales y plantas, o de ciertas especies amenazadas, pero siempre entendiendo que el derecho (positivo, no subjetivo) es estrictamente humano, de los humanos, ejercido de los humanos para los humanos (aunque con efectos para los organismos de que se trate) consistente en la protección de un objeto apreciado por los humanos (por la razón que sea: conservacionismo, calidad alimentaria, seguridad del tipo que sea, evitar herir ciertas sensibilidades humanas, evitar los malos tratos de animales que son apreciados como mascotas por los humanos, etc.).

    Con esto quiero decir que los fundamentos del derecho de los animales pueden ser antropocéntricos (derecho positivo) o no antropocéntricos (biocéntricos, etc, etc.), con resultados generalmente muy desiguales, pero en ocasiones coincidentes.

    Por ejemplo, los fundamentos de protección de los simios desde la biología de la conservación al amparo del derecho ambiental positivo no son los mismos que los fundamentos del Proyecto Gran Simio al amparo del derecho de los animales con (un supuesto) valor moral intrínseco, es decir, dotados de moralidad propia (que defienden sus postuladores). De hecho, se ha intentado insertar en el derecho positivo el Proyecto Gran Simio, pero sin éxito, porque en realidad son dos nociones totalmente distintas de los derechos. Sin embargo, ambos modelos de derechos de los animales persiguen el fin de la conservación de los simios, evitar su extinción.

    Ramón

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  3. A mi me gusta lo que dice Ramón Manuel.
    Hay un punto de vista adicional, completamente distinto pero no contrario, que yo creo que también tiene valor.
    Como me cuesta explicarme bien, no creo que le haga justicia, pero a ver si lo balbuceo medianamente:
    El derecho positivo debe ser nuestra guía, y el punto de vista positivista, en lo jurídico como en lo científico y en lo político, idem de lienzo.
    Pero las razones nunca son suficientes. Esa es nuestra triste (o límbica) realidad. Hay que tener además "motivos", para que esas razones sean importantes para nosotros.
    Yo creo que se llega ahi cuando se intenta fundamentar una ética racional liberal al estilo kantiano: o nos importa la igualdad, matar al prójimo y demás asuntos morales de fondo, o no aceptaremos las premisas de la ética racional.
    Lo "sagrado" sin adherencias sobrenaturales ni eclesiasticas es la consideración que merece lo que no es instrumental, lo que es importante por sí mismo. Lo que tiene un elemento para nosotros de intocable, de significativo, de cargado emocionalmente. Para quienes no somos sociópatas ni psicópatas, la vida humana tiene esta cualidad y por eso la ética racional tiene sentido, si no no lo tendŕia, por muy racional que sea.

    La naturaleza debe tener algo también de ello, de "sagrado", de importante por sí mismo y no instrumentalmente. Podemos comprenderla, manipularla y meterla en nuestra rejilla de valoraciones relativas, pero estamos hechos para que siempre nos pueda y nos sobrepase, para que sepamos en el fondo que ella nos ha hecho a nosotros, y se ríe de nosotros, y no al revés.

    Eso no es malo. Lo que hay de sagrado y temible en el mundo significa que deberíamos ser prudentemente conscientes de nuestros límites. El argumento de que el que se olvida de ello está abocado a la perdición es muy antiguo. Será por algo.

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  4. Ramón: dices "tus argumentos, a mi juicio chocan con otra línea de trabajo en biología de la conservación centrada en la recuperación de especies amenazadas que se ampara en el derecho ambiental positivo cuyas bases jurídicas no son ni las éticas biocéntricas, ni ecocéntricas, ni la ética de la Tierra (Leopold), ni la ecología profunda (deep ecology), etc., sino un enfoque antropocéntrico basado en la utilización racional de todos los recursos naturales en aras de nuestra supervivencia y de los ecosistemas"

    ¡Mis argumentos no pueden chocar contra ese enfoque, porque eso (lo que he señalado en cursiva) es precisamente lo que defiendo yo!

    También estoy totalmente de acuerdo cuando dices "Lo que se discute ahora es si el modelo de desarrollo económico puede ser sostenible, si la economía debe ser sólo ecológica (economía ecológica) o si con nuestro modelo de consumo energético estamos abocados irremediablemente a la autodestrucción".

    Entonces, no veo cuál es exactamente la parte de lo que yo he dicho con la que no estás de acuerdo.

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  5. Con respecto a los derechos de los animales, como buen positivista sólo creo en los derechos positivos, es decir, no creo que haya nada (ni siquiera las personas) que tenga "intrínsecamente" derechos. Todos los derechos lo son en la medida en que una sociedad los reconoce (y sólo en esa medida), por mucho que los maquille con términos como "sagrado", "inalienable", etc. Así que, si queremos que la legislación reconozca ciertos derechos a los animales, no veo ningún problema (es más, voto a favor). Pero la causa de que queramos hacerlo es la particular emoción negativa que NOSOTROS sentimos cuando se maltrata a un animal, no es porque ofrezcamos un razonamiento "desde el punto de vista del animal". Más bien pienso que, si nos tuviéramos que fiar de los puntos de vista de los animales para reconocerles derechos a ellos, la lista de esos derechos se acabaría muy pronto. Imagina que preguntáramos a las personas de la Edad Media sobre el derecho humano a no ser torturado y a la libertad de expresión: seguramente no podríamos llegar a aprobar una legislación con esos derechos si nos basáramos en SU punto de vista.
    Conclusión: los derechos que reconocemos a los animales, los reconocemos EXCLUSIVAMENTE desde una "perspectiva antropocéntrica" (ojo: no digo "basada en nuestros INTERESES", sino "basada en NUESTRA sensibilidad").

    Por otro lado, me parece muy peligroso confundir el derecho de los animales INDIVIDUALES a no ser maltratados, con el derecho de las ESPECIES a no extinguirse. Son dos derechos completamente distintos, y deben justificarse con argumentos independientes. (No sé qué pensará una ternera cuando le decimos que a ella la matamos, y a un chimpancé no, porque terneras quedan muchas; supongo que el saberlo le hará ir al matadero mucho más contenta).

    Por último, reconozco que mis "experimentos mentales" son muy fantasiosos y alejados de los casos reales. Pero no se me ocurre otra manera mejor de AISLAR las premisas que entran en cada argumento, para determinar su validez. Muchas veces aceptamos una premisa porque, en las situaciones habituales, no se manifiestan sus contradicciones internas (o con otras); por eso hay que aplicarlas a situaciones imaginarias en las que se ve si son válidas o no.

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  6. Áloe:

    estoy totalmente de acuerdo con lo que dices; como decía en mi respuesta anterior a Ramón, mi error ha sido hablar de los "intereses" de la especie humana, cuando, en realidad, no me refiero sólo a los "intereses materiales" (una tele de plasma, vacaciones, el coche, etc.), sino a "todo aquello que nos interesa, con independencia del motivo por el que nos interesa".

    Por ejemplo, un motivo (entre otros) para preservar cada especie es la pura curiosidad científica, y me parece un motivo tan válido como cualquiera, aunque, naturalmente, es de lo más antropocéntrico (los babuinos tienen poca curiosidad científica, y les da igual que las orcas se extingan o no).

    Además de la curiosidad, hay muchas otras cosas que nos motivan para hacer o evitar ciertas acciones, y si no fuera por esos motivos meramente psicológicos (más o menos congénitos, y a la vez más o menos condimentados por la cultura), no nos estremecerían ni una pizca los mandamientos de las religiones ni la ética de Kant (o la que fuera).

    Pero el reconocer que deseamos preservar el medio ambiente porque NOSOTROS sentimos "cuánto nos indigna" su destrucción, es adoptar una postura antropocéntrica. A Gaia no le indigna nada, la pobre.

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  7. ¡Genial! Pues entonces ya estamos todos de acuerdo en lo fundamental, ¡podemos irnos de copas...virtuales... YYY... :-)

    Pero ya puestos, la parte en la que no estoy de acuerdo de tu argumentación es exactamente ésta:

    "Otro argumento falaz es el que se refiere a los supuestos "derechos" de las especies a existir.[...]Así que la protección de la biodiversidad actual es un atentado a las especies futuras que estamos impidiendo desarrollarse, exactamente en la misma medida en que es un atentado contra las especies actuales el propiciar su destrucción.".

    Para concluir que:
    "Esta consecuencia es inevitable si adoptamos la premisa de que la biodiversidad es valiosa en sí misma".

    Porque, efectivamente, es inevitable así, pero también es inevitable si adoptamos la premsia de que la biodiversidad es valiosa en la medida en que acordamos (los humanos) que lo sea. Porque desde el Derecho ambiental positivo, en concreto en España con la Ley 42/2007, de 13 de diciembre, del Patrimonio Natural y la Biodiversidad, no se establece que la "biodivesidad es valiosa en sí misma", sino que de acuerdo con el artículo 45 de la Constitución Española, se establece el derecho a existir de las especies silvestres (salvo algunas situaciones excepcionales reguladas) gracias al reconocimiento de todos (los españoles) del derecho a disfrutar de un medio ambiente adecuado para el desarrollo de la persona, así como el deber de conservarlo, exigiendo a los poderes públicos que velen por la utilización racional (sic) de todos los recursos naturales... Es decir, es un derecho antropocéntrico y positivo, tal y como ya hemos expresado, que estamos de acuerdo.

    Por lo tanto, y ahí es donde quiero llegar, en lo que no estoy de acuerdo es en tu ejemplo, que no lo considero suficientemente válido para criticar la mitificación de la naturaleza (con lo cual si estamos de acuerdo).

    Por eso digo que tus argumentos chocan, posiblemente sin quererlo, con el enfoque antropocéntrico, desde el cual como he señalado(derecho positivo) se obtiene el derecho de las especies a existir como efecto directo del derecho de los humanos a querer que existan.

    Supongo que así se me entiende mejor. Es divertido esto de explicarse por escrito, exige más detenimiento y precisión, si cabe.

    En cuanto a tu comentario, en el que distingues el derecho de los animales individuales a no ser maltratados, del derecho de las especies a no extinguirse, no los confundo, es que afirmo con rotundidad jurídica (vamos, con la Ley publicada en el BOE en la mano) que ambos tienen igual cabida en el ordenamiento jurídico español, en el sentido de que se regulan desde el mismo enfoque antropocéntrico, no sólo por vía administrativa (en distintas leyes porque esa competencia está transferida a las CCAA), sino incluso por vía penal, eso sí, en distintos artículos del Código Penal (porque se desglosan los tipos penales). Incluso algunas CCAA han regulado en la misma Ley ambos supuestos, lo cual ha sido problemático sólo por cuestión de competencias, ya que la legislación del Estado en materia de biodivesidad es básica, y las CCAA no pueden rebajarla.

    Lo que sí es cierto, y ahí es donde te doy la razón, es que los argumentos que llevan al legislador a prohibir el maltrato de los animales y a evitar la desaparición de las especies amenazadas, son distintos porque las acciones prohibidas y sus consecuencias son distintas: una cosa es maltratar un animal y el dolor que ello produce en el propio animal y en su dueño u observador humano o el deterioro de su carne (por el estrés) si es para alimentación, y otra cosa es provocar o tener parte de culpa en la extinción de una especie. Son acciones distintas, producen consecuencias distintas, por lo tanto se regulan en distintas leyes administrativas y artículos del Código Penal, pero ambas acciones son derecho positivo en nuestro ordenamiento jurídico, que es un todo. A eso me refiero.

    Por supuesto, esto no lo tienen en cuentan los animalistas de "liberación animal" (que dañan el medio natural al liberar fauna exótica) ni los biocentristas éticos, que al valorar el derecho a la vida animal como derecho intrínseco del animal, los ponen a todos en el mismo "saco", sin reparar en sus diferencias en relación con la especie humana, diferencias que luego parecen desdibujarse en la unicidad del derecho positivo de nuestro ordenamiento jurídico, pero que se pueden distinguir al analizar las razones que el legislador encuentra para que los ciudadanos posean el derecho al no maltrato animal en determinas circunstancias (pero no en otras) o el derecho a la vida y no extinción de determinadas especies silvestres en determinadas circustancias (pero no de otras).

    Efectivamente, como dice Jesus, los argumentos no son los mismos, pero si el sentido jurídico (antropocéntrico), que es a lo que me refiero.

    Y además todo esto tiene que ver con el desarrollo científico y tecnológico, pues en buena parte se basa en ello.

    No son horas para filosofar, pero es cuando más tranquilo se está en casa.

    Saludos,

    Ramón

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  8. Ramón:
    no consigo ver qué parte de lo que digo es la que crees que está en contradicción con lo que dices tú: los derechos de los seres vivos y de las especies son parte del ordenamiento jurídico (OK), y eso se justifica desde una perspectiva antropocéntrica (OK). ¿Entonces?

    (Por cierto, a pesar de ser positivista, también reconozco que el derecho positivo se fundamenta en nuestras ideas sobre cuáles DEBEN ser las leyes).

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  9. Jesús,

    Lo que no comparto en concreto es este razonamiento tuyo:
    "Así que la protección de la biodiversidad actual es un atentado a las especies futuras que estamos impidiendo desarrollarse, exactamente en la misma medida en que es un atentado contra las especies actuales el propiciar su destrucción. Esta consecuencia es inevitable si adoptamos la premisa de que la biodiversidad es valiosa en sí misma."

    Siguiendo tu ejemplo, yo digo que también "esta consecuencia es inevitable si adoptamos la premisa de que la biodiversidad no es valiosa en sí misma" (antropocentrismo).

    Quiero decir que tu ejemplo, ese en concreto, no es váido como argumento para demostrar las falacias del biocentrismo, frente a la racionalidad del antropocentrimo. Porque desde el antropocentrimo se propicia igualmente el derecho a la protección de las especies en peligro de extinción, sin importar las consecuencias evolutivas sobre hipotéticas especies.

    Hay que buscar ejemplos válidos para el biocentrismo que no tengan el mismo resultado en el antropocentrismo. Por ejemplo, desde el biocentrismo no se justifica la investigación científica con animales, mientras que desde el antropocentrismo sí. Desde el biocentrimos no se justifica el maltrato a los animales, desde el antropocentrimos tampo se justifica pero se tolera encubiertamente en algunos casos (normativa sobre espectáculos taurinos, normativa de sanidad animal, etc.) Para un biocentrista el toreo es maltrato a los toros, para un antropocentrista no (que lo defienda porque le gusta, habrá otros que no les guste) y lo justifica a su manera.

    En definitiva, lo que quiero decir es que biocentrismo y antropocentrimos son opuestos, pero en determinados casos (ejemplos) sus pretensiones coinciden, como es el caso del derecho a la existencia de las especies en peligro de extinción. No obstante, siguiendo con ese ejemplo, hay un momento en que se opondrían, cuando el investigador biólogo se ve obligado a sacrificar individuos de esas especies para su estudio científico, en ese caso el biocentrista se opondría, habría un debate sobre la conveniencia o no del sacrificio de esos individuos (de hecho, ese debate es real y se ha publicado en la revista Quercus hace unos años).

    Ya está.

    Ramón

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  10. Ramón, intentaré explicarme mejor. La tesis en cuestión es:

    a) la conservación de las especies actuales impide el desarrollo de especies futuras.

    Esto no es una tesis filosófica, sino un hecho incontrovertible. Es tan cierto e inevitable como el que engendrar un hijo HOY (y parirlo a su debido tiempo) por una pareja impide existir a otro que habría podido ser engendrado el mes que viene (pues el óvulo y el espermatozoide que habrían dado lugar a este segundo hijo, ya no se unirán nunca). En cambio, si la mujer aborta a las dos semanas de quedarse embarazada de aquel primer hijo, eso le devuelve la posibilidad de existir al segundo.

    Reconocer este hecho no significa adoptar ninguna posición moral. Es un hecho cierto, y ya está.

    Lo que yo afirmo es que, si la biodiversidad es valiosa EN SÍ MISMA, entonces la pérdida de esas especies de dentro de diez millones de años que llegarían a existir si destruímos muchas de las actuales, ES EXACTAMENTE IGUAL DE CONDENABLE que la destrucción de las actuales.

    Es decir, desde una perspectiva biocéntrica, CUALQUIER evolución de la vida es IGUAL de valiosa que las demás, porque da una opción de vivir a un cierto conjunto de especies, distinto del que viviría bajo cualquier otra evolución posible. Así que la perspectiva biocéntrica no nos permite (si la seguimos hasta sus últimas consecuencias, no si nos quedamos en meros eslóganes) CONDENAR el daño al medio ambiente que estamos cometiendo.

    (De hecho, desde una perspectiva biocéntrica, el que nosotros seamos así de destructores es "responsabilidad" de la evolución, que nos ha creado así: "ella" se lo ha buscado).

    En cambio, desde una perspectiva antropocéntrica, hay una razón irrebatible para la conservación de los ecosistemas ACTUALES: que son los que nos garantizan a nosotros el bienestar. Los ecosistemas de dentro de diez millones de años nos traen al pairo.

    Ocurre lo mismo con la justificación o la condena del maltrato a los animales: desde el punto de vista biocéntrico, el que los niños disfruten achicharrando hormigas con una lupa es un resultado de la selección natural, EXACTAMENTE IGUAL que las avispas que paralizan a una oruga para que sus larvas la devoren. El ÚNICO argumento racional que puede servir para condenar el maltrato a los animales es que A NOSOTROS, los seres humanos (o a algunos de nosotros, mejor dicho), nos REPUGNA ese maltrato (una repugnancia que tiene que ver con los sentimientos a los que se refería Áloe).

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  11. Hola:

    Pasaba por aquí. Vivimos en Europa (una diosa griega), y no por eso tenemos personalidad. Es decir, que los nombres son algo circunstancial, si bien es cierto que, en el caso de Gaia uno puede pensar lo contrario.

    Yo creo, que Gaia tiene un nombre que es el que es (el de una Diosa), pero que en el fondo su funcionamiento es similar a un termostato a un regulador natural, demasiado complejo aún para que podamos entender su funcionamiento.

    Basicamente expuesto: si lo alteramos en exceso salta el termostato y el sistema ya no puede autorregularse y se colapsa volviéndose hostil para la vida.

    Las próximas décadas desvelarán cual es la posición acertada..

    PD: Menos mal que a los Diplodocus y a los Chipancés no les ha dado por fabricar coches con gasolina como combustible!

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  12. Entendido.

    Mi error interpretativo era criticar tu ejemplo desde una perspectiva antropocéntrica, cuando lo has puesto desde la perspectiva biocéntrica para invalidar las tesis biocéntricas del valor intrínseco de las especies.

    Es decir, cuando pones el ejemplo de la conservación de las especies hay que pensar en esa conservación desde la perspectiva biocéntrica para que tu crítica tenga sentido, mientras que yo la pensaba desde la biología de la conservación (antropocéntrica), la cual entiendo que sí compartes (aunque pueda ser discutible cómo se hace en algunos casos)

    De todas maneras, es que no me gustan mucho los ejemplos sobre futuribles, quizás por eso me perdí en tu argumentación. Me parece que un biocentrista nunca se plantearía que la conservación de las especies actuales impide el desarrollo de especies futuras.

    Por otro lado, desde una perspectiva antropocéntrica, en biología de la conservación tampoco se plantea esto en esos términos, en todo caso, más que "impedir el desarrollo de especies futuras", sería más adecuado decir que condiciona o influye la evolución de las especies sobre las que se ha intervenido, porque la "conservación" hoy por hoy no tiene un alcance total (sobre la genética de las especies), sino que se trata más bien de preservarlas de la acción humana (salvar poblaciones amenazadas, cría en cautividad y proyectos de reintrodución, etc), que por otro lado es prácticamente imposible en muchos casos, por lo que los logros en biología de la conservación son más bien escasos o lentos, no siempre por la falta de conocimiento científico para lograrlo, sino muchas veces por los intereses socioeconómicos que hay en contra.

    Además, ese intento de conservación no se ejerce sobre todas las especies, millones todavía no han sido descubiertas.


    Por todo ello, podemos concluir que en estas circustancias, con la actual conservación de las especies sí habrá futuras especies y éstas tendrán esa influencia humana directa o indirectamente, de igual modo que podemos afirmar que la evolución del planeta Tierra no es la misma antes y después del desarrollo científico-tecnológico humano, lo cual no "impide" que la Tierra evolucione influida por la intervención humana (más que nada la bioesfera).

    Por eso, a mi juicio, tu idea de que la conservación de las especies actuales impide el desarrollo de especies futuras, es válida si se considera en un sentido total del concepto de "conservación", pero la biología de la conservación no posee ese sentido total, ni en sus pretensiones, ni en sus logros reales.

    Eso es todo lo que quería matizar.

    Obviamente, en lo fundamental estamos de acuerdo. Yo seguiré comiendo marisco, solomillo y caracoles siempre que pueda.

    Saludos,

    Ramón

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