11 de julio de 2008

9 de julio de 2008

LA IMAGINACIÓN Y EL RECUERDO

He aquí un intrigante problema filosófico, o psicológico, si se quiere. Y tanto más intrigante por su simplicidad.
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En primer lugar, recuerda tu desayuno de esta mañana (yo, por ejemplo, tomé un melocotón y un café con magdalenas). Ahora, conservando ese recuerdo en la consciencia, substituye con la imaginación una pieza del desayuno por otra muy distinta (por ejemplo, en mi caso pruebo a imaginarme que, en vez de un melocotón, tomé un sandwich de jamón y queso -- otras mentes enfermas pueden sustituir el recuerdo por algo así como el desayuno de la imagen, si es que no dicen "¡oh, qué va, ése es mi recuerdo verdadero!"... ¡y voy yo y me lo creo! Bueno, que me estoy yendo por las ramas).
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A ninguno (sin mediación de sustancias estupefacientes o similares) nos habrá costado ningún trabajo en absoluto distinguir perfectamente el primer recuerdo de la situación imaginada. Quiero decir, distinguir que lo primero era un recuerdo, mientras que lo segundo algo que "sólo" imaginábamos.
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El problema filosófico, o la pregunta, es: ¿qué tiene la primera representación mental (el recuerdo) que nos permite identificarla como tal recuerdo? Porque ambas parecen ser sólo escenas que nuestra mente contempla con el "ojo interior". No me estoy refiriendo al problema de "cómo sabemos que nuestros recuerdos son verdaderos" (podríamos haber hecho la experiencia con alguno de nuestros muchos recuerdos falsos), sino al problema de cómo distinguimos los recuerdos de la imaginación.
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En fin, se admiten respuestas y cavilaciones.
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(Nota, el problema se me plantea a partir de la lectura del maravilloso artículo 'Imagination and immortality', de Shaun Nichols, uno de los ponentes que los de la panda de la Fundación Urrutia Elejalde traemos a la Summer School sobre "Normas Sociales" de la próxima semana).
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8 de julio de 2008

LA REFORMA DE LA SELECTIVIDAD (GLOBO SONDA)

Anuncian los ministerios de Educación y de Ciencia que se están poniendo a trabajar sobre un nuevo decreto para el examen de Selectividad. Al parecer, las principales "novedades" se quedarán en dos o tres pasitos más en la misma dirección que los últimos cambios:
- reducción del número de exámenes por la vía de hacer opcionales todas las asignaturas de las que cada alumno se examina (se elegirán algunas entre las obligatorias, y algunas entre las optativas -esto último ya se hace-);
- introducción de una prueba oral de idioma extranjero (supongo que esto quiere decir que habrá una parte oral en el examen ya existente),
- posibilidad de examinarse de asignaturas no cursadas, para poder optar a carreras no asociadas a la rama del bachillerato elegida (esta es realmente la principal novedad).
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Lo que me parece más criticable de este primer "globo sonda" del gobierno sobre la materia es su altísimo grado de mojigatería. Se nos había anunciado solemnemente, con la puesta en escena de la LOE y de la "reforma" del bachillerato, que la selectividad llegaba a su fin, y ahora se constata que a lo máximo a que se atreven las mentes bicéfalas que tienen que decidir sobre la materia, es a dar un par de puntaditas en el tremendo siete (tan notable él, aunque no sea una calificación) que lleva en la misma pechera la prenda última de nuestro sistema educativo pre-universitario. Nos vamos a perder, así, la mejor oportunidad en cuatro décadas de acabar con un sistema que está desnaturalizando nuestra enseñanza secundaria. Teniendo en cuenta, además, que los decretos finalmente aprobados suelen ser, una vez que se negocia con todas las partes implicadas, mucho menos innovadores que lo que se proclama en los primeros anuncios.
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Puestos a proponer ideas, vayan aquí las mías sobre lo que debería caracterizar a una prueba de acceso a la universidad, una prueba que quisiéramos útil:
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1) Como "prueba de madurez", sería más que suficiente que los alumnos redactaran algunos textos sobre varios temas; p.ej., un tema histórico o artísitico, uno científico o filosófico, y uno de actualidad política, social o económica, con varias posibilidades a elegir en cada caso, y con toda una mañana por delante. De cada examen se juzgaría lo razonable del contenido y su corrección lingüística (ortografía, redacción, riqueza y corrección léxicas, caligrafía, etc.). No haría falta profesorado específico de ninguna asignatura para esta corrección: cualquier profesor de bachillerato o de universidad se supone que es capaz de hacerlo.
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2) Una prueba de idioma extranjero homologable al First Certificate británico o análogo, y convalidable automáticamente por esos títulos.
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Tan importante o más que el contenido de estas dos pruebas sería el que pudieran realizarse en los mismos centros en los que estudian los alumnos (eso sí, siempre por profesorado externo), y no estuvieran circunscritas al momento final del bachillerato, sino que hubiera, en cada centro, un par de convocatorias al año (siempre antes de final de curso), y los alumnos pudieran presentarse a cualquiera de ellas en cualquier momento a lo largo de los dos cursos del bachillerato (si un alumno sabe expresarse bien en español y en inglés a los 16 años, no va a habérsele olvidado a los 18), sin límite de convocatorias, y naturalmente, también en años posteriores a haber terminado esos estudios.
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3) Por último, la "prueba de madurez" se complementaría con una prueba específica que cada facultad establecería libremente (si lo desea), sobre un programa anunciado con antelación suficiente (y preferiblemente, estable a lo largo de muchos años), y aprobado por el ministerio de Educación para que sea lo más coherente posible (y razonable) con los contenidos del bachillerato.
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4) Como un modo de significar a los alumnos y a sus familias la importancia que para la sociedad tiene el que aquéllos terminen su enseñanza secundaria con una preparación óptima, las pruebas deberían complementarse con un sistema de premios generosos (en forma de becas para estudiar en cualquier país, o en metálico, o como se les ocurra a quienes tengan buenas ideas al respecto) para quienes obtengan mejores resultados; quiero decir, no sólo para los "cerebritos" que sacan un 9,5 de media, sino graduándolo para que incluso el obtener un 7 tuviera una recompensa razonable, y también con la posibilidad de que se diferenciasen los premios en función del origen social de los alumnos.
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5) Por último, el sistema tendría que tener en cuenta la incentivación de la formación profesional; p.ej., la prueba de madurez y la de idioma podría ser necesaria también para acceder a la FP superior, tal vez estableciendo algunas opciones más entre los temas a elegir para redactar la prueba.
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Un sistema como éste permitiría, por una parte, dejar a los profesores (y a los alumnos) de bachillerato hacer su trabajo de manera más tranquila, y sin interferencias académicas innecesarias. Fomentaría realmente la apreciación de las "competencias" más básicas en la ESO (leer y escribir) por parte de los alumnos (y de los profesores). Garantizaría de manera efectiva el interés por los idiomas extranjeros en los colegios e institutos (aunque, ¿cómo se concretaría esto último?... eso es tema ya para otro post).

3 de julio de 2008

MOZART, QUINTETO PARA CLARINETE (y 4)

DIOS Y EL PROBLEMA DEL MAL

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De un comentario mío en Tendencias de las religiones.
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El gran error de la teodicea consiste en dar por absolutamente firme la definición del bien y del mal. No hay ningún motivo para creer que lo que Dios considera "bien" y "mal" vaya a coincidir con lo que consideramos así nosotros; es más, las propias categorías humanas de "bien" y de "mal" puede que no tengan absolutamente ningún paralelismo, ni analogía, con ningunos elementos del pensamiento divino (sean éstos elementos lo que sean).
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Digamos, pues, que Dios puede pensar que lo que nosotros consideramos "mal" (el sufrimiento injustificado, la crueldad gratuita) es una de las cualidades del mundo que le dan más gracia a la creación. ¡A lo mejor a él LE GUSTA que unos humanos usen su libertad para despellejar -literalmente- a otros! Tal vez DISFRUTE (a su modo divino) con el sufrimiento de sus criaturas... quiero decir, no que Él sea "malvado" porque encuentre divertido nuestro dolor, sino que el dolor puede que sea, para él, una simple manifestación de la riqueza y diversidad con la que ha creado a sus criaturas. Seguramente, Dios encuentra MARAVILLOSO lo bien que le ha salido el mecanismo neurológico que produce el orgasmo (pongamos), y también la precisa coordinación de los mozos del pueblo al bailar "Paquito el chocolatero" (ahí es nada), y también la forma en la que se enredan los torbellinos en la atmósfera de Júpiter, y también, ¿por qué no?, el minucioso y sofisticado mecanismo neurológico que nos hace aullar de dolor y temblar de pánico cuando se nos tortura.
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(La vieja excusa de que el responsable último del sufrimiento causado por nuestra crueldad no es Dios, porque para eso nos ha hecho libres -y nos ha traspasado, por así decir, la cláusula de responsabilidad- se sostiene tan poco como el decir que yo no soy el culpable de que se haya roto la cristalería de la abuela si he dejado a los niños jugar al fútbol en el salón).
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De nuevo estamos en aquello de que, si te pega, no te quiere.
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O sea: si crees que Dios existe, tal vez acertarás si piensas que es mejor pasar desapercibido ante Él.
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¿DOS CULTURAS?


Interesante (y seguramente, polémica) entrevista en Público a Carlos Elías, con motivo de la publicación de su libro La razón estrangulada.

Carlos es uno de los principales especialistas españoles en periodismo científico, y es también, entre otras cosas, profesor de nuestro máster en periodismo y comunicación científica.
También es coordinador del libro de McGraw-Hill para la asignatura "Ciencias para el Mundo Contemporáneo".

2 de julio de 2008