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7 de marzo de 2014

Filosofía y fútbol: el estilo de la Roja y el monismo anómalo



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Y para los escépticos, este enlace (o este otro).
Así que a Donald Davidson es al que le debemos los títulos de la selección.
En fin, pongo este homenaje a nuestro filósofo del fútbol a propósito de la discusión que estamos teniendo en esta otra entrada, sobre libre albedrío, causación mental, reduccionismo y demaás.

26 de febrero de 2014

El libre albedrío y la diosa telúrica

Fragmento de una conversación en el blog de Pseudópodo
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Emilio
No hay ninguna contradicción en lo que te he dicho; si DOS partículas ejercen sendas fuerzas sobre otra, ya tienes DOS causas del movimiento de la tercera. Lo que digo es que sería una violación de las leyes físicas (y en particular, de la ley de conservación de la energía) que un OBJETO pudiera moverse de una forma diferente a la que implican las fuerzas determinadas por la disposición de las partículas y campos físicos que lo rodean (naturalmente, esa disposición puede ser tan compleja que NOSOTROS seamos incapaces de predecir el movimiento resultante a partir del conocimiento del estado de cada partícula; pero, aunque no sepamos predecirlo de esa manera, SABEMOS que, tratándose de MOVIMIENTOS DE OBJETOS FÍSICOS, cualquier influencia causal que no consista en fuerzas físicas ejercidas por unas partículas sobre otras es una violación de la ley de conservación de la energía). Al fin y al cabo, tampoco podemos predecir cuándo va a haber un terremoto en Toledo, ni siquiera podemos deducir matemáticamente a partir de las leyes fundamentales de la física la existencia de un planeta capaz de experimentar una tectónica de placas, pero eso no nos hace llevarnos las manos a la cabeza cuando alguien dice que las causas de los terremotos se reducen en última instancia a las interacciones físicas entre partículas, y no a la voluntad de de una diosa telúrica que actúa saltándose a la torera las leyes físicas.

8 de enero de 2013

LA INTENCIONALIDAD, LO MENTAL, Y EL NATURALISMO


Más fragmentos del debate sobre libertad, intencionalidad y naturalismo en Dialéctica y Analogía (en cursiva, frases de Juan Antonio Negrete).
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Es obvio que las descripciones a nivel mental tienen una peculiaridad (como todo: todo es peculiar en algún sentido): la intencionalidad, que tú bien has señalado. Pero ten en cuenta que la intencionalidad consiste en que ciertos hechos o estados (mentales o del tipo que sea) TIENEN CONTENIDO SEMÁNTICO (obviamente, la solidez del hielo no lo tiene). El contenido semántico son PROPOSICIONES: el contenido de mi pensamiento "está lloviendo" es la proposición que dice que está lloviendo. Esto es importante porque, si lo que queremos explicar es la relación entre lo mental y lo físico, lo que hay que explicar es lo mental, NO NECESARIAMENTE SU CONTENIDO SEMÁNTICO. Fíjate que entre ACTOS DE PENSAR no se dan relaciones lógicas: las relaciones lógicas se dan entre las proposiciones que son el contenido de esos actos de pensar. Por lo tanto, para explicar la relación entre los actos mentales de pensar y la actividad neuronal NO HACE FALTA SUPONER QUE ENTRE UNAS ACTIVIDADES NEURONALES Y OTRAS SE DEN RELACIONES DE CONSECUENCIA LÓGICA (p.ej.), pues entre los actos mentales TAMPOCO se dan esas relaciones (de "Fulano cree que X es mayor que Y y "Fulano cree que Y es mayor que Z" NO SE SIGUE LÓGICAMENTE "Fulano cree que X es mayor que Z").
Lo que hay que explicar es, más bien, cómo es posible que ciertas actividades (mentales, neuronales, electrónicas o lo que sea) sean de tal manera QUE PUEDAN TENER CONTENIDO SEMÁNTICO. (Fíjate, p.ej., que los lagartos tienen seguramente estados mentales conscientes -no autoconscientes-, pero no por eso esos estados tienen contenido semántico, como muchos de los nuestros; luego tampoco es inmediata la identidad mente= intencionalidad; puede haber mente sin intencionalidad, y seguramente, también intencionalidad -o sea, contenidos semánticos- sin mente).
(…)
Las relaciones LÓGICAS que se dan entre las proposiciones PENSADAS no se dan entre los ACTOS DE PENSARLAS. De "creo que X" y "creo que X implica Y" no se sigue lógicamente "creo que Y". Esto significa que el paso de unos PENSAMIENTOS a otros no puede ser explicado MERAMENTE como resultado de las relaciones lógicas que se dan entre las proposiciones pensadas en ellos. Es decir, por mucho que te empeñes en decir que la descripción neurológica del cerebro no explica por qué (digamos) los teoremas matemáticos son así o asá (lo que admitiré por mor del argumento), en realidad sucede exactamente lo mismo con la descripción MENTAL o "intencional" (o sea, la descripción de lo que ocurre "en el nivel mental"): tampoco ella explica por qué los teoremas matemáticos son así o asá, ni seguramente por qué tenemos sobre ellos los pensamientos que tenemos.
(…)
el problema que estoy señalando como importante: cómo “opera” la intencionalidad en un mundo material
En cierto sentido, no "opera". Si lo intencional es meramente una descripción A OTRO NIVEL de los hechos que ocurren en el cerebro, lo que operan son ESOS HECHOS, no su "descripción". Podremos descubrir regularidades entre unas descripciones y otras, y eso es todo. Lo importante y difícil es, como digo, más bien verlo en el otro sentido: ¿cómo se las apaña el cerebro para generar la intencionalidad?
(…)
es falso que la mente necesite un material en que implementarse para existir... la ciencia-natural solo trata de lo material
Bueno, yo estoy entendiendo por "mente" en toda esta discusión los procesos CONSCIENTES, y estoy asumiendo como conjetura más económica (epistemológica y ontológicamente) que la consciencia es una propiedad superveniente de los sistemas que, DE MOMENTO, sospechamos que la tienen (y que básicamente son los animales con sistema nervioso central); dicho en bruto: "mente" es lo que tiene aquella cosa a la que le puede doler algo. Supongo que, una vez cogido el truquillo mediante el que los sistemas nerviosos centrales consiguen que haya dolores, será factible construir un sistema a base de chips o de gominolas, al que también le duelan algunas cosas (y si hace más cosas mentales todavía, mucho mejor). Pero la idea misma de algo a lo que le duele algo pero no está "hecho de nada" sencillamente me parece que está bien como literatura mística, pero no veo ni la menor necesidad de admitirlo como algo razonablemente posible ni mínimamente relevante para nuestro conocimiento de la realidad.
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las razones auténticas por las que aceptamos un teorema matemático es la matemática misma, con sus criterios internos.
De nuevo olvidas la distinción entre la actividad mental que consiste en pensar, y el contenido de esos pensamientos. El hecho de que tú te des cuenta de ciertas RAZONES (p.ej, la relación lógica entre las premisas y la conclusión) es seguramente parte de la CAUSA de que tú aceptes el teorema, pero la causa de que lo aceptes no son las RAZONES por las que lo aceptas, sino EL HECHO DE QUE TE DAS CUENTA DE ESAS RAZONES.
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Fíjate en que tú puedes estar equivocado y aceptar algo a partir de una premisa falsa; p.ej., puedes leer una placa en un edificio de Burgos, en la que pone "Baroja vivió aquí", y creer por eso que Pío Baroja vivió en Burgos. Supón que la placa, sin que tú lo sepas, la ha puesto un bromista, o que se refiere a otro Baroja distinto al que tú crees. Obviamente, si la verdad es que Baroja no vivió nunca en Burgos, no puedes decir que la razón por la que tú crees que Baroja vivió en Burgos es porque vivió en esa casa que está en Burgos (pues él, por hipótesis, NO vivió allí). Más bien: el hecho de que tú crees que Pío Baroja vivió en esa casa (lo cual es falso), de que crees que esa casa está en Burgos (lo cual es verdadero), y de que de tú piensas (correctamente) que "Pío Baroja vivió en esa casa" y "esa casa está en Burgos" IMPLICAN LÓGICAMENTE (o sea, es una RAZÓN lógicamente suficiente para) "Pío Baroja vivió en Burgos", de todos esos hechos (más el hecho de que tu sistema nervioso está estructurado de tal manera que te lleva a creer de manera natural las consecuencias lógicas MÁS SENCILLAS de aquellas otras cosas que crees) se sigue COMO CONSECUENCIA CAUSAL que también creerás que Pío Baroja vivió en Burgos. Pero, insisto, en este caso, que Pío Baroja vivió en esa casa de Burgos no puede ser la RAZÓN por la que Pío Baroja vivió en Burgos, porque obviamente hemos supuesto que no vivió en esa casa.
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En fin, en resumen, que no veo qué motivos te llevan a no aceptar que entre los ACTOS DE CREER se dan relaciones CAUSALES (como buenos procesos naturales que son), mientras que entre las PROPOSICIONES creídas (o no creídas) se dan relaciones DE CONSECUENCIA LÓGICA, pero no se dan relaciones causales entre proposiciones, ni relaciones de consecuencia lógica entre actos mentales distintos.

4 de enero de 2013

POR QUÉ EL INDETERMINISMO NO ES COMPATIBLE CON EL LIBRE ALBEDRÍO

Ahora que, tras varios años en barbecho, mis reflexiones sobre el libre albedrío han vuelto a brotar gracias al inagotable invernadero de Dialéctica y Analogía, veo que es conveniente precisar un poquitín el argumento según el cual el libre albedrío (o sea, la tesis de que, al decidir, existen realmente varios 'cursos de acción' posibles, 'abiertos' ante nosotros, y que nuestra voluntad racional puede ser la causa de que uno de ellos, y no los demás, sea el que se lleve a efecto) es compatible, e incluso requiere, el indeterminismo físico (o sea, la tesis de que, al menos en ciertas situaciones, el estado de la naturaleza en el momento t, más las leyes físicas, determinan sólo una cierta distribución de probabilidad sobre los posibles estados de la naturaleza en el momento t+1). Hablé sobre esto ya en los inicios de nuestra singladura (así que pasen cinco años), y está recogido en la selección del blog Filosofía flotante, pero merece la pena insistir en el argumento.
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Parece intuitivamente obvio que, si uno defiende el libre albedrío, tendrá que aceptar la existencia de diversas alternativas posibles cuando se toma una decisión. ¿Y no es esto precisamente lo que dice el indeterminismo? Pues no: el indeterminismo no sólo dice eso, sino que dice que las leyes de la naturaleza, además de dejar varios 'caminos abiertos', determinan con qué probabilidad ocurrirá cada uno de ellos, o sea, con qué frecuencia ocurriría cada uno si la situación se repitiera un número elevado de veces. P.ej., supongamos que la situación es exactamente en la que yo estoy ahora, y que las opciones son que yo levante la mano izquierda o que levante la derecha. Supongamos, por mor del argumento, que, desde el punto de vista físico, que yo tome una decisión u otra depende de cierto evento cuántico que ocurre en mi sistema nervioso, con una probabilidad del 50 %, y que es tal que, si ocurre, levantaré la mano izquierda, y si no ocurre, levantaré la derecha.
libre albedrío, free will, determinism, indeterminism, determinismo, indeterminismo, libertad,
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Ahora bien, si la tesis del libre albedrío fuese cierta, eso querría decir que mi voluntad racional tiene la capacidad de elegir siempre (si así le pareciese) una de las opciones, p.ej., levantar la mano derecha. Es decir, la tesis del libre albedrío implica que yo tengo la capacidad de elegir siempre la misma opción en una situación dada. Es decir, la tesis del libre albedrío implica que mi voluntad racional tiene la capacidad de hacer que un evento, al que las leyes físicas dan un 50% de probabilidad de ocurrir, ocurra en un 100 % de las veces. Es decir, si la tesis fuera cierta, entonces mi voluntad racional podría generar una frecuencia de acontecimientos diferente a la frecuencia determinada por las leyes físicas. Es decir, mi voluntad racional podría violar las leyes físicas.
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Por lo tanto, la hipótesis del libre albedrío es incompatible con la hipótesis de que los acontecimientos de la naturaleza cumplen leyes, tanto si estas leyes son deterministas, como si son indeterministas.
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Sigue a bordo:
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Física cuántica y consciencia: desmintiendo el romance.
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Quanticum quanticorum.
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¿Es reducible la materia a la conciencia?
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Como el sol cuando amanece
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Mente (o lo que sea) y cerebro
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¿Por qué podemos resistirnos a aceptar el multiverso cuántico?
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27 de diciembre de 2012

COMO ES ARRIBA ES ABAJO, COMO ES ABAJO ES ARRIBA

De un comentario mío en Dialéctica y Analogía., en una entrada sobre el libre albedrío.

Permíteme dejar apuntados unos cuantos "avisos para caminante", que creo que conviene tener en cuenta si estás considerando escribir sobre este tema:
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1) no hay tal cosa como "causalidad inter-niveles"; o sea, ni hay "causalidad abajo-arriba", ni hay "causalidad arriba-abajo": la causalidad es siempre "de detrás a adelante", o sea, del pasado al futuro: un evento pasado causa un evento futuro. En qué nivel estén los dos eventos es irrelevante. La relación entre niveles no es de causalidad, sino de CONSTITUCIÓN: el carácter líquido del agua está CONSTITUIDO por el comportamiento de las moléculas, no está "causado" por este comportamiento. O dicho de otra manera: los distintos "niveles" son meramente DISTINTAS DESCRIPCIONES de un mismo hecho. El hecho de que las moléculas de agua contenidas en este vaso se muevan así o asá es el MISMO hecho que el hecho de que el agua contenida en este vaso es líquida, sólo que ese hecho está descrito mediante un 'pack' de conceptos diferente. La liquidez del agua no "causa" que las moléculas se muevan así o asá, ni al revés, sino que CONSISTE en que las moléculas se mueven así o asá.
libertad, libre albedrío, metafísica, superveniencia, emergentismo, causalidad, downward causation.
2) La relación de causalidad es una relación entre dos HECHOS DIFERENTES (el hecho X causa el hecho Y). Si es verdad que X causa Y, eso puede describirse tanto como "causalidad arriba-abajo", como "causalidad abajo-arriba" como "causalidad horizontal". Pues X puede ser descrito al nivel que queramos, y lo mismo con Y. Si X lo describimos en nivel molecular, e Y en nivel macroscópico, pues diremos que es un ejemplo de causalidad "abajo-arriba", pero si lo hacemos al revés, será un ejemplo de "causalidad arriba-abajo". Ahora bien, si X e Y no son DOS hechos DIFERENTES, sino el MISMO hecho descrito de dos modos diferentes, entonces X no es causa de Y ni Y es causa de X: simplemente, son el mismo hecho.
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3)En relación con esto: si estamos considerando la posibilidad de que yo hubiera decidido algo distinto de lo que he decidido Y ELLO HUBIERA DEPENDIDO DE MI DECISIÓN... ¿de CUÁL decisión estamos hablando? Supón que es mi decisión de levantar una mano u otra. El hecho de que yo levante la mano izquierda (Y) depende del hecho de que yo DECIDA levantar la mano izquierda (X). Podría haber levantado la mano derecha si hubiera decidido levantar la mano derecha. Pero, ¿podría haber DECIDIDO levantar la mano derecha? Tal vez, pero, ¿de qué otros HECHOS Z habría dependido eso? La causa Z de que yo DECIDA levantar la mano izquierda (X), ¿es el tipo de hecho que consiste en que una DECISIÓN? Me parece que no: la causa (o una de ellas) de que yo levante la mano izquierda es, ciertamente, un acto psicológico al que llamamos "decidir levantar la mano izquierda", pero la causa de ESTE acto psicológico tiene que ser OTRO hecho. ¿Acaso yo "decido DECIDIR levantar la mano izquierda"? ¿Y "decido DECIDIR DECIDIR levantar la mano izquierda"? ¿Y así hasta el infinito? Yo no sé tú, pero yo no tomo TANTAS decisiones.

9 de julio de 2010

¿PUEDE UN ANIMAL TENER LIBRE ALBEDRÍO? CHARLA EN RONDA

El próximo lunes día 12 de julio daré una charla en Ronda, dentro de los cursos de verano de la Universidad de Málaga, y en particular, en el curso titulado "Hombres y animales: ¿qué hemos aprendido desde Darwin?", dirigido por Antonio Diéguez.
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Mi charla versará sobre el tema del determinismo y la libertad, con el título (que en parte os sonará a los seguidores del blog): "Como el sol cuando amanece: ¿puede un animal tener libre albedrío?".
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Como en charlas anteriores, os cuelgo aquí la presentación en la que se basará.
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4 de marzo de 2010

MENTE (O LO QUE SEA) Y CEREBRO

(De un comentario mío en el blog Opus Prima; en cursiva, el texto de Joan que comento)
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Joan:
das a entender que... la libertad humana se explicaría completamente como un funcionamiento físico-químico de las neuronas
Bueno, para ser más exactos, lo que he argumentado en mi blog es más bien que la libertad NO EXISTE, sino que es una ilusión cognitiva (PARECE que podríamos haber elegido de manera diferente a como lo hemos hecho, pero es una APARIENCIA falsa: dadas las leyes de la física, nuestra decisión no podría haber sido otra... o, si las leyes son indeterministas, tal vez podría haber sido otra, pero por azar, no por influencia nuestra).
Al fin y al cabo, tú, yo, y los demás estamos totalmente de acuerdo en que la SENSACIÓN de libertad de elegir existe. Me parece obvio que el hecho de que tengamos esa SENSACIÓN no implica lógicamente que REALMENTE tengamos libertad; por lo que la demostración de que EXISTE la libertad tiene que basarse en algo DIFERENTE de las meras sensaciones subjetivas de lo que NOS PARECE que es "nuestra mente". Y el hecho es que todas esas explicaciones (al menos las que yo conozco, que son muchas) son INCOMPATIBLES con la tozuda realidad de que los átomos SÓLO pueden ser movidos por fuerzas físicas. Así que lo que hay que explicar es por qué NOS PARECE que tenemos libertad; mi respuesta favorita es que se trata de una ilusión inevitable para un sistema que funciona mediante la toma de decisiones (es decir, no podríamos tomar decisiones sin "sentir" que tenemos opciones... lo que no implica que las tengamos realmente).
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tu idea, que en el fondo es lo que sostiene el monismo reduccionista, es, científicamente hablando, aventurada cuando no quijotesca
No sé muy bien a qué te refieres con lo de "tu idea". Lo que afirmo es que el cerebro está hecho de materia, y la materia sólo se mueve según leyes físicas. Ahí no hay nada más que decir. Naturalmente, es un problema científico dificilísimo el AVERIGUAR cómo diantres se las apañan las conexiones neuronales para dar lugar unas veces a un soneto, otras a un puñetazo, y otras a aguantarse las ganas de hacer pis. Pero, insisto, IMAGINAR una realidad etérea SUPLIENDO la falta de una explicación DETALLADA del funcionamiento de las neuronas, sencillamente equivale a introducir una hipótesis contraria a las leyes de la física, y a DEJAR SIN EXPLICAR el meollo de la cosa, o sea, cómo diantres se las apañan las conexiones neuronales para hacer lo que hacen (y, además, no dejaría de ser curioso que las leyes de la física se violaran precisamente en el cerebro humano, y no en el hígado de los peces, o en los volcanes del Pacífico).
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Qué el cerebro es la última explicación de la conducta humana más que una reflexión filosófica y una demostración científica, es una creencia determinista
NOOOO: consiste sencillamente en saber un poquito de lógica y sacar las consecuencias lógicas del HECHO de que los iones sólo se pueden mover de un lado a otro por la FUERZA ELECTROMAGNÉTICA que genera la distribución de otros iones a su alrededor (y otras fuerzas por el estilo). Te repito, si descubres que hay ciertos iones en las sinapsis que NO OBEDECEN la ley de Coulomb o similares, sino que están misteriosamente movidos por algo así como "el alma", ganarás a la vez el premio Nobel de física, de química y de biología.
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la misma ciencia, en otras disciplinas, ha demostrado que esto no es así – el principio de incertidumbre, la mecánica cuántica matricial, la teoría entrópica, la teoría de la relatividad, etc
Que no es "así", ¿el qué? Ninguno de los descubrimientos a los que te refieres invalidan en absoluto el principio de conservación de la energía, ni dejan lugar a que un ion de potasio o de calcio pueda saltar de una neurona siguiendo una ley distinta que la Ley de Coulomb (o la ley cuántica de la que la ley de Coulomb es una aproximación precisa, o la ley física que se cumpla en ese caso).
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declarar vehementemente
Esperaría ese comentario de alguien menos dado a pronunciarse vehementemente. Cualquier análisis estilístico de tus textos y los míos dejaría bastante claro cuál es, de los dos, el que se pronuncia más vehementemente.
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si la conciencia no es más que un rasgo biológico del cerebro, la conciencia humana sólo es un fenómeno biológico como puede ser la fotosíntesis o la digestión
Como dijo Aquél: "tú lo has dicho". La pregunta es, ¿y qué tiene de MALO?
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¿qué me dices de la subjetividad, la reflexión, la intención, la libertad?
Sobre la libertad, ya te lo he dicho: me parece que es una ilusión cognitiva inevitable para un sistema que funciona mediante la toma de decisiones. Sobre la subjetividad, en mi opinión no tiene mucho que explicar: si te das un martillazo en un dedo, te duele a ti, no a mí (es decir, es "tu" dolor, es un dolor "subjetivo"), lo que significa sencillamente que es el estado cognitivo de ESTE sistema (el sistema orgánico en que consistes tú), y no de aquel otro (el sistema en el que consisto yo). Y sobre la reflexión y la intención, no veo cuál es el problema: se trata de procesos cognitivos; obviamente, desconocemos el DETALLE de cómo se las apañan las neuronas para generar ESOS procesos cognitivos, pero INVENTAR una entidad sobrenatural que tampoco tenemos ni puñetera idea de CÓMO produce las reflexiones, las intenciones, las decisiones, etc., y además, si aceptamos esa entidad, también tenemos que explicar de qué manera se relaciona LO QUE PASA EN LAS NEURONAS con lo que hace dicha entidad, no sólo NO resuelve el problema para el que te lo has inventado, sino que te CREA problemas nuevos.
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Esos procesos físico-químicos absolutistas [?????] que citas (....) tampoco son capaces de mostrar cómo funciona el cerebro humano como conjunto unitario en el proceso cognitivo, emocional y en la autoconciencia.
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De nuevo con una cita que te sonará: "¿cómo es que reparas en la brizna que hay en el ojo de tu hermano...?" A muuuuy poquito que repares en tu propia "explicación", te darás cuenta de que eso, no sólo NO explica "CÓMO funciona la mente de manera unitaria, emocional, etc." (o sea, te limitas a DECIR que funciona así, pero no EXPLICAS por qué, o sea, CÓMO SE LAS APAÑA la mente para hacerlo), sino que TAMPOCO EXPLICA por qué da la curiosa coincidencia de que PARA QUE LA MENTE FUNCIONE ASÍ, la pringosa materia del cerebro tiene que hacer un mogollón de cosas complicadas QUE TAMPOCO EXPLICAS CÓMO SE RELACIONAN CON LA MENTE.
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No hay duda que negar la dimensión espiritual del hombre o el hecho de afirmar que no es más que un producto de la evolución material es una mágica pretensión que no tiene nada que ver ni con la ciencia ni con la filosofía y, consecuentemente, con la verdad
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Hombre, Joan, te admito que negar la dimensión espiritual es algo sobre lo que se puede razonablemente dudar (aunque, ya digo, la ley de Coulomb es muuuy tozuda al respecto), pero de hay a decir que "¡¡¡no hay duda!!!" de lo que dices, es un ejemplo más de la "vehemencia" que me achacas a mí y no reconoces en ti mismo. Repito, conviene tomarse la pastilla del escepticismo por las mañanas, y salir a la calle con más dudas que ayer.
Por otro lado, insisto en que lo MÁGICO es afirmar que los iones saltan de una neurona a otra mediante un proceso diferente de las leyes físicas. La explicación materialista consiste, PRECISAMENTE, en preguntarse: "vamos a ver qué averiguamos sobre el mundo SIN PRESUPONER NADA DE MAGIA" (es decir, de violación de las leyes físicas). Afirmar que preguntarse ESO es lo que es "magia", es retorcer el significado de las palabras.
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En fin, Joan, piensa en esto, por favor:
hay aquí dos hechos relevantes: uno, que las moléculas del cerebro sólo se mueven por causas físicas; dos, que nadie sabe cómo se las apañan exactamente las neuronas para producir los fenómenos psicológicos.
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Lo que tú pretendes es que aceptemos una teoría según la cual HAY ALGO INMATERIAL que es lo que produce los fenómenos psicológicos. Pero esta teoría:
a) no aporta exactamente ninguna ganancia con respecto a la de que son las neuronas las que causan dichos fenómenos, porque, me reconocerás (a poco que valores el octavo mandamiento), que tu teoría TAMPOCO EXPLICA DE NINGUNA FORMA “CÓMO SE LAS APAÑA EXACTAMENTE ese “algo inmaterial” para producir los fenómenos psicológicos,
b) no explica cómo interactúa ese algo inmaterial con el cerebro, y
c) cualquier posible explicación de esa interacción violaría las leyes de la física (pues obligaría a moverse alguna molécula por causas distintas que el influjo físico de las que la rodean).
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Piensa más bien en otra posibilidad: Dios, en su total omnisciencia y omnipotencia, es perfectamente capaz de hacer que un pringoso cacho de carne reciba una dignidad superior, sin dejar de ser algo más que un mero pringoso cacho de carne ¿Vas a ser TÚ el que le OBLIGUE a Dios a tener que crear algo así como un ESPÍRITU INMATERIAL para que un mero organismo pueda ascender a la dignidad de ser hijo Suyo? Si Dios QUIERE que los seres humanos, aun siendo mera materia, SEAN sus hijos, y sean resucitados en otro mundo, no vas a ser tú quien se lo impida con tus remilgos hacia el materialismo. Si Dios te ha dado una razón para averiguar cómo funciona la naturaleza que Él ha creado, y esa razón te dice que la naturaleza funciona así (p.ej., obedeciendo tercamente la ley de Coulomb), ¡¡¡pues lo lógico es admitir con humildad que eso es así!!!, y si a ti te resulta difícil de encajar la espiritualidad y la trascendencia con ese descubrimiento científico, piensa (al tomarte tu pastilla de escepticismo de por las mañanas) que tal vez lo único que pase ahí es que la FORMA como Dios tiene de convertirnos en un ser trascendente sea INESCRUTABLE para nosotros (tanto si nos inventamos teorías dualistas, como si las negamos).

24 de agosto de 2009

COMO EL SOL CUANDO AMANECE (9)


De un comentario mío en el blog "Todo lo que sea verdad".

El principal error de quienes ven en la indeterminación cuántica un clavo ardiendo al que agarrarse en la defensa del libre albedrío es el siguiente: supongamos que mi decisión de ir o no ir al cine dependiera de si la función de onda de cierto electrón se colapsa en el estado A o en el estado B; si lo hace en uno de ellos, el electrón sale de la neurona por una sinapsis, y si lo hace en el otro estado, sale por otra sinapsis, desencadenando en cada caso una cadena de reacciones distinta, una de las cuales me conduce al cine, y la otra no. Ahora bien, decir que el colapso de la función de onda esta INDETERMINADO significa que no hay NADA que lo determine, o sea, que el hecho de que vaya por un sitio o por otro es TOTALMENTE AZAROSO (con una probabilidad dada por el propio estado de la función de onda previamente al colapso), o sea, que es estadísticamente independiente de CUALQUIER OTRO HECHO. Los defensores del libre albedrío mantienen en realidad DOS tesis diferentes: una, que nuestras decisiones NO están determinadas por nada ajeno a nosotros; y dos, que nuestras decisiones ESTÁN determinadas "por nuestra voluntad". Lo que dice la indeterminación del colapso de la función de onda es que esta función no se colapsa A CAUSA de ninguna otra cosa (sea "nuestra voluntad", o lo que sea). Más bien sucedería, en todo caso, lo contrario: nuestro DESEO de hacer una cosa u otra es el EFECTO, el RESULTADO, de que ciertos sucesos (cuánticos o clásicos) sucedan, no es la CAUSA de ESOS sucesos (aunque, naturalmente, es causa de OTROS sucesos que ocurren DESPUÉS).
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Más:
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.Quanticum quanticorum.
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13 de enero de 2009

"DIGNIDAD DE LA FE, DIGNIDAD DEL ATEÍSMO"


Muy interesante artículo del ilustre masón Javier Otaola hoy en El País, y muy conveniente para moderar el clima de conflicto que la campaña del Bus Ateo ha despertado en algunos grupos de creyentes... perdón, de adoradores de dioses).  Coincido con prácticamente todo lo que dices. El único punto que creo que es discutible es la tesis de que, cuando algo no es una evidencia, entonces sólo cabe ante ello la "apuesta". Creo que es un uso desacertado (aunque habitual) del concepto de "apuesta". Porque uno puede apostar precisamente SÓLO por aquellas cosas sobre las que es posible una evidencia que aún no tenemos; podríamos apostar a que hay vida después de la muerte, sí, pero es una apuesta injusta, porque si el que apuesta en contra de esa hipótesis tiene razón, nunca podrá cobrar su ganancia.
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Además, la fe no es una "apuesta" porque no hay absolutamente ninguna DECISIÓN VOLUNTARIA al creer; yo no puede "decidir" si creo que mañana es miércoles, o si creo que el Madrid va a ganar la liga. No soy DUEÑO de mis creencias, sino que ME ENCUENTRO con ellas (en cambio, una apuesta sí es algo que hago voluntariamente; si quiero, apuesto, si no, no). Uno puede pasar de creer a no creer (o viceversa) porque ciertos argumentos le han persuadido, pero no porque QUIERA. Yo, al menos, no puedo DECIDIR creer en la inmortalidad del alma durante la próxima media hora, y luego dejar de creer.

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[Discutímos aquí bastante sobre este tema al hablar del libre albedrío].
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Afirmar que la fe es el fruto de la voluntad es, me paree, sólo una estrategia retórica para que dé la impresión de que la fe es más valiosa (aunque no sé por qué tendría que serlo).
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Por último, entre la evidencia y la falta de evidencia hay múltiples grados: existen pocas cosas, relativamente, para las que tengamos una evidencia absoluta; de la mayoría (incluso en la ciencia), lo que tenemos son probabilidades, verosimilitudes, y creencias (no en el sentido de la fe, sino en el de "creo que me he dejado el móvil en casa"... no estoy seguro, pero es probable que haya sido así). Yo no tengo fe religiosa, entre otros motivos, precisamente porque creo que las tesis de las religiones son EXTRAORDINARIAMENTE INVEROSÍMILES (p.ej., que la mente siga existiendo cuando nuestro cerebro ha dejado de funcionar); sobra decir que no es algo por lo que yo "apueste", sino la conclusión a la que me lleva el conocimiento que tenemos sobre el mundo.

25 de agosto de 2008

SI LA LLEGA A METER...

Una reflexión sobre el libre albedrío, a cuenta de la heroica derrota de la selección española en la final olímpica de baloncesto de ayer:
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Si Carlos Jiménez llega a meter el triple que nos colocaba a tres puntos a falta de un minuto... podríamos haber ganado. Pero no entró.
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Una vez que Jiménez decide tirar, podía haber entrado, o podía no haberlo hecho, dependiendo de la puntería, de lo bueno que fuese el tiro (o eso pensamos).
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Un segundo antes, Jiménez decide tirar, pero podía haber decidido pasar el balón a otro compañero (o eso pensamos).
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En el segundo caso, los defensores del libre albedrío afirman que de hecho existen esas posibilidades, y que la persona "Carlos Jiménez" es la última responsable de elegir entre ellas, de hacer que una de ellas se realice y la otra no. Por tener justo esta capacidad, es por lo que decimos (o dicen, quienes creen en el libre albedrío) que Jiménez es responsable de hacer una cosa o la otra (tirar, o pasar).
AH, ÉSTE JIMÉNEZ NO.
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En el primer caso, parece más bien que está justo fuera del control de Jiménez el que, una vez que él ha decidido hacer y ha hecho todo lo que puede hacer para tirar lo mejor posible, el tiro le salga luego mejor o peor.
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Ahora bien, ¿no es Jiménez precisamente el responsable de que el tiro no haya entrado? Al fin y al cabo, "debía" haber tirado mejor. Pero, entonces, se puede ser responsable de que una cosa pase (o no pase), precisamente cuando no está en nuestra capacidad el hacer o el evitar que pase.
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Y, para aficionados a la metafísica: imaginemos un mundo en el que la decisión de tirar o pasar es un proceso determinista (y ningún "sujeto trascendental" es "responsable último" de la decisión, en el sentido deseado por quienes defienden el libre albedrío), pero en el que el hecho de que el tiro sea canasta o no, este hecho esté indeterminado por las leyes físicas (nada más fácil de imaginar), y en cambio haya un "sujeto trascendental" (el verdadero "yo" de Carlos Jiménez) que es el que hace que los músculos se tensen de tal manera que la bola entre (o no).
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Este mundo es tan imaginable como el mundo en el que el yo es el responsable de las decisiones, y tan compatible con la experiencia como él. ¿Qué tiene de malo para los defensores del libre albedrío? A lo mejor es el mundo que ha creado Dios, y se está riendo de nosotros.
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5 de junio de 2008

COMO EL SOL CUANDO AMANECE - CHARLA EN LA COMPLUTENSE (9 DE JUNIO)

Dentro del Coloquio Complutense "Lógica, Lenguaje y Ciencia", el próximo lunes 9 de junio daré una charla basada en la serie de este blog "Como el sol cuando amanece: la ilusión del libre albedrío". La charla será a las 16'00 h en la Facultad de Filosofía, Edificio B, Seminario B-011.
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La presentación en ppt de la charla puede descargarse en mi página.
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14 de marzo de 2008

COMO EL SOL CUANDO AMANECE - LA ILUSIÓN DEL LIBRE ALBEDRÍO (8)

Aprovechando que sigue la discusión sobre el libre albedrío en el blog de Iván Moreno, copio aquí mi última respuesta a su entrada "La libre decisión - garantía de ser" (espero que la garantía de mi coche sea más segura que esa). Puede consultarse ahí toda la discusión.

1) la moral no se "reduce" por consistir en "meros" sentimientos; ella es la que da valor a las cosas, así que no necesita "estar fundamentada en algo superior", porque, por definición, no puede haber (para cada uno) nada moralmente superior a la moral (de cada uno). No hay ningún criterio fuera de la propia moral que diga que una moral es "inferior" o "superior" por el hecho de venir de Dios o del gustirrinín.

2) Con independencia de que el determinismo sea verdadero o falso, lo que es falso de toda falsedad que uno elija su moral. ¡No puedes creerte en serio que tú tienes la maravillosa propiedad de poder decidir que durante los próximos treinta segundos te va a parecer cojonuda (pero de verdad, no sólo fingiendo que te lo parece) la moral de Hitler! (suponiendo que no te parezca buena ahora). ¡De veras que estás tan engañado por la idea de autonomía como para pensar que eres tan capaz de decidir eso como de decidir levantarte de la silla!
Uno no elige sus gustos (ni los morales, ni los gastronómicos, ni los sexuales); sólo los puede encontrar o educar (que no es lo mismo).

3) El remordimiento. ¿Pensabas que esto es una dificultad para un naturalista? La respuesta es más sencilla que rascarse la oreja. Explicar el sentimiento de remordimiento significa pura y simplemente explicar cómo hemos podido llegar a desarrollar la capacidad neurológica de experimentarlo. Como toda capacidad neurológica, es el fruto de la selección natural: aquellos de nuestros antepasados que experimentaban la sensación de remordimiento (o sea, los que se sentían jodidos cuando sus decisiones salían mal -luego te recuerdo con más calma por qué se pueden tomar decisiones aunque no exista el libre albedrío-) aprendían a tomar mejores decisiones que los que no sentían ese arrepentimiento, y ello les permitía reproducirse con mayor frecuencia. Es la misma explicación que la del dolor: quienes lo sentían, aprendían a huir de lo que se lo producía, mejor que quienes no lo sentían.
Así que es verdad que (te cito) "el remordimiento y la culpa proceden de la consideración de la existencia de la libertad", pero eso significa tan sólo que nuestros antepasados desarrollaron esa "consideración", no que la libertad que ellos sentían existiera realmente.
¡¡¡¿Por qué no te planteas la pregunta, obvia, de cuál puede ser la causa física de que nuestro cerebro perciba la libertad?!!! (o sea, ¿cómo notas que eres libre?). Piénsalo sin prejuicios, y llegarás a la conclusión de que no puede ser la propia libertad real la que causa que la notemos (¡magia potagia!), y que en cambio es muy lógico concluir lo que gana un homo erectus sintiéndose libre (y arrepentido).

4) Si yo pido perdón, no "apuesto" a que era libre. Uno suele pide perdón porque cree que era libre, o en todo caso, finge que lo era. Pero lo más habitual es que pidamos perdón por exactamente la misma razón por la que solemos hacer las demás cosas: porque pensamos que es lo que debemos hacer, o sea, porque experimentamos un sentimiento de obligación que nos impulsa a hacer eso (a costa de acosarnos con la sensación de remordimiento si no lo hacemos). O sea, todo puramente biológico, y tan mecánico como la digestión.

5) dices: "Si yo me creyera determinado, estoy seguro de que lo último que haría (aún determinado) sería intentar convencer a gente que yo creo determinada de que está determinada". Veo que sigues sin entender nada de qué es lo que significa e implica estar determinado. ¿Qué tiene que ver creerse determinado con desear unos cosas u otras, y obrar en consecuencia? Yo no dejo de comerme un bombón por creer que, si me lo como, estoy determinado a comérmelo.

6) Dices: "No pudiendo elegir entre fines, el fin se convierte en parte del sujeto del mismo modo que una átomo de carbono pertenece a un diamante. El diamante no decide poseer dicho átomo. El sujeto no elige el fin."
Repito: nadie elige los fines últimos, aunque todos elegimos los medios. Además, ¿qué tiene de malo que mis fines sean míos, como mi hígado?

7) Y de nuevo el gran error: "un ser humano determinado es simplemente un espectador: un humano determinado no es más que algo capaz de experimentar los sentimientos de una parcela minúscula de la realidad, cuyos actos vienen dados y determinados por las mismas leyes que todo lo demás."
Un ser humano parapléjico es un "mero espectador"; un ser humano jugando al fútbol, "actúa". TODA la diferencia que podemos establecer entre "ser un espectador" y "ser un actor" es la diferencia que EXPERIMENTAMOS cuando percibimos la diferencia entre "quedarnos quietos sin hacer nada" y "estar haciendo cosas".

Después sigues con el mismo error:
"El ser humano así no elige: cree que elige. El ser humano no actúa: cree que actúa. La complejidad del ser humano no lo hace un actor. Que sea autoconsciente tampoco.. Pues bien, ESTO es lo que es completamente ridículo: lo que PRECIBIMOS que hacemos cuando NOS PERCIBIMOS actuando, ESO es "actuar". Así que, aunque estemos determinados porque no podemos evitar ser nada más que un (maravilloso, por otra parte) conglomerado de moléculas sometidas a las leyes de la física, SÍ QUE ACTUAMOS. En ESO que notamos cuando decimos que actuamos consiste nuestro actuar (más sus causas físicas, que no percibimos, claro está).
Decir que el ser humano no elige si está determinado, tiene LA MISMA LÓGICA que decir que un pino no es un pino aunque absolutamente todo lo que percibamos en él parezca un pino. Si todo lo que percibimos en nosotros es que actuamos, ESO es a lo que llamamos actuar (salvo que, en tus sueños de visionario, imagines un mundo en el que "las elecciones son verdaderas elecciones"... Pero, ¿qué tienen de "verdaderas", o mejor, qué tienen de "elecciones", si sólo has aprendido POR LA EXPERIENCIA que existen unas cosas que se llaman elecciones).

8) Por último, ¡claro que el razonamiento moral presupone el libre albedrío! (si no fuera por eso, no lo estaríamos discutiendo). Lo que yo digo es que, una vez que nos damos cuenta del maravilloso hecho de que somos conglomerados de moléculas, vemos que ese concepto (el de libre albedrío) es una ficción subjetiva. El razonamiento moral se basa en una presuposición falsa (obviamente no hace falta que los razonamientos prácticos se basen en premisas verdaderas siempre, ni siquiera en general; ójala lo hicieran más a menudo). ¿Y qué? ¿Deja de parecernos cruel la tortura por ello? ¿Dejan de despertar sentimientos de solidaridad algunas cosas por ello? ¿Dejas de sentirte bien cuando actúas bien, y mal cuando te hacen una putada? ¿Qué más quieres para que haya moral? Ni siquiera puedes EXPLICAR, y mucho menos MOSTRAR, qué es ese "más" que quieres.

Salud.
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14 de febrero de 2008

CIENCIA COGNITIVA - REVISTA ELECTRÓNICA DE DIVULGACIÓN

Simultáneamente con la botadura del Otto Neurath, se echó a flote también otro barco aventurero por el océano proceloso de la divulgación: la revista electrónica Ciencia cognitiva. Entre otras de sus muchas virtudes, algunos de sus responsables son amiguetes. Así que, hala, a leerla (¡y a escribirla, que piden colaboraciones!).
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Por su relación con el tema que tratamos en las entradas sobre el libre albedrío, es muy recomendable en particular este breve artículo de Toni Gomila.
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17 de enero de 2008

COMO EL SOL CUANDO AMANECE - LA ILUSIÓN DEL LIBRE ALBEDRÍO (7)

RECAPITULANDO

Las discusiones suscitadas por las últimas entradas de esta serie han sido sumamente profundas e interesantes. Lo malo es que, como han sido tan largas, es probable que muchos de vosotros os las hayáis perdido. Así que dedicaré esta entrada a resumir los principales puntos que defendía en esos "combates cuerpo a cuerpo" (si las magulladuras me lo permiten). Iremos etiquetando estas tesis continuando la serie anterior:

I) lo único que nuestra experiencia cotidiana nos muestra sobre nuestras decisiones y acciones es lo siguiente (en los casos en que podemos hablar con mayor propiedad de "elecciones voluntarias"; omito "actos impulsivos" y cosas así):
1) imaginamos varias acciones alternativas,
2) asociamos cada una de esas acciones con las consecuencias que cabe experar de ellas,

3) anticipamos una mayor o menor satisfacción por disfrutar esas consecuencias, de insatisfacción por sufrirlas (incluyendo todo tipo de satisfacciones, entre ellas la "satisfacción moral"),
4) deseamos realizar una de esas acciones,
y
5)
de manera inmediata, nuestros músculos se mueven de tal manera que esa acción se comienza a realizar (con o sin éxito).

La tesis siguiente es una reflexión sobre ésta, en combinación con la tesis de Hume sobre la causalidad:

J) no percibimos de ningún modo el carácter "activo" de la voluntad. Sólo percibimos que ciertos movimientos musculares (y ciertas representaciones mentales: imágenes, pensamientos, recuerdos) van regularmente a continuación de nuestro deseo de realizarlos.

K) aprendemos el significado del concepto de "acción", "actuar", "decisión", "voluntad", etc., exclusivamente a partir de nuestra experiencia de las acciones que llevamos a cabo: "actuar" es "ese tipo de cosas que hago cuando juego al fútbol, doy un paseo, escribo..." (en contraposición a "observar", que significa el tipo de cosas que hago cuando veo un partido de fútbol, me llevan de paseo en una silla de ruedas, etc., todo lo cual podría "hacerlo" estando tetrapléjico, p.ej.).

L) por lo tanto, no tiene sentido la afirmación de que "si el determinismo es correcto, entonces cuando actuamos y decidimos, en realidad no actuamos y decidimos". Esta afirmación equivale a "el tipo de cosas que hacemos cuando jugamos al fútbol -etc.
-, no es 'en realidad' el tipo de cosas que hacemos cuando jugamos al fútbol -etc.-". "Actuar" y "decidir" significan precisamente lo que experimentamos que hacemos al jugar al fútbol. Quien critica el determinismo añade al concepto de "acción" y "decisión" algo que es totalmente superfluo (algo que no está en la lista de la tesis I), y que nuestra experiencia no nos muestra ni nos puede mostrar de ninguna manera.

Por último, respecto a las implicaciones éticas (es decir, filosóficas; no confundir con "morales"):

K) desde una perspectiva empirista, sólo tiene sentido valorar una situación más que otra si existe algún medio de distinguir por la experiencia si estamos en una situación o en la otra. Lo contrario es pura mitología. Si la diferencia entre dos situaciones "no se nota", entonces deberíamos darle la misma valoración a las dos. Por tanto, dos mundos que fueran iguales en el sentido de la tesis I), y que se diferenciaran porque en uno de ellos nuestras acciones son 'meramente' el resultado del movimiento de los átomos, mientras que en el otro fueran el resultado de una "voluntad libre y autónoma" (en sentido metafísico), tendrían para nosotros exactamente el mismo valor.

Como el sol cuando amanece (1) * Como el sol cuando amanece (8)
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13 de enero de 2008

INSTINTOS BÁSICOS

INTERMEZZO: PINKER Y EL INSTINTO MORAL

Como intermedio de nuestra discusión sobre el libre albedrío, podemos dedicar un tiempo a leer el artículo de hoy de Steven Pinker en el New York Times, sobre "El instinto moral" (pinchad en la foto). Buenísimo.

6 de enero de 2008

COMO EL SOL CUANDO AMANECE - LA ILUSIÓN DEL LIBRE ALBEDRÍO (6)

CAUSALIDAD Y EXPLICACIÓN
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Gran parte de los comentarios de las últimas entradas de esta serie se han referido a la cuestión de cómo puede ser una "voluntad libre" la causa de ciertos efectos (mis decisiones, mis acciones). El objetivo de la entrada anterior (y también el de algunas de mis respuestas a los comentarios) era mostrar que hay algo de erróneo, o al menos de incompleto, en la idea de "una voluntad causando mis decisiones": la decisión es un hecho, y debe tener como causa (es decir, como aquello que permite explicar por qué he tomado esa decisión en vez de otra) algún otro hecho, o sea, algo que pueda describirse con un enunciado, un enunciado lo suficientemente rico, insisto, como para poder explicar por qué ha sido esa la decisión que he tomado, y no otra. Quienes defienden la existencia de una "voluntad libre" deben imaginársela como una esfera perfectamente homogénea, o algo así, en cuyo interior no hay nada que ver, y de la que surgen movimie
ntos en una dirección o en otra, según sea la decisión que toma. Es decir, se fijan en la imagen de algo "espontáneo", algo así como "el comienzo incausado de una serie de causas naturales" (que diría Kant). Pero es absurdo decir que una decisión libre es "incausada": precisamente uno delibera antes de tomar una decisión -cuando lo hace-, porque quiere que la decisión sea "razonada", que se pueda explicar por qué ha tomado esa decisión en vez de otra. Una decisión "sin causa" es más bien un capricho, un antojo, que es la forma en la que se dice que tienen los deseos los animales "inferiores" (los que no saben "dar razón" de sus decisiones). Así que la cuestión vuelve a ser: "¿qué pasa en mi voluntad -sea ésta lo que sea- que hace que yo decida A en vez de B?", o bien, "¿qué es lo que hago cuando tomo una decisión?" (además de "existir", claro).
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Pero basta de resumen. A lo que voy en esta entrada es a analizar el concepto de causa. En realidad, simplemente voy a "parasitar" el análisis más convincente que hay (desde mi punto de vista, claro), el del filósofo escocés David Hume (1711-1776), santo patrón de todo empirista que se precie (de hecho, en la cabina de mando del Otto Neurath llevamos una estampita de Hume, que dicen que trae suerte en las tempestades).
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La tesis de Hume es muy sencilla. Cuando decimos que A causa B, podemos querer decir varias cosas, pero al menos queremos decir que siempre que ocurre A, va acompañado de B; digamos, que hay una conexión regular entre A y B. Desde luego,
esto puede parecer poco; al fin y al cabo, A y B podrían haber estado conectados "por pura casualidad": ¿cómo podemos saber que no ha sido así, sino que hay una conexión "verdaderamente causal" entre ambas cosas? Lo que dice Hume es que la única respuesta a nuestro alcance a esta pregunta es: observando muchas más veces A, y comprobando si vuelve a ocurrir B, es decir, ampliando la experiencia que teníamos sobre A y B, no buscando una conexión diferente.
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Hume expresaba esto criticando la idea de que "el hecho de que A sea la causa de B" signifique (además de que hay una conexión regular empíricamente dada entre A y B) que haya una conexión necesaria entre A y B (por ejemplo, entre el fuego y el calor). Además de "conexión necesaria", podemos decir "conexión ontológica", o "metafísica", o "racional", o "profunda". No podemos, dice Hume, tener ninguna experiencia de esa "conexión necesaria": lo único que nos dice la experiencia es que A va seguido de B, no nos dice "por qué". Naturalmente, la investigación empírica nos puede mostrar que A está constituido físicamente de cierta manera (p.ej., átomos en rápido movimiento) y que esos constituyentes producen ciertos efectos (p.ej., los átomos transmiten su movimiento al de los cuerpos vecinos), pero esto sólo lleva el problema a un nivel más bajo: no observamos por ningún lado la "necesidad" de que los átomos transmitan
el movimiento a los vecinos.
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Así pues, cuando en la ciencia se dice que "no sólo hemos observado que A va seguido de B, sino que hemos conseguido explicar por qué", lo que se está diciendo en realidad es que, hemos visto que A está constituído por A', B está constituído por B', y observamos que A' va seguido siempre por B'. O dicho aún de otra manera: cuando en la ciencia se explica algo, no se está substituyendo una "mera" regularidad por algo que es "más fuerte" que una regularidad, sino que se está deduciendo una regularidad empírica (la de que A va seguido de B) a partir de otra regularidad empírica de mayor generalidad (la de que los constituyentes de A y B se comportan de tal o cual manera, tanto cuando están en A y en B, como cuando están en otras cosas). En la ciencia, por tanto, sólo hay descripciones, y, por supuesto, muchas deducciones matemáticas a partir de ellas.
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Podemos resumirlo en las siguientes tesis:
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G) CUANDO DECIMOS QUE UN HECHO A CAUSA OTRO HECHO B, LO ÚNICO QUE QUEREMOS DECIR ES QUE A VA SEGUIDO DE B DE UNA MANERA SISTEMÁTICA, ES DECIR, SEGÚN CIERTA REGULARIDAD [QUE PUEDE SER DE ACUERDO CON UNA REGULARIDAD ESTADÍSTICA].
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H) EXPLICAR UN HECHO CONSISTE SÓLO EN DESCRIBIR LAS REGULARIDADES DE LOS PROCESOS QUE SUBYACEN A ESE HECHO.
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Lo importante para el caso del libre albedrío (ya discutiremos otras consecuencias en otras ocasiones) es que sólo podemos hablar de causalidad cuando tenemos una conexión regular y sistemática entre varios fenómenos (de hecho, es
absurdo hablar de una "regularidad" refiriéndose a una única cosa, sin distinguir ni siquiera sus partes, o sus estados en momentos distintos del tiempo), y sólo cuando todos esos fenómenos pueden ser determinados empíricamente de alguna manera. Si la causa de B fuera totalmente inobservable (ni directa, ni indirectamente), no tiene sentido postular una "causa" A de la que B sea efecto, porque no tendríamos ninguna manera de mostrar que lo es. Es como si decimos que la causa de las tormentas es que Zeus se enfada, pero que no es posible saber absolutamente nada de Zeus, salvo que está enfadado cuando hay tormenta (y sólo en esos casos).
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Una postulación así tendría dos problemas. En primer lugar, el problema más obvio, ¿cómo averiguamos que tenemos razón? Recordemos que, para estar más seguros de que A es la causa de B, lo que hay que hacer es repetir muchas (más) veces A y ver si siempre se sigue B (o repetir muchas más veces los experimentos con los constituyentes de A, aunque sea en otros fenómenos, y ver qué pasa). Por hipótesis, no podemos observar a Zeus, así que esta vía nos está prohibida.
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La única alternativa que le queda al defensor de Zeus es decir: "yo acepto que él (y su estado del humor) es la causa de las tormentas, porque es un acto de fe para mí; al fin y al cabo, tú también aceptas que A seguirá dando lugar a B por un acto de fe, ya que la experiencia sólo te muestra que, hasta ahora, eso ha sido así". Quien piense que esto es una crítica a la teoria de Hume no puede equivocarse más: ¡esto es lo que afirma Hume, precisamente! La experiencia no nos muestra que hay una conexión regular permanente entre A y B, sino sólo que hasta ahora (o mejor, en los casos que hemos observado) la ha habido. ¿Por qué creemos que la seguirá habiendo? (Este es "el problema de la inducción"). Hume reconoce que a esta pregunta no puede dar respuesta, y simplemente constata que tendemos instintivamente a creer que, si una cosa ha ocurrido regularmente de cierta manera, seguirá ocurriendo así, pero esta creencia no se basa en ningún principio racional (sería igual de "racional" -y a lo mejor hasta más divertido- un mundo en el que las leyes de la naturaleza cambiaran cada mes al azar), sino que es una creencia institiva. Si hubiera conocido la teoría de Darwin, seguro que habría pensado que era una creencia evolutivamente beneficiosa (en un mundo en el que las regularidades han sido relativamente constantes, habrá sido también beneficioso desarrollar la capacidad de proyectar al futuro esas regularidades; naturalmente, esto no implica que dichas regularidades seguirán dándose, sólo que es probable que nos dejemos de reproducir si las regularidades cambian mucho).
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Uno puede "decidir libremente" que va a tener creencias contrarias a lo que la inducción empírica nos muestra (pero se equivoca al menos en una cosa: no decidimos qué creer, la causa de que lo creamos no es una decisión). Ahora bien, Hume, buen conocedor de la naturaleza humana, piensa que, en el fondo, el instinto de aceptar lo que viene dado por la experiencia es más fuerte que cualquier otro (¡qué le vamos a hacer, era un Ilustrado!), así que, en el fondo de su corazoncito, quien cree que la causa de la tormenta es la ira de Zeus, sabe que no debería creerlo.
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Pero hablé de un segundo problema con lo de Zeus. La cuestión no es sólo que no hay forma de verificar aquella hipótesis (me)teo(ro)lógica, sino que, diría Hume, no tenemos claro qué quiere decir que la ira de Zeus cause la tormenta. Ya que la conexión entre ambas cosas no es la "observar que lo primero va seguido de lo segundo", ¿qué conexión es? ¿Qué nos imaginamos que pasa cuando "la ira de Zeus causa la tormenta"? Como se ve, este es, en el fondo, el problema con el que empezábamos la entrada: ¿qué pensamos que pasa cuando decimos que "mi voluntad causa mi decisión de ir al cine"? Personalmente, pienso que lo que pensamos es nada más que mi decisión no ha sido forzada, sino que "ha salido de mí", pero yo no observo ese "mí" del que ha salido, ni observo "cómo" ha salido; lo único que yo percibo es a mí mismo decidiendo ir al cine, y como no percibo "el fondo del proceso", es decir, sus causas, me creo que el proceso no tiene causa. Pero estaríamos apañados si aplicáramos esa política a cualquier cosa: en general, las causas de los fenómenos están "ocultas", y hay que echarle mucho talento, ingenio y esfuerzo para desvelarlas empíricamente. Tampoco se sabía por qué el sol brillaba, por qué las hojas son verdes, ni por qué los días son más cortos en invierno, pero nos esforzamos por averiguarlo y encontramos respuestas satisfactorias empíricamente. ¿Por qué habría de ser diferente con nuestras decisiones?


Como el sol cuando amanece (1) * Como el sol cuando amanece (7)

29 de diciembre de 2007

COMO EL SOL CUANDO AMANECE - LA ILUSIÓN DEL LIBRE ALBEDRÍO (5)

AUTONOMÍA Y CAUSALIDAD (EL MEOLLO DE LA COSA)

Seguiré discutiendo en esta entrada la idea de "autonomía" (o debería decir, mejor, "espontaneidad"), que es central en la concepción de quienes defienden la existencia del libre albedrío. La autonomía, resumo, consiste en el hecho de que nuestras acciones son "nuestras" en un sentido en el que no lo son las cosas que le pasan a nuestro organismo (e incluso a nuestra mente): "dependen de nosotros, de nuestra voluntad", y más en particular, dependen de nuestra voluntad racional, es decir, esas decisiones nuestras pueden ser la conclusión de un argumento, de una deliberación.
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Ahora bien, ¿qué quiere decir que la causa de una decisión mía sea yo? Por ejemplo, estoy dudando si irme a acostar temprano, o quedarme escribiendo en el blog, y finalmente decido lo segundo. ¿Cuál ha sido la causa de mi decisión? ¿Puedo haber sido "yo"?
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Esta posible respuesta encierra una grave confusión categorial (al menos entendida literalmente), que podemos poner al descubierto con la siguiente tesis de nuestra serie (a este paso, se nos va a terminar el alfabeto):
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F) LA CA
USA DE UN HECHO, SIEMPRE ES ALGÚN OTRO HECHO (y no un "agente", pongamos).
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Para apreciar las consecuencias que tiene esta tesis para el concepto de libertad, conviene fijarnos en varios de los conceptos que contiene: "causa", "hecho", y "otro".

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Empezaré por el concepo de "hecho". Lo
importante es tener en cuenta que una decisión es un hecho, algo que ocurre, algo que puede describirse con una oración que puede ser verdadera o falsa, y que sucede en un determinado momento. Pero, ¿cuál es el hecho en el que mi decisión consiste? Por lo que vimos en las entradas anteriores, este hecho ocurre en mi cerebro, pues consiste en una cierta actividad de mis neuronas, obviamente, pero, además, ese hecho está representado en mi cerebro: yo percibo mi decisión. Esta percepción o representación es un segundo hecho neuronal, que tiene lugar también en mi cerebro. Igual que cuando yo veo el ordenador que tengo delante, no es el ordenador lo que veo, sino la representación que el cerebro se forma de él (verlo es construir esa representación; recuérdese la entrada sobre el tema de la percepción que escribí en octubre), de igual modo, digo, lo que yo percibo de mi propia consciencia al tomar la decisión no es el tomar la decisión, sino la forma como mi cerebro (otra parte de mi cerebro) se representa el acto de decidir. Y gran parte de las confusiones sobre el libre albedrío se deben, como hemos visto en entradas anteriores y sus comentarios, a que hemos atribuido a la decisión real las cualidades "fenomenológicas" que colorean la decisión representada.
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Pero lo importante ahora es que, tanto mi decisión como mi percepción de mi decisión son hechos, que consisten en ciertos patrones de actividad de mis neuronas. La pregunta es, ¿cuál es su causa?
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Mi percepción de la decisión es, obviamente, incompleta. Igual que cuando veo el ordenador, no veo todas sus moléculas, ni la electricidad que circula por él, cuando percibo mi decisión real no percibo todos los elementos que realmente la constituyen; más bien, mi percepción es una representación construída con elementos que parecen estar diseñados evolutivamente para facilitar el proceso de deliberación, el cual se basa, entre otras
cosas, en la atribución de responsabilidades. Yo percibo el mundo, sobre todo el mundo social, incluyéndome a mí mismo, como formado por "actores espontáneos", en los que las acciones "surgen de dentro", que están "vivos", diríamos. Es lo que los psicólogos evolucionistas llaman la "teoría de la mente".
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Pero, ¿cómo puede funcionar un "actor espontáneo"? Mi decisión, que es un proceso físico-químico, una cierta configuración de corrientes eléctricas en mi red neuronal, es un HECHO, y debe tener una causa QUE SEA OTRO HECHO, NO UN "AGENTE". La causa de que se rompa este cristal no es la piedra que lo ha golpeado, sino el HECHO de que la piedra lo ha golpeado.
La causa
de que llueva no es la nube, sino el HECHO de que la temperatura en la nube ha descendido hasta el límite en que las gotas que se condensan no pueden mantenerse flotando en la corriente de aire. A todo hecho le corresponde como causa otro HECHO.
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Así pues, la causa del hecho de que la electricidad circule por mis neuronas de una manera determinada (en la que consiste mi decisión) será algún o algunos otros hechos: básicamente, la forma en que la electricidad circulaba previamente (mientras deliberaba), la forma en la que mis circuitos neuronales estaban desarrollados, y la forma en la que mis sentidos eran estimulados por factores externos (generando nuevas corrientes eléctricas en mi cerebro). A su vez, cada uno de estos hechos te
ndrá una causa anterior, o varias.
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Es importante también la idea de que la causa de un hecho siempre es otro hecho (o, más generalmente, otros): ningún hecho físico puede "causarse a sí mismo", pues la causa es siempre anterior al efecto. Nuestra sensación de que "el yo" permanece constante en el tiempo choca con el hecho de que mi cerebro está cambiando permanentemente.
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¿Qué queda de la idea de espontaneidad, pues? Por un lado, queda la noción de que la autonomía es un concepto aplicable a nuestra representación de las decisiones, más bien que a
las decisiones mismas. Hacerme pensar en "sujetos autónomos" (y pensar que yo soy uno de ellos), ha sido un buen truco de la evolución para regular mi actividad cerebral.
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Por otro lado, queda también el hecho de que el cerebro es un sistema complejo, en el que los estímulos externos no producen de manera "lineal" un efecto siempre igual, de manera determinista, sino que el estímulo producirá sus efectos según cuál sea el estado en el que el cerebro se encuentre cada vez (igual que el mismo disco sonará distinto cuando se ponga en tocadiscos mejores o peores, sólo que la diferencia será mucho mayor en el caso del cerebro). Nuestras
acciones y decisiones dependen en gran medida del estado previo de nuestro cerebro, y como este estado cambia mucho de un momento a otro, es por eso que "en idénticas circunstancias el ser humano puede comportarse de maneras muy distintas"... sólo que las circunstancias no son idénticas, cuando tenemos en cuenta que el estado del cerebro también forma parte de ellas. Nuestras decisiones son "espontáneas", así, en el mismo sentido en que podemos decir que de una semilla brota la planta "espontáneamente" (no hay un duende tirando de las hojas, por así decir). Esto no quiere decir que la germinación de la semilla sea un proceso rebelde a las leyes naturales, sino que la semilla está constituída de tal manera que los procesos físicos que ocurren en su interior producen el mismo resultado en una gran cantidad de ambientes (aunque en otros no), por lo que no podemos ver "fuera" de la semilla fuerzas que "la obliguen a germinar".
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Nuestras decisiones, por tanto, "surgen de nosotros", pero no de un "sujeto metafísico subyacente, permanente e intemporal", sino que surgen sencillamente del estado físico en el que nuestros complejos cerebros se hallaban justo antes de que tomaran la decisión (el cual estado, a su vez, surgió del que le precedió, etc., etc., todo ello con la correspondiente contribución causal de los necesarios y aleatorios estímulos externos que hayamos ido recibiendo a lo largo de nuestra vida).
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En conclusión (por hoy): cuando se dice que el ser humano es libre porque "él es la causa de sus propias acciones", se está cometiendo un grave error categorial. La causa de una acción (que es un hecho) no puede ser nunca un "sujeto", un "individuo", una "entidad", más que si con ello queremos abreviar la expresión, más larga y engorrosa, "la causa de la decisión de Fulanito era el estado en que se hallaba Fulanito antes de tomar la decisión". Pero "Fulanito", entendido como un sujeto unitario, no puede ser la causa de nada, pues los hechos siempre son el resultado de otros hechos.
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O dicho aún de otro modo, tal vez más didáctico: la causa de algo que pueda ser descrito con una oración, no puede ser más que otra cosa que pueda ser descrita con una oración (o varias), no con algo que pueda ser descrito
exclusivamente con un sustantivo.

Como el sol cuando amanece (1) * Como el sol cuando amanece (7)
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21 de diciembre de 2007

COMO EL SOL CUANDO AMANECE - LA ILUSIÓN DEL LIBRE ALBEDRÍO (4)

AUTONOMÍA Y CAUSALIDAD (aperitivo)
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Muchos de los comentarios en las entradas anteriores tienen que ver con la causalidad, insisten en la cuestión de cómo influye sobre nuestra libertad el hecho de que nuestro organismo sea un sistema sometido a las leyes físicas. Otros comentarios se refieren más bien al concepto de autonomía, el hecho de que las decisiones sean fruto de nuestra racionalidad. Naturalmente, ambos conceptos están relacionados; un sistema filosófico como el de Kant se levantó (con gran éxito de público, aunque paradójimanete no tanto de "crítica") para intentar hacer compatibles ambos ámbitos de "racionalidad": el mundo objetivo, empíri
co, sujeto a leyes físicas que la investigación racional puede descubrir, y el mundo subjetivo, mental, sujeto a otro tipo de leyes, el de los principios de la razón, a los que nuestra razón se sujeta inevitablemente. El problema filosófico de la libertad, o del libre albedrío, viene precisamente de la aparente incompatibilidad de estos dos ámbitos, aunque ambos sean requisitos irrenunciables de nuestra racionalidad.
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Nosotros experimentamos la gran diferencia entre
nuestro comportamiento y el de los objetos materiales: éstos obedecen las leyes físicas "ciegamente", pasivamente. La piedra cae, las cargas eléctricas se atraen, el agua se evapora... todo esto son cosas que "les pasan" a la piedra, a las cargas eléctricas, y al agua; no son cosas que ellos hagan. Los seres humanos, en cambio, aunque también vemos que hay cosas que "nos pasan" (se nos cae el pelo, nos salen granos, nos hacemos papilla si caemos desde un décimo piso...), también vemos que hay hechos que ocurren porque son el resultado de nuestra voluntad. Son acciones, y por eso nosotros somos agentes, sujetos activos, y no meros objetos pasivos. Esta actividad es el primer elemento de nuestra autonomía.
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Si comparamos a los seres humanos, no con los objetos, sino con los animales, las diferencias ya no son tan grandes: ellos también hacen cosas porque les da la gana (preciosa expresión, que muestra que quien actúa en la decisión voluntaria no eres tú, sino la gana: la gana es quien "te" da, no eres tú el que "le da" a tu gana). Por otro lado, también podríamos decir que el resto de los seres vivos (plantas, bacterias,
etc.) tampoco son totalmente pasivos como los objetos, pues "hacen" cosas, aunque no voluntariamente (florecen, se reproducen, crecen, etc.). Esta última diferencia no está tan clara, de todas formas, porque, al fin y al cabo, podemos decir que esas "acciones" de las plantas y bacterias no son más que reacciones químicas muy complicadas, y tienen la misma espontaneidad que otras muchas reacciones químicas inorgánicas. (Hay un gran mito entre los negadores del materialismo, que afirma que la materia es "inerte"; nada más lejos de la realidad: la materia es fundamentalmente activa, los electrones no paran de moverse y de interactuar con otras partículas, los fotones no digamos, las estrellas generan enormes explosiones termonuclearess, los elementos dan lugar a compuestos y reacciones químicas, etc.; toda la realidad física es "pura actividad").
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Claro, que siguiendo por este camino, podemos también decir que los anima
les no son, a fin de cuentas, otra cosa que reacciones químicas muy complicadas. O, dicho de modo más preciso: es cierto que los animales (algunos) tienen voluntad, pero esta voluntad es un tipo peculiar de reacción química (la que constituye las redes neuronales). Con respecto a esta voluntad, cabe decir lo mismo que decíamos en la entrada anterior: hay que distinguir con toda claridad entre lo que la voluntad es (esas reacciones químicas en mi cerebro) y lo que yo experimento al experimentar la voluntad (digamos, las ganas), y el parecido entre ambas cosas no tiene por qué llegar a que su contenido fenomenológico sea idéntico.
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Hasta aquí no hemos visto nada, por tanto, que suponga un verdadero desafío para el materialismo y el determinismo. Pero la diferencia entre los seres humanos y los otros seres vivos, la diferencia que le preocupaba a Kant, va más allá del come-come de las ganas. La diferencia principal que hace que nosotros consideremos nuestras acciones como acciones, y no como "meros" resultados de reacciones físico-químicas, tiene que ver con el hecho de que nuestras acciones (y nuestros pensamientos también) las experimentamos como resultado de una deliberación, es decir, las acciones (y en parte nuestros pensamientos) no sólo proceden de "causas", sino de "razones".
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En estas deliberaciones, las "ganas" desempeñan un papel importante, por supuesto (son una cierta clase de "razones", muy potentes a veces), pero no son lo único, y no actúan de modo mecánico, como las fuerzas que empujan un cuerpo en varias direcciones y se combinan de acuerdo con la ley del paralelogramo. Las "razones" son nuestras en un sentido en que no lo son las fuerzas que nos empujan, por mucho que se combinen en nuestro cuerpo para formar una sola. Y es este actuar "por razones" en lo que consiste básicamente la autonomía.
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El problema para el materialismo es, por tanto: ¿cómo puede un sistema físico "actuar por razones"? No es un problema insoluble necesariamente, pero hay que reconocer que es difícil. En el fondo, los materialistas confiamos en el argumento de que, de hecho, el ser humano es un objeto físico (¿qué otra cosa si no? ¿y cómo, si no, iba a afectar nuestra deliberación al dedo que aprieta la tecla?), así que sabemos que alguna solución debe haber, y si no la encontramos, es más probable que ello se deba a que el cerebro es sumamente complicado (a lo mejor lo es tanto que no puede comprenderse a sí mismo), que a que haya algo "además" del cerebro que sea el "lugar inmaterial" de nuestra voluntad racional.
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En fin, dejemos la pregunta en el viento, tal vez hasta después de Navidad (que hay que ir a comprar el turrón).
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