3 de noviembre de 2007

ESTA REFORMA DEL BACHILLERATO, ¿SERVIRÁ PARA ALGO?

[VAMOS A VER CUÁNDO PUEDO COLGAR ESTA ENTRADA, PORQUE NUESTRA BUENA AMIGA "TELEFÓNICA" ME TIENE TODO EL DÍA CON LA CONEXIÓN ADSL POR LOS SUELOS, LO QUE SUCEDE CON DEMASIADA FRECUENCIA; ¿ME PASA SÓLO A MÍ, O ES ALGO GENERAL? ¿FUNCIONAN MEJOR OTRAS COMPAÑÍAS?]

En los años que fui profesor de filosofía en secundaria (de 1988 a 2002) lo que más me gustaba era improvisar en las clases. Montábamos un debate socrático, y todos los temas habidos y por haber, tanto "de ciencias" como "de letras", pasaban por allí. Recuerdo que una vez unos alumnos me preguntaron extrañados que cómo era que sabía tantas cosas (no es que supiera tantas, en realidad, lo que pasa es que eran fáciles de impresionar, por lo que se veía). Tras pensar un poco en
ello, les respondí: "porque lo estudié en el bachillerato". Más tarde me di cuenta de que esto no era muy exacto, pues muchas de las cosas que les contaba las sabía por mis lecturas, no por haberlo estudiado en el instituto, pero en el fondo sabía que les había dicho una importante verdad: lo que aprendí en el bachillerato (el BUP y el COU, no necesariamente mejor que lo que tenemos ahora) fue lo que me dio la apertura mental que me permitiría ir encajando muchos otros nuevos conocimientos con facilidad. Debo decir, para evitar malos entendidos, que yo fui un estudiante de bachillerato más bien normalito: nunca me quedó ninguna asignatura para septiembre, pero solía aprobar con muchos "bienes" y "notables", y sin que faltaran los "sufis" (y los "sobres").

No soy de los que piensan que "cualquiera tiempo pasado fue mejor". Tal vez porque vivía en un barrio obrero y luego di clases en el mismo tipo de ambiente (a lo mejor en los colegios pijos era distinto, pero no creo que
mucho), siempre he visto que la mayoría de los alumnos van a trancas y barrancas en todos los niveles educativos. Pero, con independencia de si la educación ahora está "mejor" o "peor" que hace unas décadas, lo importante es que, estar, no está lo que se dice bien. El decreto que ha aprobado ayer el Consejo de Ministros intenta poner algún remedio, pero soy muy escéptico sobre las probabilidades de que lo consiga.

De las nuevas medidas, la que más me gusta es la introducción de una nueva asignatura de "cultura científica" ("Ciencias para el mundo contemporáneo", se llama; se hablará mucho de ella en el Otto Neurath). Creo sinceramente que es una buenísima idea presentar a los chavales la ciencia, no como un conjunto de fórmulas y datos que hay que aprenderse, sino como algo sobre lo que se puede discutir, y que es relevante para nuestra vida. Los críticos dicen que esto va a ser una
"maría" (como si eso fuera malo), que quitará horas de asignaturas más "serias". Pero hay que reconocer que a los que se dediquen a cualquier carrera científica, o en la que la ciencia desempeñe algún papel directo o indirecto, les será muy útil tener en el almacén de la mente la noción de que esos temas "sociales" y "filosóficos" están ahí, y que son relevantes a la hora de poner en práctica cualquier tipo de conocimiento. Si el bachillerato ha de servir para algo, es sobre todo para que los alumnos se enteren de en qué mundo viven, para que entiendan algo cuando lean un periódico o vean el telediario. Y para ponérselo un poco más difícil a los embaucadores de toda calaña, desde los mercachifles de lo paranormal, hasta los vendedores de conspiraciones, pasando por los intermediarios de la espiritualidad. Todo esto no es algo que se deba aprender necesariamente a base de problemas y exámenes.

Lo peor de la reforma es, en cambio, el invento del "semi- promocionado": alumnos que pasarán de curso parcialmente, repitiendo
sólo las asignaturas que suspendieron, pero matriculándose de algunas del curso siguiente (no es nada extraño: es sólo lo que se hace en la universidad habitualmente). Por mucho que lo pienso, no acabo de ver cómo se podrán organizar los horarios en los institutos para llevar a la práctica esta medida. Pero lo peor es la señal que se les manda a los alumnos de que todo es superfácil. Alejandro Tiana (padre de la reforma, colega de la UNED y Secretario General de Educación) insiste mucho en que el bachillerato es demasiado exigente (y en parte puede tener razón), y que debe facilitarse a los chavales el tránsito por tan duro valle de lágrimas (aunque en el MEC no han llegado a la generosidad de la Junta de Andalucía, que pagará un sueldo a los alumnos para que no se vayan). Pero en el fondo el problema surje por el "dogma central" de nuestro sistema educativo: la idea de que todos los alumnos deben pasar por los mismos cursos y contenidos.

Otro día me meteré con esta idea (que realmente me pone furioso); hoy terminaré comentando que la medida que habría necesitado el bachillerato es, pura y simplemente, la de un examen de ingreso o "prueba de madurez". No se trata de que al terminar 4º de ESO los alumnos hagan una reválida en la que tengan que volver a examinarse de los contenidos que han estudiado. No, es algo mucho más sencillo. Póngase a los chicos a hacer una redacción (sin faltas de ortografía ni de sintaxis) sobre un texto literario o periodístico, hagáseles un pequeño test de cultura general, y plantéeseles un problema matemático elemental. Alguien que no sea capaz de superar esta pequeña prueba (y estoy convencido de que tres cuartas partes de los alumnos de bachillerato actuales, e incluso muchos universitarios, no la pasarían) no merece realmente ingresar en el bachillerato, y lo más seguro es que en el fondo tampoco lo desee. Ábransele otras puertas, pues será mucho más feliz siguiendo otros caminos. Y ahora que está tan de moda la reforma de los títulos universitarios, y la idea de que la formación superior es una opción flexible a la que se debe poder acceder o regresar a lo largo de la vida para perfeccionarse, pues facilítese de verdad el paso a la universidad para aquellos adultos que, en lugar del bachillerato, siguieron otras vías académicas o laborales. Las universidades, hambrientas de alumnos, estarán encantadas.

La existencia de una "prueba de madurez" para ingresar en el bachillerato (prueba en la que, repito, sólo habría que demostrar que se sabe leer comprendiendo lo que se lee, que se sabe escribir con sentido y sin faltas, que se tiene unas nociones básicas del mundo en el que se vive, y que se sabe plantear y resolver un problema sencillo), tendría varios efectos beneficiosos:

1º.- Accederían al bachillerato, y de rebote a la universidad, únicamente alumnos que tuviesen una capacidad mínima de aprovechar intelectualmente dichos estudios.

2º.- Mejoraría el ambiente de trabajo en los institutos.

3º.- Serviría como incentivo a los alumnos de la ESO, que también mejorarían sus resultados.

4º.- Obligaría a los profesores de primaria y secundaria a ser más estrictos en el cumplimiento de los objetivos, ya que éstos se concretarían mucho más, y sería más fácil detectar si se han alcanzado.

A propósito de esto: imaginemos que uno va a sacarse un certificado médico, y, aunque tiene el tifus y no sé cuántas enfermedades contagiosas más, le certifican que goza de una excelente salud -a lo mejor hay países atrasados en donde los certificados médicos se dan así-; ¿no lo consideraríamos un fraude? Pues lo mismo ocurre con el certificado que se les da a la mitad -o más- de los estudiantes de España: el título de la ESO dice que "han superado los objetivos", pero si se lee en el BOE cuáles son éstos, y se comprueba si el poseedor del título los cumple o no, ya veremos lo que pasa; volveré también otro día sobre este tema.

8 comentarios:

  1. A mi también me preguntan a veces mis alumnos por qué sé tantas cosas (ojalá fuera verdad qu sé mucho, me temo más bien que les impresiona mi histrionismo en el aula), pero lo último que se me ocurriría decir es "porque lo estudié en Bachillerato": mentiría como un bellaco. Mi perfil de estudiante de Bachillerato era muy similar al tuyo, pero me recuerdo como un chico con mucha curiosidad, que intentaba colmar en otros lugares: lecturas, documentales, conversaciones... Me gustaba mucho leer a pesar de las asignaturas de Lengua y Literatura; pensar, a pesar de la filosofía escolástica de mis tiempos; la naturaleza y la ciencia a pesar de las infumables asignaturas científicas que tuve que soportar. Sólo dos o tres profesores -importantes para mi, eso sí - se salvaban de este panorama tan poco estimulante.
    De todos modos, experiencias personales aparte, pienso, como tú, que no necesariamente cualquier tiempo pasado fue mejor ni peor, pero que el actual podemos y debemos mejorarlo sustancialmente.
    Sobre la nueva asignatura "Ciencias para el Mundo Contemporáneo" (CMC en adelante), me parece que ya era hora de que se implantara una asignatura que presentara las cuestiones científicas de mayor relevancia social a todos los estudiantes de Bachillerato. ¿Razones? El déficit de conocimiento científico que existe en nuestra sociedad, el hecho de que la ciencia es parte fundamental de la cultura (parece mentira que a estas alturas de la película todavía haya que argumentar esta afirmación), la necesidad de dotar a todo ciudadano - y no sólo a los científicos - de instrumentos para comprender el mundo en el que viven, tener opiniones fundamentadas e intervenir responsablemente en las tomas de decisiones sobre tatos asuntos de relevancia social y económica en los que subyace un adelanto científico o tecnológico...
    A este respecto, recomiendo el artículo de E. Pedrinaci "Ciencia para el Mundo Contemporáneo: ¿una materia para la participación ciudadana?", aparecido en el número 49 de "Alambique", revista de Didáctica de las Ciencias Experimentales, junto a otros interesantes trabajos sobre el mismo tema en este número monográfico dedicado a la CMC.
    En cuanto al "semipromocionado", estoy de acuerdo en que plantea serios problemas organizativos en los institutos. Pero lo que me parece más grave es que esta medida consagra la idea de que cada disciplina es un mundo aislado, dificulta los proyectos integrados e interdisciplinares (que algunos hay, a pesar de las dificultades) y parcela aún más el conocimiento. Parece transmitir al alumnado la idea de que aprender consiste en empollar un libro, apuntes o colección de problemas y vomitarlo en un examen: si a la primera no entrego una copia lo bastante fiel para aprobar (sea por no haber estudiado o porque me cuesta mucho), es cuestión de probar una vez, y otra y otra...En fin, la degradación del conocimiento.
    Dejo para otro momento mi opinión sobre la prueba de madurez al final de la ESO. Coincido en la necesidad de hacer algo para mejorar la situación actual, en que la diferencia entre la ESO y el Bachillerato es enorme. Sin embargo, no tengo claro que una prueba de madurez sea la mejor solución. Lo que sí tengo claro es que necesitamos un Bachillerato de tres años de verdad (no un tercero para repetidores, como nos intentan vender), creciendo un año hacia arriba, como en gran parte de los países de nuestro entorno.
    Espero que continúes tus comentarios sobre el Bachillerato en este interesante blog, que sigo de cerca desde hace poco. Saludos cordiales
    Rubén Nieto
    Profesor de Biología y Geología en ESO y Bachillerato.

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  2. Hola Jesús,
    No puedo estar más de acuerdo sobre la necesidad de que que se utilicen los vituperados exámenes (razonables, claro). Yo añadiría dos condiciones:
    1) que los haga una entidad externa;
    y 2) que los resultados sean públicos (no necesariamente a nivel de alumno, pero sí de centro).
    Consecuencias previsibles:
    1) El profesor dejaría de ser "juez y parte" y se convertiría en un aliado del alumno (al que ayuda a enfrentarse al examen externo).
    2) Los resultados del sistema educativo (o sea, lo que los alumnos aprenden) podría evaluarse.
    3) La labor del profesor individual/centro también sería susceptible de evaluación sobre resultados.
    Leí un libro muy divertido el año pasado que trataba de esto (y de muchas más cosas)(un comentario:
    http://pablorpalenzuela.wordpress.com/2007/02/10/resena-freakonomics/
    Un saludo

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  3. Salud:

    Voy a realizar una afirmación 'políticamente incorrecta': tontos y listos, en distinto grado y medida, han existido siempre y eso es así. Una cosa es que tanto tontos y listos (en todos sus grados) tengan cabida en el sistema educativo y, otra muy distinta es querer hacer pasar al tonto por listo o al revés.

    Hoy está todo distorsionado en la educación y resulta esperpéntico. Tomemos el egregio ejemplo de la "Universidad", colofón del saber y sinergia del conocimiento en la sociedad. En vez de obedecer a su etimología universal y unitaria, hoy es una "Multiversidad". Cualquier oficio que requiera algún conocimiento técnico, resulta que ya es calificado como "universitario". En España se confunde la Educación Superior con la Universidad y eso es un error de bulto (como luego el mundo laboral se encarga de demostrar). Un Licenciado en Ciencias Empresariales, probablemente acabará como administrativo o contable, oficios por otra parte, muy respetables. ¿Necesita un contable Educación Superior? Sí ¿Necesita una Licenciatura Universitaria? No.

    Luego está la lectura de que el sistema debe ser flexible y debe permitir que, esa Educación Superior Profesional y de Oficios acceda a la Universidad llegado el caso mediante homologaciones y convalidaciones convenientes.

    Lo que no podemos tener es una Universidad "gigante" que no logra -¡ni por asomo!- atender a la demanda entre los numerosos licenciados que salen y los pocos que se colocan en el mercado de trabajo como tales. Y eso es un fracaso de recursos se mire por donde se mire. Y viene del error de ver toda la Educación Superior como Universitaria.

    Pero vayamos ahora a los más peques. Y con las 'autonosuyas' hemos topado. Esto ya es el retorno al feudalismo sin más. Yo no sé los estudios que tendrán los asesores pedagógicos autonómicos y estatales, pero juegan más a la política de salón que al interés de los niños.

    ¿Qué interesa que un niño aprenda? ¿A robar? ¿A fastidiar al prójimo? ¿A apretar el botón de la "play-station"? Me parece que no. Los niños deben aprender a leer, a escribir y a hacer las cuentas. Asimismo, deben tener un desarrollo psicomotor propio de su edad, salvo fuerzas de causa mayor. Complementariamente, un desarrollo social adecuado y ético en lo posible. Para mí está claro el mandato constitucional de lo que el Estado debe garantizar y lo que no. Y debe garantizar la Educación básica. Luego serán funcionarios del Estado los maestros de Lengua castellana, de Matemáticas, de Educación Física y Deportes y de Ética, Moral y Ciudadanía (o como demonios se las quiera llamar). Y esas cuatro asignaturas son la base curricular de los niños. Las autonomías podrán poner 1, 2 ó 3 asignaturas a mayores según los niveles. Y los ayuntamientos, 1 ó 2, como optativas y voluntarias.

    Finalmente, en Secundaria, la Lengua y Literatura Castellana, así como las Matemáticas, seguirán ejercidas por funcionarios del Estado (no pueden depender de las Autonomías porque el mandato constitucional exige que sea el Estado el que las garantice) hasta los 16 años en el nivel que esté el alumno/a. La Educación Física y Deportes, pasaría a las Autonomías y, en Ética y Moral, habría que llegar a un acuerdo nacional. En caso de que no haya consenso, el Estado asume las competencias durante 4 años.

    Disculpad por el tocho.

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  4. María Sanchez Grande20 de noviembre de 2007, 19:39

    ¿A donde vamos?, ¿es posible un poco de cordura?, nos estaqmos jugando lo mejor que tenemos, o para ser más exactos, lo único que tenemos. Nuestros jóvenes

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  5. Coincido plenamente contigo. Pertenezco al AMPA de un cole y siempre estamos con "los objetivos"; mis chicos (trillizos) están en Primaria y hay que trabajar mucho en el cole y ...en casa también.

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  6. Algún mal pensado ha dicho que existe un complot contra la inteligencia entre los prebostes educativos promovidos por sus patrones. Pero leyendo Vida en las aulas de Jackson, se pudiera pensar en una conjura mundial, auspiciada no se porque sociedad utra secreta. Será por eso que los niños alemanes dejaron ya de usar uniformes y de entrar formaditos a clase. No acaso sería conveniente hacer primero una prueba de madurez a toda al runfla de burócratas que hacen las reformas y los que no pasen, simplemente darles plaza de soldados en el ejército.

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  7. Por muy furioso que te pongas, creo que tu posición es la misma que criticas. Me explico antes de que la furia ascienda:
    El bachillerato no es obligatorio. Así que la acusación de que los poderes públicos perpetran convicciones metafísicas y los hemos pillado un fraganti solo se aplicaría a la ESO, no al bachillerato.
    Pero vamos al bachillerato. El error de que todos (los que estudian el bachillerato) tengan que estudiar lo mismo con la teoría de que para los que no puedan ya está la "secundaria de segunda" (modulos) ¿no es exactamente lo que tú dices?
    Postular que no todo el mundo debería estudiar lo mismo debería ser admitir que no todos los estudiantes de bachillerato tengan que estudiar lo mismo. En la secundaria actual y en la antigua (obligatoria o no) lo que precisamente no hay es optatividad, o sea, que no todos tengan que estudiar lo mismo. (Y hoy en día, tampoco hay "marías" por cierto. Hasta hay examen teórico de gimnasia.)
    En sistemas diferentes al nuestro, que un positivista debería apreciar (dan mejores resultados), hay unas pocas materias realmente troncales y obligatorias, y otras pocas que se hacen si se puede o si se quiere, y si no, no se hacen. No hacerlas cierra puertas más adelante en algunos casos, ciertamente, pero eso es otra cuestión. No impiden promocionar, ni tener un certificado que diga que aprobó (... las que aprobó, desde luego).
    ¿Por que sigue teniendo tanto peso en nuestra sociedad ese antiguo sobreeentendido de sociedad autoritaria y encuadrada de que todo lo que no está prohibido es obligatorio -y viceversa-?
    ¿Por que los intereses gremiales siguen teniendo tanto éxito en la multiplicación de las asignaturas ab-so-lu-ta-men-te imprescindibles, impartidas por supuesto por los licenciados de mi especialidad?
    La educación sigue presa de estereotipos decimonónicos (o más antiguos aún) y de la experiencia biográfica que tuvieron los profesores y legisladores cuando adolescentes. Así nos va...

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  8. Aloe:
    creo que estoy de acuerdo con todo lo que dices; mejor pocas asignaturas, y fuertes, y todo lo demás en plan "relax" (yo hasta lo pondría por la tarde). Eso sí, mi propuesta es que el que no sepa hacer la o con un canuto, que no le den el título de la ESO.

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