19 de enero de 2012

INFERENCIALISMO: CREER Y ACEPTAR


Una de las principales nociones del inferencialismo (como teoría general de la racionalidad) es la diferencia entre "estado mental" y "estatus normativo".
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Un estado mental es una especie de entidad psicológica, como, p.ej., una creencia, un deseo, o una emoción (seguramente estos ejemplos no son auténticas "clases naturales", sino conceptos chapuceros con los que nos intentamos autoexplicar lo que notamos al experimentar nuestra actividad mental; es decir, es posible que en realidad no haya tal cosa como "creencias" o "deseos", sino procesos mentales de una enorme variedad, que agrupamos tentativamente bajo esas categorías -igual que no hay tal cosa en la naturaleza como "mascotas", sino que hay organismos muy diferentes entre sí, que agrupamos bajo esa categoría conveniente).
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Un estatus normativo (que vienen básicamente en dos categorías: "compromisos" o "licencias") son estados mentales que, independientemente de si los tengo o no, los "debería" tener (los "compromisos") o bien estoy "legitimado" para tenerlos (las "licencias"). Digamos que mis "compromisos cognitivos" son aquellas proposiciones tales que, o bien yo ACEPTO, o bien se siguen de las proposiciones que acepto mediante reglas cuya validez también acepto. Mis "compromisos prácticos" son aquellas acciones que, o bien acepto que debo realizar, o bien el hecho de que debo realizarlas se sigue (mediante reglas que también acepto) de qué otras acciones acepto que debo realizar. Mis "compromisos valorativos" serían qué evaluaciones acepto que debo realizar, o bien se sigue (mediante reglas que acepto) que debo aceptarlas a partir de otros compromisos que he aceptado.
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Los estatus normativos tienen naturaleza "perspectivista", en el sentido de que, en lugar de decir que Fulano tiene la obligación de aceptar X, podemos especificar que Fulano tiene esa obligación según Mengano (que puede ser idéntico o no a Fulano). Es decir, con los estatus normativos puede hacerse dos cosas: aceptarlos (uno acepta que él tiene tal o cual compromiso) y atribuirlos (uno acepta que otra persona tiene tal o cual compromiso). Naturalmente, no es necesario ni inevitable que los compromisos que yo creo que tengo sean los mismos que tú crees que yo tengo. Vaya, se trata de que no es necesario asumir que hay algo así como "obligaciones en el vacío", sino que "ser una obligación" podemos entenderlo siempre AL MENOS como abreviatura de "ser una obligación según Mengano", y permanecer agnósticos sobre la cuestión de si Fulano tiene cierta obligación con independencia de lo que piense cualquiera, incluído él.
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El inferencialismo se llama "inferencialismo" porque los estatus normativos están "entrelazados inferencialmente unos con otros". Es decir, tener un compromiso u obligación implica siempre tener algún otro compromiso. No hay un estado que consista en tener UN SOLO compromiso, sino que lo que hace de un compromiso un compromiso es qué otros compromisos se siguen, mediante las reglas de inferencia que uno haya aceptado, a partir de aquel primer compromiso. Esto puede parecer un galimatías (y lo es), así que lo intento aclarar con un ejemplo: tened en cuenta que estoy pensando sobre todo en compromisos cognitivos (proposiciones cuya verdad acepto); pues bien, la cosa es que si os imagináis que aceptáis una proposición cualquiera -p.ej., "ayer el Barça ganó al Madrid"-, el aceptar esa proposición os conduce inevitablemente a tener que aceptar otras cosas; p.ej., si afirmáis eso, alguien os puede preguntar el resultado del partido, y no podréis afirmar un resultado en el que el Madrid hubiera marcado más goles válidos que el Barça (eso se sigue de que aceptáis las reglas del fútbol; es más, si no las aceptarais -es decir, si no aceptarais que el fútbol tiene tales o cuales reglas, no estaríais en realidad afirmando nada al afirmar la proposición inicial).
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Otra forma de verlo es considerar que un concepto (el de "fútbol", p.ej.) consiste en algo así como en un "nódulo de reglas de inferencia": aceptar el concepto de "fútbol" implica aceptar que debe ser usado siguiendo ciertas reglas (reglas que dicen qué es apropiado decir hablando de fútbol y qué no, qué datos hay que aportar para justificar las afirmaciones acerca de fútbol, etc., etc.). Decir que los estatus normativos son intrínsecamente inferenciales sería equivalente, por lo tanto, a decir que uno no puede tener un solo concepto. (¿Os imagináis tener un único concepto? Incluso los varones no llegamos a eso). Tener (la capacidad legítima de utilizar) un concepto exige tener (idem) muchos otros conceptos, y todos estos conceptos están "entrelazados" mediante reglas de inferencia (reglas que dicen qué se debe aceptar y qué no se puede aceptar en función de qué otras cosas hayas aceptado).
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¿Adónde conduce todo esto? Vete tú a saber. De momento, quiero señalar la diferencia entre la noción de "creencia" (que se refiere a una realidad psicológica) y la noción de "aceptación" (que se refiere a una ¿realidad? normativa). Mis creencias están conectadas unas con otras mediante procesos causales (mi cerebro funciona de tal manera que tener ciertas creencias en tal situación me lleva a tener tales otras creencias en el momento siguiente, p.ej.). Mis "aceptaciones" (o compromisos cognitivos), en cambio, están "conectados" unos a otros mediante reglas de inferencia, no mediante procesos causales. Esto quiere decir que puede ser (y ocurrirá a menudo) que yo no crea cosas que debería aceptar (o que "debería creer"), y viceversa. Igualmente, uno puede no aceptar (o sea, no asumir conscientemente y voluntariamente) proposiciones que debería aceptar. (En realidad, "debería aceptar" y "debería creer" viene a ser lo mismo).
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Después de todo el rollo, os dejo precisamente esta pregunta: ¿qué os parece la diferencia entre "creencia" -como hecho psicológico- y "compromiso cognitivo" o "aceptación" -como "hecho" normativo-? ¿Pensáis que uno puede no creer cosas que "debería creer"? ¿Tiene sentido para vosotros la expresión "Fulano debería creer X, pero no lo cree"?
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Dejaré para otros días los jaleos relacionados con los "compromisos prácticos" y los "compromisos evaluativos", así que os ruego que no discutamos sobre ellos en esta entrada. Limitémonos de momento a lo cognitivo.

13 comentarios:

  1. "Dejaré para otros días los jaleos relacionados con los "compromisos prácticos" y los "compromisos evaluativos""

    Pues tendré que dejar para otro día la dificultad que encuentro para distinguir los compromisos cognitivos con los otros dos. Porque habría que señalar, para empezar, que las reglas de inferencia entre conceptos, cuando reparamos en ellas (porque como decía Ortega de las creencias, son un tipo de ideas que, mientras el sistema de creencias no entra en crisis, no se piensan, sino que "se cuenta" con ellas), a veces pueden parecernos lógicas, pero muy a menudo son inferencias metafóricas (los publicistas se dedican a jugar con ellas para sus propósitos). Porque cuando inventamos un concepto para un ámbito nuevo de nuestra experiencia, el recurso más habitual es la metáfora. Tomamos prestada otra palabra que nos sugiere de alguna manera eso nuevo que queremos expresar. Y como el juego de la metáfora está abierto a una creatividad potencialmente ilimitada, las reglas de inferencia entre conceptos son tan arbitrarias como quiera la comunidad de hablantes. No hay más que tomar un diccionario etimológico para percatarse de la creatividad metafórica que se esconde en el origen de las palabras.

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  2. Masgüel:
    de momento, no he distinguido entre "inferencias lógicas" e "inferencias no lógicas"; sólo entre reglas de inferencia que el individuo acepta y reglas que no acepta (aunque, realmente, esto iría en grados).
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    Con respecto a los "compromisos cognitivos" frente a "prácticos", en realidad pienso que los cognitivos son una SUBCLASE de los prácticos (son aquellos en los que te comprometes a HACER algo, en particular, a ACEPTAR una proposición). Pero, como digo, de los prácticos en general hablaré otros días.

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  3. Sigo, Masgüel:
    Sobre si las reglas de inferencia "son tan arbitrarias como quiera la comunidad...", bueno, eso creo que es irrelevante: la cuestión es si la regla la aceptas o no (que sea "arbitraria" significa que, aunque la aceptes, podrías no haberla aceptado), y qué quien la acepte sea "la comunidad" tampoco creo que sea muy relevante: lo importante es la PERSPECTIVA, es decir, QUIÉNES la aceptan (puede que unos sí y otros no, puede que todos, puede que la mayoría pero tú no, etc.).

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  4. Por eso digo que no se puede separar el ámbito cognitivo de las prácticas aceptadas (mayoritariamente o no) por la comunidad de hablantes. Porque incluso la violación de las reglas de inferencia a menudo es un comportamiento reglado. "La cuestión está en saber- replicó Humpty Dumpty- quién manda aquí". Si de la creencia en el sistema solar como una mota de la Vía Láctea se infiere que la asunción de la Virgen en vida y sin traje presurizado es una temeridad, pues se deja de inferir si el cura que da la clase de ciencias naturales da unos capones como ladrillazos.

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  5. Pues me parece un punto de partida muy interesante para tratar de asentar una racionalidad. A mí me recuerda (vagamente) al seccionamiento kantiano entre razón pura y razón práctica. De todas maneras, me lo vuelvo a leer.

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  6. Trabajada entrada, Jesús, se agradece este silogístico sudoku. Ahora, aprovechando una tangente, viene el toqueteo de huevos por el bufón de la corte:

    Si todo concepto no es más que (y no puedo estar más de acuerdo) algo así como en un "nódulo de reglas de inferencia" el buen uso de un concepto, el uso de un nódulo de reglas de inferencia, sólo podrá darse si éste está ha sido institucionalizado y entonces, y acercándonos peligrosamente a Wittgenstein II, los conceptos analíticos, como los números naturales -y a no ser que establezcas un distinción cualitativa entre conceptos y conceptos-, sufriran del mismo rigor porque "seguir una regla (...) son costumbres (usos, instituciones)", o sea, una de dos, o bien los conceptos son trascendentales y de contornos claros y por tanto bien definibles y en consecuencia SÍ separables (los varones podrán llegar a pensar en UN solo concepto); o bien el uso de uno implica el uso del otro y entonces dichos nódulos de reglas sólo se entienden dentro de un contextualizante (e instructivo) marco práctico-social (enteramente humano: ni ontológico ni objetivo (aunque, claro, sí intersubjetivo, ojo))

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  7. Claro que tien sentido la diferencia. Si los dos conceptos fueran el mismo, los seres humanos serian agentes racionales ideales, que no lo son. Y no solo porque haya errores cognitivos (porque los procesos causales no siguen las inferencias) sino porque la racionalidad ideal es computacionalmente costosa. De ahi lo del bounded rationality (racionalidad acotada?)

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  8. Héctor:
    el buen uso de un concepto, el uso de un nódulo de reglas de inferencia, sólo podrá darse si éste está ha sido institucionalizado
    No veo por qué. No dudo de que en la mayor parte de los casos cada individuo aprende las reglas de uso correcto de los conceptos a partir de su observación de las prácticas que se siguen en su comunidad (junto con ciertas habilidades innatas, seguramente), pero al fin y al cabo, uno observa sólo CASOS INDIVIDUALES del seguimiento de las prácticas, y no le queda más remedio que CONJETURAR cuál puede ser la "norma social"... y al hacerlo, es muy probable que SE EQUIVOQUE en más o menos detalles. De modo que, en realidad, lo que hay es una POBLACIÓN DE HABLANTES cada uno con una versión UN POCO DISTINTA de la comprensión de las reglas. Y seguramente esta "replicación con variación" desempeña un papel importante en la evolución de los conceptos y las reglas inferenciales.
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    o bien los conceptos son trascendentales y de contornos claros y por tanto bien definibles y en consecuencia SÍ separables
    No creo que esta opción se dé.
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    o bien el uso de uno implica el uso del otro
    En efecto, eso es lo que he dicho.
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    entonces dichos nódulos de reglas sólo se entienden dentro de un contextualizante (e instructivo) marco práctico-social
    Obviamente. El individuo humano no es ALIMENTARIAMENTE AUTOSUFICIENTE, necesita que de pequeño le den de comer, y aunque una vez desarrollado puede buscarse la comida él solito, es más práctico seguir contando para ello con la colaboración de otros (gente que mate la vaca, críe las lechugas, lleve el gas a tu casa, etc.). Del mismo modo, tampoco somos COGNITIVAMENTE AUTOSUFICIENTES: para desarrollarnos intelectualmente necesitamos que nos den "de comer" las prácticas conceptuales en las que nos inmersionan de pequeños, y aunque una vez desarrollados podemos pensar algunas veces sin gran ayuda, es más cómodo seguir apoyándose en las prácticas sociales.
    Pero no veo en esto una verdad analítica (algo que podamos demostrar a priori que TIENE que ser así), sino que es parte de nuestro conocimiento empírico de cómo funciona el pensamiento humano.
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    Eso sí, el marco social PUEDE ESTAR EQUIVOCADO, pues al fin y al cabo CONSISTE SÓLO en la interaccion entre los estatutos normativos de cada individuo, y éstos pueden estar equivocados. En este sentido no veo muy bien de dónde sacas ni qué quieres decir exactamente con que no es "objetivo" ni "ontológico".

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  9. en realidad, lo que hay es una POBLACIÓN DE HABLANTES cada uno con una versión UN POCO DISTINTA de la comprensión de las reglas. Y seguramente esta "replicación con variación" desempeña un papel importante en la evolución de los conceptos y las reglas inferenciales.

    Claro. Orden espontáneo :)

    En este sentido no veo muy bien de dónde sacas ni qué quieres decir exactamente con que no es "objetivo" ni "ontológico".

    Pues que si nuestros conceptos fueran precisos entonces sí que sería posible aislarlos y decir algo así como "Si nosotros, la humanidad, desapareciéramos del universo, aún así, este Concepto X seguiría siendo cierto"

    NO es el caso

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  10. Héctor:
    si nuestros conceptos fueran precisos entonces sí que sería posible aislarlos y decir algo así como "Si nosotros, la humanidad, desapareciéramos del universo, aún así, este Concepto X seguiría siendo cierto"
    Bueno, que los conceptos sean "ciertos" o dejen de serlo no sé exactamente qué querrá decir.
    En fin, sobre la objetividad en relación con el inferencialismo, creo que mejor dedicaré una entrada en el futuro a ese tema.

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  11. Hay un dicho positivista coincidente con el leiv motiv de una emblemática serie de ciencia ficción que reza: La verdad está ahí fuera

    Y un idealista respondería: ¿fuera de dónde?

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  12. A mi la diferencia me parece interesante, pero estaría bien aclarar en qué se diferencia tu partición de aquella más aceptada entre 'creencia' y 'aceptación' y que encontramos en gente como Bratman, Adler y demás.

    Parece que según esa otra discusión 'aceptar' tiene un componente práctico - algunas veces nos interesa aceptar que algo es verdadero por mor de nuestro argumento, o para ver dónde nos lleva la investigación. ¿Está este sentido de 'aceptar' también regulado normativamente?

    Antonio G.

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  13. Hola, Antonio.
    No creo que haya un sentido unívoco de "aceptar". Lo importante pienso que es que uno puede HACER varias cosas con las proposiciones o enunciados (igual que puede "hacer" muchas cosas distintas, simpliciter), y las normas inferenciales que uno acepta le dirán en cada caso qué es correcto o qué es incorrecto "aceptar". P.ej., puede que uno "acepte" una teoría como hipótesis, o como una verdad aproximada, o como una verdad a secas; en cada uno de estos casos será, para él y para los demás, normativamente correcto sacar ciertas inferencias pero otras no (y no las mismas en cada caso).
    El autor que más ha influido en estas ideas ha sido Robert Brandom, aunque no esté de acuerdo con él en todo.

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