21 de diciembre de 2007

COMO EL SOL CUANDO AMANECE - LA ILUSIÓN DEL LIBRE ALBEDRÍO (4)

AUTONOMÍA Y CAUSALIDAD (aperitivo)
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Muchos de los comentarios en las entradas anteriores tienen que ver con la causalidad, insisten en la cuestión de cómo influye sobre nuestra libertad el hecho de que nuestro organismo sea un sistema sometido a las leyes físicas. Otros comentarios se refieren más bien al concepto de autonomía, el hecho de que las decisiones sean fruto de nuestra racionalidad. Naturalmente, ambos conceptos están relacionados; un sistema filosófico como el de Kant se levantó (con gran éxito de público, aunque paradójimanete no tanto de "crítica") para intentar hacer compatibles ambos ámbitos de "racionalidad": el mundo objetivo, empíri
co, sujeto a leyes físicas que la investigación racional puede descubrir, y el mundo subjetivo, mental, sujeto a otro tipo de leyes, el de los principios de la razón, a los que nuestra razón se sujeta inevitablemente. El problema filosófico de la libertad, o del libre albedrío, viene precisamente de la aparente incompatibilidad de estos dos ámbitos, aunque ambos sean requisitos irrenunciables de nuestra racionalidad.
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Nosotros experimentamos la gran diferencia entre
nuestro comportamiento y el de los objetos materiales: éstos obedecen las leyes físicas "ciegamente", pasivamente. La piedra cae, las cargas eléctricas se atraen, el agua se evapora... todo esto son cosas que "les pasan" a la piedra, a las cargas eléctricas, y al agua; no son cosas que ellos hagan. Los seres humanos, en cambio, aunque también vemos que hay cosas que "nos pasan" (se nos cae el pelo, nos salen granos, nos hacemos papilla si caemos desde un décimo piso...), también vemos que hay hechos que ocurren porque son el resultado de nuestra voluntad. Son acciones, y por eso nosotros somos agentes, sujetos activos, y no meros objetos pasivos. Esta actividad es el primer elemento de nuestra autonomía.
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Si comparamos a los seres humanos, no con los objetos, sino con los animales, las diferencias ya no son tan grandes: ellos también hacen cosas porque les da la gana (preciosa expresión, que muestra que quien actúa en la decisión voluntaria no eres tú, sino la gana: la gana es quien "te" da, no eres tú el que "le da" a tu gana). Por otro lado, también podríamos decir que el resto de los seres vivos (plantas, bacterias,
etc.) tampoco son totalmente pasivos como los objetos, pues "hacen" cosas, aunque no voluntariamente (florecen, se reproducen, crecen, etc.). Esta última diferencia no está tan clara, de todas formas, porque, al fin y al cabo, podemos decir que esas "acciones" de las plantas y bacterias no son más que reacciones químicas muy complicadas, y tienen la misma espontaneidad que otras muchas reacciones químicas inorgánicas. (Hay un gran mito entre los negadores del materialismo, que afirma que la materia es "inerte"; nada más lejos de la realidad: la materia es fundamentalmente activa, los electrones no paran de moverse y de interactuar con otras partículas, los fotones no digamos, las estrellas generan enormes explosiones termonuclearess, los elementos dan lugar a compuestos y reacciones químicas, etc.; toda la realidad física es "pura actividad").
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Claro, que siguiendo por este camino, podemos también decir que los anima
les no son, a fin de cuentas, otra cosa que reacciones químicas muy complicadas. O, dicho de modo más preciso: es cierto que los animales (algunos) tienen voluntad, pero esta voluntad es un tipo peculiar de reacción química (la que constituye las redes neuronales). Con respecto a esta voluntad, cabe decir lo mismo que decíamos en la entrada anterior: hay que distinguir con toda claridad entre lo que la voluntad es (esas reacciones químicas en mi cerebro) y lo que yo experimento al experimentar la voluntad (digamos, las ganas), y el parecido entre ambas cosas no tiene por qué llegar a que su contenido fenomenológico sea idéntico.
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Hasta aquí no hemos visto nada, por tanto, que suponga un verdadero desafío para el materialismo y el determinismo. Pero la diferencia entre los seres humanos y los otros seres vivos, la diferencia que le preocupaba a Kant, va más allá del come-come de las ganas. La diferencia principal que hace que nosotros consideremos nuestras acciones como acciones, y no como "meros" resultados de reacciones físico-químicas, tiene que ver con el hecho de que nuestras acciones (y nuestros pensamientos también) las experimentamos como resultado de una deliberación, es decir, las acciones (y en parte nuestros pensamientos) no sólo proceden de "causas", sino de "razones".
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En estas deliberaciones, las "ganas" desempeñan un papel importante, por supuesto (son una cierta clase de "razones", muy potentes a veces), pero no son lo único, y no actúan de modo mecánico, como las fuerzas que empujan un cuerpo en varias direcciones y se combinan de acuerdo con la ley del paralelogramo. Las "razones" son nuestras en un sentido en que no lo son las fuerzas que nos empujan, por mucho que se combinen en nuestro cuerpo para formar una sola. Y es este actuar "por razones" en lo que consiste básicamente la autonomía.
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El problema para el materialismo es, por tanto: ¿cómo puede un sistema físico "actuar por razones"? No es un problema insoluble necesariamente, pero hay que reconocer que es difícil. En el fondo, los materialistas confiamos en el argumento de que, de hecho, el ser humano es un objeto físico (¿qué otra cosa si no? ¿y cómo, si no, iba a afectar nuestra deliberación al dedo que aprieta la tecla?), así que sabemos que alguna solución debe haber, y si no la encontramos, es más probable que ello se deba a que el cerebro es sumamente complicado (a lo mejor lo es tanto que no puede comprenderse a sí mismo), que a que haya algo "además" del cerebro que sea el "lugar inmaterial" de nuestra voluntad racional.
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En fin, dejemos la pregunta en el viento, tal vez hasta después de Navidad (que hay que ir a comprar el turrón).
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6 comentarios:

  1. Señor Zamora:

    Llegamos, como decía yo en alguna respuesta anterior, al problema de la consciencia, a qué le llamamos consciencia y en realidad, a qué le llamamos Yo.

    La idea de una mente que no es material es antigua pero no estúpida. Después de todo, la idea de cuadrado no es cuadrada, la de olor carece de aroma y la de esfuerzo no cansa. Tampoco la de cambio cambia ni la de extensión ocupa más espacio que la de vacío.

    Hemos pasado milenios sin saber qué es pensar y no es extraño pues tampoco sabíamos lo que es un gas o un líquido. Pero ni siquiera habría hecho falta tanta ciencia para ver que beber alcohol nos emborracha o que un golpe en la cabeza nos hace perder la consciencia. ¿Cómo algo material podría afectar a algo no material? ¿O cómo el alma de Aristóteles le llevaría a mover los dedos de Aristóteles y no los de Platón si no es material ni espacial?

    Pero hoy vamos viendo cada vez más correlaciones entre lo que el cerebro es desde un punto de vista físico y químico y lo que es el pensamiento. Vemos cómo un problema de recaptación de la serotonina nos deja por los suelos, o cómo algunas moleculitas de nada nos pueden hacer ver a Lucy en el cielo con diamantes.

    Podemos así creer y verificar que la estructura anatómica y la función fisiológica del cerebro se correlacionan con pensar, en que la actividad de cierta parte del cerebro, medida con TAC o como sea, se correlaciona con recordar, con decidir, con escuchar, y que lesiones de partes específicas del cerebro hacen que cosas tan simples como nombrar algo que conocemos sea IMPOSIBLE.

    Bien. No sabemos qué es la conciencia, pero sea lo que sea tiene que ver con la estructura y la función del cerebro y decidir es una parte más de la conciencia que se basa en la memoria, en una representación modelizada en nuestra mente de las diferentes situaciones que se pueden dar y en una valoración de esas situaciones. Pero si un recuerdo es una estructura o una función del cerebro, si un pensamiento sólo es posible como un cambio en el cerebro, lo que ocurra físicamente será tan idéntico a lo que ocurre psicológicamente como lo que es el cerebro es idéntico a lo que es la conciencia.

    Los estados materiales que podemos observar en los cerebros SON los pensamientos de esos cerebros, son sus preferencias, sus datos, sus recuerdos, sus imaginaciones, sus decisiones. Sólo que vistos desde la propia conciencia que piensa, o vistos desde el propio cerebro desde dentro, desde el mismo "dentro" en el que un color no es una frecuencia de un fotón o una transmisión nerviosa o una función cerebral sino un fenómeno de la consciencia.

    ¿Y qué es la consciencia?

    Como dice Javier Krahe...

    "Eso mismo fue

    lo que yo le pregunté..."


    Un saludo y felices fiestas para los que sepan, quieran y puedan disfrutarlas.

    surscrd

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  2. “El problema para el materialismo es, por tanto: ¿cómo puede un sistema físico "actuar por razones"? No es un problema insoluble necesariamente, pero hay que reconocer que es difícil."

    Al menos una parte de la dificultad del problema está en la forma en que tradicionalmente se plantean las preguntas filosóficas al respecto.

    Si la herencia dualista no impregnase nuestra tradición filosófica y nuestra forma de hablar sobre el ser humano, sería mucho más razonable verlo como un problema del dualismo. En una cita de Hume que tenía a mano, lo expresaba así:

    “¿Hay en la naturaleza algo más misterioso que la unión del alma y el cuerpo, en virtud de la cuál una supuesta sustancia espiritual adquiere sobre la materia tal influjo que el pensamiento más refinado es capaz de activar la materia más grosera? Si estuviéramos capacitados para mover montañas o controlar las órbitas de los planetas con un deseo secreto, este poder no sería más extraordinario, ni estaría más allá de nuestra comprensión ...“ (Hume, 1748/2003, p. 77).

    Pero el lenguaje dualista se inventó para rellenar nuestra ignorancia (¿por qué los seres humanos actúan? – porque tienen ánima; ¿qué es el ánima? – lo que los anima…). A alguien se le ocurrió que si no podía explicar las causas de la acción humana, debían ser diferentes de las causas del “mundo físico” o no existir en absoluto. El problema al que nos enfrentamos al hablar del libre albedrío (y de la consciencia que menciona sursum cordal, y muchos otros) está muy relacionado con el problema del dualismo, que no sólo impregna el lenguaje filosófico, sino también nuestro lenguaje cotidiano.

    Desde mi punto de vista sería necesario cuestionarnos nuestra forma de hablar sobre el ser humano. Porque a lo mejor si expresiones como “libre albedrío”, “voluntad”, “intención”, etc. chirrían con un enfoque monista-materialista-determinista es por culpa de los propios conceptos, que no se inventaron para eso, sino que tienen su origen en una sociedad que asumía que la dualidad era cierta.

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  3. Jesús, hay dos puntos de tu comentario que me parecen dignos de rescatar:

    1.- Otros comentarios se refieren más bien al concepto de autonomía, el hecho de que las decisiones sean fruto de nuestra racionalidad

    Desde mi punto de vista, la autonomía no puede tener nada que ver con la racionalidad. La racionalidad es el medio del autónomo, pero no su base.

    La racionalidad es base en todo caso de la responsabilidad, pues la falta de conocimiento exime de cumplimiento dentro de la moral (no así de la ley que tiene otros parámetros).

    2.- ellos también hacen cosas porque les da la gana (preciosa expresión, que muestra que quien actúa en la decisión voluntaria no eres tú, sino la gana: la gana es quien "te" da, no eres tú el que "le da" a tu gana)

    Obviamente, si la gana no es dada no somos libres. La base de la autonomía sólo puede ser ella misma (y nunca la racionalidad). Sólo si nuestra voluntad (nuestra gana) es libre. Pero que nuestra voluntad sea libre, nada indica sobre nuestra libertad. En el límite del razonamiento sólo podremos considerar que únicamente si nosotros somos esa voluntad (y no únicamente un ser que la sufre) y ésta queda más allá de lo que nosotros podamos conocer con nuestra razón, podremos ser libres.

    La idea de consciencia que trae Sursum Corda, creo fundamental para apostar por ésta última opción.

    Nuestra idea unitaria de nosotros mismos, carece de sentido desde un punto de vista atómico, celular o simplemente neuronal. Si alguien consigue explicarme de donde nace, o si un robot puede llegar a semejante estado de consciencia, empezaré a creer en que el libre albedrío no existe. Y en que yo no soy nada más que nada.

    Un saludo

    PD: Todo este tema estoy intentando desarrollarlo en mi blog. Lo estoy haciendo por pasos, así que si alguien quiere entrar, sería conveniente que empezara desde el primer post, y no desde el último ;). El blog pretendía ser originalmente una forma personal e íntima de tomar notas, así que a lo mejor es un tanto confuso... Pero puede ser interesante dentro de la discusión.

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  4. Iván:
    Naturalmente, autonomía y racionalidad no tienen por qué ser la misma cosa (a pesar de lo que diría Kant), pero yo sólo quería insistir en el hecho de que las "ganas" nos vienen dadas, y en cambio las decisiones son "nuestras" en un sentido más fuerte, pues idealmente son el resultado de nuestra deliberación (que puede ser más o menos racional). Dicho de otro modo, una decisión PUEDE ser la conclusión de un argumento, de una manera como las ganas no pueden (puede que hacer el argumento cambie tus ganas, pero incluso en este caso, éstas no son una CONCLUSIÓN, sino un EFECTO -en sentido causal- de nuestro razonar). Así que la idea es simplemente que sensación de autonomía la tenemos más bien por el hecho de que experimentamos nuestras decisiones como parte de un razonamiento, mientras que las ganas las experimentamos como algo que nos es dado. Así pues, la autonomía NO ES la racionalidad, pero claro que "tiene que ver" con ella.
    De todas formas, como digo en esta entrada y las anteriores, una cosa es lo que nosotros EXPERIMENTAMOS al sentir que tenemos ganas de hacer algo, al sentir que razonamos, al sentir que decidimos, etc., y otra cosa distinta es LO QUE ESAS SENSACIONES REPRESENTAN. El gran error de gran parte de la filosofía al menos desde Descartes (y no sólo de ella) ha sido creer que el "contenido de la conciencia" es el paradigma de "conocimiento fiable"; la conciencia es un truco de la evolución de los cerebros de los vertebrados (al menos) para que podamos manejarnos por la vida, pero no hay que aceptar que "nos muestra ciertas cosas -en particular, a ella misma- tal y como son en sí mismas".
    Esto puede aplicarse en particular a la SENSACIÓN de la "unidad de la conciencia"; no dudo que SENTIMOS que la conciencia es unitaria, pero eso puede ser simplemente un truco de nuestras neuronas, pues resulta más fácil organizar nuestros pensamientos, experiencias y decisiones si todas ellas dan la APARIENCIA de estar "representadas en un solo escenario", que si nos diera la sensación de que unos recuerdos son nuestros, y otros recuerdos "nuestros" son de otra persona. De hecho, hay trastornos cerebrales por los que una persona siente que son varias, y no les va muy bien (así que es lógico que, quien sufra ese trastorno, se reproduzca menos en general que quien no lo sufre). Por cierto, muchos de los que han sufrido ese tipo de trastorno han creído que la otra "voz" que oyen en su mente (y que no experimentan como ellos mismos) era "Dios", o el arcángel Gabriel, por ejemplo.
    Por tanto, no es verdad que "nuestra idea unitaria de nosotros mismos carezca de sentido desde el punto de vista atómico"; no carece más de sentido que la idea de que el árbol es UN organismo; no carece más de sentido que la idea de que perdemos el equilibrio cuando hemos tomado demasiado alcohol. Los átomos son muy capaces de construir todas esas cosas; lo difícil para nosotros es encontrar el camino desde el nivel de los átomos al nivel descriptivo más "superior", pero que sea difícil, no quiere decir que no exista ese camino.

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  5. Dicho de otro modo, una decisión PUEDE ser la conclusión de un argumento, de una manera como las ganas no pueden

    Justamente esta afirmación es la que yo no comparto.

    En primer lugar y principal, porque como base de toda decisión sólo puede estar la voluntad, las "ganas" tal como tú denominas, quedando la argumentación como un mero medio.

    Por poner un ejemplo, que yo sea capaz de deducir que el agua del río está fría a partir de los parámetros observados en el termometro ambiente, no me obliga a no bañarme... todo dependerá de si quiero o no el agua fría. Que el hecho de querer no bañarme en agua fría venga de un conocimiento o de una deducción racional previa, sólo nos lleva a un bucle que necesariamente deberá colgar de un deseo y nunca de un razonamiento (que necesitará invariablemente un deseo en el que sustentar la decisión). Así, es la voluntad la que fundamenta la decisión y no la razón. La razón sólo es la herramienta que utiliza la voluntad para decidir.

    En cuanto a que las ganas nos sean dadas, es decir, que nuestra voluntad nos venga impuesta desde fuera, no puedo negarlo. Tal vez sea así y por lo tanto, somos solamente seres conscientes, cuya única misión en el mundo sea observar lo que nos ha tocado ver, desear y decidir.

    Pero no creo que sea la única posibilidad.

    La otra posibilidad que presento es que esas "ganas" no nos sean dadas, sino que nosotros seamos realmente esas "ganas". Que nosotros seamos lo que denominamos "nuestra voluntad". Voluntad y ser en el individuo humano serían todo uno.

    Hemos de darnos cuenta de que dado que las decisiones parten irremediablemte de la voluntad, la única manera de ser realmente libres es que la voluntad sea libre y que dependa en última instancia de nosotros. Esta paradoja sólo queda resuelta si aceptamos que nosotros somos libres y somos nuestra voluntad.

    Esta posibilidad sólo es plausible si nos alejamos de la creencia de que todo en este mundo es causal. Si aceptamos con Kant que la cosa en sí no tiene por qué quedar afecado por las leyes que dicta nuestra razón.

    Siguiendo a Schopenhauer podríamos afirmar que si algo hay que podemos conocer en sí, es nuestra voluntad... es a nosotros mismos, es nuestra consciencia de ser y de querer.

    Por cierto, entrada la consciencia de nuevo en el debate quiero aclarar mi expresión anterior, que creo que resultó confusa.

    Utilicé el término idea cuando hubiera sido más exacto intuición o sensación. El autoconocimiento de nosotros mismos es un fenómeno difícil de explicar desde el punto de vista de las leyes físicas.

    Así, el perder el equilibrio no es más que una disfunción de nuestras sensaciones que nos impide mantenernos erguidos... pero esa sensación podría ser compartida por robots que nunca tendrán consciencia tal como nosotros la contemplamos.

    Un saludo

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  6. toda la realidad física es "pura actividad"

    Yo agradecería muchísimo que, por el bien de la discusión, Jesús distinguiera entre "actividad" y "pasividad" en términos claros y precisos.

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