27 de noviembre de 2008

MOZART DECIMONÓNICO (SI TUVIERAS VEINTE AÑOS..., SEGUNDA PARTE)




Voy a la parte con más enjundia científico-filosófica de mi mozartiana entrada de ayer; aunque reconozco que la satisfacción intelectual de esta pequeña cuestión especulativa se queda a años luz del gozo maravilloso que habrían supuesto para la humanidad veinte años más de vida (o cuarenta, como propone Eugenio Manuel) para el genio de Salzburgo.
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La tesis filosófica que voy a defender aquí es que las obras de Mozart habría compuesto si hubiera tenido la suerte de alcanzar la vejez, esas obras que no hemos podido escuchar ¡¡EXISTEN!!.
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"Pero Mozart no las compuso", se me responderá. Ya lo sé; es eso justo de lo que me lamento. "Entonces", será
tal vez la réplica condescendiente, "lo que estás afirmando es que, si Mozart hubiera vivido más tiempo, habría compuesto las sonatas de Beethoven, o las sinfonías de Mendelsohn, o la música de cámara de Schubert...". ¡Qué va! Mozart habría seguido componiendo música de Mozart, esa que brota directamente del espíritu de la belleza (no como la de Bach, que la sacaba de la belleza del espíritu). Más bien estoy seguro de que, en este "escenario contrafáctico", Beethoven, Schubert y los demás, habrían compuesto piezas distintas, influidos de un modo u otro por la música del Mozart decimonónico, tal vez como reacción a él.
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"Entonces, reconoces que esas obras no existen". ¡Todo lo contrario! Lo que afirmo es que no se escribieron, pero existir, existen. Veámoslo en dos pasos:
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En primer lugar, ¿qué es una obra musical, al fin y al cabo? Es, o puede ser descrita sencillamente como una serie de símbolos ordenados en una partitura. Si en la biblioteca de Babel borgiana (la que contiene todos los libros posibles) incluyéramos una sección de música, como tendría que haber hecho el bueno de Jorge Luis, también tendríamos allí todas las obras que pueden ser compuestas usando
el sistema de notación musical tradicional (suficiente para Mozart). Las obras, sean literarias o musicales, pueden ser, de este modo, escritas mediante un algoritmo que las genera todas, tanto las buenas como las malas, y en número estrepitosamente de muchos órdenes de magnitud superior a estas últimas, las que no son ni tan siquiera pronunciables.
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Dicho de otro modo, las obras musicales son entidades matemáticas, y existen como tales.
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En segundo lugar, supongo que todo el mundo aceptará la afirmación de que, si Mozart hubiera vivido hasta los setenta años (pongamos), con plenas facultades psíquicas y en circunstancias "normales", habría seguido componiendo, y las obras que habría compuesto serían hermosísimas. Pues bien, estás obras que habría compuesto estarán incluídas necesariamente en la biblioteca musical de Babel (que contiene todas las obras posibles).
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Nuestro problema, o nuestra condición, es, por desgracia, que no tenemos ninguna forma de explorar esa biblioteca con garantía de éxito. Podemos intentar componer (los que puedan y sepan) "al estilo de Mozart", pero, claro, no hay ningún criterio fiable que nos asegure que una de esas composiciones realmente la habría compuesto Mozart de haber vivido más. El bueno de Wolfgang, por así decir, tenía en su cerebro el secreto de una determinada ruta por lospasillos infinitos de la biblioteca de Babel, y este secreto murió en diciembre de 1791.
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Es la certeza de la existencia de esas obras de madurez , combinada con la de no poder alcanzarlas nunca, lo que me deprime más al escuchar las piezas de juventud que Wolfgang nos dejó.
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CODA: Aunque, ¿y si nuestra tecnología matemática y nuestra ciencia musical avanzasen tanto que permitieran, dentro de cincuenta o de quinientos años, cribar con cierta eficacia el abigarrado catálogo de la biblioteca de Babel, para conseguir obras que un oído bien educado no pudiera distinguir de las originales? Con un programa así instalado en cada ordenador, los que no taradarían en estirar la pata serían Teddy Bautista y su bajel de corsarios.

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Más:

8 comentarios:

  1. «Dicho de otro modo, las obras musicales son entidades matemáticas, y existen como tales.»

    Don Jesús, casi me caigo al suelo al leer esto, que uno es un proyecto de matemático y tiene su corazoncito.

    Mil gracias.

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  2. Oiga, don jesús, ¿qué es lo que usted define por existencia?

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  3. Citoyen:
    nada más sencillo. ¿Admites que existe un número entero mayor que 5 y menor que 7?
    ¿Admites que existe una función que asigna a cada número real positivo su raíz cuadrada?
    ¿Admites que existe el conjunto de los números primos, y que tiene infinitos elementos?
    Pues eso.

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  4. Sí, pero corríjame si me equivoco; el sentido que le damos a la palabra existir en ese caso es distinto del que le damos cuando decimos que el teclado con que escribo este párrafo existe.

    Cuando admito que existe un número, lo que admito es que puedo pensar en ese número, pero cuando digo que el teclado existe lo que implico es que además de pensar en él puedo tocarlo y escribir con él. Se llaman igual pero son distintas ¿o no? http://kantor-blog.blogspot.com/2005/01/wittgenstein-i-logica-y-necesidad.html

    Re-pensándolo, me he acordado de mi clase de bachillerato de filosofía; ¿ésto no es lo de platón y las causas ejemplares?

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  5. Por supuesto que no "existe" igual un número que una lechuga. Pero tampoco hay que identificar la existencia de un ente matemático con la posibilidad de pensarlo: seguro que hay entes matemáticos que nosotros no podemos pensar (al menos yo, que soy muy cortito).
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    Sobre las obras musicales nunca compuestas (o literarias, para el caso), la cuestión es parecida a la de un número que nadie haya nunca contado: imagínate el 9555468755480000000023257453222000891875987598101010101748448,9667465485485465544837187837400006476; seguro que nadie ha -había- pensando nunca en ese número, ni lo había escrito, pero estaba en la "Biblioteca de Babel de los números". En ese mismo sentido existen las obras que Mozart habría compuesto de haber muerto de viejo.

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  6. Se me hace difícil otorgar existencia a esas sinfonías no escritas, sobre todo si pienso en la etimología del verbo existir.

    Bueno, en realidad, esas sinfonías no escritas habitan el tercer mundo de Popper, ¿no?

    En cualquier caso, yo le habría otorgado veinte años más a Mahler. Cuatro o cinco sinfonías y unos pocos ciclos de 'lieder' más habrían venido muy bien:

    http://www.youtube.com/watch?v=Be-g3DqZg98

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  7. Ricardo: efectivamente, la biblioteca de Babel es otro nombre para el Tercer Mundo popperiano.
    Y con respecto a Mahler, lamento no coincidir en mi veneración (no digo que no me guste Gustav, pero no tanto)

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  8. lo que admito es que puedo pensar en ese número

    Seamos precisos: lo que admitimos es que existe un algoritmo que lo puede calcular. Ni siquiera se pide la ejecución de ese algoritmo.

    Lectura interesante: Meta-Math: the quest for Omega, de Greg Chaitin. Este Omega es un número muy especial, y nada tiene que ver con el omega de Teilhard de Chardin.

    Por cierto, ¿sabíais que hay quien ya habla de "matemática experimental"?

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