16 de marzo de 2008

YO VENDO UNOS VOTOS NEGROS, ¿QUIÉN ME LOS QUIERE COMPRAR? (7)

REPRESENTATIVIDAD, LEGITIMIDAD Y NEGOCIACIÓN

(De un comentario mío en el blog "La mirada del mendigo").


Con respecto a la cuestión de la representatividad. Toma los porcentajes obtenidos por cada partido, y asígnales el número ENTERO de diputados más próximo a ese porcentaje "por debajo" (p.ej., si hay 100 diputados, y un partido tiene un 24,68 % de votos, le damos 24 diputados).
Por definición, el ERROR TOTAL que habremos cometido hasta aquí será la diferencia entre el TOTAL DE ESCAÑOS que haya en la cámara (en este caso, 100), y la suma de los escaños que hayamos asignado hasta ahora. Dicho de otra forma: el error total será necesariamente igual a la suma de los restos (decimales) que hemos dejado sin asignar. ¿De acuerdo?

Bien. Lo que yo proponía (no es nada que me haya inventado, aunque ahora no recuerdo de dónde lo saqué) era que los escaños que faltan por asignar se asignen por orden a los partidos que tenían un resto mayor. Es decir, si un partido tiene un 23,67 % de votos, y otro un 37,43 %, se le da un escaño al primero antes que al segundo (pues su resto es mayor).

Y aquí está la gracia: puede demostrarse matemáticamente que este procedimiento hace que la SUMA de las diferencias entre el porcentaje de escaños de cada partido y su porcentaje de votos (o sea, tu noción de "justicia"), sea MÍNIMA. Pues, imagina que no lo fuera; eso querría decir que en algún caso como el anterior, habría que haberle dado el escaño al partido que tenía un resto de 0,43, en vez de al que tenía 0,67. Pero, ¿cuál es el "grado de injusticia total" cometido en cada caso? Si damos el escaño al que tiene un 23,67 % de votos (luego tendrá 24 escaños, y el otro 37) la "injusticia" que provoquemos será de 0,34 + 0,43 = 0,77. En cambio, si hubiéramos dado el escaño al segundo partido, el primero tendría 23 escaños y el segundo 38, y la "injusticia total" será de 0,67 + 0,57 = 1,24.
COROLARIO: el procedimiento de asignación de escaños sobrantes según el principio del resto mayor, es el que minimiza la suma de las diferencias entre los porcentajes de votos y de escaños obtenidos por cada partido.
.
SEGUNDO: con respecto a la otra cuestión, estás partiendo de la hipótesis de que todas las leyes son una mera cuestión de "sí" o "no" (o votas a favor, o votas en contra). Esto es una perspectiva simplista. ANTES de votar las leyes (en el parlamento, en referendum, o donde sea), está algo no menos importante: decidir QUÉ ley es la que se va a votar. Y en cada caso (o sea, para cada problema político que intenta ser resuelto mediante una ley) no hay sólo DOS opciones posibles, sino MUCHÍSIMAS.
Por ejemplo, hay, literalmente, infinitas leyes del IRPF posibles. Supongamos que a cada persona se le pregunta cuál de todas las posibles es la prefiere. ¿De todas las POSIBLES? Desde luego, yo no podría responder a esta pregunta. Necesito que me den MENOS opciones entre las que elegir (no infinitas). Pero aquí nos encontramos un problema: ¿QUIÉN decide cuáles son las opciones entre las que elegiremos? Esto ya es un problema para la democracia directa... pero no lo abordaré aquí.
El problema que sí estoy tratando es que, digamos que se hacen 20 propuestas razonables sobre el IRPF. ¿Cómo hacemos la votación? ¿Una por una? (Para cada una, la gente vota "sí" o "no"). Mecachis: entonces lo más probable es que TODAS salgan que NO (porque, para cada opción, hay más gente en contra que a favor). Es lo malo que tienen los problemas con más de dos soluciones, que no hay ninguna garantía matemática de que una de las opciones vaya a obtener más síes que noes.
Entonces, ¿votamos todas de una vez? (cada cual vota la que prefiere). En este caso, es harto problable que la opción victoriosa lo sea con menos de la mitad de los votos a favor (mayoría simple). Pero claro, si los que están en contra de la ley que ha salido elegida no son unos pardillos, pueden pensar "esto nos ha pasado por defender cada uno de nosotros NUESTRAS OPCIONES PREFERIDAS; ¿por qué no nos ponemos de acuerdo en votar todos UNA MISMA opción, que, aunque no coincida con la que cada uno de nosotros prefiere, sí que tenga la propiedad de que todos nosotros la preferimos a la que ha sido elegida?".
Es decir, los votantes descubren la NEGOCIACIÓN: aceptar una ley que no es la que mejor representa tus deseos, pero que tiene más posibilidades de ser aprobada, porque muchos otros votantes han renunciado a SU ley favorita para apoyar la misma ley que tú.
Y así volvemos a la cuestión que planteaba en el comentario anterior: "representar" la voluntad de los ciudadanos no consiste sólo en aplicar el principio de "los que pierden la votación, se joden", sino sobre todo en conseguir que entre todos se lleguen a proponer leyes que puedan ser aprobadas por una mayoría lo más amplia posible (o sea, el principio, "jodamos al menor número posible").

Moraleja: la REPRESENTATIVIDAD de un sistema legislativo depende de cuánto apoyo tienen POR TÉRMINO MEDIO las leyes aprobadas. Un sistema político que garantiza que, por término medio, las leyes se aprueban con un 80 % de votos a favor (por supuesto, hablamos de votos libremente emitidos y basados en opiniones libremente formadas, no hablamos de dictaduras), garantiza una representatividad mayor que un sistema en el que las leyes son aprobadas por término medio con un 51 % de los votos.

Pregunta: ¿qué propones tú para que las leyes cuenten con el mayor apoyo ciudadano posible?

Salud

5 comentarios:

  1. Lo has vuelto a conseguir, me he leído el artículo entero con lo que me fastidia leer sobre política. Yo no sé qué proponer, lo que está claro es que la cosa falla. Me siento ignorante e inútil, así que vuelvo a mis lecturas de filosofía de la ciencia (en este campo me siento sólo medio-ignorante, pero no inútil).

    Por cierto que hace unos días escribí una entrada en la que citaba esta serie tuya de artículos.

    ResponderEliminar
  2. MANIFIESTO POR LA REFORMA DE LA ACTUAL LEY ELECTORAL

    Un cada vez más extenso grupo de ciudadanos considera una urgente necesidad democrática reformar la actual Ley Electoral.

    No es de justicia que a Izquierda Unida le cueste cada escaño 481.520 votos y a UPyD 303.535 votos mientras que al PNV le cuesta solamente 50.541, a Nafarroa Bai 62.073, al PSOE 65.470 y al PP 66.470 votos.

    No es justo que IU, tercera fuerza política en número de votos tenga 2 escaños y CIU con 200.000 votos menos obtenga 10 diputados.

    No es justo que UPyD, quinta fuerza política en número de votos alcance únicamente 1 asiento en el Parlamento y el PNV también con menos votos consiga 6 escaños.

    Este sistema adultera la voluntad de los ciudadanos emitida en las urnas, escamotea la representatividad y proporcionalidad de un sistema multipartidista como el español y burla el deseo de gran parte de los votantes que observan como su voto no vale nada en virtud de una Ley Electoral caduca.

    Por tanto:

    Exigimos a las dos grandes formaciones políticas españolas una profunda reflexión sobre el tema desvinculada de sus intereses partidistas, coyunturales y electorales.

    Reclamamos que escuchen las voces que se alzan en la sociedad representando a una mayoría deseosa de un cambio que permita que el voto de todos los ciudadanos tenga el mismo valor.

    Demandamos una reforma de la actual Ley Electoral, por injusta y alejada del principio "Un ciudadano, un voto".

    POR UNA REFORMA DE LA LEY ELECTORAL.

    UN CIUDADANO, UN VOTO.

    http://reformaleyelectoral.blogspot.com/

    enlaza tu blog

    ResponderEliminar
  3. Interesante blog, que merece una lectura más reposada. Llegué, tras sus comentarios en

    http://reformaleyelectoral.blogspot.com/2008/03/es-deseable-un-sistema-de.html

    Saludos.

    ResponderEliminar
  4. En mi modesta opinión antes de nada todos deberíamos conocer y comprender la organización
    del Estado, diferenciar entre Administración y órganos legislativos, el procedimiento de
    elaboración de las normas jurídicas así como su jerarquía. Ésto, como bien sabemos muchos,
    es sólo parte de lo que se aprende al preparar unas oposiciones. De no saber diferenciar al
    Gobierno del Parlamento y no conocer nada de leyes o decretos he pasado ha entender que vivo
    en un Estado de Derecho (muy mejorable), una democracia parlamentaria (con representantes de
    los partidos políticos, muy poco de los ciudadanos), y un gobierno que posee (por delegación
    de esos, sus representantes) una capacidad de dictar normas que sólo debería poseer el
    Parlamento. A partir de aquí se podría comenzar a hablar de aritmética electoral. Pero, en
    mi opinión, las cuentas que se echan son las que buscan la perpetuación de una oligarquía y
    así estaremos en un círculo vicioso en el cual sólo nos quedará opinar sin posibilidad de
    cambio.
    Pienso que en el procedimiento legislativo los ciudadanos deberíamos decidir mediante voto
    sobre las normas que tengan un rango inferior al de ley.Abriendo una consulta popular previa
    para hacerlo sobre las que considerásemos que pueden ser mejoradas o hubiese que retirar.
    Ampliar el número de referendums sobre algunos artículos constitucionales (sin necesidad de
    contar con la aprobación del Parlamento), en las que un amplio respaldo popular permita su
    modificación. Por supuesto impedir que la Administración (Gobierno) pueda dictar normas con
    rango de ley. Y otras tantas que se me ocurren, como sencillo ciudadano, en las que sería
    muy interesante ver hasta dónde se puede experimentar y qué beneficios y perjuicios se
    obtendrían.

    ResponderEliminar
  5. Los pueblos se creen lo que les dice la propaganda del Estado. Ayer, que vivían la democracia orgánica de la dictadura y hoy, que viven la genuina experiencia de la democracia. Lo que no dicen es qué es la democracia de las oligarquías de partidos, pues suena mal y para qué molestar al electorado. Sin embargo se desconoce que es una república y en concreto la propuesta de república que nosotros hacemos: La República Constitucional.
    Y es que, la verdad, no resulta nada fácil sacar a los pueblos de sus errores políticos, sobre todo cuando son los mismos errores que los cometidos en los demás países de su entorno cultural. Hay que reconocer que los pueblos se creen sólo aquello que satisface más a su conveniencia inmediata y a su tranquilidad, sin interesarles lo más mínimo los asuntos comunes. Son unos comodones y eso tiene un precio, como todo: la servidumbre. Son poco los que están atentos a los constantes y nefastos actos que realiza la Partitocracia. Y esos pocos tienen una cosa muy clara: no participan en ella. El personal vota porque no ve alternativa al sistema de partidos, y prefieren la corrupción a lo desconocido.

    ResponderEliminar