20 de febrero de 2008

OTRA INVESTIGACIÓN ES POSIBLE - POR LA DIGNIFICACIÓN DEL INVESTIGADOR

Decía Miguel Angel Quintanilla hace unos días que España estaba a punto de convertirse en una de las 10 potencias científicas del mundo. A muchos les puede sonar a risa, pero es tan verdad como que hemos adelantado a Italia en renta per cápita (es decir, son dos verdades, pero un poco relativas). La diferencia entre el nivel de la ciencia en España hace tres décadas y hoy en día es enorme, tanto en términos absolutos como si observamos la evolución de nuestra relación con otros países. Pero ello no quiere decir que lo que hemos conseguido sea el séptimo cielo, o que no haya muchísimas cosas que mejorar.
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Una de ellas es la percepción que tiene el público de la contribución social de la ciencia, y para ello (en vez de documentales de leones en la 2) nada mejor que hacer que la figura del investigador deje de estar asociada en el imaginario colectivo, o bien a un tipo chalao que hace cosas raras y del que hay que reirse desde la propia incultura, o bien a alguien que tiene que malvivir y renunciar a formar una familia o emigrar. El público tiene que percibir que los científicos brillantes pueden ser personas con un gran éxito no sólo académico sino social, y que la carrera científica exige mucho esfuerzo pero que es compensando con garantías económicas desde su mismo inicio. Los niños y jóvenes deberían suspirar por convertirse en científicos (no todos, naturalmente), y no tener como modelos simplemente a una gentuza inútil de vida parasitaria.
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El Estado, por tanto, bien sea directamente o bien a través del incentivo a las empresas, debería esforzarse a su vez por mimar a quienes deciden dedicarse a la investigación, y a quienes dan muestra de su capacidad y vocación desde su más tierna juventud.
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Vaya desde la cubierta del Otto Neurath nuestro apoyo, por tanto, a los convocantes de la manifestación por la dignificación de la carrera investigadora: "Otra investigación es posible", el sábado 1 de marzo a las 12, en la puerta del Sol.
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4 comentarios:

  1. Hola Jesús:

    Alabo tu prosa, cada día caes más en mis redes, sin darte cuenta.

    No ahora en serio. Mi perspectiva es que tiene que haber un sistema, pero tal vez nos convendría el menos sistemático posible, es decir, un sistema que más que dar respuestas, nos inquiete y nos motive a formularnos preguntas, o al menos que nos deje buscar al menos durante un lapso de tiempo esas respuestas por nostros mismos.

    Mi posición a este respecto, es que la pedagogía es un elemento crucial y debe de estar orientada hacía la motivación y el deseo de descubrir como antesala de toda investigación.

    Yo, como un incauto y bisoño universitario más, en las conversaciones de la cafetería, o en el bus, siempre oyes lo mismo, los estudiantes hablan de asignaturas y materias como si intercambiasen mercancias, por ejemplo:
    - Uf, me he quitado Filosofía de la Ciencia de encima, tia -
    - Y que has sacado? -
    -un 7, y eso que estudié tres días antes -
    -jo, que guay tia - Risas, etc...

    Claro yo después hablo con alguno de estos elementos o elementas, sob re cuestiones profundas, y me miran como si fuera E.T.

    Pero es que solo estamos criando y engordando el ganado, pero no estamos creando calidad, sino cantidad, y ese es el gran fallo del actual modelo pedagógico y del sistema educativo en general.

    Un cordial saludo,

    Jordi

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  2. Falta enseñar, para mi gusto, dos cosas: el método y el lado humano.

    De la ciencia se ve el producto. Y los documentales muestran la parte más aventurera (¡pa'qué mentir! a mí, en otra vida, me gustaría ser fotógrafo del National Geographic!).

    Falta el gran director que cuente el trabajo sistemático de cualquier investigador. Y eso liga con el lado humano.

    Con el subidón que se pilla con los "¡Ajá!" cuando encajas datos, o cuando añades uno nuevo (a mí, personalmente, me pone muchísimo más encajar datos que adquirir nuevos).

    O también con las relaciones que se establecen entre los investigadores. Las buenas y las malas. Pero especialmente las buenas. Esas que te mueven a compartir lo que sabes obviando egoísmos (porque la investigación es global y el yo es local). Esas que están hechas de jamón y vino (o queso y cerveza, o café y tarta de manzana, lo que cada uno quiera).

    A mí me da envidia cuando leo entradas como las de Pere Estupinyá en su blog de divulgación científica en El País, y su supermartes.

    Y si yo soy un tipo normalito, seguro que a muchos más también.

    Es cuestión de contar la investigación desde otro punto de vista, no?

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  3. Perdón, el comentario anterior no tomó bien mi nombre.

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  4. Patética manifestación. ¿Qué significa la dignidad de los investigadores? ¿Tienen más dignidad que las peluqueras? Es ridículo pensar que uno debe de cobrar más (ya que la dignidad se calma si abulta más el sobre de fin de mes) porque tiene una serie de conocimientos. El espíritu del funcionario.
    Patético país el que estamos haciendo entre todos, en el que somos incapaces de valorar a los que más contribuyen realmente a nuestro bienestar.
    Patético sistema de mercado libre en el que terminamos pidiendo que nos salve el Estado. Eso sí, bajando los impuestos ¡faltaría más!
    Patéticas empresas, a las que no les queda más remedio que trabajar el cortoplacismo de los dividendos ante la apremiante demanda de sus accionistas.
    Patéticos políticos, que hablan mucho de cosas triviales sin ningún plan a medio plazo.
    Y yo, “mientras tenga lleno el brasero de bellotas y castañas... ríase la gente”

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