4 de octubre de 2007

TURBIA MATERIA OSCURA

Hacemos una pausa en nuestro barco para comer. Hoy nos sirven en la cantina un sabroso debate sobre las relaciones entre la física y la astronomía, cuyo aperitivo (y esperamos que no único plato) ha sido un artículo en El País del 3-10-07 del astrofísico Simon White (http://www.mpa-garching.mpg.de/~swhite/; el artículo en la edición digital está accesible sólo para suscriptores, gracias a la política pesetera de Prisa) .

El debate se
refiere a cuáles deben ser las motivaciones que guían la investigación astronómica. En general, según White, en la ciencia predominan dos tipos de motivaciones: la de hallar la "explicación profunda" de los fenómenos, y la de simplemente encontrar y describir con detalle fenómenos maravillosos o interesantes (White "olvida" mencionar otras dos motivaciones habituales: primera, la de obtener resultados que puedan servir para solucionar problemas prácticos, para facilitarnos la vida, o sencillamente para ganar dinero; y segunda, la de obtener la "gloria" científica, el aplauso de los colegas y del público; pero centrémonos en las que cita White).

El problema en el caso que denuncia este científico consiste en que, mientras que hasta ahora la relación normal entre la física y la astronomía ha sido que la segunda utilizaba los resultados de la primera (leyes, modelos, datos sobre constantes, etc.), pero la astronomía le "devolvía" poco a la física (salvo alguna contrastación empírica de alguna teoría física, de vez en cuando), ahora existe el "riesgo" de que suceda lo contrario: que la astronomía, por estudiar el único campo en el que -de momento- pueden ser "observables" los efectos de la materia oscura, sea colonizada por los físicos de altas energías a golpe de talonario, convirtiéndola, mediante costosísimas inversiones en sistemas terrestres y espaciales de observación, en una disciplina casi puramente al servicio de los proyectos de investigación de la física. El problema no es sólo que el flujo de recursos hacia grandes proyectos astrofísicos relacionados con la materia oscura puede frenar otras áreas de investigación en astronomía, mucho más interesantes y comprensibles para la sociedad (según White): también hay que contar con el riesgo de que los datos acumulados gracias a aquellas costosas inversiones no nos sirvieran al final para resolver los enigmas sobre las leyes últimas de la naturaleza.

El artículo me ha parecido sumamente interesante porque muestra cómo en la raíz de las decisiones científicas hay siempre un "toma y daca": conseguir más de alguna cosa, satisfacer más algún determinado valor u objetivo, implica tener menos oportunidades de satisfacer las otras cosas que deseamos. La cuestión es quién tiene que tomar estas decisiones, y basándose en qué criterios. La respuesta tradicional era "los científicos", pero éstos no son un cuerpo único, sino que pueden tener intereses contrapuestos.

Algo muy parecido ocurrió en el caso de la biología: en los últimos lustros se ha dedicado una cantidad enorme de recursos a la genómica, vendida como una especie de "teoría final" sobre los seres vivos, por lo que numerosos biólogos en otras áreas se quejaron de que su apoyo financiero disminuía, cuando en realidad saber leer un genoma no sirve prácticamente de nada en esas otras áreas. Por supuesto, los "genomistas" se defendían asegurando que, a largo plazo, la contribución a largo plazo del proyecto Genoma al desarrollo de la biología será fundamental (pero esto, más que una predicción, es de momento sólo una profecía bienintencionada).

La cuestión, entonces, es la siguiente: ¿hemos de leer el artículo de
Simon White como una advertencia sobre los riesgos "reales" de convertir la astronomía en una mera provincia de la física de altas energías?, ¿o es una reacción provocada por el miedo de los astrónomos a perder su parte de poder dentro del barco de la ciencia? ¿Tendrá algún efecto sobre la navegabilidad del "Otto Neurath" esta disputa entre los cocineros?


1 comentario:

  1. A ninguno nos gusta que la parte de la ciencia a la que dedicamos nuestras vidas sea tratada de segundona respecto a otra. Todas las partes tienen su valor y es justo y comprensible que lo reclamen. Es bastante asqueroso vernos relegados a un rincón por culpa de una moda.
    Por lo demás, sólo quiero añadir que de las dos motivaciones que comentas, la de las aplicaciones prácticas corresponde a los desarrollos tecnológicos, no a los científicos. Aunque obviamente, a la hora de vender un proyecto a los que te la van a subvencionar, tienes que decir todas las cosas geniales que se podrían hacer con ello.
    Y esto enlaza con un peligro del que avisan muchos científicos: que se tome a la ciencia como una cajita mágica de crear aplicaciones tecnológicas.

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