30 de octubre de 2007

ZAPATERO, EL AVE DE BARCELONA, Y EL ELECTORALISMO


Una crítica al Gobierno muy frecuente estos días es la de que la visita de Zapatero a las obras del Ave en Barcelona ha sido "electoralista". Hay entre nosotros un prejuicio completamente irracional con eso del electoralismo. En realidad, los buenos políticos deben ser "electoralistas", es decir, deben utilizar todos los argumentos que puedan (dentro de la ley) para ganar las elecciones. No es sólo que deban hacerlo "porque si no hacen, perderán las elecciones" (en este caso, el "deben" significa que "es lo que les conviene"). Lo importante es que es bueno para los ciudadanos que los políticos se comporten así, como comprobará cualquiera que lo piense un momento.

Veamos: los políticos prometen que van a hacer cosas, como los fabricantes de coches "prometen" que sus automóviles tienen tales y cuales características (por muy subjetivas que éstas sean, a la vista de los anuncios); estas promesas pueden ser cumplidas o no (tanto las de los políticos, como las de los fabricantes de coches); en las elecciones, los ciudadanos votarán teniendo en cuenta qué promesas les gustan más, y cuánta credibilidad les merecen las de cada partido (según cómo de frecuentemente las hayan cumplido éstos en el pasado).

Para un fabricante de coches no sería rentable hacer una publicidad maravillosa y que luego sus vehículos se estropearan a las primeras de cambio, porque la gente no es tonta, y dejaría de comprarlos. En realidad, toda publicidad tiende a exagerar, pero la gente da por descontada la exageración, y a la larga se hace una idea bastante precisa de la "calidad real" de los productos. Lo mismo sucede con los políticos

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