20 de diciembre de 2008

PURÍFICATE, CORAZÓN MÍO

9 comentarios:

  1. Vaya por delante que soy bastante ignorante en cuestiones de música clásica. Pero esta obra me parece sublime. Un de mis preferidas es el aria Erbarme dich, mein Gott (BWV 244), usada por lo menos, y que yo sepa en dos películas, "La pasión según San Mateo" de Passolini y "Sacrifico" de Tarkovski.
    Recuerdo el interesante comentario que hiciste en una entrada anterior sobre la belleza del espíritu en Bach, frente al espíritu de la belleza en Mozart.
    Personalmente, y sin desmerecer al gran Mozart, tengo debilidad por Bach.
    Gracias por este enlace: una bella forma de acabar el día...

    Un saludo.

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  2. El otro día pensé, con un poco de ironía:

    "Me gustaría que alguien hablara de Bach sin voz trémula. Incluso los materialistas se transubstancian cuando hablan de él.

    Yo comparo a Wagner con el fuego, pero no haría arder al mundo por él".

    Pero bueno...:

    "No arroyo: mar"
    Richard Wagner

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  3. Ah, Mache dich, mein Herze.

    Tengo en CD la versión de Gustav Leonhardt con La Petite Bande. Pero he de reconocer que ésta es mucho más conmovedora. Por un momento me ha recordado al gran Dietrich Fischer-Dieskau.

    Muchas gracias y felices fiestas.

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  4. Gracias. Mientras escucho la música, dejándome llevar, pienso: ¿Por qué, siendo la música el ámbito donde más claramente se unen, sin oponerse, sin lucha, razón y pasión (razón emocionada = emoción razonada), no nos acordamos de ella cuando debatimos sobre éstas? ¿Por qué elegimos una para defender o atacar a la otra? ¿Por qué no surgen Baches o Mozarts en filosofía? ¿Por qué la ciencia se ocupa tan poco de la música (a pesar de Pitágoras)?

    Salud

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  5. Yo creo en Dios...mientras escucho a Bach

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  6. Hace años tuve ocasión de ver en pantalla grande una copia fragmentaria de "El triunfo de la voluntad", el documental de Leni Riefensthal sobre el congreso nazi de Nuremberg en 1934.
    Hay una secuencia en concreto (la llegada de Hitler) tan magníficamente coreografiada con música de Wagner que uno puede muy bien sumergirse en un estado cuasimístico/hipnótico. La verdad es que así se comprende mejor la fascinación que producen determinadas puestas en escena ideológico/religiosas.
    Al parecer, durante la SGM, la OSS (el servicio de información yanqui de la época) le dio una copia de este documental a John Huston para que hiciera con él un montaje antinazi. Parece que, después de devanarse los sesos, Huston acabó desistiendo y afirmando algo así como "No puedo, si es que dan ganas de hacerse nazi".
    Dice Ricardo: "Yo comparo a Wagner con el fuego, pero no haría arder al mundo por él".
    Yo tampoco, pero no sé que sucedería si fuese un jovencito de 17 años en la Alemania del 34. Quizá me hubiese sentido inclinado a hacer arder el mundo no por Wagner, sino acompañado por, o ambientado con, su música...

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  7. ¡Santo Dios, Wagner!, ¡qué pesadez! Tiene algún que otro momento, pero no le puedo escuchar más de diez minutos seguidos sin bostezar.

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  8. ¡Confiesa tus pecados, pecador! ¡Abre tu oído al duo entre Siegmund y Brunilda, a la despedida de Wotan, al aria de Erda en el prólogo de la tetralogía!

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