12 de mayo de 2009

"LA EDUCACIÓN EN LA ENCRUCIJADA" (artículo de Juanjo Dolado)


"El mundo es indiferente a la tradición y la reputación pasada. Solo escogerán el camino del éxito aquellos países que, ignorando las quejas de aquellos que se resisten a perder sus privilegios, estén dispuestos a implementar cambios sustanciales".
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Con este estilo propio de "los grandes" termina Juanjo Dolado su artículo (publicado hace tres meses, pero que he conocido ahora) "La educación en la encrucijada", sobre los retos del sistema educativo español. Hartamente recomendable.
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Para no perderse: datos como que en el resto de la Unión Europea hay tres estudiantes de formación profesional por cada estudiante universitario, y aquí hay los mismos; o como que una plaza en la universidad cuesta 8.000 euros al año, de los que los contribuyentes pagamos casi un 90 %; o como que el "fracaso escolar universitario" supone un desperdicio de 3.000 millones de euros al año (a lo que hay que sumar otros 1.500 millones por el fracaso en la secundaria).
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El problema es que, después de treinta años de políticas nefastas, y dado el impass en que se hayan sumidos nuestros principales partidos políticos en todo lo que sean grandes acuerdos, las esperanzas que tengo de que haya alguien que pueda ponerle el cascabel al gato son minúsculas. A lo que hay que añadir el fenómeno del sistema educativo como "disolvente universal" de todas las reformas, que acertadamente señalan en El café de Ocata: todas las reformas que entran en el sistema, quienes trabajan en él se las apañan para que no tengan ningún efecto visible.
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9 comentarios:

  1. La chica de la foto, la que mira atentamente el vientre del cerdo, ¿quiere casarse con él, o comérselo?

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  2. Y vuelta la mula al trigo: ¿Cómo que treinta años nefastos? ¿solo treinta? ¿Y los cien anteriores qué?

    ¿Y por qué la suposición sorprendente de que un consenso entre los grandes partidos serviría para algo?
    Pero si en lo que de verdad falla más estrepitosamente están de acuerdo. O sea, están en el inmovilismo más total los dos.
    (... O los tres. O los cuatro).

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  3. Cuando se habla del fracaso escolar en España hay que tener en cuenta varias cosas:

    -Primero, habría que compararlo, no sólo con los otros países, sino, sobre todo, con nuestro pasado. Entonces se advierte que se ha producido una evolución espectacular. En especial, es un hecho que los universitarios españoles tienen un nivel muy alto. También es un hecho que nuestros alumnos obtienen mejores resultados que los alumnos estadounidenses.

    -Además, hay que tener en cuenta cierta idiosincrasia española, fruto de una historia que todos conocemos. Esto no se cambia con un simple decreto o suma de decretos.

    -Uno de los criterios que se usan para medir el fracaso es el número de abandonos, pero aquí hay que tener en cuenta cómo funciona nuestro sistema educativo. En una entrevista al ministro de educación de Finlandia, a la pregunta de por qué hay en ese país tan poco índice de fracasos, el ministro contestó que en Finlandia a los alumnos no se les deja fracasar, porque en cuanto se detecta falta de motivación o de rendimiento, se dedica un gran esfuerzo, por parte del profesorado, a determinar las causas y a corregirlas. Aquí, en cambio, casi desde el primer momento se desahucia a los alumnos que se descuelgan. Como dices, los profesores (que son tan víctimas de esa idiosincrasia como cualquier otro sector social), en general, se encargan, más o menos inconscientemente, de hacer inoperantes las diferentes leyes que los gobiernos legislan. Aunque se dice que fracasó la logse, lo cierto es que su “espíritu” nunca llegó a encarnarse. Algunos de sus elementos eran demasiado elevados para el material humano con que contamos.

    Se dice que hay que recuperar la cultura del esfuerzo y el mérito. Eso sólo puede decirlo quien no haya asistido a juntas de evaluación en centros de secundaria, por ejemplo. Estas alegres reuniones son normalmente una tertulia para poner a caldo al estúpido y malvado alumno, que se resiste a soportar el coñazo que un idiota tras otro vienen a suministrarle. Esos mismos que se quejan amarga y amargadamente de la estulticia de los estudiantes son los que, en la sala de profesores, se dedican a comentar el partido de futbol del fin de semana, o confiesan abiertamente que hace no sé cuánto tiempo que no han leído un libro. Desde luego, tampoco ellos son culpables de su ignorancia.

    Me parece un error básico relacionar, como creo que hace el articulista, de modo directo el éxito de la educación con la productividad. No sólo es que la productividad no tiene que ser el fin principal de la educación, sino que incluso, a medio y largo plazo, la mayor productividad depende de la mayor formación “humana”. Esto puede contemplarse en la historia de los países europeos más “avanzados”, aunque cuando entra miedo por la amenaza asiática sea fácil la tentación de ir al grano de la productividad inmediata. Pero hay que tener en cuenta que lo que hacen indios y chinos es copiar una tecnología que fue inventada en Europa y que no habría sido posible sin la formación cultural de la vieja Europa. Si a Europa le queda alguna posibilidad competitiva es inventando o descubriendo nuevas teorías y tecnologías, y eso no es posible sin todo el edificio cultural, que incluye estudiantes de griego y literatura, y en general sin una concepción algo más profunda que la del estudiante indio de matemática aplicada.

    En este sentido, la insistencia en los pocos estudiantes de formación profesional que tenemos me parece muy mal encaminada. Los estudiantes de formación profesional, hay que decirlo, son privados del derecho a una educación más plena e integral, y conducidos por el camino más corto a la producción. ¿Es que no hay ya suficiente mano de obra técnica en otros países menos desarrollados? ¿Tenemos que hacerlo nosotros todo, incluido recoger patatas, y no dejar nada a otros, aunque para poder pagar luego a nuestros campesinos y mecánicos haya que proteger nuestros mercados?

    El argumento de que un alumno sale muy caro (¡precisamente en un país donde se invierte tanto en ‘circenses’!) serviría para dejar de programar conciertos de música contemporánea. La tentación del atajo. Hay que recordar que en algunos países de Europa, donde hay un buen rendimiento académico, el estado paga un sueldo a los estudiantes universitarios.

    Claro que existe la figura del profesor apoltronado (generalmente procedente de aquella época en que, precisamente, se valoraba el esfuerzo y la “excelencia”), y la del alumno vago. Pero eso no se combate recortando derechos.

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  4. juanantonio, estoy de acuerdo contigo en general (tengo algunos desacuerdos, pero bueno) aunque yo no creo que haya que pensar que los alumnos de formación profesional se pierden algo necesariamente.
    A lo mejor lo que se pierden es mayor aprecio y respeto de parte del sistema educativo y laboral, y mayores facilidades para seguir estudiando en lo que quieran profundizar. Son cosas que deberían tener ya, sin cambiar de "especialidad" en secundaria posobligatoria, que al fin y al cabo por eso se supone que es posobligatoria.

    A mi también me ha llamado la atención la gilipollez del mandamás que sale diciendo que los abandonos en la Universidad nos cuestan tanto y cuanto. ¿Pero como sabra este infeliz donde está el despilfarro si ahí no se mide ni se evalúa nada? ¿Un titulado que es un asno es un éxito y uno que ha dejado despueś de dos años es un fracaso? ¿Por qué? Cualquier cosa que se suponga que da la universidad, a quien haya cursado 2/5 de carrera podemos suponer que le habŕa dado 2/5 del beneficio de que se trate.
    Mucho más se despilfarra con los malos profesores, las asignaturas inútiles y la chulería de las Ingenieŕias que tienen a gala que el promedio de alumnado tarde dos cursos de más en acabar la carrera.

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  5. Aloe,
    cuando algunos hablan de que debería haber más estudiantes de formación profesional no están pensando en ampliar el programa de esos estudios hasta incluir todo aquello que no está encaminado unidireccionalmente a que sean productivos en el sentido más básico de la palabra. Tal como está ahora, por más que se lo quiera dignificar, es una "salida" (muy apropiadamente dicho) para los que no han logrado comprender las virtudes de una educación más teórica.

    Por otra parte, no nos engañemos, no se ve en el horizonte que la sociedad vaya a considerar igual de dignas unas ocupaciones que otras, aunque sólo sea porque algunas exigen mayor esfuerzo mecánico y físico y menor esfuerzo intelectual. Hay ocupaciones "embrutecedoras". Mientras no las hagan los pobres robots, se ocuparán de ellas los menos dotados. Pero ¿quiénes son estos?

    Claro que todos los seres humanos (y los animales y las plantas y las piedras) tienen la misma dignidad (¿no?), pero eso no impide que a unos se les coloque en un lugar y a otros en otro, y que no todos los lugares sean igual de agradables (como, por ejemplo, el amar al prójimo no impide perseguirlo, torturarlo y matarlo). (Uy, creo que todo esto último que he dicho es una tontería)

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  6. Pues sí, juanantonio, es como dices, pero eso es lo que yo discuto: que tenga lógica que la formación profesional sea de segunda y el bachillerato de primera.
    En cuanto a la identificación de los oficios manuales con la formación ptrofesional y el bachillerato con la puerta a las profesiones intelectuales, eso es tan decimonónico y tan pasado que debería tenerlo claro ya todo el mundo. ¿No es trabajo intelectual el de programador informático? ¿Y qué tiene de especialmente intelectual el trabajo de vendedor u oficinista a que se verán abocados la inmensa mayoría de los que estudian Empresariales? ¿Y los licenciados en Historia o Filología en qué van a trabajar? ¿De vendedores de Ikea? Y uno que ha estudiado diseño, audiovisuales o turismo qué es ¿manual o intelectual?
    En sitios como Alemania, la proporción de estudiantes universitarios es más baja que aquí, porque muchos alumnos acceden a estudios profesionales cuyos equivalentes aquí se consideran universitarios de primer ciclo (malos, por cierto). En cambio, esos estudios profesionales allí son bien considerados, son de calidad, y dan cualificacion bastante. Allí no todo el mundo va a la universidad simplemente porque puede, como no todos los que no van es porque no pueden.

    Otra cosa de la que nos debemos ir apeando, pero a las generaciones mayores les cuesta, es que el curriculum tradicional (estudias hasta A o hasta B, te colocas de A o de B según donde hayas llegado, y trabajas en A o en B toda tu vida, con algunos ascensos en el camino) ya no es así, no funciona así la cosa, si es que alguna vez funcionó para alguien más que una minoría.
    Ahora habría que acostumbrarse rápido a que el nivel general de formación vaya siendo mayor, lo cual por tanto no garantice en principio nada al recién licenciado o graduado.
    A que la gente que lleva algunos años trabajando vuelva a estudiar, en la misma rama o en otra.
    A que se cambie de orientación profesional un par de veces a lo largo de la vida.
    A que un montador de muebles haya ido a la Universidad (¿por qué no?) sin que tengamos que considerar que hemos tirado el dinero, porque ni sabemos a qué otra cosa se dedicará, ni le pagamos la carrera sólo para que trabaje de abogado o profesor, sino también para su formación personal.
    Y a que se pueda llegar a la universidad por varias vías, a diversas edades y con distintas motivaciones.
    No entiendo por que, si hay un examen de acceso a la universidad, no se puede presentar a ese examen, sin más, todo el que quiera, y se le exigen en cambio otros papelitos firmados para ello.

    Siempre va a haber clasistas, porque siempre va a haber gente que encuentra su propio valor en esas jerarquias y en sentirse más que otros. Pero hombre, es que el clasismo de aquí es como de Perez Galdós. A ver cuando se ponen nuestros clasistas al día.

    Y por cierto, supongo que Bill Gates, que no acabó el grado universitario, y Darwin, que creo que tampoco acabó medicina, serán casos de fracaso académico fragrante...

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  7. ¿No es trabajo intelectual el de programador informático?.

    :) ¿Puedo ser sincero?

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  8. Al menos tanto como el de actuario de seguros, enfermero, periodista o empresario.
    Seguir pensando en términos de "cuello azul" vs. "cuello blanco" es Ancien Régime hasta decir basta.

    (Supongo que tu comentario irá por el lado del flame barrapuntero típico... )

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  9. Nah. Mala leche tras contemplar la fauna herbívora que ahora mismo me rodea...

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