21 de enero de 2009

EL JUEGO FINAL: LA RESPONSABILIDAD DE MORIR


¿Ilusionados con la llegada de Obama a la Casa Blanca? ¿Convencidos de que, a pesar de todas las dificultades a las que nos enfrentamos, la mejor parte de nuestra humanidad se va a manifestar contra viento y marea?
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Pues bien, aquí está el Otto Neurath para sumiros de nuevo en el bajón, recomendándoos un artículo del filósofo John Hardwig, titulado "The end game", en el que reflexiona sobre las responsabilidades de la gente (sobre todo de los más viejos) ante su propia muerte. Un buen antídoto para aplazar los pensamientos sobre la vida ultramundana, y dejar bien resueltos los asuntos que uno va a dejar aquí.
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No os perdáis "La Lista" de tareas para hacer antes de morir, que ofrece al final del artículo. Me han gustado sobre todo las que dicen:
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"No alargues tu vida tanto que tus seres queridos lleguen a desear que hubieras muerto", y
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"Si optas por el suicidio, sé considerado con quienes vayan a encontrar tu cuerpo".
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Realmente, el artículo me parece una vuelta a la filosofía clásica, sobre todo a la de los romanos, antes de que fueran contaminados por el cristianismo.
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En fin, feliz bajón.
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4 comentarios:

  1. Si estás pensando en Séneca, pocos moralistas han existido más "cristianos" que él. Aunque no en lo relativo al suicidio, como es evidente. Ahora bien, ni el cristianismo sostiene que la vida debe alargarse tanto como sea posible (recuérdese a Santa Teresa y su impaciencia por morir), ni todo el paganismo creyó que el suicidio fuera un modo honorable de acabar con la propia vida. Así, Sócrates atribuyó la propiedad de nuestro cuerpo a los dioses, de los que seríamos precaristas o depositarios.

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  2. Ya lo sé, Irhic. Es pura ambientación cinematográfica.

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  3. "Si optas por el suicidio, sé considerado con quienes vayan a encontrar tu cuerpo".

    Jusssto eso dice mi primo siempre (trabaja en ambulancias).

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  4. Me parece eso de la responsabilidad a la hora de morir como una forma de "quitarse el muerto de encima".

    Yo lo veo más como si cuidaron de nosotros cuando éramos pequeños, ahora que están mayores tendremos que devolverles el favor. Si no fuera así los progenitores podrían llegar a romper la baraja. ¿Es posible un gen tan egoísta que llegue a autoextinguirse?

    De todas formas, como decía el padre de un amigo, cuando me muera simplemente que dejen mi cadáver al lado del contenedor de basura. El ayuntamiento tiene la obligación de recogerlo...

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