Reproduzco el articulín (¡que no me entere yo de que ese articulito pasa hambre!) que me sacaron ayer en DivulgaUNED, con motivo del aniversario de Darwin.
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La concepción del mundo que nuestros antepasados tenían durante la Edad Media y la Antigüedad entendía la historia universal como un relato, cuyos protagonistas eran los seres humanos (por supuesto, algunos más que otros) y ciertos seres sobrenaturales, que cambiaban según la religión de cada grupo o sociedad. La naturaleza sería, en esa concepción, poco más que un mero escenario de la tragedia o tragicomedia en la que consistía la historia humana, un escenario construido por dios o por los dioses según el plan de la obra que se representaba en él.
En la Edad Moderna, esta concepción se fue modificando hasta comprender la naturaleza como un sistema que obedecía ciegamente, pero de forma determinista, un puñado de leyes, seguramente establecidas por dios en la creación del universo, y que el ser humano era capaz de descubrir mediante su razón. Este elemento, la razón era lo único que podía verse como algo no natural, y que seguía conectando al hombre con una realidad trascendente; algo que seguía, por lo tanto, estableciendo un sentido a la existencia y a la historia humana, aunque dicho sentido ya no pudiera ser considerado como un relato literario al modo de los mitos clásicos o medievales sino, más bien, como algún otro tipo de fórmula filosófica.
El descubrimiento darwiniano de la evolución mediante selección natural fue el golpe de gracia a estas cosmovisiones: independientemente de si el origen del universo y de sus leyes son o dejan de ser fruto de una mente divina (algo que la ciencia y la filosofía han terminado considerando básicamente indemostrable), el caso es que la evolución del hombre hay que dejar de verla como resultado de un “plan”, y nuestra racionalidad hay que comprenderla como una mera capacidad biológica más, desarrollada por modificación y selección a partir de las capacidades de nuestros antepasados no humanos.
En cierto sentido, la aceptación de la teoría de Darwin (y no la mera llegada de la Ilustración, como quería el filósofo Immanuel Kant) es lo que ha supuesto verdaderamente la entrada de la especie humana en su mayoría de edad, al hacernos comprender que no tenemos a nadie que nos lleve de la mano, ni hay un plan trascendente ni sobrenatural marcado en ningún sitio (o en un no-sitio) que establezca adónde tenemos que llegar y por dónde tenemos que ir, sino que estamos completamente solos en la naturaleza (salvo el resto de la naturaleza, animales y plantas incluidas, por supuesto), y todo lo que hagamos es pura responsabilidad nuestra. Pero, sobre todo, que no hay nadie más que nosotros para juzgar nuestras acciones. La historia, ni la humana ni la natural, no tiene algo así como un sentido, y hemos de acostumbrarnos a vivir con esa nueva certeza.
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13 de febrero de 2014
27 de agosto de 2013
Un mundo sin proyecto
Os dejo el enlace a mi artículo titulado "Un mundo sin proyecto", que acaba de publicarse en la revista digital mexicana Cuadrivio, en un monográfico titulado "¿Adónde vas, evolución?". Espero que os guste.
21 de junio de 2013
6 de marzo de 2012
¿POR QUÉ LAS ESPECIES SON CONJUNTOS ARBITRARIOS?

Hay quienes piensan que lo que DEFINE a una especie biológica es un conjunto de características, que se podrían dar a priori en una lista, y que luego sería cuestión de investigar si hay en el universo físico algún bicho que posea esas características (y por lo tanto, pertenezca a la especie así definida9, o no las posea (y por lo tanto, no pertenezca a ella).
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Pensar así implica ignorar la definición de "especie biológica" que da la biología moderna, a saber, un grupo de seres vivos capaces de cruzarse entre sí, es decir, capaces de engendrar descendencia fértil. Esta definición IMPLICA que las especies no son conjuntos DEFINIDOS por la posesión de una serie de características (aunque, obviamente, pertenecer a una especie IMPLICARÁ poseer ciertas características y no otras; pero es importante ver que la posesión de estas características es una CONSECUENCIA de la definición de especie, y no una PARTE de la definición). En cambio, las especies sólo pueden definirse de manera CONVENCIONAL, es decir, partiendo de la designación ("deíctica") de un conjunto CONCRETO de individuos, y definiendo la especie con los que podrían cruzarse y engendrar descendencia fértil CON ESOS individuos.
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En el dibujo lo ejemplifico con la especie "ratón" (mus musculus). Para definir esa especie no partimos de una serie de características, sino de un CONJUNTO DETERMINADO de individuos determinados a los que hemos decidido llamar "ratones" y que constatamos que ELLOS sí que pueden fecundarse con éxito. Ese es el conjunto A. El conjunto E(A) es el de los miembros de la "especie biológica" de los ratones, es decir TODOS Y SOLO aquellos organismos que podrían tener descendencia fértil si se cruzaran con los individuos del conjunto A. Naturalmente, habrá cietas características que todos y sólo los individuos que pertenecen al conjunto E(A) poseen (y esas podemos decir que son las características "esenciales" de la especie mus musculus), pero esas características las extraemos DESPUÉS de definir la especie, no al revés.
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¿Por qué digo que el conjunto E(A) es "arbitrario" (en el sentido de que presupone una cierta convención que podría haber sido de otra manera)? Pues es muy fácil verlo. Supongamos que señalamos OTRO conjunto de ratones (de los que hemos definido como "ratones" según el procedimiento anterior), el conjunto B. Puesto que B está incluido en E(A), no cabe duda de que SON ratones, miembros de pleno derecho de la especie mus musculus. B puede ser, p.ej., un subconjunto del conjunto de antepasados de miembros de A que vivían hace 100.000 años, o un subconjunto del conjunto de los descendientes de A, que vivan en las Malvinas dentro de 100.000 años.
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Ahora definamos ahora la especie a la que pertenecen ESOS individuos, los miembros de B: o sea, la especie formada por todos los organismos que podrían cruzarse con éxito con los miembros de B. Ese será el conjunto E(B)... ¡¡¡Y lo interesante es que E(A) no es el mismo conjunto que E(B)!!! Pues hay individuos que podrían cruzarse con los miembros de A pero no con los de B (no olvidéis que la relación "los miembros de X pueden cruzarse con los miembros de Y" no es transitiva). Por supuesto, pertenecer a E(B) implicará tener una serie de características determinada, pero esas características serán en alguna medida diferentes de las que son necesarias para pertenecer a E(A).
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Ahora bien, los miembros de B son tan "ratones", tan miembros de la especie mus musculus, como los miembros de A, así que, ¿cuál es la VERDADERA "especie" mus musculus? La respuesta obvia es que ¡¡¡ninguna!!! E(A) es la "verdadera" especie SI partimos del conjunto A como "muestra paradigmática de lo que queremos decir con 'ratón doméstico'", pero si elegimos el conjunto B como paradigma, entonces E(B) será la "verdadera" especie. No hay NADA que determine que A sea un paradigma "mejor" que B. Por lo tanto, no hay NADA en la naturaleza de los hechos, o de nuestros conceptos, que determine que un conjunto u otro (ni, por lo tanto, una lista de características u otra) es la "verdadera y únicamente correcta" especie mus musculus.
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¿Significa esto que el concepto de especie es "inútil"? ¡En absoluto! Los miembros de E(A) son lo suficientemente parecidos entre sí como para que podamos distinguirlos de otros conjuntos definidos de manera semejante a partir de animales que no se pueden cruzar con los del conjunto B (p.ej., las ratas de agua, o los sapos parteros), y las relaciones causales entre los miembros de E(A) y entre sus características son también lo suficientemente significativas y robustas como para que, p.ej., si averiguamos algo sobre una muestra del conjunto E(A), tengamos suficiente garantía de que será aplicable a la inmensa mayoría de los miembros de E(A), no sólo a esa muestra.
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Ver artículo sobre el tema en Feelsynapis
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