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29 de octubre de 2012

22 de marzo de 2012

CIENCIA PÚBLICA - CIENCIA PRIVADA, AHORA EN GOOGLE BOOKS


Acabo de descubrir por azar que mi libro Ciencia pública - ciencia privada está disponible parcialmente en Google books. Me parece fantástico (con los 1.200 $ o así que he cobrado por derechos de autor hasta la fecha con ese libro, no diré que me doy por satisfecho, pero sí que estoy contento), aunque me habría gustado que se hubiese comunicado al autor esa publicación online.
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A disfrutarlo.
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16 de febrero de 2012

¡¡¡POR LA DIGNIFICACIÓN DEL SALARIO DE CATEDRÁTICO!!!


Tres vivas por el Tribunal Constitucional de Alemania, que en una reciente sentencia ha declarado que “el legislador ha de fijar la cuantía de los salarios de los catedráticos teniendo en cuenta que los puestos de funcionarios para personas que están más cualificadas que la media han de ser atractivos de modo que su consideración social se corresponda con la formación exigida a los titulares de la cátedra”.
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Los 3500 euros al mes que cobraba el catedrático demandante (el salario menor, para un catedrático de universidad que haya accedido al puesto después de 2005, cuando las tablas salariales fueron modificadas a la baja; es aproximadamente el salario máximo -neto- de un catedrático español, con todos los sexenios, quinquenios y trienios posibles, pero es más o menos la mitad del salario máximo para un catedrático de los ya lo eran antes del 2005 en Alemania -lo que no especifica la noticia es si las cifras alemanas son brutas o netas), estos 3500 euros, decía, son considerados por el alto tribunal como "indignos" para un puesto de tan elevada exigencia intelectual. Como comentan en alguna página, la proletarización de los cuerpos de enseñanza superior (y seguramente también de los otros), no sólo en términos de salario sino en términos de condiciones laborales en general, está en parte detrás de la bajada de calidad de la educación, al no haber fomentado que esos puestos de trabajo atraigan a "los mejores" (sino a gente como yo, sin ir más lejos).
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Más sobre esta proletarización, me recuerda mi amigo D.T. (IP de un reciente proyecto de investigación en la universidad) la respuesta negativa que ha obtenido por parte del ministerio a su petición de incorporar al proyecto a un colega que es profesor de instituto: lo que le dice el ministerio es que el trabajo en el instituto no se puede compatibilizar con la pertenencia a un proyecto de investigación. Una forma maravillosa, como se ve, de promover la calidad del profesorado y fomentar la carrera docente. ¡Qué lejanos parecen los mediados de los 90, en los que yo, siendo profesor de bachillerato, participaba -aunque no sin dificultades administrativas- en los proyectos de investigación que dirigía Javier Echeverría! Supongo que mis alumnos de entonces debieron de sufrir enormes perjuicios académicos a cuenta de esas viciosas y depravadas actividades mías. ¡Si en vez de dedicarme a publicar artículos en abominables revistas extranjeras, hubiese dedicado mis tardes a calentar las sillas del CEP más cercano recibiendo cursillos pedagógicos, entonces sí que estaríamos al nivel de Finlandia en educación!
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En fin, ¡qué majos son los alemanes! Ya veo a Wert y a Montoro rendiéndoles pleitesía (como en tantas otras cosas) y subiéndonos el sueldo a los catedráticos para "dignificarnos" (Coño, nacho, que tú también eres un cátedro...)
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Y en ese momento me desperté, y el dinosaurio Wert aún seguía allí.
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Más sobre el tema:
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11 de enero de 2011

TORPEDEANDO LA CALIDAD DE LA EDUCACIÓN


Texto extraído de la aplicación informática para las solicitudes de proyectos de investigación del Plan Nacional de I+D+i+(¿ocio?), en el apartado para incluir miembros del proyecto. Como se ve, el poder siempre pensando en mejorar las capacidades del profesorado de secundaria. ¡Donde esté un cursillo el CPR, que se quite una mierda de investigación!

NOTA: Los institutos de secundaria no están reconocidos en la convocatoria como centros de I+D y por lo tanto el personal de estos centros no puede ser considerado miembro del equipo investigador aunque sean licenciados o doctores. Mas aún, para que este personal pudiese participar en un proyecto de otra institución, tendrían que dedicar al menos el 50% de su tiempo de trabajo a la I+D y por lo tanto su contrato laboral debería permitir esto, y en principio este tipo de contratos no lo permite. En cualquier caso, el Representante Legal de ese instituto debería firmar una autorización expresa de que esa persona puede dedicar el 50% de su tiempo a la investigación en su instituto o fuera de su instituto, lo cual si el contrato no lo permite seria fraudulento.


Curiosamente, el único colectivo para el que los cerebros del MICINN consideran relevante poner este aviso son los profesores de secundaria. El resto del personal de la administración que no son ni profesores de universidad ni investigadores del CSIC o centros afines, se conoce que no tiene problemas para compatibilizar su horario de trabajo con la investigación. Supongo que a partir de ahora pondrán unos carteles bien grandes en la universidad, que avisen a los estudiantes de que, si optan por dedicarse a la enseñanza no universitaria, es mejor que no piensen en investigar, porque eso es gravemente perjudicial para el servicio que tendrán que prestar a sus alumnos.
Me gustaría saber qué piensan en el Ministerio de Educación sobre esto, y el ministro en particular (las consejerías de educación de las CCAA estarán la mar de contentas).
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P.D. Menos mal que ese aviso no se ponía en los años 90, cuando yo era profe de bachillerato y participaba en los proyectos de investigación dirigidos por Javier Echeverría en el CSIC.
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Más:

8 de noviembre de 2010

"SCIENCE IN SOCIETY": CONGRESO EN LEGANÉS, 11-13 DE NOVIEMBRE


Esta semana se celebra en la Universidad Carlos III, en su campus de Leganés, el congreso internacional "Science in Society", una megaconferencia que promete ser de lo más interesante. Yo intervendré el viernes 12 por la mañana.

9 de octubre de 2009

NOBEL-IMSERSO (2): PARA EL JEFE SÍ QUE HAY PRISAS


Comentaba el otro día lo deprimente del espectáculo de ver premiada con el Nobel una investigación de más de cuarenta años de antigüedad (no por ello menos merecido). En cambio, contrastan las prisas para darle un regalito al boss (tampoco digo que sin merecimiento), tal vez para compensar el reciente desaire nórdico que se llevó al otro lado del estrecho de Oresund.
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Insisto, no es por quitar méritos; sólo me chocan las diferencias de ritmo.
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Y a todo ello: ¿para cuándo un nobel español en ciencias? Al paso que vamos, será algún jovencito que lo recibirá cuando se jubile, dentro de treinta años.
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LAS TIJERAS ESPAÑOLAS NO NECESITAN CIENCIA


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¿Quién quiere científicos, con lo bien que se nos da el humor?
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Y eso por no hablar de las tijeras chilenas:
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21 de julio de 2009

EL TURISMO (NUCLEAR) ES UN GRAN INVENTO



En el plan de revitalización de la comarca de las Merindades, tras la parada económico-cardio-respiratoria que supondrá el cierre de la central nuclear de Garoña, el Gobierno ha propuesto (en un derroche de imaginación, a la altura de las más vetustas tradiciones hispanas, de las que dieran encomiable ejemplo, antes incluso de la llegada del hombre a la luna, intelectuales carpetovetónicos de la talla de Don Pedro Lazaga y Don Francisco Martínez-Soria y Gómez de la Mora) la sustitución de una actividad económica tan anticuada y obsoleta como la física nuclear, por la más efectiva y moderna, y más a la altura de nuestra posición de vanguardia en la economía global del conocimiento, del turismo de alto standing, con parador y todo.
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Con la disposición hacia el servicio público que ha caracterizado desde sus comienzos al Otto Neurath, proponemos aquí una idea que sería, sin duda alguna, la guinda de tan I+D+i-lico plan de choque para esa zona burgalesa del corazón de Castilla y de las Españas: la reconversión de la misma central de Garoña en parador nacional de turismo, aprovechando sus instalaciones para ofrecer un producto sin competencia en el mercado mundial. Vayan aquí unas imágenes de muestra.
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En un entorno I+D+í+lico
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Una marca que marca la diferencia.
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Unas instalaciones concebidas para el confort.
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Un personal siempre atento a las necesidades del cliente más exquisito.
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Parador Nacional "Santa María de Garoña":
LA BOMBA de la red de Paradores.
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1 de junio de 2009

UN NUEVO MODELO PRODUCTIVO: INVENTAR EL BOTIJO

Se me ha pasado en las dos últimas semanas comentar el cuchillazo que ha dado el gobierno al presupuesto de Ciencia e Innovación: 450 millones de euros, y un 7 % entre los recortes hechos en febrero y en mayo. Me ha recordado el tema una dolida entrada del blog de Juan Urrutia sobre el fracaso de la candidatura española para la instalación del Gran Espalador de Neutrones en Bilbao, candidatura de la que fue director hasta el año pasado.

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Juan sostiene que la pérdida del proyecto está relacionada (¿como causa?, ¿como efecto?, ¿ambas cosas?) con el recorte presupuestario ("si éstos no van a apostar por la ciencia, ¿para qué les vamos a conceder la instalación?", o bien, "como no nos van a conceder la instalación, eso que nos ahorramos").
.[Mi hipótesis malvada es que la concesión del ESS a Suecia ha sido parte del precio que Zapatero ha pagado a Europa por dejarle ganar la Champions a su amado Barça, pero eso merecería otra entrada]
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Pero lo lamentable, como señala Kiko Llaneras, es que esto se pretenda vender como una manifestación de la apuesta zapateril por un nuevo modelo productivo. "¡Inventemos el botijo!", parece ser el mensaje, "que eso sale barato".
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En fin, supongo que parte de ese dinero será el que irá a mantener en las clases de secundaria a los objetores a la educación, mediante un burdo soborno económico. Al menos, molestarán poco a los profesores y a los compañeros si se ponen a jugar al Dragonball con el MacGabilond que les echarán los reyes.
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16 de junio de 2008

UNA NUEVA LEY DE LA CIENCIA



La ministra Garmendia ha anunciado hoy en el Congreso que para principios del 2009 presentará una nueva Ley de la Ciencia, cuyo proyecto se elaboraría mediante un gran "pacto de Estado". Las ideas que han salido a la luz apuntan en la buena dirección: más facilidad para la inversión privada en investigación (el gran déficit de nuestro sistema) y para la movilidad de los investigadores (tanto de unos centros a otros, entre el sistema público y el privado, y entre países). Espero que lo del "pacto de Estado" vaya más en serio (y tenga más éxito en cuanto a consensos alcanzados y a eficacia) que el que se montó para la Ley de Educación en la pasada legislatura.
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Sería deseable también que la ley estableciera unos cauces atractivos para la carrera investigadora, tanto en relación al acceso a ella, como, en el caso de las universidades, en lo relativo a su complicada vinculación con la carrera docente. Por ejemplo, no es lógico que la plantilla de las universidades, y el salario de los profesores, dependa casi exclusivamente de las necesidades docentes, cuando se supone que la investigación es también una parte fundamental de nuestro trabajo. Aunque es aún menos lógico que un investigador deba llegar a los cuarenta años para empezar a vislumbrar una pequeña estabilidad laboral. El que los puestos sean vitalicios y de tipo "lapa", y el que no haya alternativas de colocación fáciles en otros sectores para gente con elevada cualificación de investigador, ni competencia entre los centros por conseguir a los buenos investigadores, sin duda influye muy negativamente en la rigidez del sistema de acceso.
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Pero las "lapas" tenemos nuestro corazoncito, y somos difíciles de despegar, así que preveo resistencias...

19 de mayo de 2008

MÁS SOBRE BOLONIA Y ANTI-BOLONIA

(Copio mi réplica a una respuesta de Jon Igelmo sobre mi entrada boloñesa)

Estimado Jon:

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Muchas gracias por tu mensaje. Como imagino que supondrás, no estoy de acuerdo con casi ninguna de las cosas que dices. Iré punto por punto mostrando mis argumentos.
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En primer lugar, no creo que haya nada en mi texto que sugiera que siento "reticencia a ser convertido en masa"; me considero parte de "la masa", pero no todos los que estamos "en un mismo lodo manoseaos" pensamos necesariamente igual. Lo que reconozco que no me gusta es el juntarme con más de dos personas (¿o una?) para manifestar mis ideas (prefiero manifestarlas solo), pero los gustos son libres, supongo, y no creo que haya nada criticable en eso.
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En segundo lugar, dudo mucho de la descripción que das del movimiento anti-Bolonia ("una organización... de la suma libre de individualidades"). ¡Toma ya, como todos los movimientos que en el mundo han sido! (al menos, los que yo recuerdo).
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En tercer lugar, claro que me felicito de que haya un movimiento de alumnos que reivindiquen una universidad pública y de calidad (lo de gratuita, ya no lo comparto tanto; no sé por qué el hijo de un millonario tiene que ir gratis a la universidad). En donde pongo mis dudas es en las creencias de esos reivindicadores sobre los MEDIOS para conseguir una universidad así. Al fin y al cabo, el Plan de Bolonia pretende PRECISAMENTE ESO (universidades públicas de calidad, y se supone que accesibles para todo el mundo). ¿Cuál es la diferencia, entonces? Yo creo que los redactores del Plan no saben muy bien qué hacer para conseguir esos fines, y que los manifestantes tampoco lo saben. (Yo tampoco lo tengo nada claro, pero propondré algunas ideas más abajo).
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En cuarto lugar, no veo por ningún lado en el diseño y la implementación del Plan de Bolonia que el objetivo consista en hacer que el Estado gaste MENOS dinero en la Universidad. En el caso de España, en particular, es totalmente improbable que la aplicación de éste o cualquier otro plan verosímil vaya a conducir a una reducción del gasto universitario. Tampoco se pone en duda (salvo tal vez Sinesperanza Aguirre y algunos otros de su calaña) que el gasto universitario sea y vaya a ser fundamentalmente del Estado (además de las carreteras y aeropuertos).
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En quinto lugar, quedan las propuestas alternativas. Dices que tú tiendes a "creer que hay muchas opciones para transformar la universidad". Estupendo: lo que necesitamos es una lista de esas opciones, pero tú no indicas ninguna. Aquí van algunas mías:
- que no entre en la universidad ningún alumno que cometa más de tres faltas de ortografía en una redacción de una página (y ningún profesor que cometa más de una); esta mera simpleza mejoraría la calidad de la universidad en un 50 %;
- que las universidades puedan competir por los alumnos (ofreciéndoles enseñanzas mejores que en otros sitios, o mejores instalaciones, o estudios más especializados) y por los profesores (ofreciéndoles salarios correspondientes a su calidad);
- que el Estado facilite a los estudiantes el irse a estudiar a la universidad que prefieran, en cualquier parte del mundo;
- que aquellos centros universitarios que ahora funcionan como meros centros de FP un poco maquillados, se reconviertan en verdaderos centros de FP, que es lo que desesperadamente necesitamos en este jodido país (abundantes cuadros medios sólidamente formados, y no abundantes licenciados con un barniz de aprendizaje). Demos a esos centros de FP de calidad una relación lo más fluída posible con las empresas, y dejemos el residuo de universidad de altísima calidad (que quede) con toda la vocación humanística, investigadora y anticrematística que se nos antoje.
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Por último, si los movimientos anti-Bolonia se limitan a criticar que "los creadores del Plan no saben lo que hacen", entonces de acuerdo. Pero nada de lo que he visto hasta ahora apoya esa interpretación.
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Mi crítica al plan de Bolonia es que ni por asomo va a conseguir una mejora en la calidad universitaria comparable a la que tendrían medidas tan tontas como éstas. Todo lo más, facilitará las convalidaciones (o lo que las sustituya), pero en el fondo, lo que se hará en las universidades seguirá más o menos igual.

Un cordial saludo

16 de mayo de 2008

EMPANADA BOLOÑESA

Copio un comentario mío en el Blog "Pensamiento Pedagógico Radical", sobre la futilidad de las manifestaciones en la universidad contra el Plan de Bolonia.
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Reconozco que soy escéptico por naturaleza, y muy descreído por lo general de todo aquello por lo que la gente se junte en masa para quejarse. Pero lo del movimiento anti-Bolonia me da un poco más de risa que lo normal.
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El movimiento es un ejemplo perfecto de "teoría conspirativa" (como se sabe, un tipo de paranoia bien estudiado). La idea de base es que el plan de Bolonia consiste, "en el fondo", en una trama bien planeada que tiene el objetivo claro de mercantilizar la universidad, y que cuenta con un diseño meticuloso, digno de Ocean's Eleven, para alcanzar ese objetivo.
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Esto supone tres graves errores:
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1º.- Que los diseñadores del plan son lo bastante inteligentes como para haberlo diseñado así. Esto es rotundamente falso, no tanto por la falta de inteligencia de todos y cada uno de los cerebros que hayan contribuído al diseño del plan, como por la falta de "inteligencia colectiva" que las instituciones europeas han demostrado con certeza inductiva en los últimos cincuenta años.
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2º.- Que el objetivo "oculto" de Bolonia sea ése de la "mercantilización". Lo más parecido que puede haber pasado por las mentes de la Unión es que, al fin y al cabo, la universidad cuesta una pasta gansa, y habría que racionalizar un poco lo que se hace con el chorro de billones de euros que se dedican a ella. Pienso que el hecho de que la universidad pública europea es ineficiente y chapucera, cuando no cobijo de mafias (la privada, por lo menos, no se esfuerza tanto por disimularlo), es algo reconocido por todo el mundo, y el plan de Bolonia sencillamente consiste en decir "venga, jo, vamos a tomarnos esto un poquito en serio, y a ver cómo lo organizamos con un poco de cabeza, ¿no?".
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Lo malo es que, cuando en la UE se ponen a "pensar las cosas con un poco de cabeza", lo único que saben hacer es diseñar un formulario incomprensible, y mandar a la gente que lo rellene, aunque ni quien lo ha diseñado (en general, unos cuantos pedagogos engreídos), ni quien lo va a rellenar (unos cuantos profes pringaos de cada facultad, no menos engreídos -"¿pero qué sabrán esos?"-; entre ellos, un servidor), ni quien lo va a revisar (unos cuantos profes patanegra, seleccionados, aún más engreídos -si cabe, que lo dudo-, que cobrarán un pastón por pasar el coñazo, y que querrán pasarlo cuanto antes) tengan ni puta idea de la relación causa-efecto que hay entre lo que pone en el formulario y lo que se pretende conseguir con él. Bueno, tampoco los primeros (los pedagogos aquellos) tienen ni puta idea de qué es lo que pretenden (salvo ganar ellos poder en el sistema universitario), pero, para no reconocerlo, hacen el formulario aún más largo. [Esto es lo que ahora estamos haciendo en todas las facultades españolas, con el título de "adaptar los planes de estudio al plan de Bolonia"].
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[Por cierto, que me sumo al mensaje de la pancarta de la foto, aunque no por lo que toca a las empresas: ¡ojalá nuestros empresarios se preocuparan ALGO por la universidad española!].
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3º.- El último error consiste en creer que hay alguna probabilidad mayor que cero de que la universidad pública europea vaya a cambiar lo más mínimo por muchas reformas "de papel" que hagamos (la mayoría de las privadas seguirán siendo academias de corte y confección para pijos opusinos y asimilados, por supuesto). Después de rellenar los formularios en cuestión, y de que la ANECA transija más o menos con unos y con otros, las clases se seguirán dando igual que antes, porque quienes tienen el control último para determinar si lo que se ha hecho está de acuerdo con lo que se ha escrito en el formulario, seguirán siendo los mismos de siempre (nosotros, los profesores vagos, y ellos, los alumnos vagos). La estrategia de "tú haces que aprendes y yo hago que te apruebo" es dominante en el juego de la universidad, tal como está concebida.
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Así que las pandillas de marchosos anti-Bolonia sólo conseguirán lo que han conseguido todos los protagonistas de las "revueltas estudiantiles" de las últimas décadas: sentirse importantes y echar algún casquete gracias a ello (que no es poco). No porque se enfrenten a un enemigo demasiado poderoso, sino porque el enemigo es puramente imaginario, y ellos son parte de la razón de su inexistencia.
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Ir a:

Más sobre Bolonia y Anti-Bolonia

Sobre la mercantilización de la universidad

Si no quieres "cap", toma tres "cups"

21 de abril de 2008

EL MERCADO DE LAS IDEAS (1)

UN EXPERIMENTO DE FILOSOFÍA 2.0


Comienzo con esta entrada un experimento de "filosofía 2.0". Me han pedido que escriba (y, como siempre, ya voy con retraso) un artículo para la nueva Revista Electrónica de Ciencia y Tecnología (publicada por la Universidad de Salamanca), y he elegido como título "¿Es la ciencia un mercado de ideas?". En buena parte voy a contar en él, de forma divulgativa, algunas de las ideas que he desarrollado en otros artículos (p.ej., ver estos vínculos: 1, 2, 3, 4). Pero me gustaría que el nuevo artículo surgiese en buena medida de la interacción con otras "cabezas pensantes".
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Para ello, voy a ir colgando aquí, en las bodegas del Otto Neurath, lo que vaya escribiendo del artículo (de momento, en esta entrada, lo introducción provisional), y espero vuestros comentarios (supongo que mucho más incisivos y variados que los que uno suele tener en una presentación académica) para entre todos ir gestando los siguientes apartados.
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Supongo que los editores de la Revista verán esta iniciativa con una mezcla de terror y curiosidad: terror por el retraso que la experiencia puede suponer (pero, ¡tranquilos!, me comprometo a cortar por lo sano si la cosa no sale como espero en un breve plazo... aunque el trabajo quedará colgado para seguir creciendo, aun después de la publicación), pero curiosidad también porque, al fin y al cabo, este tipo de cosas son las que dan vida al tema de la revista propiamente dicha, ¿no?
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Así que, aquí va la introducción. Muchas gracias a todos por adelantado.
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¿ES LA CIENCIA UN MERCADO DE IDEAS?

Jesús Zamora Bonilla

UNED

1. INTRODUCCIÓN.

Naturalmente, la respuesta es “no”. La ciencia no es un mercado: si consideramos que el mercado es un sistema de interacción social cuyos elementos mínimos (sus “átomos”) son cada una de las acciones de compraventa de bienes o servicios, resulta obvio que los “átomos” principales del sistema de interacción social en el que consiste la ciencia no consisten en “comprar” o “vender” nada. Desde luego, hay que comprar muchas cosas para llegar a hacer buena ciencia: hay que equipar laboratorios, contratar investigadores, pagar el recibo del teléfono, satisfacer los royalties empleados, etcétera, etcétera; de la misma manera, antes de poner un producto en el mercado a disposición de los clientes, la empresa que lo produce ha tenido que comprar materias primas, pagar salarios, instalar fábricas, transportar bienes de un lado para otro, pagar impuestos, y mil cosas así. Pero la diferencia esencial entre lo que hace una empresa con los bienes y servicios que ha producido gracias a todos esos recursos, y lo que hace un “agente científico” con lo que ha producido con los suyos, es que la empresa pone en el mercado su producción, es decir, el producto final, un bien o un servicio, está destinado a ser vendido, mientras que el “productor científico” suele regalar sus productos finales: no los vende, sino que los publica –en general sin recibir ninguna compensación monetaria a cambio– en alguna revista especializada, o en un congreso, para que otros “productores” lo conozcan y lo puedan utilizar libremente.

Ya veo delante de mí las numerosas manos que empiezan a protestar, burlándose en muchos casos de la supuesta ingenuidad que transpira el párrafo anterior. “¡Pero si la ciencia de hoy en día está dirigida básicamente a conseguir resultados comercializables, o sea, a conseguir patentes!”, se me dirá, y soy del todo consciente de que ello es así. Cualquiera que haya echado un vistazo a la biografía de la recién nombrada ministra de Ciencia e Innovación, Cristina Garmedia, tendrá esto en la cabeza a estas alturas. Pero no hay que olvidar que, por cada patente que se solicita (unos dos millones al año en todo el mundo) hay muchos más artículos que se publican gratis et amore. Además, en la mayoría de las disciplinas científicas, es rarísimo el que se produzcan resultados patentables, lo que no quiere decir que algunos productos de esas disciplinas no se puedan comercializar con provecho, aunque no el “producto científico final” propiamente dicho, es decir, el artículo (“paper”) y las ideas y datos nuevos que contiene. Otras manos insistirán en que también los artículos, o las revistas que los incluyen, o (no digamos) los libros, son mercancías que se compran y venden, y este mercado editorial es, con toda seguridad, un auténtico mercado. Pero el producto como tal de la investigación científica no es tanto la revista o el libro (estos son más bien “envoltorios”), sino la información que hay en ellos: en el caso de una patente, hay que pagar por utilizar la información revelada por la patente, no por acceder a ella (o no necesariamente), mientras que en el caso de una revista, una vez que uno (o su biblioteca) ha pagado la suscripción, no hay límites para el uso que puedas hacer del “contenido epistémico” de sus artículos.

No es inimaginable un futuro en el que toda la nueva información científico-tecnológica que se produjera fuese “de pago”, es decir, patentables: lo único que haría falta sería un sistema de control lo bastante efectivo como para averiguar quién ha empleado cada “descubrimiento” en su propia actividad investigadora o industrial. De hecho, a mí me han caído buenas broncas por imaginarme (¡que no proponer!) un sistema así (en mi libro Ciencia pública – ciencia privada). Pero el caso es que la ciencia actual, y no digamos la del pasado, aún está dominada cuantitativamente por la práctica de los descubrimientos regalados, si bien es cierto que la financiación de la investigación científica procede, en cada vez mayor medida, de los ingresos que las propias instituciones investigadoras (públicas o privadas) obtienen gracias a las patentes de aquellos descubrimientos que no regalan.

Pero, dicho esto (que la ciencia no es un mercado, aunque está relacionada intensa e intrínseca mente con muchos de ellos), hay que decir también que, por supuesto, la ciencia sí que es un mercado. La paradoja es posible porque, como todo economista sabe bien, la verdad es que el propio mercado tampoco es un mercado. Me explico: el conjunto de realidades sociales a las que nos referimos con la expresión “el mercado” están muy lejos de formar un conjunto homogéneo, pues los procesos de intercambio concretos son muy diferentes unos de otros. Además, lo que tenemos en la cabeza (nuestro “concepto” de mercado) son realmente diferentes modelos específicos de mercado (el mercado de competencia perfecta, el monopolio, y todos aquellos modelos abstractos que los economistas se dedican a desarrollar), ninguno de los cuales suele encajar exactamente con ninguno de los mercados “reales”. Es decir, para entender los mercados (reales) como mercados (modelos abstractos), es necesario “forzar” en cierta medida los primeros para que encajen en las categorías que definen a los segundos. O sea, que la interpretación de una realidad social como “un mercado” es siempre hastsa cierto punto metafórica. Entender la ciencia como un mercado no implica tal vez, por lo tanto, nada más que extender el alcance de la metáfora un poquito más: “vamos a ver qué cosas interesantes podemos decir sobre la investigación científica si la intentamos entender como si fuera un mercado”. Para ello, lo que tendremos que hacer es lo que hacemos con el resto de los mercados (desde el mercado de letras del tesoro, al mercado negro de armamentos, pasando por el mercado de abastos de mi barrio): ajustar nuestras categorías mentales para que encajen con los hechos que deseamos analizar.

Este análisis nos permitirá hacer fundamentalmente dos cosas: por una parte, arrojará alguna luz (o barro) sobre las interacciones en las que en el fondo consiste la actividad social que llamamos “investigación científica” (sección 2), y por otra parte, nos ayudará a enfrentarnos con armas conceptuales más poderosas a la creciente realidad social de la “mercantilización” de la ciencia (sección 3).

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15 de abril de 2008

A POR ELLOS, OÉ (QUE ESTÁN DESORIENTADOS)



Bueno, al final la competencia en universidades ha pasado al nuevo ministerio de Ciencia e Innovación (¿lo he dicho bien?). Confieso que la medida me ilusiona. El intento de Aznar de promover la investigación con un ministerio de ciencia y tecnología fracasó, en buena parte, precisamente porque el Sacro Imperio de las Taifas Rectorales quedó fuera de las manos de Anna Birulés y Juan Costa (a la sazón más metidos en economía y en política que en investigación propiamente dicha... otra de las posibles razones de que aquello no prosperase). Ahora, en cambio, Cristina Garmendia tiene bajo su mando al cuerpo que constituye las tres cuartas partes, o más, del personal investigador de nuestro país: los profesores universitarios, a los que ya nos ha dicho (¡qué bien suena!) que hay que investigar más y dar menos clases.
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La pregunta es, ¿podrá Garmendia con el lobby de la CRUE? (¿y pondrán Zapatero y Solbes, ahora que vienen mal dadas en lo económico, la pasta que haría falta para poner patas arriba la universidad española?) Convendría que la nueva ministra actuase pronto, ahora que parece que los rectores están desprevenidos. La universidad española, dentro de la que hay buenísimos profesores e investigadores y excelentes estudiantes, ha generado en las últimas décadas una gigantesca excrecencia de centros mal dotados en todos los aspectos, que funcionan poco más que como academias de cursillos que dan lustre a alguna que otra consejería de educación. Todo el sistema educativo español padece una deprimente mediocridad (con honrosas excepciones) que se pone de manifiesto en la universidad más claramente que otros ámbitos. Pero, como cualquier institución, su misma existencia genera una serie de intereses creados cuyos beneficiarios se ponen a defender como gato panza arriba en cuanto temen que pueden perder algo. Ríete tú de la guerra del agua y de los agricultores derramando la leche en la plaza de Atocha. Los rectores sí que tienen peligro. Y, o mucho me equivoco, dentro de poco pondrán su mira en la cabeza de Garmendia, si es que la ministra intenta hacer en serio lo que parece que quiere hacer. Algún ruido de tambores de guerra ya se empieza a oir...

http://cybereuskadi.com/blog/2008/04/14/las-implicaciones-del-nombramiento-de-cristina-garmendia/
http://www.elpais.com/articulo/espana/Ciencia/absorbe/universidades/elpepunac/20080413elpepinac_6/Tes
http://www.elmundo.es/elmundo/2008/04/15/ciencia/1208251884.html

P.D. En fin, hablé demasiado pronto; ya están propuestos los Secretarios de Estado, y parece que son muy "establishment". Veremos.

11 de abril de 2008

CRISTINA GARMENDIA, MINISTRA DE CIENCIA E INNOVACIÓN



De confirmarse la noticia que sacan esta tarde los medios, la apuesta de Zapatero en materia de política científica para esta nueva legislatura es fuerte, y en la buena dirección. Cristina Garmendia, catedrática, empresaria, científica, mujer y vasca, es uno de los ejemplos que deberían tomar nuestros niños y niñas (además de los futbolistas del Getafe) para construir un mundo mejor, por su pasión por el valor social del conocimiento.
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Es, sobre todo, una científica del tipo de las que admiro en mi libro Ciencia Pública - Ciencia Privada (por el cual, por cierto, no he cobrado un duro todavía -¿alguien de FCE a la escucha?-), científicos que, cuando ven lo caros que son los ratones modificados genéticamente, no se lamentan amargamente y piden subvenciones al ministerio, sino que ven una oportunidad para desarrollar ratones de esos y venderlos.
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Un brindis por ella.
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(Aunque, como buen homo academicus, aún me corre el escalofrío por el cuerpo de no saber cómo quedarán las relaciones de la universidad con la investigación y la educación.
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De hecho, esta es la principal novedad del ministerio, pues es la primera vez que universidades se separa de educación. Y a lo mejor esto no es tan malo, en definitiva).
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1 de abril de 2008

EL JUICIO DEL "JUICIO FINAL"

Según se va alejando la Semana Santa, (me) van quedando menos ganas de hablar de religión. Será la vuelta al mundo real. Y de vuelta a la ciencia (con perdón de Hypatia), en concreto me llama la atención la noticia que leo hoy en el New York Times: un juez de Hawaii (EE.UU., al fondo del Pacífico a mano derecha) ha admitido a trámite una querella presentada por dos individuos, que exigen que el CERN detenga la puesta en marcha del Gran Colisionador de Hadrones, porque, según afirman, existe una probabilidad no despreciable de que alguno de sus experimentos produzca un agujero negro que se trague a la Tierra en menos que lo que Triki tarda en comerse un kilo de galletas (o de zanahorias, en estos tiempos políticamente correctos).
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No entro a discutir (salvo si surge el tema en los comentarios) la seriedad de las estimaciones en las que se pueda basarse la querella. En todo caso, es un buen tema para reflexionar sobre la aplicación del famoso "principio de precaución" que debe orientar cualquier aplicación de la ciencia, y también para debatir sobre las relaciones entre ciencia y democracia (y justicia), para lo que puede ser interesante la lectura del artículo de Josep Casacuberta el miércoles pasado en El País.
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Tampoco me resisto a la tentación (fácil en general, y más en mí, que caigo en ella continuamente) de hacer un chiste, recordando los argumentos sobre las armas de destrucción masiva y las hazañas de ciertos salvadores de la democracia.
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Por otro lado, si los demandantes tienen razón y el planeta entero se colapsa en un apocalíptico agujero negro, tampoco tendríamos nada de lo que preocuparnos, literalmente.
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¿No?