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18 de marzo de 2011

TERREMOTOS, TSUNAMIS, APOCALIPSIS NUCLEARES Y ATEÍSMO


Lo confieso, el terremoto-tsunami de Japón y el desastre nuclear subsiguiente me han hecho perder la poca fe que me quedaba:
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Tengo que confesarlo: ¡Ya no creo en Chuck Norris!.
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24 de noviembre de 2010

ESPECIES INVASORAS: OPERACIÓN PANAMÁ


3 millones de años antes de nuestra era. Un gran peligro amenaza la biodiversidad. Pequeñas montañas marinas se están elevando entre las masas continentales de Norteamérica y Sudamérica, separadas ahora por un estrecho de menos de un centenar de kilómetros, y el movimiento de las placas tectónicas está empujando también una pequeña península sudamericana hacia el norte, de tal modo que es previsible que en unos pocos miles de años el estrecho se cierre, y las muy agresivas especies del norte comiencen a emigrar hacia el virginal continente del sur, poblado por indefensos marsupiales y otros muchos millones de bucólicas y plácidas criaturitas del señor. Sería como una "liberación masiva de visones americanos en tierras gallegas", pero a lo bestia y fuera de control.
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Además, el cierre del estrecho de Panamá conllevaría, según los expertos del Panel Intercontinental sobre el Flujo Oceánico y el Cambio Climático, una caótica reorganización de las corrientes marinas, que podría afectar de modo imprevisible el clima de todo el planeta: los científicos más pesimistas hablan incluso de la posibilidad de que los polos norte y sur quedasen enterrados bajo varios kilómetros de masas de hielo, hasta la latitud de Europa Central por el norte, y cubriendo todo el actual vergel del continente Antártico por el sur. Bueno, ya lo sé, es lo que dicen los más extremistas, una minoría muy radical y muy voceras, y que la mayoría de los científicos son mucho más sensatos y no llegan a ser conclusiones tan catastrofistas. Pero el 80 % de las simulaciones informáticas pronostican cambios climáticos entre "preocupantes" y "bastante negativos", así que la cosa es como para tomársela en serio.
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A la vista de tan terribles amenazas, la Organización Mundial por la Salvaguarda de la Biodiversidad ha decidido poner en manos del Dr. Ing. Bruce Lee Willis, ya conocido por sus grandes éxitos en el desvío de meteoritos peligrosos, la tarea de coordinar un macroproyecto internacional llamado "Salvemos el Estrecho de Panamá" (SEP; por cierto, que nadie sabe por qué el estrecho se llama con ese nombre tan curioso, tal vez tenga algo que ver con la marca de ropa de aventuras homónima), cuyo objetivo será ir destruyendo las islas o penínsulas a medida que se formen, con el fin de mantener la circulación oceánica e impedir la catastrófica entrada de especies invasoras.
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Se solicita a todos los que se sientan personalmente involucrados en la salvación de los ecosistemas que hagan una aportación voluntaria y anónima en la siguiente cuenta a nombre del SEP:
3141 5926 53 5897932384
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Más:

22 de abril de 2010

EL SÍNDROME DE HERÓSTRATO (5): ¿HEMOS LLEGADO A LA CIMA?

Como toda filosofía de la historia que se precie, el protagonista de la de Heróstrato no es el pasado, sino el futuro. Naturalmente, es un protagonista esquivo, como el Godot de Beckett, y al que nadie ha entrevistado todavía, pero es el que convierte el amasijo de acontecimientos insulsos que rellenan la historia en una trama con sentido, o mejor dicho, es, como nos gusta decir a los filósofos, la condición de posibilidad de dicha trama.
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Así que en esta serie (más amorfa e imprevisible que las anteriores, como la historia misma; o tal vez amorfa no, sino con una estructura menos evidente y más autoepopéyica) hablaremos muy a menudo sobre el futuro, sobre ese porvenir al que nuestro impertinente pirómano quería "pasar".
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Uno es quien es, en gran medida, por lo que los demás piensan de él. Como decía Hegel (al que volveremos), el yo precisa convertirse en un tú que se vuelve un nosotros, para el que a su vez también hay vosotros y ellos. Y aunque una época no vaya a cambiar por lo que piensen de ella los habitantes del futuro, sí que es de una forma o de otra en función de lo que los propios habitantes de esa época esperan que sepa y opine de ella "la posteridad".
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Espero hablar mucho sobre este asunto en próximas entregas, pero, para empezar, unas reflexiones surgidas de la lectura del libro Por qué el mundo está a punto de hacerse mucho más pequeño, de Jeff Rubin (sí, yo también pensaba que el título era incorrecto, hasta que vi el título original). Según este libro, probablemente hemos llegado a un techo difícil de franquear para nuestro crecimiento económico, debido a la rigidez de la oferta de energía, sobre todo de petróleo (por falta de reservas de fácil extracción), y también, aunque en menor medida, por la necesidad de establecer una tasa sobre la producción de CO2. El techo opera de la forma siguiente: si la economía mundial se expande, aumenta rápidamente la demanda de petróleo, con lo que su precio alcanza en poco tiempo valores de "tres cifras" por barril, lo cual hace que se contraiga la economía nuevamente. No hay desarrollos tecnológicos a la vista que parezcan ir a proporcionarnos una alternativa barata, ni nuevos yacimientos tan rentables como los ya explotados. Así que, probablemente, esta generación, en la que estamos acostumbrados a los viajes baratos a casi cualquier rincón del mundo, a usar el coche cotidianamente, a recibir inmigrantes de medio mundo, a comprar productos baratos fabricados en países con mano de obra de saldo, y a ingerir alimentos exóticos, sea la última, o de las últimas que se lo pueda permitir. En el futuro, conjetura Rubin, viviremos más pegados a nuestro terruño, consumiendo cosas producidas cerca, lo que puede acabar con la "globalización" en casi todos sus aspectos (Rubin no habla de las telecomunicaciones, incluido internet, que no parece que tengan que reducirse tanto).
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Sin entrar en el espinoso tema de los conflictos internacionales de todo tipo a los que la escasez de energía puede dar lugar, me ha resultado especialmente perturbadora la imagen de un "futuro local", en el que tal vez haya una élite con capacidad de viajar, y una masa más atada al terruño, que vuelva a desarrollar fuertes sentimientos de identidad cultural y una tendencia a la diferenciación (como escenario para una historia de ciencia-ficción es relativamente anómalo, acostumbrados como estamos a que el género se base sobre todo -salvo en el supuesto de cataclismos- en las mejoras imposibles en los medios de transporte, y hasta tele-transporte). Y además, un "futuro pobre", para el que nuestra época se convierta en algo así como un sueño dorado imposible de recuperar... y a la vez una época intensamente odiada, no sólo por nuestro derroche (lo cual es en cierta medida absurdo: tarde o temprano se había de terminar la energía barata), sino por la envidia que podríamos despertar.
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Moraleja: ya que vamos a ser la generación que alcanzó la cima, ¡¡¡por lo menos vamos a disfrutarlo, ¿no?!!!
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12 de enero de 2010

¿POR QUÉ AVATAR ES UNA PELÍCULA ANTIECOLOGISTA?

Mucho amor a la naturaleza... mucha solidaridad con el aborigen... mucha conexión biocósmica con los pajarillos del campo y el campo de los pajarillos...
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Pero la acumulación de todos esos topicazos a lo new-age no puede ocultar la verdad verdadera, que no es otra que el mensaje radicalmente antiecologista de la película Avatar, de James Cameron.
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¿Que por qué digo esto? Pues no puede ser más sencillo: en Pandora, el planeta imaginario donde tiene lugar la acción del filme, los mitos ecologistas sobre la "madre tierra" son verdaderos. Es decir, en ese mundo es verdad que los seres vivos están conectados, que pueden "empatizar" unos con otros, incluso que tienen una forma de inteligencia colectiva que lo sabe todo y gobierna todo. Por lo tanto, en ese mundo tiene sentido la teoría ecologista new-age. Pero, como en la Tierra no existen esas conexiones usb de un bicho a otro o de un árbol a otro, y como las redes de las raíces terrestres no constituyen una forma de pensamiento, pues la consecuencia lógica es que, aquí en la Tierra no tenemos por qué tener tantos melindres al talar mega-árboles.
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(Aunque a lo mejor tenemos que tener otros miramientos).
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Más:
Ágora e Hipatia.
¿Puede haber tetas de materia oscura?
¿Es verdad que la tierra se mueve?
¿Dónde (coño) están las galaxias lejanas?

10 de diciembre de 2009

VAYA MIERDA DE TORMENTAS QUE TENEMOS EN LA TIERRA


Ni con cambio climático, ni sin cambio climático, la Tierra es, meteorológicamente hablando, un planeta más bien amateur, y de los más flojitos. La tormenta hexagonal de Saturno, esa sí que mola (pinchando en el enlace, se ve la imagen en movimiento). ¡Qué jodío el señor de los anillos! ¿Qué se habrá fumao?
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9 de diciembre de 2009

¿POR QUÉ LOS DE DERECHAS SON MÁS NEGACIONISTAS?


Preguntan en el blog BioTay por qué el negacionismo del cambio climático está más extendido entre la gente de derechas, y la creencia en el cambio climático más extendida entre los de izquierdas.
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Esta es mi hipótesis (no sugiero que sea la única razón, por supuesto):
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A mí la respuesta me parece más sencilla, y es la misma que la respuesta a la pregunta de por qué los de derechas suelen creer más en las bondades del mercado que los de izquierdas.
Sean T y T' sendas teorías sobre lo que sea. Cada una de estas teorías tiene una serie de consecuencias (tanto "científicas" -o sea, sobre cómo son las cosas- como "prácticas" -o sea, acerca de qué conviene hacer para resolver ciertos problemas).
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Las consecuencias se pueden dividir en dos categorías: (más o menos) inciertas y (más o menos) seguras. La teoría neoliberal sobre el mercado tiene como consecuencia más-o-menos-incierta la de que unos impuestos bajos impulsarán el crecimiento económico a largo plazo, y como consecuencia más-o-menos-segura la de que unos impuestos bajos aumentarán a corto plazo la renta de los más ricos (los que pagan más impuestos).
Así que los más ricos piensan: "es probable que bajar los impuestos sea bueno para la economía en general, pero es cojonudo para nosotros; por lo tanto, defendamos esta teoría, que tiene como consecuencia práctica la de que hay que bajar los impuestos que pagamos nosotros". Por lo tanto, los ricos tienden a aceptar la teoría económica neoliberal porque las consecuencias más seguras de su aplicación práctica son muy beneficiosas a corto plazo para ellos (y, a largo plazo, parece que también para los demás, aunque eso no sea tan seguro). Una política basada en una teoría económica keynesiana, en cambio, tiene efectos seguros sobre las rentas de los ricos muy negativos, mientras que sus efectos sobre el bienestar económico general son más inciertos.
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Lo mismo pasa con el cambio climático: la teoría negacionista tiene la consecuencia práctica más-o-menos-segura de que las empresas no tendrían por qué asumir unos costes demasiado altos para reducir sus emisiones, ni los gobiernos tendrían que subir los impuestos (que pagarán proporcionalmente más los más ricos) para afrontar las inversiones necesarias. Es seguro que una política basada en la teoría del calentamiento tendrá un coste económico muy grande (y lo pagarán sobre todo los más ricos -no necesariamente el 0,1 % más rico, sino, pongamos, el 20 % más rico), mientras que los efectos de esa política sobre el medio ambiente a medio plazo son mucho más inciertos.
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Más:
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.¿Qué piensa Gaia de la pérdida de biodiversidad?
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. ¡Salva una especie de la extinción!
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.Si a tu ventaja llega un diplodocus.
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. Crecimiento y sostenibilidad
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. La riqueza de las naciones (¿por qué unos países son más ricos que otros?)
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. El turismo nuclear es un gran invento.
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. Nuclear sí, porfa.
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. El cambio climático, el CO2 y el flautista de Hamelín.
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. El primo de Rajoy (o tiempo al tiempo).
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10 de noviembre de 2009

ACTIVISMO COOL: SALVA UNA ESPECIE DE LA EXTINCIÓN


¡Contrae ladillas! ¿No sabías que están al borde de la extinción debido a la moda de las ingles brasileñas?
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¡Jodíos cariocas! No sólo acaban con la selva amazónica, sino que también quieren cargarse al inocente phthirus pubis.
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21 de julio de 2009

EL TURISMO (NUCLEAR) ES UN GRAN INVENTO



En el plan de revitalización de la comarca de las Merindades, tras la parada económico-cardio-respiratoria que supondrá el cierre de la central nuclear de Garoña, el Gobierno ha propuesto (en un derroche de imaginación, a la altura de las más vetustas tradiciones hispanas, de las que dieran encomiable ejemplo, antes incluso de la llegada del hombre a la luna, intelectuales carpetovetónicos de la talla de Don Pedro Lazaga y Don Francisco Martínez-Soria y Gómez de la Mora) la sustitución de una actividad económica tan anticuada y obsoleta como la física nuclear, por la más efectiva y moderna, y más a la altura de nuestra posición de vanguardia en la economía global del conocimiento, del turismo de alto standing, con parador y todo.
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Con la disposición hacia el servicio público que ha caracterizado desde sus comienzos al Otto Neurath, proponemos aquí una idea que sería, sin duda alguna, la guinda de tan I+D+i-lico plan de choque para esa zona burgalesa del corazón de Castilla y de las Españas: la reconversión de la misma central de Garoña en parador nacional de turismo, aprovechando sus instalaciones para ofrecer un producto sin competencia en el mercado mundial. Vayan aquí unas imágenes de muestra.
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En un entorno I+D+í+lico
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Una marca que marca la diferencia.
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Unas instalaciones concebidas para el confort.
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Un personal siempre atento a las necesidades del cliente más exquisito.
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Parador Nacional "Santa María de Garoña":
LA BOMBA de la red de Paradores.
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27 de marzo de 2009

LA HORA DEL PLANETA: ACTIVISMO 'COOL' CONTRA EL CAMBIO CLIMÁTICO



Sábado 4 de abril:
Gran meada contra el cambio climático
(se ruega tomarse un mazo de birras en las dos horas precedentes).








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Sábado 11 de abril (aprovechando la Semana Santa):

Gran rezada contra el cambio climático
(se ruega rezar con mucha fe; también se aplica la misma recomendación que en caso anterior).

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Otras entradas:
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Si a tu ventana llega un diplodocus.
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¿Qué piensa Gaia de la pérdida de biodiversidad?
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Crecimiento y sostenibilidad.
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9 de diciembre de 2008

GENOCIDIOS ECOLÓGICOS

Un comentario mío a la entrada del blog de ayer de Miguel Delibes en Público. Espero que se me entienda: una cosa es la ética, y otra es la lógica.
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"Miguel: dices, ”no puede ser ecológica, bajo ningún pretexto, una acción específicamente dirigida a producir dolor”. No puedo admitir esta inferencia. Comparto totalmente, por supuesto, tu sana intención de evitar que se mezclen los valores de los ecologistas con los de los terroristas (y no digamos sus métodos), y comparto también la idea de que la ecología debe estar al servicio de la sociedad, y no a la inversa. Pero no debemos caer en la gazmoñería de que ”ecológico” es sinónimo de ”moralmente aceptable”. Un virus que despoblara de humanos y sólo humanos un continente entero (de modo que ninguno de otros continentes se atrevieran a poner el pie en él por unos cuantos milenios) sería lo mejor que le podría pasar a los ecosistemas de ese continente; y no digamos si sucediera a escala. Que el precio en vidas humanas sea demasiado alto para que estemos dispuestos a pagarlo, no hace que por arte de magia un suceso así dejara de ser positivo desde el punto de vista de los ecosistemas.
Realmente, me asusta que los científicos y los moralistas se asusten cuando, al manejar los conceptos que utilizan, ven aparecer conclusiones éticamente inesperadas. Eso es la antesala de la censura y la tiranía ideológica. Así que, valor, y a apechar con las consecuencias de lo que defendemos."
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En fin, la conclusión que yo espero que se saque de esto es que valoramos el medio ambiente no como un fin en sí mismo, sino sólo como un medio para el bienestar de los seres humanos, bienestar en el que se incluye el propio disfrute del medio ambiente como un fin en sí mismo. (Lo que me jode es tener que estar de acuerdo con Ana Botella en algo). O tal vez no sea exactamente así, sino que debemos considerar qué estaríamos dispuestos a sacrificar a cambio de un cierto nivel de incremento en la mejora del medio ambiente (incremento que no nos beneficiase en ningún otro aspecto); ¿cuánto -y qué- bienestar sacrificaríamos por salvar a los gorilas?, ¿cuántos coches?, ¿cuántas vacaciones?, ¿cuánta democracia?, ¿a cuántas personas?

23 de noviembre de 2008

RURBANISMO (ECOS DE LA CIENCIA ESPAÑOLA EN EL MUNDO)


Con gran alegría observo en Scientific Blogging cómo se hacen eco de esta interesante iniciativa de la ciencia española, en concreto, de una propuesta de varios científicos de la Politécnica de Madrid (Consuelo Acha, César Bedoya y Javier Neila).

10 de junio de 2008

SI A TU VENTANA LLEGA UN DIPLODOCUS

"Si a tu ventana llega un diplodocus, trátalo con cariño, que quedan pocus", decía aquella habanera tan famosa.
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Continúo con los argumentos contra la extendida creencia de que debemos "hablar en nombre del planeta", o de la "biodiversidad", para ser buenos conservacionistas. Insisto en que estoy convencido de que DEBEMOS conservar la biodiversidad y frenar el deterioro del medio ambiente; lo único que discuto son las RAZONES por las que algunos afirman que debemos hacerlo, aunque el examen de estas razones puede afectar (lo admito) a los LÍMITES hasta los cuales puede ser razonable llevar el conservacionismo.
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En general, me parece que las consecuencias de un colapso ecológico serían tan nefastas para la humanidad (aun aceptando que puede haber "colapsos" de diferente intensidad y extensión), que ya sólo por eso es necesario que seamos más respetuosos con el medio ambiente. Por supuesto, como a mucha gente es difícil hacerle asumir los costes inmediatos que las medidas conservacionistas tendrían (reducción del consumo, menores ingresos, precios más altos...), es bueno inventarse otros argumentos y motivos que puedan hacerles tragar mejor esa píldora. Pero no hay que confundir la eficacia propagandística de muchas llamadas a la conservación de la naturaleza, con su racionalidad filosófica.
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Todos debemos tener claro que, ante una oferta fáustica en la que el Diablo nos ofreciera viajar por teletransportación a un planeta lejano en el que las condiciones fueran tales que el nivel de bienestar de la población humana fuese muchísimo mayor que en la Tierra (digamos, sin guerras, ni enfermedades, ni violencia, y con todas las demás cosas deseables, incluída una naturaleza exhuberante), pero el coste de llevar al género humano hasta el otro planeta consistiera en la destrucción total del sistema solar, ante esta oferta, decía, la inmensa mayoría de la gente aceptaría con pocas dudas el irnos a vivir a la Nueva Tierra. A los elefantes, ballenas, chimpancés, hormigas, bacterias, araucarias, etc., etc., que quedasen atrás hasta que el globo terráqueo explotara hecho pedazos, nos limitaríamos a recordarles con añoranza, con un "encantados de haberos conocido", y compensaríamos esa tristeza con la satisfacción de disfrutar del nuevo medio ambiente.
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Reconozco que la oferta es imposible, pero es sólo un experimento mental para poner a prueba nuestros valores: valoramos muchísimo más nuestro bienestar que la conservación de la naturaleza. Lo que ocurre es que, en el mundo en que vivimos, necesitamos dicha conservación para que nuestro bienestar permanezca, así que no hay necesidad de elegir: si la Tierra se destruyera, nosotros caeríamos con ella. Pero, como se sabe, a menudo el bienestar (el general, o el de algunos) se puede conseguir destruyendo una parte de la naturaleza, y en ese caso se comprueba qué valoramos más.
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Otro argumento falaz es el que se refiere a los supuestos "derechos" de las especies a existir. Ya mencioné en la entrada anterior sobre el tema el hecho de que, hagamos lo que hagamos, necesariamente cambiamos la distribución de especies existentes a largo plazo: si conservamos las de ahora, impedimos que aparezcan otras muchas que habrían aparecido si no hubiéramos conservado aquellas (aunque esas especies nuevas aparezcan muchos millones de años después, y sea imposible predecir cómo serán; pero a Gaia le dan lo mismo tres años que trescientos millones). Así que la protección de la biodiversidad actual es un atentado a las especies futuras que estamos impidiendo desarrollarse, exactamente en la misma medida en que es un atentado contra las especies actuales el propiciar su destrucción. Esta consecuencia es inevitable si adoptamos la premisa de que la biodiversidad es valiosa en sí misma.
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En cambio, lo que es totalmente cierto es que la biodiversidad actual es mucho más valiosa para nosotros que la biodiversidad futura. Así que no hay ninguna necesidad en argumentar que la biodiversidad actual es valiosa en sí misma por ser biodiversidad, en vez de limitarse a aceptar que es valiosa porque es la actual.
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Desde el punto de vista de Gaia, además, nosotros somos una especie como otra cualquiera. Cuando Ella diseñó las cianobacterias que lo dejaron todo perdido de oxígeno y acabaron con su "primera creación" como un diluvio universal sin arca, la diosa pudo pensar algo así como "se me ha ido la mano", pero no creo que estuviera arrepentida. Nosotros no somos tan dañinos: seguramente todos los phyla sobrevivirían (aunque mermados) a una eventual catástrofe antropogénica, incluso a un apocalipsis nuclear. Y somos tan creación (y responsabilidad) de Gaia como los mejillones. Si adoptamos su punto de vista (el de Gaia, no el de los simpáticos y exquisitos moluscos), seguramente ella estará ENCANTADA con lo listos y destructivos que le hemos salido. ¿Qué argumentos tenemos para pensar que la eficacia con la que destruimos el medio ambiente no es un proceso tan NATURAL como la fotosíntesis (aquel gran envenenamiento masivo)? De nuevo la conclusión es que adoptar el "punto de vista de la naturaleza" no nos lleva a ninguna parte: nosotros somos naturaleza, y por naturaleza somos exterminadores. Si queremos justificar la tesis de que "hay que ser conservacionista", necesitamos un punto de vista diferente, y ¿cuál mejor que el de nuestros propios intereses a largo plazo?
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Y acabo ya retomando al viejo diplodocus. Si hubiera que extinguir la especie de los chimpancés (no hace falta matarlos o hacerles sufrir: basta con lograr que no tengan crías durante unas décadas, y mientras tanto, que gocen de la vida a tope) para lograr que reaparecieran los diplodocus, ¿estaríamos dispuestos a pagar ese precio? (Los paleontólogos seguro que sí).
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¿Y si el precio fuera acabar con el lagarto del Hierro? (Tal vez los primatólogos lo consideren razonable).

2 de junio de 2008

¿QUÉ PIENSA GAIA DE LA PÉRDIDA DE BIODIVERSIDAD?



"En realidad, no me preocupa mucho. Bueno, no me preocupa nada en absoluto" (ríe). "Pasé tres mil millones de años viendo sólo bacterias, con el envenenamiento masivo por oxígeno de la población de la Era Arcaica como único espectáculo digno de ver. ¡Aquello sí que fue un descojone!
Muchas veces he estado tentada de repetir algo parecido, pero en el último instante soy consciente de que en aquella movida se me fue un poco la mano, y casi me quedo sin juguetes. Pero, sobre todo a partir del final del Ediacarense, me di cuenta de que la verdadera juerga, las explosiones de diversidad, sólo surgen gracias a la destrucción masiva de la diversidad anterior".
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"Así que estoy disfrutando como loca con mi último invento destructor, esa plaga humana que poco a poco van dejando el terreno abierto para la próxima gran explosión de vida. Los resultados se verán dentro de unos cuantos millones de años, no menos de veinte, pero no tengo prisa".
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"Sólo me preocupan algunos santurrones que intentan frenar la sangría inevitable y rejuvenecedora... Espero que no me haya pasado otra vez, ahora con la dosis de inteligencia que les he dado a la plaga humana, y me vayan a dejar a medias. ¡No soportaría otros cincuenta millones de años de biodiversidad congelada! Aunque, hablando de congelación: tengo preparada otra temporadita de 'bola de nieve' en la recámara (pero de las de verdad, no como esas mariconadas de los últimos dos millones de años), por si estos imbéciles me fastidian el invento. En cuanto dejen de emitir CO2, el megainvierno llegará, y dejará helados a estos pseudogaianos de pacotilla" (Ríe a carcajadas).
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29 de febrero de 2008

NUCLEAR, SÍ, PORFA.

Curiosa decisión del diario Público, que saca hoy, en plena campaña electoral, una entrevista con el director general de la World Nuclear Association (la verdad es que el nombrecito tiene una cierta resonancia a la National Riffle Association). Por cierto, que no sé lo que plantea Rajoy en esta materia.
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La entrevista es muy recomendable, y debe leerse en el mismo paquete que La venganza de la Tierra, del gran gaiólogo James Lovelock: la energía nuclear es la que objetivamente tiene objetivamente una relación mejor entre los beneficios y los riesgos, con independencia de nuestros prejuicios. Ocurre con ella como con el transporte aéreo: los accidentes de aviación son los que más miedo nos producen, pero en realidad el avión es el medio de transporte más seguro.
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Otro dato para ver que la resistencia a la energía nuclear no se basa en argumentos racionales, sino en prejuicios (que no son juicios falsos, sino la otorgación inconsciente de un peso inapropiadamente mayor a los argumentos en contra que a los argumentos a favor), consiste en contemplar el espectáculo humorístico que dan muchos ecologistas a propósito de la energía eólica. En mi no muy lejana juventud, esta energía era una de las grandes deseadas, de las salvadoras de la humanidad, y, por supuesto, la resistencia a su implantación venía (o eso decía el pensamiento verde) exclusivamente por parte de las empresas energéticas, que no querían ver contestado su monopolio.
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Ahora, en cambio, cuando la energía eólica es ya en una industria que va llenando nuestros paisajes, los molinos se han convertido en malévolos gigantes contra los que los quijotes de siempre se ven en la obligación de luchar, y se proclama a los cuatro vientos (nunca mejor dicho) las perniciosas consecuencias que esta siembra de aspas nos va a traer.
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En conclusión: para los ecologistas, una fuente de energía no es buena o mala en función de sus beneficios, costes y riesgos objetivos, sino en función de si se promueve desde el "aparato de poder político-industrial-militar". Ahora lo único bueno es el sol y la energía maremotriz, pero dejemos que se instalen y se regulen como una fuente generalizada y estándar, y ya veremos.
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16 de febrero de 2008

EL ECOLOGISTA ESCÉPTICO


Entrevista muy recomendable en Público a Bjorn Lomborg, el autor del libro (más recomendable aún) El ecologista escéptico. Lectura que también conviene complementar con otra noticia del día, sobre el pasado catastrófico de la Antártida, y, de paso, con la que salió hace unos días sobre unos científicos rusos que pronostican una nueva "era glacial" (supongo que pequeñita, al estilo de la de "pequeña edad del hielo" de los siglos XVI a XIX... aunque, ¿no se estaba "despertando el sol"? Joder, yo me hago un lío: que venga un astrónomo -o un meteorólogo- y me lo explique, porfa).
En fin, a la vista de todo este follón, más que limitarse a luchar para que el clima no cambie, tal vez tendríamos que preparar a la sociedad para adaptarse a los cambios, en el caso de que éstos no procedan de nuestra propia acción exclusivamente.
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Ojo, esto no quiere decir que podamos seguir contaminando y emitiendo CO2 alegremente. Con independencia del verdadero papel causal que nuestras ventosidades industriales tengan en los inviernos suavecitos de los que parece que gozamos últimamente, supongo que arrojar tanta basura por tierra, mar y aire no puede ser bueno. El principio elemental de la prudencia nos dice que es mejor contaminar menos.
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(Pero, ¿y si después de todo la producción en masa de CO2 es la que va a librarnos de una glaciación? Y es que una nueva edad del hielo -de las de hace 20.000 años, digo-, eso sí que sería chungo de verdad. ¿O no?)
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22 de enero de 2008

CRECIMIENTO Y SOSTENIBILIDAD

Con el muy malthusiano título de "¿Quién cabe en el mundo?" (aunque curiosamente en ningún momento se plantea la cuestión de si una posible solución sería generalizar al resto del mundo la limitación "a la europea" o "a la china" del crecimiento demográfico), mi colega filósofo Carlos Fernández Liria, de la Complutense, publica hoy un artículo en Público en el que comenta unos datos sobre desarrollo y sostenibilidad, estadísticas según las cuales Cuba es el país que mejor combina ambos aspectos. Curiosamente, la variable "desarrollo humano" que se emplea en esos datos no tiene en cuenta factores tan importantes para el desarrollo personal como la libertad de opinión, el acceso a la información y a la cultura (venga de donde venga), y la capacidad de influir en el gobierno de modo democrático. Eso sí, mide el nivel de educación de la población, que en Cuba (donde obligatoriamente todos los alumnos deben ser aprobados, y donde lo que mejor se aprende en el colegio son las tonadillas revolucionarias) es de los más altos del mundo.

Le he mandado al autor un comentario (que copio debajo) en la página de Público; confío en que, si le pilla al autor marchándose a vivir definitivamente al paraíso cubano (como se deduce de su artículo), y cambiando su sueldo de profesor universtario español por el de uno del edén caribeño, al menos tenga allí la posibilidad de que la página web de ese diario no esté filtrada y pueda leerlo.

En cualquier caso, salud, compañeros, y hasta la victoria siempre (que dicen en el Calderón).


Todo necio confunde valor y precio. Un crecimiento del 3 %, o del 30%, no implica necesariamente que tengamos más todoterrenos, más urbanizaciones en (lo que antes era) la playa, o más pulseras magnéticas. Significa sencillamente que el valor de los bienes y servicios producidos un año es un 3 % (o un 30 %) mayor que los que se produjeron el año anterior; si ese incremento de valor corresponde a que ha mejorado la calidad de los bienes (no su cantidad; tal vez incluso puede que haya disminuído), y ese incremento de la calidad ha sido fundamentalmente en mejoras que tienen que ver con la preservación del ambiente, pues el crecimiento económico será no sólo compatible con la sostenibilidad, sino que la potenciará.

El capitalismo es el mejor sistema inventado para satisfacer los deseos de la gente. Lo que hace falta no es terminar con el capitalismo, sino hacer que la gente desee bienes y servicios de calidad (incluyendo su contribución a la sostenibilidad), y las empresas capitalistas lucharán a muerte por satisfacer esa demanda.

17 de enero de 2008

EL ERIKA Y LA ILEGALIZACIÓN DE LOS PROETARRAS


Mi (por otras razones) admirado Javier Ortiz se ha pronunciado en su blog contra la ilegalización de los clones de Batasuna. Sus argumentos esta vez me parecen falaces.
Transcribo aquí mis comentarios
[AÑADIDO POSTERIORMENTE A LA VISTA DE LOS COMENTARIOS RECIBIDOS: creo que nada en el texto que sigue a continuación da a entender que debamos poner en cuarentena el estado de derecho, la presunción de inocencia, o la libertad de expresión, pero estoy dispuesto a rectificar si alguien me muestra de qué modo lo hacen]:
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Es cierto que el Código Penal establece un tipo de responsabilidades (delitos y faltas) que sólo afectan a los individuos, pero no es porque "sólo los individuos puedan delinquir", sino porque llamamos "delito" a aquella acción que queremos condenar con pena de cárcel, o con algún otro castigo que afecta a una persona física. Pero las sociedades jurídicas (empresas, asociaciones, instituciones, partidos, clubs) evidentemente están sujetas a muchos otros tipos de responsabilidad (código mercantil, derecho administrativo, etc.), de modo que "sus" acciones (como distintas de las que sus miembros llevan a cabo a título personal) también son susceptibles de ser castigadas.
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¿O deberíamos indignarnos, y salir a la calle a quemar cajeros, ante la sentencia de un tribunal francés, que condena a la petrolera TOTAL a pagar 192 millones de euros por el naufragio del Erika, con el argumento de que "sólo pueden ser cometer delitos los individuos, no las empresas"?
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Además, el argumento de que "prohibir un partido es privar a una parte de la sociedad a su derecho a estar representada" también es totalmente falaz. ¿Usted aprobaría un partido que tuviera entre sus fines el acabar con la libertad de prensa, prohibir que las mujeres trabajaran fuera de casa, castigar con penas de mutilación delitos como el robo, y otras finuras semejantes? Es obvio que en una sociedad democrática no puede permitirse la concurrencia de un partido así, incluso aunque hubiera un diez por ciento de la población que quisiera votarlo.
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. Los votantes de Batasuna y de sus clones tienen que terminar convenciéndose de que, no ya el cariño, pero sí el respeto cuasi-místico que sienten hacia los pistoleros de ETA es una perversión de las más mínimas nociones de democracia, y que no pueden pretender que esos sentimientos se vean legitimados mediante la posibilidad de votar por quienes los defienden.
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Por otra parte, pienso que los "metasimpatizantes", o sea, los simpatizantes de los simpatizantes (desde los antisistema frustrados metidos a periodistas, hasta ciertos gobiernos autónomos), deberían empezar también a plantearse algunas de sus simpatías. Y sobre todo, cuando se trata de establecer leyes y de pedir responsabilidades a unos y a otros, ¿no podríamos dejar cada uno nuestras simpatías a buen recaudo en un cajón, e intentar -aunque nos cueste y se nos vean los michelines- meternos en el traje de la imparcialidad?
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