Mostrando entradas con la etiqueta Otto Neurath. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Otto Neurath. Mostrar todas las entradas

3 de febrero de 2014

La viagra de Hume

(Advertencia: cualquier parecido de los personajes de este diálogo con la realidad es pura coincidencia)
.
HUME: No te lo vas a creer, Otto, pero hoy he ligado.
NEURATH: ¡Venga, ya! David. A tus años, y sin salir de esta cochambrosa residencia para filósofos ancianos en la que estamos confinados tú y yo.
HUME: ¡Que sí, que sí! Es una filósofa existencialista alemana, que por lo visto tiene bastante experiencia en hacer guarrerías con un tal Heidegger.
NEURATH: Pues chico, enhorabuena. Pero, ¿tú tienes el organismo en condiciones para darle batalla a la teutona?
HUME: Por eso vengo a hablar contigo. Estoy pensando si salir a la farmacia y comprarme un paquete de viagra.
NEURATH: Eso es peligroso; tienes que controlarte el corazón, la presión arterial, y por lo que recuerdo, no andabas muy bien en ese aspecto.
HUME: Bobadas, eso es lo que menos me preocupa. Si hay que morir por una buena causa, pues se muere y ya está.
NEURATH: Quién te ha visto y quién te ve: tú hablando de causas.
HUME: Estoy de positivistas y de sus jueguecitos de palabras hasta el gorro. En fin, a lo que iba; lo que yo venía a preguntarte es si tienes alguna idea sobre cuáles pueden ser los efectos más probables de la pastillita.
NEURATH: ¡Uy, lo que me pregunta! Aquí el principal experto en inferencias sobre el futuro eres tú, amigo mío. Y, si no recuerdo mal, lo que tú afirmas es que no es posible predecir nada.
HUME: Exacto. Cualquier inferencia que tome como premisa un conjunto limitado de hechos particulares, y tenga como conclusión una ley general, u otro hecho no recogido en las premisas, es una inferencia falaz. Así que, en concreto, no podemos deducir lógicamente lo que va a ocurrir en el futuro a partir de lo que sabemos (o creemos) que ha ocurrido en el pasado.
NEURATH: Entonces, ¿cómo quieres que seamos capaces de predecir el efecto que va a tener en ti la viagra?
HUME: Es que me ha parecido escuchar en la sala del dominó que habías encontrado no sé qué fallo a mi argumento, y me he dicho... "a lo mejor el bueno de Otto es capaz de sacarme de mi escepticismo, hoy que lo necesito más que nunca".
NEURATH: ¡Ah, es por eso! Bien, bien; pues te explicaré mi argumento. Vamos a ver, tú afirmas que, como el futuro no se sigue lógicamente del pasado, de ahí se deduce que tenemos una ignorancia absoluta sobre el futuro, es decir, que todo lo que podamos concebir que ocurrirá en el futuro es, para nosotros, exactamente igual de probable, pues no podemos decantarnos más por una cosa que por otra.
HUME: Exactamente.
NEURATH: OK. Quede claro que "igual de probable" no quiere decir "con la misma probabilidad objetiva", pues, según tú, sobre las probabilidades objetivas futuras tampoco podemos saber nada. Es más bien lo que nuestros amigos los bayesianos...
HUME: Con amigos así...
NEURATH: Lo que tú digas, David. Lo que nuestros amigos los bayesianos, digo, llaman "probabilidades subjetivas". Es decir, para nosotros es igual de probable una cosa que otra. Sólo podemos afirmar con seguridad aquello que sea una tautología, pues eso es verdadero pase lo que pase. Pero cualquier hecho futuro será compatible con todas las tautologías, así que saber que van a seguir siendo verdad lo que tú llamas "relaciones de ideas" (que 4 es menor que 5, que el modus ponens es correcto, etc.), eso no nos ayuda en nada a la hora de poder descartar algunas cosas que podrían ocurrir y que no son tautológicas.
HUME: Muy bien resumido, sí señor.
NEURATH: Por ejemplo, es imposible para nosotros inferir qué longitud va a alcanzar esta noche tu pene cuando te tomes la pastilla de viagra. Cualquier cosa que podamos inferir sobre la longitud de tu pene será igual de probable que cualquier otra.
HUME: Eso pienso yo. Y mi pensamiento no ayuda precisamente a que la cifra real vaya a ser muy alta. Snif.
NEURATH: Pues bien. Considera ahora cuántas longitudes posibles a priori podría tener tu pene.
HUME: ¿Cómo que cuántas?
NEURATH: A ver, por ejemplo; podría tener entre 0 cm y 1 cm; podría tener entre 1 cm y 2 cm; o entre 2 y 3 cm; etc., etc.
HUME: Sí.
NEURATH: ¿Y cuántas posibilidades de esas hay?
HUME: Obviamente, infinitas.
NEURATH: Y cada una de ellas sería, según tú, igual de probable para nosotros.
HUME: Exactamente. Y como son infinitas, la probabilidad de cada una de ellas sería exactamente... cero patatero.
NEURATH: Muy bien calculado. P.ej., la probabilidad de que la longitud de tu pene cuando esté bajo el efecto de la viagra esté comprendida entre 16 y 17 cm es... cero.
HUME: También es cero la de que esté entre 1 y 2 cm. Es un pequeño consuelo.
NEURATH: ¡Hay un consuelo mucho mejor! Intenta calcular cuál es la probabilidad a priori, sobre la base de tu probabilidad subjetiva uniforme para todos los casos, de que la longitud de tu pene sea mayor que 20 cm.
HUME (pensando): Hummm, ....., esteeee....., ¡Cáspita! ¡Me da uno! La probabilidad de que sea menos que 20 es el número de centímetros que hay por debajo de veinte, partido por el número de centímetros total (o sea, infinito); es decir, cero. Luego la probabilidad de que sea más que 20 es uno menos cero, o sea, uno. ¡Es totalmente seguro que la viagra va a hacer que mi pene mida más de 20 centímetros! ¡Caramba, me has dado un alegrón, viejo Otto!
NEURATH: Más contenta se pondría la teutona, David. Pero no te alegres tan deprisa. ¿Te das cuenta de que el argumento que hemos formulado para 20 cm es exactamente igual de válido para cualquier otra longitud, p.ej., para 50.000 km?
HUME: ¿Qué me estás diciendo? ¿Que es absolutamente seguro que mi pene va a medir más de 50.000 km de largo cuando me tome la viagra?
NEURATH: Me temo que el argumento lleva a esa misma conclusión.
HUME: Pero eso es absurdo.
NEURATH: Es una posibilidad; mejor dicho, es un conjunto infinito de posibilidades, y la probabilidad a priori de que el verdadero estado de tu pene esta noche caiga en ese conjunto infinito, en vez de caer en el conjunto finito (y por tanto, infinitamente más pequeño) de centímetros que hay entre 0 y 50.000 km es cero. Si aceptamos tu premisa de que todas las posibilidades futuras concebibles son igual de probables, no hay más remedio que aceptar esta conclusión.
HUME: No sé, no sé.
NEURATH: Es más. Tu tesis es que no podemos hacer ninguna predicción no tautológica sobre nada relativo al futuro. Pero acabamos de hacer una: que es absolutamente seguro que tu pene medirá esta noche más de 50.000 km de largo. No sólo es que sea absurda esa predicción (sabía que tú eras un poco fantasma, pero no tanto), sino que el hecho de que hayamos podido hacerla contradice tu premisa de que no es posible hacer predicciones no tautológicas.
HUME: Caramba, parece que tienes razón.
NEURATH: Y como la única premisa no tautológica que hemos utilizado en el razonamiento es tu tesis de que todas las posibilidades futuras concebibles son igual de probables para nosotros, hemos de concluir que esa tesis es falsa. No es verdad que todas las posibilidades futuras concebibles sean igual de probables para nosotros.
HUME: Pero mi argumento demostraba justo eso. ¿Por qué te crees que tengo una de las suites de lujo de la residencia para filósofos decrépitos? Porque mi argumento es uno de los más importantes de la historia de la filosofía.
NEURATH: No dudo de que sea importante. Digo que es incorrecto, porque conduce a contradicciones. Lo que te acabo de demostrar es que, del hecho de que (A) el futuro no se siga lógicamente del pasado, no se puede inferir que (B) todas las posibilidades futuras concebibles sean igual de probables para nosotros. B es una tesis diferente de A, no se sigue de ella, y por tanto, puede ser falsa aunque A sea verdadera.
HUME: Entonces, ¿cómo de probables son a priori para nosotros los acontecimientos futuros?
NEURATH: Para eso no tengo una respuesta. Sospecho que, aplicando la navaja de Occam (por cierto, hace tiempo que no veo por aquí al bueno de Guillermo) podríamos decir algo así como que lo razonable es suponer que las probabilidades futuras son la proyección más simple posible de las predicciones pasadas, pero no tengo un argumento demasiado convincente sobre el tema. Mis amigos Hans Reichenbach y Rudolph Carnap andan trabajando en ello. Si me entero de que llegan a alguna conclusión, diré que te lo cuenten.
HUME: Bueno, pero entonces, ¿qué pasa con mi viagra?
NEURATH: Yo que tú, extrapolaría la experiencia pasada de la manera más sencilla posible, y eso da más o menos un 70% de probabilidad de que vayas a tener una buena noche de juerga con tu heideggeriana.
HUME: Dios te oiga, Otto... Perdón, qué cosas digo: lo más probable es que dios no exista.
NEURATH: Ve con él, David, y buena suerte.

31 de agosto de 2012

EMPIRISMO, RACIONALISMO Y CIENCIA (o cómo navega el barco de Otto Neurath)

(Oportuno recordatorio sobre mi visión del funcionamiento de la ciencia, a propósito de la discusión que se está manteniendo sobre la inducción en la entrada acerca de "las cuentas de la teología". El texto original viene de una discusión con un par de racionalistas en el blog Sursum Corda!).



Empírico es aquello que no se puede conocer utilizando SÓLO el razonamiento lógico, sino que para conocerlo es necesario utilizar (en ALGÚN momento de nuestra argumentación) información que hemos obtenido gracias a la experiencia.
.
Creo que la fuente de todas nuestras diferencias es que los racionalistas partís del principio de que el conocimiento tiene que ser CIERTO, APODÍCTICO, NECESARIO. Tal vez en la época de Kant todavía esa representación del conocimiento fuese defendible, pero lo que hemos aprendido desde entonces es que la mayor parte de las cosas que dábamos por sentadas (como "ideas claras y distintas") ha resultado que NO ERAN VERDADERAS (o han resultado difícilmente compatibilizables con muchos otros descubrimientos científicos). Cuando la ciencia ha aprendido a PRESCINDIR del requisito 'fundamentalista' de 'tener que ser capaz de justificar de manera ABSOLUTA sus resultados ante un SUJETO ABSOLUTAMENTE RACIONAL', y ha adoptado una postura mucho más 'liberal' ('justificamos las cosas EN LA MEDIDA EN QUE PODEMOS'), hemos sido capaces de DESCUBRIR millones de cosas más (desde cómo se reproducen los seres vivos hasta qué elementos químicos hay y cómo están constituidos, pasando por qué es lo que determina el precio de un producto, hasta por qué existen las montañas). El precio que pagamos por ello es un cierto nivel de INCERTIDUMBRE. Los fundamentalistas pensáis que un POQUITO de incertidumbre en un descubrimiento científico ya hace que sea tan subjetivo e 'injustificable' como el horóscopo, en cambio, los NEURATHIANOS, a bordo del barco del que hay que renovar toda la quilla en altamar, nos CONFORMAMOS con menos, pero a cambio avanzamos más.
.Admito que esta posición 'naturalista' comete una cierta circularidad: nos basamos en el conocimiento científico que tenemos AHORA para obtener NUEVOS conocimientos científicos (y en concreto, nos basamos en el conocimiento científico de CÓMO ADQUIERE CONOCIMIENTO NUESTRA MENTE, para aprender a obtener MÁS conocimiento). Pero esto SÓLO es un problema si se admiten dos cosas que los naturalistas no admitimos:
.
1) que aquello que no se pueda DEMOSTRAR DE MANERA ABSOLUTA, hay que ponerlo TOTALMENTE en duda (pues no: la certeza absoluta y la duda absoluta no engloban TODO el ámbito de la epistemología; la mayoría de las cosas que "sabemos" son MÁS O MENOS PROBABLES, ni TOTALMENTE ciertas, ni ABSOLUTAMENTE dudosas).
.2) Que el conocimiento debe ser codificado como un corpus en el que TODOS sus items están puestos de manifiesto SIMULTÁNEAMENTE y no se pueden borrar (pues no; el "conocimiento" que tenemos hasta ahora es un montón de HIPÓTESIS -'bastante' justificadas, aunque no 'absolutamente'-, de las cuales es prácticamente seguro que algunas, o muchas, las tendremos que tirar a la basura gracias a descubrimientos nuevos que hayamos hecho MEDIANTE la aplicación de aquellas hipótesis).
.
Me dices que 'no explico' cómo es posible una contrastación empírica neutral. Eso demuestra que no has entendido lo que quiero decir, porque lo que digo es que NO ES POSIBLE...
ni necesaria: para que la ciencia 'funcione' (es decir, para que nos siga proporcionando descubrimientos), lo ÚNICO necesario es que, cuando hay varias teorías rivales, podamos adjudicar la razón a una de ellas mediante hechos empíricos que sean lo SUFICIENTEMENTE neutrales como para no depender de ESAS teorías científicas (pero pueden depender de OTRAS). O sea, no hay una experiencia ABSOLUTAMENTE neutral, pero no hace falta: basta con que sea "lo bastante neutral como para sacarnos del atolladero EN PARTICULAR en el que nos encontremos en cada caso".
.
Además, el reconocer que las TEORÍAS y los CONCEPTOS TEÓRICOS juegan un papel INEVITABLE en la investigación empírica no supone ninguna defensa del RACIONALISMO: sobre todo porque esas TEORÍAS son, por lo general, FALSAS (o, al menos, sólo son "aproximadamente verdaderas"), no son "verdades a priori", sino más bien "prejuicios", en el peor de los casos, y en el mejor, pues sencillamente peldaños de una escalera que nos permiten encontrar una TEORÍA radicalmente mejor (un peldaño por encima).
.Y, en definitiva, la cuestión IMPORTANTE no es si esta visión Neurathiana o Popperiana es "correcta filosóficamente" o no, sino si es una "guía de instrucciones" ÚTIL de cómo apañarnos en la actividad científica. El racionalismo puede tener todas las "virtudes filosóficas" que quieras ponerle, pero si hubiéramos tenido que ceñirnos rigurosamente a sus dogmas metodológicos y epistemológicos, no habríamos descubierto la estructura del átomo, ni la del ADN, ni las neuronas espejo, ni la deriva de los continentes, ni las leyes de los gases, ni la ecuación de Schrödinger, ni la isla de Pascua, ni habríamos descifrado los textos hititas. La cuestión es que la EXPERIENCIA y las TEORÍAS son necesarias para obtener todas estas cosas, y que MUCHO de lo que tomamos como "datos empíricos fiables" y como "teorías bien establecidas", llegamos a descubrir que son ERRORES (o que, al menos, no casan bien con los DEMÁS datos y teorías "bien establecidos"), de modo que tenemos que "corregirlos" (o sea, sustituirlos por otros, a ver si la cosa casa mejor).
.
Aunque he hablado de "utilidad", no pretendo reducir el valor del conocimiento a consideraciones pragmáticas; de hecho, no he hablado de la utilidad DEL CONOCIMIENTO, sino de la utilidad de los MÉTODOS, así que habría sido más correcto hablar de EFICACIA (o sea, la capacidad de un método de proporcionarnos resultados de cierto valor epistemológico)..
En lo que veo que la comprensión mutua va a ser difícil es en tu caracterización del empirismo (
"El empirismo es una tesis epistemológica (y la epistemología una disciplina filosófica) cuyo objeto es demostrar la posibilidad de conocimientos universalmente válidos y objetivamente verificables"). Tal vez Locke lo apoyara, pero desde Hume los empiristas tenemos bastante claro que ESO ES PRECISAMENTE lo que no es alcanzable: los "conocimientos universalmente válidos y objetivamente verificables". Al menos, si entiendes ambos conceptos en sentido "absoluto". Alcanzar tales cosas (más allá de la lógica y de las matemáticas) está fuera del alcance de los humanos, así que , en lugar de inventarnos una teoría acerca de "cómo se pueden conseguir ESE TIPO de conocimientos", hemos "evolucionado" hacia posturas que lo que intentan es comprender, en la medida de lo posible, cómo nos las apañamos los humanos para alcanzar EL TIPO DE "CONOCIMIENTOS" QUE HEMOS ALCANZADO sobre la naturaleza. No es el mismo TIPO de conocimientos que los que parecéis querer 'vosotros' (no son "universalmente válidos" ni "objetivamente verificables"; al contrario, son probables, provisionales, de andar por casa), pero DE ESTOS (de los de "andar por casa"), hemos conseguido la repera bananera de ellos.
.
Son, efectivamente, conocimientos "probables". ¿CUÁNTO de probables, me preguntas? Hombre, no se puede cuantificar así como así, pero eso no quiere decir que no se puedan hacer COMPARACIONES. Por ejemplo, que existe un elemento químico llamado oxígeno, con tales y cuales propiedades (las que diga la enciclopedia) es MUY seguro, por usar un término técnico diríamos que es LA HOSTIA de seguro, y me apostaría un pastón a que la química de dentro de cien años sigue afirmando lo mismo. Que los elementos están organizados de acuerdo con lo que dice la tabla periódica es un poquito menos seguro, pero también muchísimo (aunque los DETALLES acerca de cuántos elementos hay, cuáles son los pesos exactos de cada uno, y cuál es la razón de que se organicen así y no de otro modo, es a su vez un poco menos seguro). Que existen fuerzas electromagnéticas que obedecen con una aproximación acojonante (a escala humana) las leyes de Maxwell también es LA HOSTIA de seguro. Que existen los quarks es un poco menos seguro. Que alguna versión de la teoría de cuerdas es correcta es bastante menos seguro. Que la gripe porcina va a causar una pandemia con millones de muertos, es también poco seguro.
En el otro extremo, que existan la telequinesia, el flogisto, los epiciclos planetarios, el plesiosaurio de lago Ness, y otras cosas asi, es la hostia de seguro QUE NO.
.
La inmensísima mayoría de los "conocimientos" que tenemos los seres humanos ACERCA DE LA NATURALEZA (en realidad, es bastante seguro que TODOS, no sólo "la mayoría", si exceptuamos las TAUTOLOGÍAS) andan entre estos extremos. Lo malo del racionalismo "a lo loco" y del empirimo "a lo Locke" es que NO ES CAPAZ DE OFRECER UNA TEORÍA CONVINCENTE PARA EXPLICAR
CÓMO OBTENEMOS ese tipo de conocimientos que son con los que tenemos que vivir.
.
¡Claro que mis argumentos son circulares! Lo que estoy intentando decir es que, si quieres entender cómo se obtiene el conocimiento científico mediante una teoría "fundamentalista" (es decir, que parta de fundamentos absolutamente firmes, y a partir de ahí prosiga)... pues NUNCA conseguirás "proseguir", nunca llegarás a escribir un manual de química que "funcione" (que te sirva para organizar los resultados de los experimentos, para planificar nuevos experimentos, para conectarlo con lo que "sabes" de otras áreas, etc.).
.
En la ciencia (y en la vida diaria), los "conocimientos" se apoyan UNOS EN OTROS (con unos apoyos en la "experiencia" que no son sagrados, sino revisables, en función de la coherencia con el resto del edificio, y con unas estructuras teóricas y conceptuales que también son revisables). La EPISTEMOLOGÍA es PARTE DEL SISTEMA, no es una ACTIVIDAD PREVIA (no son "los cimientos" del sistema), sino que la vamos también CORRIGIENDO según el sistema avanza.
.
Ya sé que esto es circular, y ya sé que tú no QUIERES llamar "conocimientos" a lo que obtenemos GRACIAS a esta estrategia epistemológica, pero si pasas por una biblioteca y miras los libros de física, química, biología, geología, ingeniería, historia..., todo lo que hay en ellos (que no sean tautologías matemáticas) está "obtenido" así. Yo llamo "conocimientos" a ESAS cosas (pero tú llámalas como quieras), y tu filosofía NO AYUDA ABSOLUTAMENTE NADA a comprender cómo los hemos podido obtener.
.
.
Tú estás OBCECADO con el problema al que te refieres una y otra vez (
"cómo cuadrar la presunción de universalidad y objetividad de las leyes científicas (en el sentido de que, de ser ciertas, deberían poder aplicarse a todos los casos a los que dan forma legal) con la inevitable particularidad y subjetividad que caracteriza a la experiencia"), pero Popper ya te dio la solución (bueno, otros la inventaron antes, p.ej., Whewell en el siglo XIX, por no hablar de Hume): NO SE PUEDE "cuadrar", porque las teorías no tienen esa "presunción": son HIPÓTESIS, y las aceptamos mientras sus predicciones se cumplen.
El problema, además, no se refiere sólo a las "teorías científicas", sino a CUALQUIER CONOCIMIENTO QUE OBTENEMOS POR LA EXPERIENCIA: ¿cómo "sabes" que al libro que tienes delante, pero cerrado, no se le han borrado todas las páginas desde la última vez que lo abriste?, ¿cómo "sabes" que el mundo no ha empezado a existir hace cinco minutos?, ¿cómo "sabes" que Nueva York está en América?... Pues porque, en la vida diaria (no en la filosofía cartesiana) llamamos "conocimiento" a ese sistema de proposiciones que aparentemente "se sostiene en pie" (sin saber dónde se apoya).
.
.
Y con respecto a la última cuestión, lo que olvidáis los que soñáis con una teoría física "final" que pueda ACEPTARSE usando sólo la matemática (y no la experiencia) es que las RESTRICCIONES a las estructuras matemáticas que se pueden considerar están dadas por la experiencia (p.ej., Einstein "infirió" la relatividad pensando en las incoherencias entre la mecánica y la electrodinámica... pero esas incoherencias eran relevantes PORQUE las ecuaciones de ambas teorías se ajustaban bastante bien a la experiencia en la mayoría de los casos; si los físicos no hubieran sabido NADA de cómo se mueven EMPÍRICAMENTE las cosas cuando se acercan unas a otras, no habría habido forma de encontrar las ecuaciones de la teoría de la relatividad).
.
Un ejemplo más: imagínate un universo unidimensional, y piensa en la TEORÍA MATEMÁTICA que describe los números enteros, y en la que describe los números reales. Ambas son ABSOLUTAMENTE CIERTAS (cada una describe con exactitud las propiedades de su "objeto" -bueno, salvo el pequeño detalle de Gödel, pero obviémoslo-). Ahora bien, lo que importa en la FÍSICA (no en las matemáticas) es si UN DETERMINADO SISTEMA EMPÍRICO (más o menos "pequeño", o el "universo" en su conjunto, da igual) es ISOMORFO con un sistema matemático o con otro. Las matemáticas nos describen cojonudamente AMBOS sistemas matemáticos; pero no podemos tener ARGUMENTOS PURAMENTE MATEMÁTICOS para determinar si el universo se describe mejor con la serie de los números enteros o con la de los números reales.

.
.
Más:
.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
.

27 de febrero de 2012

FLOTANDO EN EL CIENO


Decía San Agustín que sabía perfectamente lo que era tiempo.... 'mientras no se lo preguntaran'. Lo mismo pasa con muchas otras nociones, salvo que admitir la frase requiere tomar cum grano salis lo de "saber perfectamente". "Sabemos" lo que es el tiempo en el sentido de que manejamos con bastante soltura, fluidez y éxito los conceptos temporales, entendemos frases como "Napoleón vivió antes que Churchill", "el día de mercurio dura más que su año", etc. Pero no "sabemos" lo que es el tiempo en el sentido de que seamos capaces de dar una lista completa y exacta de las características del tiempo (ni siquiera estamos seguros de si hay tal cosa como "el" tiempo, o no será tal vez un subproducto de algo más básico, o del choque de varias otras realidades, o qué sé yo qué).
.
Un ejemplo que a mí me gusta más es el del concepto de "número". Todos estamos mucho más seguros de que 2+2=4 o de que hay infinitos números naturales o de que los números irracionales tienen infinitos decimales que no se repiten periódicamente... que de CUALQUIER lista completa y exacta de las propiedades necesarias y suficientes que algo tiene que tener para ser un número (aviso: no hay una lista así en los libros de matemáticas, ni mucho menos una lista en la que todos los matemáticos o filósofos de la matemática estén de acuerdo).
.
Por lo tanto, simplemente no es cierto lo que piensan algunos, que nuestros conocimientos "menos básicos" estén fundamentados necesariamente en principios que conocemos con más certeza y claridad que aquéllos: de matemáticas sabemos un huevo, estamos muy seguros de muchas cosas de ellas, las entendemos con meridiana claridad (algunas más que otras), pero aquello en lo que se basan esos conocimientos es un cenagal profundamente opaco, sobre el que se sujetan malamente (pero apañándoselas de momento) los pilotes del inestable palafito de nuestro saber.
.
O, dicho con la metáfora fundacional de nuestro blog: el barco de las matemáticas navega con éxito aunque cuando visitamos sus bodegas vemos entrar vías de agua casi por todas partes, y en el mejor de los casos las tapamos con frágiles tiritas.

17 de septiembre de 2010

17 de mayo de 2010

INFERENCIALISMO (2). EL PROBLEMA DE LOS CONCEPTOS TEÓRICOS (1)

Hace ya casi dos meses prometí comenzar una serie sobre el inferencialismo, mi teoría del conocimiento (...and beyond!) favorita. Entonces abrí boca con dos referencias teatrales que glosan la humana capacidad de sacar consecuencias, capacidad sobre la que se basa la teoría (o perspectiva) a la que me estoy refiriendo.
.
Pero hoy, en lugar de ir directamente al meollo (al fin y al cabo, se trata de ir tirando de una madeja, o de varias), presentaré un asunto que viene al hilo (o varios) de la discusión que teníamos hace unos días en la entrada sobre el constructivismo. Se trata, por un lado, de la cuestión que planteaba Freman sobre si la filosofía sirve para algo (por cierto, algunos recordaréis mi entrada sobre la naturaleza de la filosofía), y por otro, de la cuestión planteada por Héctor sobre la "carga teórica de las observaciones".
.
Como la mayoría sabréis, uno de los temas principales de la filosofía de la ciencia es el llamado "problema de los términos (o conceptos) teóricos". El positivismo lógico (bisabuelo de nuestra profesión) intentó explicar en qué consiste eso a lo que intuitivamente nos referimos al decir que "el conocimiento científico se basa en la experiencia", y lo intentó explicar haciendo una distinción entre dos tipos de conceptos: los conceptos observacionales y los conceptos teóricos. Las primeras versiones del positivismo lógico eran más bien fundamentalistas en su definición de "observacional": un concepto científico es observacional si puede aplicarse directamente en función del contenido de nuestros datos empíricos; lo cual tendía a reducir los conceptos observacionales a cosas como "aquí, ahora, rojo", o, un poco más sofisticado, "cuando el reloj marcaba las 11:43, la aguja de este indicador marcaba el número 25". O bien, todavía más sofisticado, añadiendo la referencia a quién es el que hace esa observación: "protocolo de Jesús a las 11:43: la aguja del indicador X marca el número 25" (esta es la versión de los "enunciados observacionales" -o "enunciados protocolarios", o "protocolos de observación"- popularizada por el armador de nuestro buque, el gran Otto Neurath).
.
En las versiones más maduras del positivismo lógico, autores como Carnap y Hempel terminaron por admitir que la noción de "concepto observacional" es más bien pragmática, y no requiere ninguna relación explícita y directa con "el contenido de los datos sensoriales" (que es, a la postre, un constructo de lo más teórico), sino que más bien, en el análisis de la ciencia se han de tomar como "conceptos observacionales" todos aquellos que los científicos consideren que son "lo suficientemente observacionales", es decir, aquellos conceptos sobre los cuales los miembros de la comunidad científica relevante estén de acuerdo en que hay unos procedimientos de medición u observación "relativamente simples y directos". Es decir, un concepto sería "observacional" en una cierta disciplina científica cuando los científicos piensan que los datos empíricos que se describen mediante ese concepto son no-problemáticos.
.
El problema más importante para los positivistas no era, de todas formas, el de cómo definir los conceptos teóricos, es decir, los que NO son observacionales, aquellos para los que no está claro que los datos nos informen "directamente". Como expresó el gran Carl Hempel, el problema es que los conceptos teóricos, o bien contribuyen a incrementar las consecuencias empíricamente observables de la teoría que los contiene, o bien no. Si ocurre lo primero, eso quiere decir que, en lugar de la teoría que contiene dichos términos, podríamos quedarnos con la "teoría" consistente en el conjunto de todas las consecuencias observables de la primera teoría (llamemos a esta parte observacional "el contenido empírico de la teoría"), y ambas teorías (o sea, la teoría en cuestión, y su contenido empírico) son, por hipótesis, empíricamente equivalentes; los términos teóricos, por lo tanto, "sobran". Si ocurre lo segundo, es decir, si los conceptos teóricos no añaden ninguna consecuencia empíricamente observable a la teoría, entonces son inútiles. ¡Así que los conceptos teóricos son inútiles en cualquier caso!
.
Hempel, y como él los otros grandes del positivismo lógico, ante esta preocupante consecuencia, apunta de nuevo hacia el papel pragmático de los términos teóricos (términos como "campo", "proteína", "placa tectónica", "spin", "electrón"): son útiles en la medida en que la teoría que los contiene sea mucho más manejable que la teoría (empíricamente equivalente a la primera) que no los contiene. Incluso puede suceder que el contenido empírico de una teoría no sea manejable en absoluto, es decir, resulte tan complicada al haberle quitado los términos teóricos, que no haya manera humana de utilizarla para extraer consecuencias (o sea, para derivar "predicciones" a partir de "datos"). Los conceptos teóricos se consideran, pues, como "meras herramientas" para facilitar las predicciones, sin más contenido "ontológico" que el que puedan tener el resto de los formalismos utilizados en una teoría (p.ej., los símbolos para las derivadas, matrices, hamiltonianos, etc.).
.

En definitiva, la epistemología empirista en la que se basaban los positivistas lógicos terminó conduciéndoles a una especie de pragmatismo instrumentalista, o instrumentalismo pragmático, según el cual TODO el contenido cognitivamente importante de las teorías científicas era lo que ellas podían decirnos sobre sucesos que se pudieran describir mediante el exclusivo uso de conceptos observacionales. Este intrumentalismo pragmático no es ajeno a mi propia postura (los curiosos pueden ver esta discusión sobre los modelos como "prótesis inferenciales"), aunque también con severos matices.
.
De todas formas, el posterior asalto a la "tesis de distinción teórico-observacional" (pero ojo, que no es pa'tanto) puso todo patas arriba, como veremos en la próxima entrada de la serie, dedicada a los argumentos de Karl Popper y Joseph Sneed.
.


El problema de los conceptos teóricos (2).
.

20 de octubre de 2009

ALGO TIENE QUE HABER... ¿O NO? (ASÍ EMPEZAMOS)


Con esta entrada botamos el Otto Neurath hace dos años, el uno de octubre de 2007. Se me ha pasado celebrarlo.




"Por lo que puedo distinguir, están peleándose por cuál es la religión más pacífica"


Comentario sobre el libro de Richard Dawkins, El Espejismo de Dios, Madrid, Espasa, 2006.

Bien conocido por sus obras de divulgación científica en el campo de la biología, y más especialmente en la teoría de la evolución (El gen egoísta, Destejiendo el arco iris...), el catedrático de “Comprensión Pública de la Ciencia” en la Universidad de Oxford, Richard Dawkins, ha tomado una decisión arriesgada al escribir su última obra. El espejismo de Dios no es un libro ciencia, aunque el conocimiento científico desempeña un papel importante en buena parte de sus argumentos, y por supuesto en la visión general sobre la realidad que subyace en toda la obra. En cierta medida, este menor protagonismo de la ciencia hace que el libro sea más accesible para el lector medio que otros títulos de Dawkins (quien, por otro lado, es un maestro consumado de la comunicación científica, tal vez, tras la muerte de Stephen Gould, el mayor divulgador vivo de la biología), pero también ha tenido la consecuencia no tan favorable de que su virtuosismo argumental “marca de la casa” se echa bastantes veces de menos en el nuevo libro. Ocurre un poco como cuando un gran intérprete de un instrumento musical se mete a director de orquesta: el resultado puede ser agradable, pero resulta un tanto desigual, pues el artista acusa la falta de familiaridad con algunos matices y del dominio de ciertas técnicas. Con todo (y con algunos otros problemillas de los que hablaré pronto), El espejismo de Dios es simplemente una de esas obras que se necesitaban, cuyo éxito editorial es tan comprensible como deseable, y cuya recepción enfurecida por parte de los medios creyentes y tradicionalistas no deja de ser síntoma de su vigor intelectual. Lástima, dicho sea de paso, que la traducción encargada por Espasa-Calpe haya hecho tan poca justicia a la prosa fluida del autor, hasta hacerle decir en algunos puntos lo contrario de lo que dice.
Pero vayamos al contenido de la obra. Richard Dawkins no ha escrito un libro para los profesionales de la argumentación religiosa (teólogos y filósofos), sino para el gran público, para esa masa de personas que, en muchos casos, profesan una religión por el mero hecho de haber sido educados así, y porque nunca han considerado la idea de que podía ser factible (e incluso saludable) el rechazar esas creencias. Es, sobre todo, un libro para quienes el argumento teólogico fundamental ha sido siempre el campechano “¡Algo tiene que haber!” que estamos tan acostumbrados a oir cuando nos ponemos metafísicos en una charla de café. Por supuesto, las multinacionales religiosas (sobre todo las de Occidente, con sus sofisticados departamentos de investigación, también llamados “facultades de teología”, y sus múltiples concesionarios –con ce, no efe–), han ensamblado argumentos dialécticos enormemente sofisticados para demostrar que es razonable creer en Dios, en la resurrección, y en la perversidad moral de la masturbación; pero, puesto que la mayoría de los mortales no creen en estas cosas porque hayan sido convencidos mediante tales argumentos de teólogo profesional, sino más bien por razonamientos o intuiciones de amateur, un libro dirigido al gran público tiene que concentrarse en debates mucho más a ras de tierra.
A este nivel, la primera y fundamental cuestión es la de si Dios existe. La estrategia de Dawkins es la de mostrar que no se trata de una cuestión ante la que sólo quepan tres posturas: la del creyente, la del ateo y la del agnóstico, sino que, como con cualquier otra afirmación sobre la existencia de cierta entidad o fenómeno, lo que tenemos es un amplio abanico de posibilidades: uno puede estar totalmente convencido de que Dios existe, o de que Dios no existe, pero entre ambas convicciones extremas caben muchos matices. Por ejemplo, uno puede decir, “yo no sé si Dios existe, pero creo que es más probale que exista que lo contrario”, y por supuesto también puede dudar de su existencia con la misma intensidad. En realidad, si uno lo hace pensar un poco a sus compañeros de charla de café, ¿por qué van a ser exactamente igual de probables ambas posibilidades? Al fin y al cabo, yo no sé si algún barco del Antiguo Egipto navegó alguna vez hasta América del Sur, pero pienso que probablemente no; en cambio, pienso que es más probable que alguno viajase hasta España, aunque tampoco lo sé. Esta precisión le sirve a Dawkins para sugerir que ser ateo no equivale a “negar” a secas la existencia de Dios, sino sólo a pensar que es bastante improbable. Dawkins dedica un capítulo a ridiculizar la mayoría de los argumentos teístas habituales (no todos “filosóficos”), mostrando que no garantizan en ningún caso una alta probabilidad a la existencia de Dios, lo que no es muy nuevo, por otra parte.
En cambio, el capítulo central de la obra ofrece un argumento más original, aunque el mismo Dawkins reconoce que consiste ni más ni menos que en tomarse en serio la eterna pregunta infantil de “¿quién creó a Dios?”. Muchos teólogos (sin ir más lejos, el bueno de Hans Küng en su muy reciente El principio de todas las cosas) afirman que la hipótesis de Dios es la mejor explicación “científica” de la existencia del mundo y de su sorprendente orden. Dawkins muestra, en cambio, que esta hipótesis no explica nada, si por “explicar” entendemos lo que hacen las teorías científicas cuando explican correctamente ciertos fenómenos (hurgaré en los detalles en otra ocasión, si me dejan), y lo que es más importante, que esta hipótesis requiere un Creador al menos tan complejo como el mundo que ha creado. Pensemos en el viejo argumento del reloj encontrado en una playa desierta, el cual nos lleva lógicamente a la conclusión de que alguien lo fabricó; imaginemos que lo que hallamos es un hacha prehistórica, mucho más simple que un reloj. La conclusión a la que llegaremos es que la sociedad que ha construido el reloj es más sofisticada que la que ha fabricado el hacha (pues necesita una división social del trabajo mucho más extensa); y si lo que encontramos es un ordenador, pensaremos correctamente que ha sido creado por una sociedad aún más compleja. Pues bien: si el universo hubiera sido creado por alguien, ese “alguien” debería ser muchísimo más complejo que quien ha creado el hacha, el reloj, o el ordenador. Hasta aquí, no hay problema; de hecho, muchos teólogos de café, como usted y como yo, tendrán la intuición de que Dios es un ser bastante complicado, y no el intelecto simplísimo que postulan algunos teólogos, tan simple que no necesita de nada que lo haya creado. Pero fijémonos en que queríamos un Dios porque el mundo nos parecía tan complejo que necesitaba un creador. Por tanto, la misma razón que nos llevó a pensar que debía existir un creador del mundo, nos llevará también a exigir que este creador haya sido creado... por otro creador aún más complejo, y así sucesivamente. Y esta cadena de creadores cada vez más complejos es todo menos simple, que es la virtud que deben tener las buenas explicaciones científicas.
Tras los capítulos de teología de café, Dawkins dedica más de la mitad del libro a defender una tesis que es la que sin duda ha suscitado la intensa animadversión a la que nos referíamos. La tesis de que la religión es básicamente perjudicial. Es justo indicar que la mayoría de los creyentes no son como los terroristas islámicos del 11-M o los “talibanes cristianos” de la América profunda. Dawkins lo reconoce, pero insiste en que el fundamentalismo es la consecuencia natural de la propia esencia de la fe religiosa, pues al fin y al cabo la fe consiste en la voluntad de creer cosas irracionales sencillamente por la autoridad de quien nos las enseña. Cuando la fe no ha desembocado en el fundamentalismo, ha sido porque otras convicciones individuales y otras fuerzas legales se lo han impedido. Entre los muchos ejemplos que pone Dawkins, destaca el de la fuerza moral de las Escrituras: cualquiera que lea hoy la Biblia con la sensibilidad ética de nuestros días, sentirá repugnancia por la crueldad que Yahvé y sus muestran en la mayor parte del Antiguo Testamento, y no menos por el capricho divino de someter a su propio Hijo a una tortura terrible en el prime time del Nuevo. La Biblia misma no puede ser tomada, por tanto, como una guía moral en sentido primario, pues empleamos nuestra moral para decidir qué interpretación ética tenemos que dar de los mensajes que la Biblia contiene. Por tanto, es nuestra moral (nuestra moral laica, diríamos) la que forma el dique de contención que impide que las creencias religiosas “respetables” se desborden hacia un fundamentalismo “criminal”, como harían si sólo obedecieran sus propias fuerzas.
Hay muchas otras tesis igual de interesantes y provocadoras en El espejismo de Dios, esperando a la curiosidad de los lectores. No puedo comentarlas todas, pero no me resisto a mencionar las dos que pueden tener una mayor repercusión política, y que ojalá propicien un debate social sosegado pero intenso. La primera es la de que las creencias religiosas no deberían merecer más respeto que cualesquiera otras opiniones. Se trata, en el fondo, de que una persona religiosa no debe tener más derechos que una no religiosa (por ejemplo, el derecho a que no se discuta la verdad de sus creencias, el derecho a aducirlas como justificación de sus actos, por muy poco razonables que estos sean, etc.). La segunda tesis es la de que los niños tienen derecho a no ser adoctrinados, ni siquiera por sus familias, y por lo tanto no deberían sufrir una educación religiosa tendenciosa, al menos hasta alcanzar el debido uso de razón gracias a una enseñanza basada en el fomento de la capacidad crítica y en la valoración del conocimiento racional. ¿Alguien se atreve a llevar estas propuestas al debate político español?

18 de octubre de 2009

E LA NAVE VA


Amigos:
.
ayer, día de la gloriosa manifestación a favor de la-encarcelación-de-las-mujeres-que-deciden-no-dejar-que-el-embrión-que-llevan-dentro-llegue-a-convertirse-en-una-persona (y de quienes las ayuden en esa dolorosa tarea), el Otto Neurath superó, por primera vez en su corta historia, la cifra de 1.000 visitas en un día.
.
Gracias a todos los pasajeros (y a la tripulación, cada día más numerosa y activa). Este barco no sería nada sin vuestras visitas y vuestros comentarios.
.

2 de abril de 2009

SÉ EL MARINERO NÚMERO CIEN MIL

Del barco de Otto Neurath
....................................... ¡NO NOS MOVERÁN!
Del barco de Otto Neurath
....................................... ¡NO NOS MOVERÁN!
.................
Igual que un daaaato junto a una teorí-í-a
¡NOOOO NOS MO-VE-RÁN!
.
.
.
.
Y en esto vino una ola e inundó parte de las bodegas.
.
.
.
En fin, que pase el marinero número 100.000, que al fondo hay sitio.
.
.

10 de febrero de 2009

ALVARO POMBO, ESE NEURATHIANO

Visto en Público (sobre el nuevo poemario de Álvaro Pombo):

Protocolos (1973), Variaciones (1977), Los enunciados protocolarios... ¿Por qué a sus poemarios de amor les pone nombres en clave filosófica?

Es que mis frases, por ejemplo, qué se yo [lee]: "Todo el fragor del oleaje caducado [...]". Es cómico llamar a esto protocolo, pero es un enunciado. Lo tomo de la Escuela de Viena, que hablaba de los enunciados básicos en la ciencia. Por ejemplo: a las 5.43 la partícula se mueve del punto A al C. Y el amor también tiene su protocolo. No es aquí te pillo aquí te mato.

19 de noviembre de 2008

LA CONCEPCIÓN CIENTÍFICA DEL MUNDO (MANIFIESTO DEL CÍRCULO DE VIENA, 1929)

Muchas gracias a Pablo Lorenzano por enviarme la edición que hizo en 2002 en la revista argentina Redes del artículo fundacional del Círculo de Viena, por Hans Hahn, Otto Neurath y Rudolph Carnap. Todo el que lo lea, verá que, pese a las ocho décadas transcurridas, sigue teniendo muha vigencia.
La Concepción Científica Del Mundo-el Círculo de Viena
Get your own at Scribd or explore others:

2 de octubre de 2007

BIENVENIDOS A BORDO (Y AGARRAOS FUERTE)

Acabáis de subir al barco más famoso de la Filosofía de la Ciencia: el barco de Otto Neurath.

Neurath, economista de profesión, fue uno de los fundadores del llamado "Círculo de Viena"... Sí, has oído bien, aquellos personajes maliiiignos que infectaron el mundo con su "positivismo lógico", decretaron la falta de sentido de la metafísica, y separaron a rajatabla los hechos y los valores. Eso sí, como muestra de que el positivismo es un movimiento esencialmente progresista, además de que a otro de sus fundadores (Moritz Schlick) lo mató un alumno nazi de un tiro en las escaleras de la Universidad de Viena, hay que mencionar el hecho de que Otto Neurath había sido unos años antes un alto cargo en el gobierno socialista de Baviera (la República Espartaquista, 1919), donde fue el encargado de "socializar la economía".

Tal vez por esta experiencia de la vida y la sociedad como algo radicalmente inestable, Neurath ha pasado a la posteridad como el creador de una de las más bellas imágenes de la Historia de la Filosofía, en el mismo nivel que la caverna de Platón, el genio maligno de Descartes, o la paloma de Kant. Nuestro autor propone que el conocimiento científico (o más bien el conocimiento en general) no tiene fundamentos firmes, no se basa en certezas absolutas, como habían pretendido la mayoría de los filósofos, y aún deseaban sus compañeros positivistas. Ni la evidencia racional, ni los datos de los sentidos, son algo que podamos considerar como "fuera de toda duda". Al contrario, Neurath sugiere que todos los elementos del conocimiento científico pueden, en principio, entrar en contradicción con otros, y, cuando esta contradicción se da, somos nosotros quienes tenemos que tomar la decisión de qué elementos conservar en la nave de la ciencia, y cuáles eliminar.

En la ciencia nos hallamos, por tanto, como los marineros de un navío que tuvieran que reconstruirlo continuamente, cambiando sus piezas una por una (¡no todas a la vez, por supuesto!), pero siempre a flote, nunca en un puerto seco. En la ciencia siempre permanecemos en altamar, no estamos anclados ni sujetos al fondo, y no pisamos nunca tierra firme. La roca madre de las certidumbres, la que permite excavar cimientos propiamente dichos, no es para los científicos, sino sólo para los creyentes. Quien desee estar seguro de algo, no tiene más que apuntarse a una iglesia, oratorio, mezquita o sinagoga (si le dejan), o comprarse las obras completas de Juan José Benítez, y dejarse petrificar la mente por las melodiosas pláticas que en esos respetables foros escuchará.

Ahora bien, en una construcción con cimientos bien clavados en la tierra, uno tan sólo puede guarecerse, esconderse. Para llegar muy lejos, en cambio, sólo podemos navegar, echar nuestro barco al infinito océano de las preguntas, dejarnos mecer (y a veces zozobrar) por el oleaje de la incertidumbre, y aprovechar el viento favorable de las respuestas siempre provisionales.

(Eso sí, llevamos salvavidas: el del humor).


Por todo esto, me ha parecido justo bautizar el navío del que da cuenta esta bitácora con el nombre de Otto Neurath. Os invito a que me acompañéis a ver cómo se cambian las cuadernas del fondo de la quilla... ¡cuidado, que nos vamos a mojar!



Para saber más sobre Otto Neurath en la red: