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28 de marzo de 2014

Sobre la coautoría en la ciencia (entrevista)

Transcribo la entrevista que me han hecho en DivulgaUNED con motivo de la publicación del artículo sobre co-autoría científica del que hablé en esta otra entrada.

Escribir artículos entre varios investigadores es una práctica habitual, sobre todo cuando la investigación abarca diferentes áreas científicas. Jesús Zamora Bonilla, catedrático de Filosofía de la Ciencia de la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED), ha analizado la naturaleza de esta colaboración en un estudio, en el que explica las malas prácticas que existen y propone nuevos formatos para que la coautoría sea más rigurosa.
La ciencia es fruto de un trabajo colaborativo, no apta para solitarios a lo Robinson Crusoe / Ilustración de N. C. Wyeth - Wikimedia.
La ciencia es fruto de un trabajo colaborativo, no apta para solitarios a lo Robinson Crusoe / Ilustración de N. C. Wyeth – Wikimedia.
Si un investigador escribe un artículo solo, ¿recibe más reconocimiento de agencias de evaluación como laANECA?
Depende de las especialidades. En las ciencias naturales e ingenierías no se penaliza la coautoría, o se hace mucho menos, porque ahí es bastante habitual esa forma de colaboración. En las humanidades es donde más se tiene en cuenta y se prima que los autores firmen sus trabajos en solitario.
¿Por qué se recurre a la coautoría?
En general, la coautoría refleja el hecho de que una gran parte de la investigación científica constituye un trabajo colaborativo, en el que hay que combinar distintas capacidades, y a veces también diferentes puntos de vista. La ciencia no es una actividad para solitarios a lo Robinson Crusoe.
¿Qué tipo de malas prácticas existen?
El tipo de mala praxis más habitual es la de que un científico con más prestigio y más poder académico obligue a los verdaderos autores de la investigación a incluir su nombre como autor, sin haber contribuido nada o casi nada. De todas formas, en todos los casos en los que hay quejas de esta práctica no ha ocurrido que la contribución del “jefe” sea tan escasa como les parece a los otros autores. Al fin y al cabo, el trabajo de concepción y organización de un proyecto de investigación es fundamental, y es razonable que los investigadores que lo dirigen sean considerados autores de pleno derecho de las publicaciones que resulten de ahí, aunque no hayan estado tan involucrados en el día a día como los otros autores.
¿Hay alguna mala práctica más?
También es posible que varios autores se pongan de acuerdo en firmar cada uno los artículos del otro o de los otros, aunque su contribución haya sido nula o escasa, pero mi impresión es que ese tipo de falsa coautoría es mucho menos frecuente que la anterior.
¿Cómo podría controlarse que la coautoría sea real y no un “hoy por ti, mañana por mí”?
Es difícil de controlar, pues las agencias de evaluación no tienen recursos para indagar a modo de detectives en los entresijos de las investigaciones. Pero, como decía, me parece que es una práctica bastante poco habitual, sobre todo porque cada científico suele pensar que su propia contribución es más importante que la de los otros, y tiende a parecerle que saldría perdiendo con el intercambio. Incluso aunque cada uno estimáramos con objetividad el valor de nuestra contribución, el científico ‘mejor’ pensaría que sale perdiendo si hace ese intercambio con uno ‘peor’.
En su estudio sugiere que los artículos incluyan al final unos créditos, como en las películas, donde se explique qué investigador ha hecho cada parte, ¿no es así?
Es una posibilidad para ayudar a las agencias y a los procesos de evaluación, ya que los méritos que hay que atribuir son, en último término, de los individuos, no de los artículos o de los grupos. En algunas disciplinas es relativamente habitual hacer algo parecido, sobre todo en aquellas donde la división del trabajo es más clara por tratarse de la combinación de disciplinas o técnicas muy diferentes.
En las conclusiones se refiere al concepto, ‘la magia de la lógica’. ¿En qué consiste?
Es otro de los motivos por los que puede ser razonable firmar un artículo entre varios autores. Lo importante de cada publicación científica son sus conclusiones: un artículo es un argumento que pretende apuntalar o fundamentar una determinada conclusión, y es según el valor de esa conclusión por lo que la publicación va a terminar recibiendo más o menos citas. La contribución de cada autor individual no suele ser conclusión misma, sino algunas premisas que sirven como elementos de la argumentación en la que el artículo consiste. O sea, cada autor contribuye con algunas premisas del argumento, pero lo que se valora es la conclusión, su capacidad de repercusión en las publicaciones de otros colegas, o por decirlo de otro modo, el volumen de citas esperable. Este valor suele ser mucho mayor que la suma del valor de cada una de las premisas por separado. Por tanto, en un argumento lógico, el todo (la conclusión) es más que la suma de las partes (las premisas), y ahí está ‘la magia de la lógica’.

28 de marzo de 2013

Entrevista en Filosofipods


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Me han hecho una entrevista en la web Filosofipods, sobre economía del conocimiento científico. Podéis oírla aquí.
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Otras entrevistas
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En "A hombros de gigantes" (RNE), sobre La caverna de Platón y los cuarenta ladrones

En los cursos de verano de Ronda

En las noticias de ABC Punto Radio (R.I.P.), sobre micromecenazgo.

En "Philosophy to go", sobre filosofía en general.

En "Mester de juglaría", ídem.

12 de marzo de 2013

Las chancletas del pescador, o una miniteoría económica del cónclave

Mi artículo de hoy en Mapping Ignorance.
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Traducción:


                Imaginemos la situación siguiente: unas 100 personas tiene que elegir a una de ellas para un puesto importante; cada uno tiene diferentes preferencias sobre quién debe ser el elegido, algunos pueden tener mayor o menor interés en ser elegidos ellos mismos, pero además, esto es esencial, muy probablemente casi todos ellos tendrán que terminar votando por candidatos que no son los más preferidos por ellos, porque la regla de elección pide que el hombre elegido (sí, no hay mujeres ni entre los electores ni entre los elegibles) reciba al menos dos tercios de los votos, y es casi seguro que ninguno es l más preferido por tantos de sus colegas. Como poco, podemos decir que este es un problema interesante para ser estudiado desde el punto de vista de la teoría de juegos.
                En cierto sentido, la situación es semejante (aunque, por supuesto, no idéntica) a la de los miembros de una comunidad científica que tienen que elegir cuál es la mejor explicación de un problema científico entre las varias que se han propuesto. En este caso, también ocurre que cada científico tendrá probablemente distintas preferencias sobre las teorías alternativas, en particular sobre las que han sido propuestas por ellos mismos, aunque, al final, tengan que tener en cuenta hasta cierto punto los juicios de sus colegas como razones para adoptar alguna de las soluciones, incluso si no es la más preferida por cada uno de ellos. He analizado esta situación en algunos artículos académicos y en mi libro La lonja del saber, citados al final.
                Así pues, sea X una de las posibles elecciones (un hombre, en el primer caso; una teoría o una técnica científica en el segundo), y sea P(X) la proporción de electores que elige X. Para cada elector, existirá algún valor de P(X) tal que le hará cambiar su decisión, de la de no elegir a X, a sí elegirlo (digamos que pensará algo así como, “X es mi candidato favorito, pero dadas las alternativas que quedan, teniendo en cuenta que P(X) de mis compañeros parecen apoyarlo, lo votaré yo también”). Si ese valor de P(X) es muy bajo para ti, eso quiere decir que votarás por X aunque la mayoría de tus compañeros no lo hagan; y si es muy alto, significa que no votarás por él, aunque la mayoría lo haga. Podemos asumir que la distribución de frecuencias (F) de estos “valores de umbral” es más o menos una distribución estadística “normal”, con un solo máximo local alrededor de un valor “promedio”, y que, para distintos candidatos, estará sesgada más o menos a la derecha o más o menos a la izquierda. Una de ellas se muestra en la figura 1.
                La figura 2 se limita a transformar la función de frecuencias F en una función acumulativa P, que indica qué proporción de electores desearía votar por X [D(P(X)], si la proporción de electores que de hecho votan por X fuese P(X). Obviamente, si F es unimodal, P tendrá forma de S, o sea, será convexa al principio y cóncava al final. La cuestión es, ¿contiene la función P información suficiente para determinar la conducta de los electores? Bien, esto depende. Consideremos la línea de 45°, o sea, la función D(P(X)) = P(X). Si P está por encima de esa línea, eso significa que el número de personas que desean votar por X es mayor que el número de personas que de hecho han votado por él, de tal modo que, en la siguiente elección, probablemente habrá más gente que vote a favor de X. Ocurre lo contrario si la función P está por debajo de la línea de 45°: algunas personas no estarán contentas habiendo votado por X, y seguramente no lo votarán en la siguiente oportunidad. Esto significa que el único equilibrio (en términos de teoría de juegos) ocurre para el nivel de P(X) donde la función P corta la línea de 45°, es decir, donde P(X) = D(P(X)). Naturalmente, dada la regla de votación, si esto ocurre para un valor de P(X) menor que 2/3, habrá que seguir haciendo votaciones y alguien tendrá que reconsiderar sus preferencias nuevamente.
                Ahora bien, un problema importante es que, dado que la función P tiene forma de S, puede llegar a tener tres equilibrios diferentes, como se muestra en la figura 3. Lo que determina cuál de ellos es el que realmente ocurrirá, es simple y llanamente la historia. Si la situación previa era una en la que P(X) cayó entre el origen de coordenadas y el segundo equilibrio, la dinámica esbozada en el párrafo anterior hará que la elección tienda a moverse hacia el primer equilibrio (el más bajo). Y si la situación previa había sido una en la que P(X) caía entre el equilibrio central y el extremo derecho del eje de coordenadas, esa misma dinámica conducirá al grupo hacia el tercer equilibrio (el más alto). Naturalmente, si la situación previa estaba exactamente en el equilibrio central, se quedará ahí, pero se trata de un equilibrio inestable: el más mínimo cambio en las preferencias o en la conducta de alguno de los miembros del grupo moverá a la elección colectiva hacia arriba o hacia abajo.
                La posibilidad de que haya más de un equilibrio no es sólo una curiosidad teórica, sino un importante problema práctico, pues puede llegar a tener consecuencias indeseadas para los propios miembros del grupo. Una de esas consecuencias es que la elección dependerá excesivamente del azar. Puesto que el resultado depende de la historia, incluso un cambio muy pequeño en la distribución de votos hacia los candidatos más irrelevantes al principio del proceso, puede llevar a la elección de un candidato diferente del que sería elegido si la distribución inicial hubiera sido otra muy parecida. Esto, por supuesto, es el famoso “efecto mariposa”, que en este caso sería tal vez más apropiado llamar el “efecto paloma”.
                Pero las consecuencias son aún peor que esto. En la figura 4 se muestran las funciones correspondientes a dos candidatos. Asumimos que todos los electores consideran unánimemente que el candidato A es mejor que el candidato B. Esto se refleja en el hecho de que, para cualquier número de votos recibidos de hecho por ambos, habrá más gente que prefiere A que gente que prefiere B, y por lo tanto, P(A) está por encima de P(B). Incluso aunque las preferencias sean así, es decir, aunque tanto el equilibrio “bajo” de A esté por encima del equilibrio “bajo” de B, y lo mismo para los equilibrios “altos”, puede suceder que el grupo elija el equilibrio alto de B y el equilibrio bajo de A. Es decir, el grupo puede terminar eligiendo un candidato que todos ellos consideran que es peor que otro candidato concreto (no digamos según las preferencias de los no votantes). Dicho en términos económicos, el procedimiento de elección puede dar lugar a resultados ineficientes.
                Por fortuna, puede probarse que, si los miembros del grupo pueden formar coaliciones, esto es, subgrupos que adoptan el compromiso de votar al mismo candidato sin tener en cuenta a quién vota el resto de los electores, entonces sólo uno de los equilibrios seguirá siendo estable. El problema para estas coaliciones es que, mientras la dinámica que conduce al equilibrio no lo alcanza (es decir, mientras el valor real de P es diferente de su valor deseado), algunos miembros preferirán a título individual un resultado diferente del que se han comprometido a votar, y tendrán por lo tanto un incentivo para romper la coalición, sobre todo si el voto es secreto.
                En comparación con el caso de la elección de la solución a un problema científico, hay algunas otras dificultades añadidas. Por ejemplo, en el caso de la ciencia no existe la presión para hacer una elección en un período de tiempo relativamente breve; allí las decisiones son públicas, no secretas; y, sobre todo, se puede ir acumulando más y más información que, a menudo, favorece a una hipótesis muy por encima de las rivales (lo que tiende a que las funciones F se desplacen hacia la izquierda, y las funciones P y sus equilibrios hacia arriba). También se ha de tener en cuenta que los casos que inspiran este artículo, el conjunto de electores cambia mucho de una vez a la siguiente, por razones puramente demográficas, y además es obligatorio que mantengan el secreto de lo tratado durante la elección, de modo que es más difícil que haya un aprendizaje sobre cuáles pueden ser las estrategias que llevan a una elección más eficaz.
                En conclusión, si el espíritu Santo hubiera pensado un poco más sobre el mecanismo de elección que hemos examinado, tal vez habría elegido un mecanismo diferente. O tal vez lo que ocurre es que prefiere uno así de caótico, en el que tenga cabida un papel más prominente para Sus (incontrastables) intervenciones.


REFERENCIAS

Zamora Bonilla, J. P. (1999) ‘The Elementary Economics of Scientific Consensus’, Theoria, 14:461-88.
Zamora Bonilla, Jesús (2003) La lonja del saber. Introducción a la economía del saber científico, Madrid, Ediciones UNED.
Zamora Bonilla, J. P. (2006). “Science Studies and the Theory of Games”, Perspectives on Science, 14:639-71.

18 de diciembre de 2012

CIENTÍFICOS JUNTOS Y REVUELTOS

Calentito del horno está mi nuevo artículo "The nature of co-authorship: a note on recognition sharing and scientific argumentation", que acaban de aceptar en Synthese.
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¿Por qué los científicos firman artículos conjuntamente, en vez de especificar en la medida de lo posible lo que cada uno de ellos ha contribuido al trabajo? (o sea, ¿por qué publican "juntos y revueltos", en vez de "juntos, pero no revueltos"?).
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 De esa banal cuestión, y echando mano de la teoría de la empresa del centenario Ronald Coase, saco algunas (creo que) interesantes conclusiones sobre la naturaleza del conocimiento científico y la estructura de las relaciones sociales que lo producen, además de (cosa rara en artículos de filosofía de la ciencia) aventurar unas cuantas predicciones empíricas.
 
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Ironías de la vida: personalmente, en los últimos años la mayoría de los trabajos que he publicado han sido como co-autor o co-editor... pero justo éste es una de las pocas excepciones.

14 de noviembre de 2011

JUICIOS DE HECHO Y JUICIOS DE VALOR: ¿UNA DIFERENCIA OBSOLETA?


Seguimos con la discusión en "Dialéctica y Analogía". Ahora os traigo un fragmento sobre la diferencia entre juicios descriptivos y normativos.
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Juan Antonio: Lo normativo está tan presente en la ciencia como en la moral. Todos los conceptos son normativos, y las reglas metodológicas por las que se usan los conceptos etc, son completamente normativos.
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Jesús: En la ciencia (o en general, en lo que tiene función DESCRIPTIVA o EXPLICATIVA) seguimos normas porque éstas son los INSTRUMENTOS que nos permiten alcanzar con más eficacia los OBJETIVOS de la ciencia, a saber, encontrar descripciones más exactas de la realidad. Pero una cosa es la normatividad que existe en la PRÁCTICA CIENTÍFICA y otra cosa es que las CONCLUSIONES a las que nos lleva esa práctica sean JUICIOS NORMATIVOS (obviamente no lo son: no es lo mismo decir que hierro puede magnetizarse, que decir que es un crimen desmagnetizar el hierro). Las normas de la ciencia (y de cualquier otro tipo de adquisición de conocimiento) son las reglas que nos dicen cómo cumplir de la forma más satisfactoria posible nuestro deseo de AVERIGUAR CÓMO ES EL MUNDO, pero LO QUE deseamos con ella es, precisamente, averiguar cómo es, no cómo debe ser (y repito, aceptar una teoría porque nos parece que refleja mejor cómo DEBERÍA ser el mundo, es un error científico descomunal).
. En cambio, en la ética (y en todas las prácticas valorativas, incluida la PARTE normativa de la ciencia -es decir, la ciencia como PRÁCTICA, no la ciencia como CORPUS DE CONOCIMIENTOS) lo que tenemos son argumentos, reflexiones, intuiciones (también), etc., sobre CÓMO DEBEMOS HACER tales y cuáles cosas, qué cosas DEBEMOS hacer, o qué DEBEMOS HACER SI queremos conseguir tales o cuales objetivos. Para responder a esas preguntas es necesario, en general, tener mucho conocimiento descriptivo sobre cómo son las cosas (obviamente), pero naturalmente hace falta algo más, que es TENER ALGUNOS FINES O CRITERIOS DE VALORACIÓN. Ninguna investigación que contenga SÓLO enunciados descriptivos puede ayudarte a hacer eso, siempre tienes que partir de ALGUNOS enunciados normativos. Por lo tanto, de una MERA descripción nunca puede derivarse un enunciado normativo (si no añades alguna premisa normativa). La cuestión, entonces, es, repito, si, como tú defiendes, hay ALGUNAS PREMISAS NORMATIVAS que hacen que todos los seres racionales tuviéramos que llegar exactamente a las mismas conclusiones normativas si se nos dan exactamente las mismas premisas descriptivas, o si no. No me parece una petición muy exagerada la de que proporciones un argumento deductivo y convincente (sin peticiones de principio) para esa tesis.
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Yo defiendo la distinción hecho/valor de formas que entiendo son más inteligentes que las de los viejos positivistas; precisamente tengo en mente escribir un artículo sobre eso. Así que el hecho de que la masa haya llegado (supuestamnte) a la fashionable conclusión de que no hay ABSOLUTAMENTE NINGUNA DIFERENCIA RELEVANTE entre aceptar una ley física (p.ej.) porque creemos tener razones para pensar que es verdadera, y aceptar una ley física porque creemos que un mundo en el que se cumpla esa ley es un mundo moralmente o ideológicamente más satisfactorio, pues mira, el hecho de que haya tal vez mucha gente que piensa eso no me afecta.
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Mi propia teoría sobre los conceptos dice que TODOS los conceptos son normativos (los conceptos son "nodos" de "normas inferenciales", las cuales dicen qué proposiciones es OBLIGATORIO aceptar o qué acciones es OBLIGATORIO realizar, DADAS las obligaciones que uno haya asumido previamente al usar esos conceptos). No puede ser de otra manera dado que yo intento modelizar el lenguaje como una especie de juego de mesa (p.ej., el parchís: los conceptos serían las reglas que te dicen qué puedes hacer o qué debes hacer según en qué casillas se encuentre cada ficha). Pero de ahí no se sigue que TODOS los conceptos sean normativos EN EL SENTIDO DE QUE TODOS TE DIGAN CÓMO SE DEBE TRATAR DE MANERA MORALMENTE CORRECTA a la cosa a la que se refiere ese concepto. Y sobre todo, no hay una forma A PRIORI Y UNÍVOCA de inferir qué obligaciones tiene cada posible jugador del juego (p.ej., el análisis normativo de los conceptos sólo exige que los agentes sean capaces de hacer EVALUACIONES, pero no exige que hagan EVALUACIONES DE TIPO MORAL -habrá juegos en los que sí, juegos en los que no, juegos que se juegan según ciertas normas morales, y juegos que se juegan según otras normas morales o amorales-).

9 de mayo de 2011

LA LEY DE LAS SESIONES PARALELAS

¿Quién dijo aquello de que en las ciencias sociales no se pueden encontrar regularidades empíricas robustas? (Sí, es cierto, tal vez lo dije yo, pero no hace falta que nadie se entere, ¿no?) Pues bien, como resultado de mis profundas reflexiones tras mis innumerables asistencias a congresos científicos y saraos semejantes, puedo presentar como definitivamente contrastada la siguiente...
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LEY DE ZB DE LAS SESIONES PARALELAS
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que reza como sigue (no perdeos detalle, que tiene su enjundia):
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En cualquier congreso, conferencia, simposio, etc., en el que haya sesiones paralelas, la otra sesión siempre habría sido mejor.
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La evidencia empírica acumulada en apoyo de esta regularidad es abrumadora, y no he conocido todavía a nadie con los suficientes bemoles como para rebatirla. Las implicaciones de esta ley para la comprensión del orden social son tan imponderables como inmensas, de modo que me atrevería a compararla con algo así como el "teorema de Bell" de las ciencias sociales.
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14 de diciembre de 2010

EL CONFLICTO DE LAS FACULTADES


Un rector le dice a otro: “la mejor facultad es la de matemáticas, que sólo piden papel, lápices y papeleras”; a lo que otro rector contesta: “qué va, la mejor facultad es la de filosofía, que sólo pide papel y lápices”.
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Más:

9 de diciembre de 2010

ENTREVISTA EN EL "CLUB LOREM IPSUM"


El blog "La ley de la gravedad", de mi amigo (¡glups, no tenía que decirlo!) Citoyen, publica una entrevista que éste me hizo hace poco. Aquí os dejo el enlace, por si os interesa.
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8 de noviembre de 2010

"SCIENCE IN SOCIETY": CONGRESO EN LEGANÉS, 11-13 DE NOVIEMBRE


Esta semana se celebra en la Universidad Carlos III, en su campus de Leganés, el congreso internacional "Science in Society", una megaconferencia que promete ser de lo más interesante. Yo intervendré el viernes 12 por la mañana.

25 de agosto de 2010

CIENCIA LUSO-RUSA



"En los congresos internacionales, la celeridad de los científicos rusos para reivindicar su prioridad con respecto a cualquier descubrimiento realizado en Occidente se ha transformado ya en motivo de broma. Basta que alguien presente un trabajo sobre válvulas de inodoro para que se levante algún Dimitri y comience a decir a gritos desde la última fila del auditorio que el inodoro y todas sus piezas accesorias fueron inventadas en Rusia decenios antes de que en Occidente se conociera la existencia de la mierda".
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Joao Magueijo. Más Rápido que la velocidad de la luz.
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28 de mayo de 2010

RELATIVITY THEORY, FIVE POINTS; LA THÉORIE DE LA RELATIVITÉ, CINQUE POINTS. LA CIENCIA Y EL FESTIVAL DE EUROVISIÓN

Aprovechando que estamos en la Semana del Festival de Eurovisión (¡que no hemos ganado nunca gobernando los sociatas!, ¡otro baldón para ZP!), aprovecho para colgaros una presentación en la que se compara el funcionamiento de la ciencia con el del tostonísimo festival.
Que lo disfrutéis (la presentación, digo).
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9 de octubre de 2009

NOBEL-IMSERSO (2): PARA EL JEFE SÍ QUE HAY PRISAS


Comentaba el otro día lo deprimente del espectáculo de ver premiada con el Nobel una investigación de más de cuarenta años de antigüedad (no por ello menos merecido). En cambio, contrastan las prisas para darle un regalito al boss (tampoco digo que sin merecimiento), tal vez para compensar el reciente desaire nórdico que se llevó al otro lado del estrecho de Oresund.
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Insisto, no es por quitar méritos; sólo me chocan las diferencias de ritmo.
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Y a todo ello: ¿para cuándo un nobel español en ciencias? Al paso que vamos, será algún jovencito que lo recibirá cuando se jubile, dentro de treinta años.
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7 de octubre de 2009

PREMIOS NOBEL-IMSERSO

Cuando mi adorado Erwin Schrödinger recibió el premio Nobel de física en 1933, era, a sus 46 años (¡horror, la edad que voy a cumplir yo!), casi un abuelete en comparación con los yogurines que lo estaban acaparando por aquellos años (y que, solteros algunos de ellos, iban acompañados por sus orgullosas madres a los fastos de Estocolmo)..
En cambio, la tendencia actual del comité de los premios, es a premiar descubrimientos de hace más de cuarenta años, que en los últimos veinte hayan tenido una aplicación tecnológica con gran éxito de mercado.
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¿Falta de descubrimientos realmente revolucionarios en el ámbito teórico?
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¿Es que el comité Nobel está Kao?
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¿Creciente conservadurismo de la comunidad científica?
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¿Conchabamiento con el imserso para quitar a unos cuantos viejetes de la bolsa de peticiones de viajes?
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Se admiten más teorías (a lo mejor por alguna de ellas nos dan el premio Nobel de economía y ciencias sociales).
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28 de diciembre de 2008

PREGUNTA PARA SOCIÓLOGOS: OTRA DE CHINOS



Publica hoy Público (joder, qué trabalenguas) un reportaje sobre la previsible llegada "masiva" de estudiantes chinos, inmigrantes de segunda generación, a la universidad española. Ya me contaba hace unos años mi mujer que en el instituto donde daba clase había una diferencia muy grande entre los resultados académicos (y el comportamiento) de los inmigrantes según su procedencia: los chinos solían destacar; los de Europa del Este también solían ser muy buenos (ambos, por término medio, mejor que nuestros aborígenes, aunque los segundos tenían además la ventaja de que aprendían en español extraordinariamente rápido); en cambio, los hispanoamericanos eran bastante peores, sobre todo los dominicanos, así como los africanos, tanto sub- como suprasaharianos.
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En otros países donde la emigración china fue anterior ya conocen bien el fenómeno. Estaría bien que los sociólogos nos dieran algunos datos más fiables que las meras impresiones que yo he podido constatar, y también algunas
 explicaciones. Mi hija, cuya mejor amiga en el colegio desde los 4 a los 9 años era china, ya me proporcionó una teoría hace tiempo: "es que los chinos son muy listos".
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Y, en fin, ya de paso, que me expliquen también el misterio de cómo es posible que las tiendas "de chinos" estén abiertas todos los días del año, para admiración y/o envidia de Esperanza Aguirre.
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30 de noviembre de 2008

LAS DUDAS DE LA FISICA EN EL SIGLO XXI - SMOLIN SOBRE LA SOCIOLOGIA DE LA FISICA

Hablaba en una entrada reciente sobre el libro de Lee Smolin, Las dudas de la física en el siglo XXI (Crítica, colección Drakontos) acerca de una curiosa paradoja, y prometía dedicarle más espacio al libro cuando lo terminara. Lo cierto es que es una obra totalmente recomendable, y con cuya orientación no puedo simpatizar más. El mensaje principal del libro es una alerta contra el escaso progreso que se ha producido en física fundamental en las últimas tres décadas: desde el establecimiento del "modelo estándar", llevado a cabo sobre todo bajo el liderezgo de la academia estadounidense a partir de la segunda guerra mundial, el cual constituye un logro impresionante de la mente y el ingenio humanos, prácticamente no ha habido ningún descubrimiento de la misma categoría, ninguna nueva fuerza, ninguna nueva partícula, ninguna nueva unificación, y ninguno de los "grandes problemas pendientes" con atisbos de ser solucionado. No es que falten teorías que propongan soluciones, pero los desarrollos teóricos no han ido acompañados con un paralelo éxito experimental.
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Lee Smolin es muy claro en su obra cuando insiste en que la ciencia combina de modo necesario el comprensión teórica y el apoyo en los experimentos. Lo primero sin lo segundo es mera especulación, sin garantía de que estemos "dando en el clavo", por muy intuitiva o sugerente que la teoría nos parezca. Lo segundo sin lo primero son datos con los que no sabemos qué hacer. Por cierto, que tampoco es que nos hayan faltado en estas tres décadas descubrimientos empíricos importantes relacionados con la naturaleza de la realidad física (según Smolin, casi todos ellos procedentes de la astrofísica y la cosmología, sobre todo los relativos a la materia oscura y a la energía oscura), pero el problema es que la línea principal de investigación en física teórica desde principios de los 80 (la teoría de cuerdas, por supuesto) no ha sido capaz de desarrollar modelos que sean capaces de generar predicciones específicas, y sin éstas, el conocimiento no puede avanzar. (Pero, ver en esta noticia del New York Times sobre medición de rayos cósmicos una posible esperanza para la contrastación de la teoría de cuerdas).
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Smolin denuncia que la comunidad de los teóricos de cuerdas es consciente de su fracaso en la vía experimental, y que están intentando (apoyados por su poder en muchos de los departamentos más punteros en física teórica, sobre todo en los EEUU) redefinir aquello en lo que consiste una "buena teoría". La estrategia para ello recuerda a la de la zorra y las uvas verdes: si no puedes lograrlo, entonces no es tan bueno; así, para los teóricos de cuerdas, la belleza matemática sería el criterio principal, y casi único, para determinar la calidad de una contribución a la física. Según Smolin (y yo lo apoyo fervientemente), esto es un fraude, pues, fuera del acuerdo con la observación empírica, no hay ninguna garantía de que nuestras teorías y modelos sean correctos (por muy hermosos, simples, e impresionantes en otros aspectos que puedan ser).
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Esta situación me recuerda, por un lado, a una queja habitual acerca del desarrollo de la teoría económica en las últimas décadas, que también parece estar más pendiente de consideraciones matemáticas que del éxito predictivo (Thomas Mayer, en su libro Truth versus Precision in Economics, indicaba que una razón para esto era que saber si una teoría económica es verdadera es casi imposible, mientras qeu saber si un economista tiene talento matemático es más fácil de averiguar, así que el criterio de "ser bueno con las mates" se ha considerado como un argumento para justificar que uno sea también un buen economista). Por otro lado, me recuerda también a un debate sobre el papel de los experimentos mentales en la ciencia (recogido en el libro Contemporary Debates in Philosophy of Science, ed. por Christopher Hitchcock): mientras que el filósofo James Robert Brown afirma que los experimentos mentales constituyen una forma de acceso a la verdad sobre la naturaleza, su colega John Norton le responde que hay tantos (o más) experimentos mentales que prueban cosas falsas, como los que prueban hechos o leyes verdaderas (p.ej., Aristóteles describe un famoso experimento mental por el que el universo no puede ser infinitamente grande: si tenemos dos líneas paralelas, y comenzamos a rotar una en un cierto punto, en el mismo plano que la otra, ¿cuál será el primer punto donde se crucen?; como no puede haber tal "primer punto", las líneas no pueden ser infinitas, para empezar).
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El segundo aspecto por el que Las dudas de la física en el siglo XXI me parece un libro imprescindible para quien quiera comprender el funcionamiento de la ciencia, es su perspicaz análisis sociológico de la situación que describe. Contra la imagen del progreso basado únicamente en las ideas y los experimentos, Smolin muestra de qué manera la organización social de la comunidad de los físicos teóricos influye de manera determinante en las vías que se exploran, en las soluciones que se propone, e incluso en los criterios para determinar cuándo una solución es aceptable. Habiendo dedicado los últimos diez años a estudiar precisamente este tipo de cuestiones, es una inmensa alegría para mí reconocer ese tipo de preocupaciones en boca de importantes científicos en activo.
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Únicamente debo puntualizar, en el análisis de Smolin, que mientras él distingue -correctamente- las razones "científicas" (o epistemológicas) de los factores "sociológicos", pero insistiendo en que lo malo de las situaciones negativas (como la que denuncia en el caso de la física fundamental) es que en ellas la "sociología" pesa más que la "epistemología", yo creo, en cambio, que la "sociología" es igual de determinante en todos los casos: la diferencia es que, en unos, el "diseño institucional" de las comunidades científcias está bien adaptado para favorecer el progreso epistémico, mientras que en otros casos, sucede al revés. Decir que la "ciencia mala" es mala "por culpa de la sociología" es una queja similar a la de quienes dicen que los vinos malos lo son porque "tienen química": todos sabemos que la bondad de los vinos buenos también depende de la química, pues de la misma forma, el éxito de la buena ciencia depende de que su estructura social sea la apropiada. De hecho, lo que propone Smolin es reformar esa estructura social, quitando peso al criterio de "seguir la corriente" en las decisiones de promoción y contratación de científicos.
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Más:
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31 de mayo de 2008

EL MERCADO DE LAS IDEAS (TEXTO COMPLETO)

Ya podéis descargar el texto completo del artículo "¿Es la ciencia un mercado de ideas?".
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Está bien esto de Google Docs, aunque agradecería que los textos pudieran editarse mejor (no he sabido insertar la imagen en el documento, por ejemplo).
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