
Vuelven a arremeter los caudillos de la guerra "de las dos culturas". Uno de los últimos en abrir la bocaza (bueno, la noticia es del pasado verano) para quejarse de la deshumanización causada por la ciencia ha sido el ínclito director de la RAE, don Víctor García de la Concha, lamentando la falta de vocaciones en Humanidades (también la hay en las carreras de ciencias "de toda la vida"), aunque, como se ve en las declaraciones, está pensando sobre todo en la filología clásica.
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También podía quejarse de qué hacen los profesores de lengua en los colegios e institutos (lengua es la asignatura con más horas de clase a lo largo de toda la enseñanza, y si se une a la de lenguas extranjeras, ya no digamos), para que cuando los niños acaban la ESO o el bachillerato, cuatro quintas partes no sepan escribir ni leer como es debido. No creo que "las ciencias" tengan ni un mínimo de culpa en eso, sobre todo teniendo en cuenta la realidad de que los alumnos de ciencias sacan, por término medio, notas mucho mejores que los de letras en los exámenes de humanidades (p. ej., en la selectividad).
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En realidad, el director de la RAE hace una apología del latín y el griego, las asignaturas posiblemente más relegadas con las reformas de la enseñanza en el último medio siglo. Puede ser que nuestros abuelos escribieran mejor que nuestros hijos porque aquéllos habían estudiado mucho latín (los que estudiaran), pero posiblemente también influían otras cosas. Si se justifica el estudio del latín y el griego meramente por el ejercicio gramático que supone, supongo que habrá otras formas de ejercicio que tengan resultados similares.
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Lo cierto es que, hoy en día, existen el latín y el griego en nuestros planes de estudio de enseñanza media sólo porque hay profesores de latín y de griego, y no sabríamos qué hacer con ellos si decidiéramos eliminar esas asignaturas por completo (y además, protestarían mucho, y sería muy "políticamente incorrecto"). Pero, si no fuera por esa carga heredada, es decir, por la existencia de una "bolsa" de profesores en activo, ningún ministerio de educación se plantearía en serio instaurar de nuevas el griego y el latín en el currículum. Sería mucho más sensato introducir como optativas el árabe y el chino, que seguro que conllevan un esfuerzo intelectual muy provechoso, y son lenguas para las que será mucho más fácil encontrar profesores nativos, además de que se fomentaría el cosmopolitismo y la apertura hacia regiones que van a ser determinantes en el futuro próximo. Y la herencia cultural grecolatina sería transmitida sin problemas por los profesores de historia, literatura y filosofía, así que poco perderíamos.
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