11 de diciembre de 2008

LECCIONES DE ESTADÍSTICA PARA ANTIABORTISTAS


Aproximadamente un 60 % de los embriones humanos producidos a través de la fecundación natural, mueren y son expulsados antes de convertirse en fetos. Si a esto añadimos los abortos espontáneos, significa que el sistema de reproducción humano natural tiene una eficiencia aproximada del 33 %. O sea, sólo uno de cada tres óvulos fecundados llega a convertirse en un lloroncete.
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Visto de otra manera: una muy católica familia con cuatro hijos, habrá necesitado por término medio liquidar (aunque, por lo general, sin enterarse) a otros ocho embriones por el camino. ¿Es moralmente aceptable querer tener un hijo, si sabes que, por término medio, por cada embarazo que logres llevar a término tendrás que engendrar otras dos vidas que necesariamente morirán en pocos días o semanas tras la concepción? 
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Puesto que en España hay cerca de medio millón de nacimientos al año, eso quiere decir que cada año hay cerca de un millón de muertes debidas a... no se me ocurre otro culpable que la malignidad del diseñador de tal sistema biológico genocida.
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Así que, si los antiabortistas se quejan de que en nuestro país se cometen cien mil "asesinatos" de fetos y embriones al año, por mano del hombre (o la mujer), parece que el Creador (o, en este caso, Destructor) es responsable de una matanza diez veces superior.
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¿Y no será que Dios es pro-abortista?
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9 de diciembre de 2008

GENOCIDIOS ECOLÓGICOS

Un comentario mío a la entrada del blog de ayer de Miguel Delibes en Público. Espero que se me entienda: una cosa es la ética, y otra es la lógica.
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"Miguel: dices, ”no puede ser ecológica, bajo ningún pretexto, una acción específicamente dirigida a producir dolor”. No puedo admitir esta inferencia. Comparto totalmente, por supuesto, tu sana intención de evitar que se mezclen los valores de los ecologistas con los de los terroristas (y no digamos sus métodos), y comparto también la idea de que la ecología debe estar al servicio de la sociedad, y no a la inversa. Pero no debemos caer en la gazmoñería de que ”ecológico” es sinónimo de ”moralmente aceptable”. Un virus que despoblara de humanos y sólo humanos un continente entero (de modo que ninguno de otros continentes se atrevieran a poner el pie en él por unos cuantos milenios) sería lo mejor que le podría pasar a los ecosistemas de ese continente; y no digamos si sucediera a escala. Que el precio en vidas humanas sea demasiado alto para que estemos dispuestos a pagarlo, no hace que por arte de magia un suceso así dejara de ser positivo desde el punto de vista de los ecosistemas.
Realmente, me asusta que los científicos y los moralistas se asusten cuando, al manejar los conceptos que utilizan, ven aparecer conclusiones éticamente inesperadas. Eso es la antesala de la censura y la tiranía ideológica. Así que, valor, y a apechar con las consecuencias de lo que defendemos."
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En fin, la conclusión que yo espero que se saque de esto es que valoramos el medio ambiente no como un fin en sí mismo, sino sólo como un medio para el bienestar de los seres humanos, bienestar en el que se incluye el propio disfrute del medio ambiente como un fin en sí mismo. (Lo que me jode es tener que estar de acuerdo con Ana Botella en algo). O tal vez no sea exactamente así, sino que debemos considerar qué estaríamos dispuestos a sacrificar a cambio de un cierto nivel de incremento en la mejora del medio ambiente (incremento que no nos beneficiase en ningún otro aspecto); ¿cuánto -y qué- bienestar sacrificaríamos por salvar a los gorilas?, ¿cuántos coches?, ¿cuántas vacaciones?, ¿cuánta democracia?, ¿a cuántas personas?

8 de diciembre de 2008

SI NO QUIERES "CAP", TOMA TRES "CUPS" (SOBRE EL NUEVO MÁSTER EN PROFESORADO)

Con motivo de la publicación del magnífico artículo "La estafa del enseñar a enseñar", firmado por Andrés de la Oliva y otros quince profesores, reproduzco una de las primeras entradas del Otto Neurath, en la cual expresaba quejas parecidas.
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También aprovecho para insistir en mi propuesta de que la capacitación profesional como docente se lleve a cabo en condiciones semejantes al MIR, lo cual quiere decir, entre otras cosas, que para "aprender a enseñar", el profesor en prácticas debe, sobre todo, observar a los expertos en educación dando clase a alumnos, cuanto más "diversos" mejor. De modo que los expertos en pedagogía deberían salir de la universidad e ir a donde supuestamente más falta hacen: a los colegios e institutos, a mostrar en la práctica sus conocimientos. (Y si no logran nada positivo con ello, pues... pueden dedicarse a otra cosa).

Gestores de la universidad española calculando
cuántos alumnos de máster se llevará cada facultad.



El Ministerio de Educación va a aprobar la regulación del nuevo "Máster en profesorado", que va a sustituir al CAP de infausta memoria (yo lo hice y lo único que recuerdo es que una profesora me dictaba los apuntes). ¿Se convertirá ésto en una batalla digna de Piratas del Caribe, con los na
víos de los pedagogos enfrentados a los de las otras facultades por conseguir cada uno un trozo del tesoro de la matrícula? Conociendo la universidad española, me temo que sí. En el Otto Neurath tenemos guardada una bandera negra con la calavera, por si acaso.

Lo bueno del nuevo máster es que resultaba totalmente necesario un verdadero aprendizaje pedagógico por parte de los futuros profesores (y
o he propuesto que se adopte un sistema análogo al MIR de los médicos: profesores "residentes" bajo la supervisión de pedagogos y profesores de calle ante alumnos de carne y hueso, por un par de años, y el que no lo supere, que no se quede). Los profesores de didáctica tendrían que estar mostrando a los novatos lo que hay que hacer, pero haciéndolo ellos mismos (como los médicos veteranos en los hospitales universitarios). Si los demandantes de servicios sanitarios tienen a los mejores médicos a su disposición en esos hospitales, ¿por qué los demandantes de servicios educativos -i.e., alumnos- no han de tener a los mejores expertos en pedagogía ayudándoles a aprender a ellos -y de paso a los profes en prácticas-? Y cuanto más necesitados estén los alumnos -léase, cuanto más "problemáticos" sean-, más razón para que los atiendan los expertos en pedagogía -en vez de los más recién llegados-]. [Por cierto, ¿está previsto garantizar de alguna manera la calidad didáctica de los que ya son profesores de secundaria, o los de la universidad?]

La
duda es que no está muy claro si el nuevo máster mejorará realmente la situación. Si el CAP no ha funcionado, tal vez no se debía a que era "poco", sino a que estaba mal concebido. Si el máster es sólo lo mismo
que el CAP pero más largo y más caro, es como si te estabas tomando antibióticos para la gripe y, como no hacían efecto, triplicas la dosis. Los que han pasado por el CAP, que digan si han aprendido allí mucho que les haya servido realmente para dar clase. Y si la respuesta es no, que piensen si es porque el CAP duraba poco, o porque quienes lo impartían daban más bien la impresión de tener poco que enseñar. Cada cual que opine según su experiencia. [La mía, desde luego, no fue positiva. Lo que aprendí de didáctica fue por ensayo y error, y sobre todo, viendo lo que hacían los profesores que me gustaban. No sé si realmente hay otro método. Ahora bien, si el problema es que los profesores tienen que resolver ahora demasiados conflictos en las aulas -y no precisamente académicos-, tal vez más que un máster en didáctica, les haría falta uno en trabajo social, o en artes marciales].

Por último, lo malo es que, al obligar a hacer este máster a los alumnos que quieran tener la opción de trabajar como docentes de secundaria, la demanda del resto de los másteres disminuirá (sobre todo si los 60 créditos del máster de profesorado son suficientes para pasar directamente a hacer la tesis doctoral). Esto puede ocurrir muy posiblemente en las facultades de humanidades. En la práctica, esto significará que el camino de la investigación y de la docencia universitaria, por un lado, y el de la docencia en secundaria, por el otro, en vez de unirse más, como es absolutamente necesario, van a separarse por culpa de un nuevo gran obstáculo. [¿Por qué no se ha previsto un camino claro y sencillo para la promoción de los profesores de secundaria a la universidad? De paso, tampoco vendría mal establecer un camino inverso para algunos... Pero no, borro este último pensamiento maligno: al fin y al cabo, ¿qué culpa tienen los alumnos y profes de secundaria de que muchos profesores de universidad sean bastante negados?].

¡Que los dioses del mar nos acompañen!
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Ir a:

Sobre la mercantilización de la universidad

Empanada Boloñesa

Más sobre Bolonia y Anti-Bolonia

LA PURÍSIMA, UN DOGMA ACEPTABLE


Hoy es el día en el que la cristiandad católica celebra el dogma de la Inmaculada Concepción, dogma de gran tradición española.
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Dogma, además, que, por si no lo habíais pensado, todos los ateos debemos aceptar a pies juntillas (tal vez por eso los ateos sean peor vistos en los países protestantes que en los católicos). Al fin y al cabo, el dogma dice ni más ni menos que María, madre de Jesús, fue concebida libre de pecado original...
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¡Nos ha jodío! Como todo dios... quiero decir, como todo el mundo.

6 de diciembre de 2008

LOS GRAFITI DE IRUÑA-VELEIA: NUEVOS DESCUBRIMIENTOS


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Yo, sinceramente, simpatizo más con el protovitoriano que grabó la venus.
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Aunque hay que reconocer que las piedras de Ica, bien conocidas por nuestro ilustre JJBenítez, estaban mejor hechas (hablo de calidad técnica, no de talla de sujetador).
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[Post-data, 7-dic.: por cierto, que he estado hoy visitando el yacimiento de Carranque, y parece mentira que a sólo cuarenta kilómetros de Madrid exista algo tan maravilloso y tan poco conocido].

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5 de diciembre de 2008

GALILEO, DESCUBRIDOR DE NEPTUNO

Me cuenta mi alumno David Villodres (desafiando mi escepticismo) que Neptuno fue descubierto por Galileo, lo cual he comprobado en una búsqueda por internet (la referencia más antigua que he encontrado es a un artículo de Investigación y Ciencia de 1981, así que es tema viejo). Por si a muchos de vosotros os pasaba lo mismo que a mí, que ignorabais el hecho y os cuesta incluso trabajo creerlo, ahí os dejo la referencia.
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Parece ser que, allá por 1612, Neptuno estaba alineado con Júpiter, y era visible con el catalejo de Galileo. Éste, al dibujar al planeta joviano, anotó también la pequeña estrellita azul (véanse sus notas en la imagen adjunta), pero se supone que, al ir siguiendo en los días sucesivos la trayectoria de Júpiter, ignoró aquel puntito. Si lo hubiera seguido el tiempo suficiente, sin duda se habría dado cuenta de que no era una estrella fija; pero, claro, no lo hizo, y perdió la oportunidad de pasar a la historia como el descubridor de un nuevo planeta, además de por tantas otras cosas.
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Algunas cuestiones filosóficas interesantess que suscita esta anécdota son las siguientes:
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- ¿"Descubrió" Galileo el planeta Neptuno? Puede argumentarse que no, porque, aunque lo observó, no lo identificó "correctamente". Algo parecido sucedió con el químico Priestly, que fue el primero (que se sepa) en aislar el oxígeno, pero lo llamó "aire deflogistizado", de modo que la gloria de identificarlo como un elemento químico quedó para Lavoisier.
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-¿Resta algún mérito el "descubrimiento" de Galileo al trabajo de Leverrier, que fue quien predijo la existencia de Neptuno a partir de las anomalías de la órbita de Urano?
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- ¿Qué es un "descubrimiento"? ¿Qué papel juegan las observaciones y la comprensión teórica en él? Si la teoría con la que se produce el descubrimiento no es totalmente correcta, ¿deja de ser un descubrimiento? Pensemos que Leverrier descubrió Neptuno con ayuda de la ley de la gravedad, que es falsa; que los elementos químicos no son sustancias simples, como tal vez pensaba Lavoisier; que las ecuaciones de Maxwell tampoco son exactas, aunque con su ayuda se descubrieran las ondas de radio...
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- Y, tal vez lo más interesante, ¿habría sido distinta la historia de la ciencia si Galileo hubiera rastreado la trayectoria de aquel puntito azul? Seguramente el descubrimiento de un nuevo planeta habría socavado más rápidamente aún la creencia en el universo aristotélico, con lo que, entre otras cosas, tal vez Galileo no se habría salvado de la hoguera tan fácilmente. (Veis que me encanta la historia ficción).
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4 de diciembre de 2008

VENGA, QUE NO DUELE


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¡Por fin!
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¿Has visto cómo no pasa nada cuando lo dices? Si lo piensas, hasta te gusta.
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Stop txakurrak fighting

SOBRE LA LITERATURA INFANTIL Y JUVENIL


Dicen hoy en Público
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"Las últimas listas de los libros más vendidos en el sector infantil y juvenil (datos de La Casa del Libro y La Central) señalan que los 10 primeros pertenecen al género de la fantasía. Sin embargo, según las editoriales especializadas en el sector, esa lista no dice toda la verdad sobre los gustos de los lectores más jóvenes. “Parece que ahora se lleva la fantasía, pero, de alguna manera, esta viene impuesta por los adultos que buscan trama y acción. En realidad, los estudios apuntan que a los niños les gusta leer sobre lo que conocen”, afirma Lara Toro, editora de La Galera."
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¡Qué más quisieran muchos autores y editoriales! No sé qué "estudios" serán los que menciona el artículo, pero la mayor parte de los libros sobre "temas sociales" que lee la inmensa mayoría de los niños lectores son libros "recomendados" (u ordenados) por los profesores. Las cifras de ventas no engañan, y los padres tenemos muy poco que ver con los gustos de nuestros hijos lectores: les damos muchas cosas para elegir, pero ellos van a lo que les apasiona.
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Puede que la fantasía sea una moda, pero no me imagino un "boom" de ventas de novela social infantil en el futuro próximo. De hecho, novelas "con mensaje" como estas que se citan en el artículo (sobre drogas, acoso escolar, etc.), me parecen tan mojigatas como la horrible literatura para niños de colegio de curas o monjas de hace cincuenta o cien años.
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Tal vez es que algunos quisieran que los temas de la literatura infantil los decidiesen las agencias de prensa y los medios de comunicación. ¡Ya tendrán tiempo de interesarse por el telediario y las tertulias!

3 de diciembre de 2008

MARICAS EN MADRID: ¿POR QUÉ ABUNDAN TANTO?

Serían principios de los ochenta cuando, mientras yo estudiaba en mi cuarto, mi madre, asomada a la calle desde mi ventana, lanzó una alegre exclamación de sorpresa que me dejó aturdido:
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-¡Anda! ¡Si hay maricas en Madrid!
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Intentando imaginar, o tal vez no, lo que mi madre habría visto por la ventana (que daba a un sucio callejón casi siempre desierto, entre la valla del patio de mi casa y la de un colegio vecino, y que sólo acostumbraba a tener como ocupantes a drogadictos, borrachos, o pandillas de adolescentes soñando con un sitio prohibido), no me atreví a asomarme yo también inmediatamente
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-¿Y ahora te enteras, mamá? -fue toda mi respuesta.
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-Pues yo no lo había visto nunca.
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La verdad es que, en aquella época, recién salidos de la mogigata dictadura, la homosexualidad era todavía un tema tabú, y sobre todo, muy oculto. Algo como el Día del Orgullo Gay era inimaginable. Así que tuve que reconocer que yo, verlo, tampoco lo había visto, y que sabía de la existencia de homosexuales en Madrid como casi todo el mundo: de oídas.
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Pero, cuando al final dejé mis libros y fui hacia la ventana, mi sorpresa fue mayúscula. Mi madre contemplaba un ejemplar del córvido cuyo nombre científico es pica pica (sí, sí, como los polvos), y que generalmente es conocido como "urraca", aunque el DRAE recoge claramente como primera acepción del término "marica" la de consistir en un sinónimo de "urraca". "Maricas" es como se habían llamado estos pájaros en el pueblo de mi madre (y supono que en tantos otros) toda la vida, y como yo mismo las había llamado hasta aprender el otro en un lugar como Madrid, donde no las había.
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Me he acordado mucho en los últimos meses de esta anécdota, al contemplar el increíble número de urracas que ahora viven en las calles, tejados y parques de nuestra capital, cuando hace veinte o treinta años era rarísimo el verlas. En cambio, las palomas y, sobre todo, los gorriones (que en mi niñez eran los grandes pobladores de la urbe), casi han desaparecido. Teniendo en cuenta la inteligencia demostrada por las urracas, se diría que han desplazado a las otras especies a fuerza de ser más listas que ellas, pero este es, sin duda, un razonamiento falaz, porque hace doscientos, o treinta años, la proporción entre las inteligencias sería justo la misma que la de hoy.
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Me gustaría, pues, lanzar una pregunta para biólogos: ¿por qué son se han hecho tan abundantes las urracas en Madrid en los últimos años?
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2 de diciembre de 2008

SOBRE LA MERCANTILIZACIÓN DE LA UNIVERSIDAD



Leo en
Sin Permiso (vía el siempre delicioso blog de Fernando Broncano) un artículo de Toni Domènech sobre el proceso de transformación de la universidad europea en algo así como una empresa de servicios, artículo cuyas tesis básicas son imposibles de rechazar, pero cuyo mensaje pragmático (una especie de arenga a los estudiantes empeñados en la lucha contra Bolonia, magníficamente escenificado -eso sí- como una especie de réplica al discurso en el que Heidegger expresaba el beneplácito de una cierta élite intelectual al nazismo)  me resulta mucho más dudoso.
.La tesis con la que simpatizo es la de que la universidad cumple (entre otras, no olvidemos) una función que no puede dejársele al mercado: la de la búsqueda no instrumental del conocimiento como un fin en sí mismo. Dejando de lado el hecho de que el artículo parece referirse explícitamente sólo a la "búsqueda de conocimiento" entendida como investigación, es decir, cómo búsqueda social de conocimiento esencialmente nuevo, pero no a la "búsqueda de conocimiento" como empeño personal por aprender conocimientos no instrumentales, pero ya existentes (lo cual implica que lo que el artículo justificaría es sólo la existencia de centros de investigación públicos -tipo CSIC-, no de centros de enseñanza superior públicos -tipo universidad), dejando de lado este matiz (de momento), coincido plenamente con Domènech en que la mercantilización de la universidad no puede llegar hasta el extremo de que toda la investigación que se realice en ella tenga que estar orientada hacia la obtención de patentes, o cosas así (o, en la retórica actual, hacia la "transferencia de conocimiento"). Hay investigaciones, e incluso áreas de investigación (¡qué vamos a decir los filósofos!), en las que el "rendimiento económico" es, en el mejor de los casos, radicalmente incierto, cuando no inexistente, pero no por ello puede (¿o debe?) la sociedad prescindir de las mismas. [He analizado con más detalle la cuestión del carácter público del conocimiento en el artículo "Ciencia pública - ciencia privada", recogido también en el libro homónimo].
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Lo que ocurre es que, de seguir el argumento de Domènech un poco más de lo que su asamblearia audiencia original seguramente le permitiría, tendríamos que preguntarnos si no habríamos de limitar, entonces, el tamaño de la universidad pública al mínimo imprescindible para que cupieran en ella sólo aquellos investigadores "inútiles" (económicamente hablando), pero con rentabilidad intelectual permanentemente demostrada, por no hablar del espinoso asunto de a cuántos estudiantes sería razonable permitir disfrutar gratuitamente de las perlas de sabiduría que esa élite académica iría desparramando desde sus tarimas o sus despachos. El resto de las investigaciones, aquellas para las que sí existe alguna clase de rentabilidad económica, ¿deberían ser expulsadas del templo de la universidad, como mi tocayo más famoso hizo con los mercaderes de otro templo? Es decir, ¿deberemos privar a la universidad pública, y a sus investigadores, de la posibilidad de rentabilizar económicamente su talento? ¿Y deberemos abstenernos de la posibilidad de que esos beneficios financien también, gracias a este o parecidos mecanismos, otras actividades menos crematísticas?
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¿Y qué decir del espinoso asunto de la orientación docente de la universidad? ¿Deben cerrarse las facultades públicas de aquellas ramas esencialmente orientadas hacia la práctica, y no a la "teoría" (o búsqueda contemplativa del conocimiento en sí), como Empresariales, Derecho, Magisterio (perdón, que eso ya no existe), todas las Ingenierías, Odontología, o la misma Medicina (disciplina pragmática donde las haya), así como aquella proporción de cursos y departamentos en las otras facultades, que no respondan a un interés puramente teórico? Y, puestos a preguntar sobre aspectos económicos, ¿debemos entre todos pagar una carrera "no rentable" -como filosofía, filología clásica, arqueología, física cuántica, teoría económica, etc.- a todos los estudiantes que quieran enriquecer intelectualmente su vida disfrutando de esos maravillosos aprendizajes? No olvidemos que los hijos de los ricos van todos a la universidad (bueno, con excepción de algún taruguillo... aunque esos van a ciertas privadas), mientras que los hijos de los más pobres sólo van en muy escasa proporción. ¿Quién debe pagar qué?.
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Para responder a esta delicada pregunta, poniendo todas las cuentas sobre la mesa, es para lo que debería servir todo el proceso de discusión sobre el Espacio Europeo de Educación Superior. Por desgracia, me parece que es justo lo que nadie está discutiendo en serio.
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Más entradas sobre el tema:

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