10 de agosto de 2010

PREGUNTA PARA BIÓLOGOS: ¿DE DÓNDE VIENEN LOS EXTREMÓFILOS?

(Reposición).
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Oímos y leemos a menudo que los seres vivos llamados "extremófilos" ofrecen una posible respuesta a las preguntas sobre el origen de la vida (o al menos, las primeras etapas de su desarrollo), pues viven en condiciones que, aunque ahora son muy raras, en los primeros tiempos de nuestro planeta (y tal vez en otros) podían ser más comunes. En los últimos tiempos, estos organismos se han hecho muy populares, y hasta parece que más abundantes; tanto, que ya tienen hasta su propia red.
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Por ejemplo, las bacterias y algas acidófilas del río Tinto, las medusas aficionadas a las fumarolas abisales, o los hongos-que-se-alimentan-de-radiación, como los recientemente descubiertos en Chernobyl por Arturo Casadevall (un champiñonólogo -o como se diga los que estudian los hongos-tan eminente que disfruta de hasta un laboratorio con su nombre).
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Mi pregunta de hoy no va acerca de los posibles orígenes de la vida, sino por algo más sencillo y supongo que más fácil de contestar. No pregunto cómo surgieron esas ESPECIES extremófilas, sino CÓMO HAN LLEGADO A ESOS SITIOS los individuos extremófilos que viven en ellos. ¿Dónde estaban hace meramente 200 años, p.ej., los antepasados de los hongos de Chernobyl? ¿Cómo eran entonces?
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Más "preguntas para...".
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Pregunta para racionalistas: ¿son las diez?
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Pregunta para biólogos: ¿por qué no podemos hacernos cosquillas a nosotros mismos?.
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Pregunta para físicos: entrelazamiento temporal, ¿una anomalía de la relatividad?
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Pregunta para físicos: ¿puede haber más de un tiempo?
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Pregunta para físicos: relatividad deformada.
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Pregunta para astrónomos: ¿dónde están las galaxias lejanas?
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Pregunta para músicos: ¿qué es la arquitectura?
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7 de agosto de 2010

LAUGHLIN SOBRE LA EVOLUCIÓN

(Reposición)
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Estaba releyendo el libro de Laughlin,
Un universo diferente (no porque yo sea de los que relean libros a menudo, sino porque lo saqué de la biblioteca sin acordarme de que ya lo había leído, y sólo me di cuenta cuando llevaba un montón de páginas, aunque ya puestos, como no me acordaba de muchas cosas -puta memoria-, seguí mirando aquí y allá, con el fin de aprovechar algo para el debate que estamos teniendo sobre el método científico en otra entrada), cuando me he encontrado, por estas cosas de la serendipia, con que lo citaban en el blog de ese "azote de Darwinistas" (aunque sólo hace cosquillas con el látigo) al que me he referido ya otras veces.
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Así que, de momento, copio mi comentario a la entrada sobre Laughlin, y en los próximos días hablaré un poco más sobre la emergencia y el método científico.
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Laughlin tiene bastante razón en lo que dice (y he comentado aquí yo varias veces): el darwinismo tiene la obligación epistemológica de identificar los PROCESOS PRECISOS que llevan de un genoma a otro, de una especie a otra. Afirmar que es "por selección natural" sólo quiere decir lo que NO es: no ha evolucionado INTENCIONALMENTE (como en la ingeniería genética), sino aprovechando mutaciones aleatorias (como en la selección artificial), pero esto deja sin responder una parte sustancial de la pregunta del millón: "¿CÓMO se han transformado unas especies en otras?". Laughlin acierta al criticar que la idea de "selección natural" se tome como un principio que lo explica todo.
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Lo que ocurre es que, puestos a citar a Laughlin (ese capítulo, en particular), es HONESTO citar también lo que constituye un argumento EN CONTRA de la teoría que se defiende en
este blog; así (pg. 217), dice:
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entre los dos extremos [reduccionismo y misticismo] está la noción de que la imposibilidad de conocer en profundidad el funcionamiento de los organismos vivos quizá tenga su raíz en fenónemosfísicos (...) En el mundo INANIMADO, a cada paso nos topamos con lo incognoscible, algo que no tiene nada que ver con ningún misterio. Hay sistemas primitivos que son esquivos a las soluciones computacionales y hasta el momento no se comprenden por completo, desconocimiento que no se resolverá nunca. Está por ver si lo mismo se aplica a la biología"..
Y luego (pg. 218):
En cuanto a la supuesta inmoralidad de ver la vida con criterios mecanicistas, no estoy de acuerdo: pienso que es una idea que supone una aproximación demasiado mecánica de lo que es "mecánico". .
A esto hay que añadir el mensaje CENTRAL de todo el libro: que TODAS las leyes científicas de TODOS los niveles ontológicos pueden ser "emergentes", o sea, pueden ser CONSECUENCIA FÍSICA de la agregación "mecánica" de los comportamientos de los componentes de cada nivel inferior... PERO sin que sea posible DEDUCIR MATEMÁTICAMENTE y de forma COMPLETAMENTE EXACTA las leyes de un nivel a partir de las leyes del inferior (se podrá deducir ALGUNAS leyes, y algunas de ellas de manera sólo aproximada). Esto no se debe a ningún MISTERIO, sino a una propiedad matemática de las leyes de cada nivel (vaya, las propiedades que se estudian en la teoría del caos).
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En el caso de la biología, la lectura de esta hipótesis de Laughlin (insisto en lo de HIPÓTESIS: no ha hecho ninguna DEMOSTRACIÓN lógica ni empírica de que de hecho sea así, y como tal hipótesis lo propone) sería que las propiedades biológicas de los seres vivos DERIVAN EXCLUSIVAMENTE de las propiedades químicas de sus componentes, pero de tal manera que NOSOTROS NO PODEMOS RECONSTRUIR MATEMÁTICAMENTE EL PROCESO por el que en la naturaleza ocurre tal derivación. Esta es una concepción
absolutamente MECANICISTA de la naturaleza, no hay NINGÚN lugar en ella para algo así como un "diseño".

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Bueno, rectifico: Laughlin puede ser un honesto creyente, y pensar que, al fin y al cabo, aunque es verdad que TODO se sigue de las leyes físicas (y es "mecanicista" en este sentido) [lo que, insisto, no equivale a que NOSOTROS podamos DEDUCIR todo a partir de las leyes físicas], estas leyes las ha creado Dios así porque le ha dado la gana, y porque él SÍ SABÍA que con esas leyes se iban a crear MECÁNICAMENTE los ribosomas, los hígados, y el blog "Evolución, la miseria del darwinismo".
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Pero esto, naturalmente, es un simple acto de fe, sin NINGUNA garantía. Igual puede ocurrir que haya petallones de universos, con diferencias aleatorias en las leyes FÍSICAS de cada uno, y que en algunos de ellos haya leyes físicas que conducen a ribosomas, y en otros no (de hecho, ¿cómo podemos ARGUMENTAR contra la hipótesis de que EXISTEN TODOS LOS UNIVERSOS POSIBLES, o sea, con TODAS las leyes físicas posibles?: en unos habrá leyes que generan MECÁNICAMENTE la existencia de ribosomas, y otros habrá leyes que no lo permiten. Puesto que estamos aquí discutiendo, se sigue que nuestro universo es uno de los que tienen leyes que permiten la existencia de ribosomas, y se sigue que NO GANAMOS NADA suponiendo que la "causa" por la que en nuestro universo hay esas leyes, y no otras, es "para que" estemos aquí).
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Para los que queráis ver la reacción de Laughlin sobre el creacionismo y el DI, ver
aquí

5 de agosto de 2010

EL VIEJO Y LAS SUSANAS

(Reposición)
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De todos los argumentos pseudodarwinistas que conozco para que los maduritos nos echemos en brazos (y otras partes) de apetecibles jovencitas, éste que descubro en La Vanguardia (proviene de The Times) es, sin duda, el mejor:
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Resulta que el procrear con hombres maduros mejora la evolución de la especie.
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Lo que no está muy claro es para qué sirve que la especie evolucione, cuando todo el mundo sabe que la evolución es ciega. Y pa' ciegos, nosotros.

3 de agosto de 2010

¿PUEDE UN DARWINISTA SER DEL ATLETI?

(Reposición)

Michael Ruse, conocido filósofo de la biología, defensor de la sociobiología y azote de creacionistas, ha sorprendido a no pocos (incluído un servidor) con su libro ¿Puede un darwinista ser cristiano? (publicado en inglés en 2001, y traducido este año al castellano). Con ese título, era de esperar que la respuesta fuese a ser que sí, y así es, aunque en honor de Ruse, filósofo claro y profundo, al que no arredra la complejidad de los argumentos, hay que decir que la respuesta está realmente muy matizada, y que viene a ser un algo así como:

"¡Hombre, claro que un darwinista puede ser cristiano! Por poder, hasta puede ser del Atleti, y mira que eso es irracional. Lo que pasa es que la compatibilidad del darwinismo y el cristianismo exige comprometerse con versiones de ambos que, aunque defendibles, no son precisamente las más cercanas al consenso común respecto a cada uno de ellos, y en todo caso se trata de compromisos teóricos muy especulativos y bastante improbables. Vamos, que si eres darwinista puedes ser cristiano, pero bajo tu estricta responsabilidad".


Dicho de otra manera: ni el cristianismo se sigue de la teoría de la evolución, ni al revés, y no sólo eso, sino que si uno de los dos es correcto, es bastante probable que el otro sea falso, pero t
ampoco son estrictamente incompatibles siempre que se los matice mucho. No hay que negar que Michael Ruse le ha echado valor en el libro, pues con sus argumentos es fácil ganarse enemigos desde los dos campos. Como muestra de este arrojo, basta con leer el principio mismo de la obra: "Permítanme ser franco. Creo que la evolución es un hecho y que el darwinismo ha triunfado [aquí empiezan a enfadarse los fundamentalistas]. La selección natural es la única causa significativa del cambio orgánico permanente [aquí tuercen el hocico los que se esperan que algún mecanismo del tipo de "morfogénesis holística" -u lo que sea- ande involucrado en el fondo de la evolución]. Soy un ardiente naturalista y un reduccionista entusiasta, y quienes no están de acuerdo conmigo son unos burros [aquí abandonan muchos, sean del campo que sean]. Creo que todo se aplica a los humanos, al pensamiento y a la acción, y que la sociobiología es lo mejor que le ha sucedido a las ciencias sociales en el último siglo [aquí se ven tentados a dejar el libro los darwinianos de izquierda -a lo Gould, Lewontin y demás-]. Lo más amable que se puede decir de quienes no están de acuerdo -marxistas, feministas, constructivistas y compañeros de viaje- es que hablan desde la ignorancia. Quizás sus genes les obligan [¡hoooolaaaa!, ¿queda alguien ahíííí? Y sigue...]. Una vez dicho todo esto, que me maten si entiendo por qué tanta gente -darwinistas y cristianos por igual- piensan que una postura como la mía conlleva una respuesta inmediata y directamente negativa a la pregunta de si puede un darwinista ser cristiano".

Bueno, yo no abandoné el libro, sino que realmente lo he disfrutado hasta el final, aunque la conclusión (nada "inmediata, ni "directa", sino bien meditada) que extraigo de sus argumentos es bastante distinta de la que saca el autor. Uno de los movimientos mediante los que Ruse intenta presentar como compatibles cristianismo y darwinis
mo se refiere a la interpretación de la selección natural. Tras su aceptación del darwinismo, los intelectuales cristianos defienden hoy en día algo así como que podemos interpretar la selección natural como el "instrumento" mediante el que Dios nos ha creado. Ruse intenta justificar esta posibilidad con varios argumentos. Por ejemplo, afirma que es legítimo (aunque, por supuesto, no obligatorio) asumir la hipótesis de que Dios ha hecho el mundo como lo ha hecho para que haya selección natural, la cual conlleva a que las especies progresen en cierta dirección (eventualmente, la selección natural producirá seres inteligentes) Lo malo es que la concepción estándar en el evolucionismo contemporáneo es más bien la de que la sección consiste en un proceso básicamente aleatorio (aunque, por supuesto, constreñido por la necesidad de adaptación), al menos en el sentido defendido por Gould: si retrocedemos en la historia de la Tierra varios millones de años, y dejamos empezar otra vez el proceso, difícilmente surgirán las mismas especies. El ser humano sería, así, un "accidente" (que se lo digan al ecosistema). Rouse responde por una parte, que lo importante más bien es que habrán de surgir especies inteligentes, más que humanos. Por otra parte, puesto que Dios es más bien intemporal, no hay que pensar, al decir que "la selección natural es un instrumento de Dios para crearnos", que se trata de una mera relación de medios a fines. Además, puesto que Dios también es omnisciente, sabría que el ser humano iba a aparecer, con lo cual éste es un accidente sólo en apariencia. Por lo tanto, la interpretación de la selección natural como un "instrumento" de Dios sigue siendo posible (aunque, insiste, no obligatoria).

Creo sinceramente que este a
rgumento es válido, tal como está: pensar que el universo ha sido creado por Dios con ciertas leyes físicas que permitan la aparición de seres inteligentes por selección natural no es incompatible con el reconocimiento de que los seres vivos han surgido a través de la selección natural. Pero lo que pienso también es que esta tesis es extraordinariamente implausible. Primero, porque la idea de un "propósito" sólo la tenemos a partir de los seres vivos: tener propósitos o fines es una cualidad tan biológica como la de realizar la fotosíntesis, y por lo tanto, decir que Dios (es decir, un agente inmaterial) "tiene deseos" o "voluntad" es el mismo tipo de confusión conceptual que decir que Dios metaboliza la glucosa o realiza la fotosíntesis. (No quiero decir que cuando algún bicho metaboliza la glucosa, es Dios quien lo hace, sino que Dios, en el reino de los cielos, metaboliza glucosa celestial). De hecho, afirmar que Dios es un "agente" (una "persona") es tan incomprensible como afirmar que es un paramecio o un hongo: las personas, como los hongos, son simplemente cierto tipo de bichos.

De la conclusiones que se siguen del darwinismo, la más demoledora para la religión es, precisamente, la de que la mente humana es tan sólo un proceso biológico (todo lo complicado y "emergente" que se quiera, pero no categorialmente distinto de la digestión), y pensar en que algo que no es un bicho material puede "tener una mente" es como decir que un cuerpo gaseoso puede desarrollar una tectónica de placas.


En segundo lugar, decir que la selección dirige a los organismos en cierta dirección (p.ej., hacia mayor inteligencia) es posible, pero cuestiona
ble. Los humanos no habríamos evolucionado si el asteroide que mató a los dinosaurios hubiera pasado unos kilómetros más allá, y si en varios cientos de millones de años los dinosaurios no produjeron un ser inteligente, es razonable esperar que algo en su constitución les impedía progresar en esa dirección, y que tampoco lo habrían conseguido de haber seguido sobre la tierra. (Claro, que podemos pensar que el asteroide fue una especie de meneo que Dios dio al juego de la evolución porque se había quedado atascado, como cuando le das un golpe a la máquina de bolas -o "pinball", como dicen ahora- porque la bolita se enganchó por ahí). Además, también el nacimiento de cada uno de nosotros es una lotería (pensemos en los millones de espermatozoides corriendo como locos en pos del óvulo). Todo esto es azar, o sea, lo que en este mundo entendemos por "azar", y si se dice que "lo que en este mundo es azar, desde la perspectiva de Dios no es azar", en realidad nadie entiende lo que se está diciendo. "El azar no es azar": pues bueno.

En resumen, se puede afirmar que la selección natural es una "herramienta" de un Dios que "hace cosas con un fin", pero dado que en el fondo no se tiene ni repajolera idea de lo que se quiere decir con eso, lo más probable (con una probabilidad tan elevada que no hay forma de distinguirla de la certeza práctica) es que, en caso de que quiera decir algo, ese algo será falso. (P
ara hacernos una idea de las probabilidades involucradas: es como si formo frases cogiendo una palabra al azar de cada entrada de una enciclopedia, siendo la primera "Napoleón"; lo más probable es que la frase resultante no signifique nada, pero en caso de que signifique algo, lo más probable es que sea falso).

Por supuesto, el libro de Rouse contiene muchos otros argumentos interesantes (sobre el dolor, los extraterrestres, la sociobiología, etc., etc.), que tendré que dejar para otro día.Eso sí, también dejo para otro día explicar por qué el título de esta entrada tiene más enjundia filosófica de la que parece.

29 de julio de 2010

VEINTE LIBROS MÁS


* 60. Crimen y castigo. Fiodor Dostoyevski. El primer libro gordo que me acabo en el Papyre (desde navidad). No está mal como experiencia, pero la tecnología tendrá que mejorar. (10)

  • 59. Jesús, el profeta judío apocalíptico. Bart Ehrman. Claro como la luz; lectura imprescindible (éste o algún otro de sus libros) para ateos y creyentes. (8)
  • 58. Los esenios, Qumran, Juan Bautista y Jesús. Hartmut Stegemann. Una visión extraordinariamente precisa, detallada y agradable de leer; lástima que después de convencerte de que Jesús metió la pata al esperar el fin del mundo para pocas décadas después, te argumente en medio párrafo que la única explicación de que hubiera tantos milagros era que Jesús era el Hijo de Dios. (7,5)
  • 57. La novela griega.Consuelo Ruiz Montero. Interesante y erudita, aunque con el típico defecto académico español de considerar que lo ameno es un defecto. (5)
  • 56. La terapia del deseo. Teoría y práctica en la ética helenística. Martha Nussbaum. Un libro fantástico si hiciera un régimen para perder 300 páginas. (5)
  • 55. Pensar desde la ciencia. Andrés Moya. Interesantes reflexiones de un científico-filósofo, tal vez demasiado existencialistas y melancólicas en lo filosófico, pero oportunas en sus lamentos sobre el estado de la ciencia académica. (6)
  • 54. In search of first century Christianity. Joe Barnhart y Linda Kraeger. Apasionante estudio de crítica literaria. Lo más interesante: lo poquísimo que sabía Pablo de Tarso sobre Jesús. (8)
  • 53. Diaspora. Jews amidst Greeks and Romans. Erich Gruen. Los judíos de la época helenística (cuando vivían en mayor número fuera de Palestina) no eran ni exiliados ni perseguidos. (7)
  • 52. De Homero a los Magos. La tradición oriental en la cultura griega. Walter Burkert. Pedantemente filológico a veces, pero interesantísimo por lo que cuenta sobre las influencias mesopotámicas, egipcias y persas en el pensamiento griego. (8).
  • 51. Caín. José Saramago. Maravillosa parodia del Antiguo Testamento y de su antipático protagonista. (8,5)
  • 50. The epicurean tradition. Howard Jones. Interesante, aunque no explica demasiado sobre las comunidades epicúreas. (7)
  • 49. Diez preguntas. Una guía para la perplejidad científica. Michael Hanlon. Poca novedad (salvo que la obesidad puede ser buena, y no deberse a los cambios en los hábitos), pero ameno. (6)
  • 48. Una teoría de la libertad. Philip Pettit. Coincido con mucho de lo que dice, pero es un pésimo escritor (lo que no mejora nada la traducción). (6)
  • 47. Did my neurons make me do it? Nancey Murphy y Warren Brown. Buen intento de explotar la idea de "causalidad hacia abajo", aunque con demasiados flecos e innecesario detalle. (4)
  • 46. Lucrecio. La miel y la absenta. André Comte-Sponville. Interesante introducción (aunque un poco pedante) al gran poeta epicúreo. (6)
  • 45. Are we free? Psychology and free will. John Baer et al. (eds.). Interesantes contribuciones desde la psicología para el problema del libre albedrío. (6)
  • 44. Una pantera en el sótano. Amos Oz. Fascinante viaje a la infancia, en plena creación del estado de Israel. (9)
  • 43. Libertad y neurobiología. John Searle. Brevísimo panfletillo sobre el tema, pero muy claro e iluminador (aunque equivocado). (6,5).
  • 42. Epicuro. Carlos García Gual. Imprescindible ensayo sobre uno de los principales filósofos de la Antigüedad, aunque demasiado parco en la descripción del movimiento epicúreo. (8).
  • 41. Entre lobos y autómatas. La causa del hombre. Víctor Gómez Pin. Interesante discusión sobre las diferencias entre humanos, animales y máquinas, pero demasiado preocupado por la quimera del "antihumanismo". (7).
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    Libros del 21 al 40.
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    Libros del 1 al 20.
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    27 de julio de 2010

    LA PRAGMÁTICA

    Dicen que dijo Voltaire:
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    Cuando un diplomático dice "sí", quiere decir "tal vez"
    Cuando un diplomático dice "tal vez", quiere decir "no"
    Cuando un diplomático dice "no", entonces no es un diplomático.
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    Cuando una dama dice "no", quiere decir "tal vez"
    Cuando una dama dice "tal vez", quiere decir "sí".
    Cuando una dama dice "sí", entonces no es una dama...

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